Este artículo acerca del nuevo trabajo de David Bowie viene, como no podía ser de otra manera, marcado por el repentino fallecimiento del artista británico tres días después de su lanzamiento oficial. Una larga lucha contra el cáncer, que el de Brixton había llevado con discreción durante un año y medio, acababa con su vida el 10 de enero de 2016. Se va así una de las leyendas de la música del siglo XX, un hombre que pasó por diversas etapas muy diferentes entre sí, pero con algo en común: su carácter innovador en el pop y la influencia que despertó en decenas de miles de bandas alrededor del planeta, que no entenderían hoy la música como lo hacen sin el legado de David Bowie.

La obra del británico en los últimos quince años ha sido escasa, pero digna de un señor de la música. Se retiró de los escenarios en 2006, año en el que dio su último concierto en Nueva York, debido a problemas de corazón. Sin embargo continuó creando, y en 2013 regresó con el ya eterno “The Next Day”, después de un parón de diez años sin publicar nuevo material. Hace poco, comentábamos en la reseña del último disco de New Order la dificultad que adquieren algunas de las grandes bandas para despertar el interés por su nuevo material, y el refugio que hacen en sus grandes éxitos ante los intrascendentes últimos álbumes. Éste no fue el caso de Bowie. Si bien “Heroes”, “Space Oddity”, “Let’s Dance”, “Life On Mars?” o “The Man Who Sold The World” se han convertido en éxitos transgeneracionales e inmortales, “The Next Day” no fue esa precuela decepcionante de un artista cuya época ya pasó, sino la enésima reinvención de una figura consagrada, que como un buen vino adquiere un nuevo carácter con el paso de los años, y envejece de manera magistral. Sin duda, el regreso de Bowie fue uno de los mejores y más aclamados álbumes de 2013.

El pasado 8 de enero, después de haberse filtrado en Internet unos días antes, se publicaba “Blackstar”. Tan sólo tres días más tarde, la mañana del 11 de enero, hemos despertado con la sobrecogedora noticia de la muerte del artista la noche anterior. Descanse en paz, David Bowie. Eterno.

“Blackstar” es el último regalo que nos ha hecho el genio londinense. En él, David Bowie ha plasmado con la cabeza en su sitio el momento de su vida en que se encontraba. No son pocos los guiños que realiza en él a una muerte que, aunque sólo los más allegados a él lo supieran, se le antojaba cercana. Incluso de sus últimos momentos ha sabido hacer poesía y música para cerrar a la perfección su arte con la apología a una vida y la aceptación de su final. Más allá de lo lírico, musicalmente también se puede considerar “Blackstar” como una oda a su trayectoria. Si en “The Next Day” apostaba por una mayor sobriedad, propia de la madurez, aquí ha regresado a sonidos que representan algunas de las etapas más importantes de su pasado, y en consecuencia de la historia de la música del último siglo. Especialmente recupera elementos de “Station To Station” y de la trilogía de Berlín, compuesta por “Low”, “Heroes” y “Lodger”. Reaparecen después de mucho tiempo estructuras propias del krautrock y de los ritmos motorik de la música clásica alemana, que trasladaron al pop bandas como Kraftwerk, The Velvet Underground o Neu!

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David Bowie ha plasmado con la cabeza en su sitio el momento de su vida en que se encontraba. No son pocos los guiños que realiza a una muerte que, aunque sólo los más allegados a él lo supieran, se le antojaba cercana. Incluso de sus últimos momentos ha sabido hacer poesía y música para cerrar a la perfección su arte con la apología a una vida y la aceptación de su final.

Respecto a las nuevas influencias, que se han añadido a la herencia de su pasado, el jazz ha ganado protagonismo en las composiciones que lo conforman. Ya hace más de un año, cuando se publicó uno de los temas que forman “Blackstar” en el recopilatorio “Nothing Has Changed”, Bowie se rodeó de la Orquesta de María Schneider, considerada por muchos la mejor Big Band del planeta. Tras quedar cautivado por el sonido final del tema, el de Brixton invitó a participar a los músicos en la grabación del álbum al completo, creando así un disco de rock grabado por músicos de jazz. Por otro lado, el productor Tony Visconti, que ha acompañado a Bowie desde 1969, ha desvelado que otras dos grandes referencias han dado pie a la creación de “Blackstar”. Por un lado, en cuanto a los aspectos musicales, el álbum “To Pimp A Butterfly” de Kendrick Lamar, sin duda uno de los más aclamados de 2015, y que impresionó a David Bowie hasta el punto de querer recoger algo de él para lo que sería su obra final. Por otro, respecto a la idea, la danza final del Cisne Negro de la obra “El Lago De Los Cisnes” de Tchaikovsky, ya que “Blackstar” supone ese salto al vacío que el compositor ruso representaba: una última obra de arte sobre la muerte, antes de que ésta llegue.

Las primeras referencias a la muerte las encontramos en el tema que da título al álbum: “Blackstar”. Se anticipa al momento de la muerte para ver en perspectiva qué ocurrirá en ese momento. “Algo ocurrió el día que murió. Su espíritu ascendió un metro y caminó hacia un lado. Alguien ocupó su lugar, y lloró con valor. Soy una estrella negra”. Dice además que él no es una estrella blanca, que es una estrella negra. Hace así una metáfora con un cuerpo que ha lucido durante largo tiempo, pero que en estos momentos se encuentra cerca de apagarse. Musicalmente no se puede decir más que es maravillosa. Se divide en dos partes: la primera de ellas de unos cuatro minutos y medio se inmiscuye en ritmos herederos del mencionado motorik, y en la que la voz de Bowie comparte importancia con un saxo rasgado que llora la progresiva pérdida de intensidad de la luz de la estrella. La segunda parte es un medio tiempo, de ritmo también constante, en el que se repiten algunas de las partes líricas de la primera, y en el que aparecen instrumentos de cuerda, siempre en la dosis exacta, sin caer en ornamentaciones excesivas, y una flauta travesera que mediante una melodía atonal pone el punto y final al magistral primer regalo del álbum.

El jazz ha ganado protagonismo en las composiciones que conforman «Blackstar», hasta el punto de que David Bowie ha creado un disco de rock grabado por músicos de jazz, quienes ya colaboraron con él en el recopilatorio «Nothing Has Changed».

El segundo corte del álbum, “Tis’ A Pity She Was A Whore” (cuyo título hace homenaje a una tragedia del poeta renacentista británico John Ford), recupera la lírica enigmática de sus mejores creaciones. Aunque sólo Bowie podría asegurarlo, parece referirse a la droga, como ya ocurriese en “Beauty And The Beast”, el tema que abría “Heroes” en 1977. Es de sobra conocida la adicción a las drogas de David Bowie en muchos momentos de su vida, y si la mencionada canción de 1977 se refería a las dos caras de la cocaína (la bella que te acariciaba y te llevaba al paraíso, y la bestia que te mataba poco a poco), aquí dice “Me golpeó como a un cualquiera. Es mi maldición, supongo. Es una pena que fuese una zorra. Me cogió por los huevos. Aniquiló a mis amantes, llevándome a la deriva. Me robó la cartera con extrema velocidad”. La melodía no cae en sentimentalismos. Heredera del “Station To Station” su agilidad se acompaña de un saxo que al dotarse de sordina recuerda en ocasiones a una trompeta.

La mirada al futuro se produce de nuevo en “Lazarus”, uno de los singles de adelanto, y que si hace unos días resultaba incierto y oscuro, hoy se comprende como un canto a la vida que existe dentro de la muerte, a la aceptación de la misma. Algunas de las referencias se sitúan en ese descanso eterno que el artista veía cercano: “Mírame, estoy en el cielo. Tengo cicatrices que no pueden ser vistas. Tengo una obra que no puede ser robada, y todo el mundo me conoce ahoraSeré libre como un azulejo”. Además, hace un repaso de su vida: “Durante el tiempo que estuve en Nueva York viví como un rey. Después de gastar todo mi dinero fui buscado por tu culo” (dice en referencia a la muerte). Musicalmente, se trata de un medio tiempo en el que Bowie hace gala de la gran fuerza de su voz a pesar de sus 69 años de edad. El rock y el jazz se fusionan dando lugar a un sonido elegante y envolvente. Más experimental se presenta “Sue (Or In A Season Of Crime)”. Este fue el primer tema que, en verano de 2014, Bowie grabó con la Orquesta de María Schneider. La base consiste en un ritmo de constante amalgama, completamente hipnótico, sobre el cual se suceden las estrofas y diversas introspecciones sonoras, conseguidas a partir de instrumentos tradicionales, como algunas cuerdas en las que el manejo ordinario del instrumento se lleva al extremo para causar oscuridad, aunque tampoco se priva del uso de sintetizadores y recursos electrónicos. Sonidos de características completamente opuestas se superponen con frecuencia creando una atmósfera extraña al oído, mientras la letra mantiene la oscuridad. En este caso, Bowie retrata con precisión literaria un asesinato. El protagonista de la canción le habla a Sue, la mujer a la que ha matado, y a la cual “ha enterrado bajo la mala hierba”.

“Blackstar” puede considerarse como una oda a su trayectoria. Regresa a sonidos que representan algunas de las etapas más importantes de su pasado, recuperando elementos de “Station To Station” y de la trilogía de Berlín, compuesta por “Low”, “Heroes” y “Lodger”. Reaparecen después de mucho tiempo estructuras del krautrock y ritmos motorik de la música clásica alemana.

Al sensual relato negro acerca de Sue le sucede la canción más opaca que se presenta en “Blackstar”: “Girl Loves Me”. Si bien es musicalmente formidable, con ritmos electrónicos en tensión constante, propios de artistas como la Björk de “Medulla” y con una melodía marciana que termina sus frases en una nota aguda, líricamente he desistido de mis intentos por entenderla. Contribuye en gran medida a la opacidad de la letra que parte de la misma esté escrita en Nadsat, el lenguaje que Anthony Burgress inventó para sus personajes de “La Naranja Mecánica”, y otra parte en Polari, el argot de la subcultura gay británica de los 70 y los 80.

En un plano muy sensual arranca “Dollars Days”, mediante un piano y un saxo que evocan un jazz suave. Más pistas sobre la muerte del cantante se avecinan aquí, por ejemplo “Si no volviera a ver nunca los árboles de hoja perenne de Inglaterra correría hacia ellos”. David Bowie parece llevar a cabo una exaltación de los aspectos bellos de la vida, de lo simple por encima del derroche al que lleva una gran posesión de dinero, algo que en el final de una vida queda como algo superfluo. La suavidad del saxo da lugar a una batería electrónica que une este tema con el siguiente: “I Can’t Give Everything Away”, cerrando el disco que supone la carta de despedida de David Bowie. No son pocos los que han visto en esta canción la epifanía del álbum. En ella, David nos relata mediante metáforas que se siente preparado para morir. Algunas de ellas son “Sé que algo va realmente mal; el pulso devuelve a los hijos pródigos… con diseños de calaveras en mis zapatos” y el estribillo “No puedo revelarlo todo”, instigándonos a comprender la metáfora que todo el álbum en sí mismo supone.

Lamentablemente, esta magistral carta de despedida no ha tardado demasiados días en ser corroborada como tal. Se nos ha ido David Bowie, uno de los grandes de la música de los últimos tiempos, pero se le seguirá recordando por su grandeza, por todo lo que nos ha regalado. Buena prueba de ella es este “Blackstar”, que ha sido un adiós intachable, redondo y bello, como si de una puesta de Sol en un largo día de verano se tratase. Descanse en paz, David Bowie.

David Bowie – Blackstar

DAVID BOWIE

9.1 HOT RECORD

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David Bowie nos ha regalado una carta de despedida en forma de disco, con siete canciones que recuperan estructuras del krautrock y ritmos motorik a las que añade influencias jazz y en las que retrata la preparación para la muerte de una persona que lo ha sido y lo ha tenido todo. Una bella metáfora, que me arriesgaría a decir que con el tiempo se considerará uno de sus más grandes álbumes.

Up

  • “Blackstar” nos deja siete canciones magistrales.
  • Recupera algunos de los sonidos más brillantes que la carrera de David Bowie nos ha dado.
  • La experimentación con las bases no deja de sorprender.
  • Algunas de las letras como la de “Sue (Or In A Season Of Crime)” o la de “Blackstar”.

Down

  • Este álbum sería inconcebible sin la muerte del artista, lo cual hace que tenga de por sí un sabor amargo.

1 Comentario

  1. RIP David Bowie, un genio sinigual, incomparable. El mundo es hoy un lugar más triste. Gracias por esa despedida en forma de obra maestra que es Blackstar. Shine on.

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