En la década de los 80 comenzaron a usarse sintetizadores, órganos Hammond o melotrones en España. Esto habría resultado impensable un lustro o dos antes, cuando tras la fiebre de la Beatlemanía, los 70 se fundamentaron en cuatro grandes vertientes: la canción ligera melódica, el inicio del rock urbano, la rumba callejera y la música de cantautor. El synthpop aún no había perdido la virginidad en España hasta que la Movida dio lugar a una infinidad de grupos de diferente procedencia que comenzaron a abrirse a los sonidos que venían del extranjero. Tras una década en la que el pop electrónico copó las listas de éxitos, los 90 dejaron al género en barbecho a favor de un pop más dulce, de las interpretaciones de las nuevas corrientes indie y grunge que llegaban de los países anglosajones y de la época cumbre del rock urbano y el pop adolescente. La elección del terreno synthpop en España en los 90 era prácticamente inexistente. Por ello, un disco como “Líneas Divisorias” de The Bright hubiese supuesto una bocanada de aire fresco al panorama nacional en aquellos momentos, aunque sólo fuera por la carencia de productos similares.

Sin embargo, y a diferencia de lo que ocurría en los 90, en la actualidad la apertura del término indie a toda clase de géneros o artistas que se mantengan al margen de la radiofórmula, y el aumento de las posibilidades tecnológicas y sonoras, han convergido en la sobreexplotación del synthpop en la música festivalera española. De ello han surgido proyectos innovadores, interesantes y que no tienen por qué envidiar un ápice a grupos internacionales, como Delorean, We Are Standard, El Columpio Asesino, los primeros álbumes de Dorian o Fuel Fandango… pero también ha derivado la pérdida de frescura de bandas como Lori Meyers o, como en este caso, The Bright.

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El dúo de León ha ido perdiendo con el paso del tiempo su carácter más noise y sucio para centrarse en algo edulcorado, y que salvo algunas excepciones, resulta frío y alejado de la música que les convirtió en una de las mejores apuestas de años pasados.

El dúo de León ha ido perdiendo con el paso del tiempo su carácter más noise y más sucio para centrarse en algo edulcorado, y que salvo algunas excepciones, resulta frío y alejado de la música que les convirtió en una de las mejores apuestas de años pasados. “Fuego Abierto” parece empezar con ese sonido más sucio, guitarrero y ruidoso que se echa de menos a partir del tercer corte del álbum. Algunos de los efectos electrónicos que se emplean, fragmentando la voz de Miryam, rompen magistralmente la dinámica de la canción. Pero sin duda, lo mejor de “Líneas Divisorias” es el primer single, y segunda pista del álbum. “Aire” es una canción synthpop excelente, con pequeños matices de dream rock, en la que la voz de Miryam se esconde con frecuencia detrás de ecos y reverberaciones que golpean envueltas en potentes guitarras. La letra hace referencia a la asfixia que sufre una persona con necesidad de libertad. “No invadiré tu mitad; no me doy permiso. Confundo la realidad cuando aumentas la velocidad. Peligra la integridad y parece que empieza a faltar aire alrededor de los dos.

Extrarradio” comienza con un riff de guitarra excesivamente parecido al de “Kamikaze” de Amaral. Según va pasando la canción, uno va esperando más que Miryam diga algo como “Para ahuyentar la soledad, para espantar la decepción”. Las comparaciones son odiosas, pero el parecido con la oda a la necesidad de expresarse mediante la música de los maños es una losa demasiado grande para esta blandita historia acerca de la lentitud del paso del tiempo en los barrios periféricos urbanos. “Piedras” sigue en la misma línea, en la que las guitarras se acompañan de órganos, con la diferencia respecto a la anterior de que en este caso la melodía principal de la guitarra brilla mucho más. La letra se refiere al desvío del camino de una persona que encuentra obstáculos en su camino, y a pesar de ser una de las más bonitas del disco, queda un poco deslucida por el exceso de la utilización del recurso facilón del “la la la”. “El Final Del Amor” comienza con un guitarreo agresivo, pero pronto se transforma en una canción pop de las mismas características de los cortes anteriores, para recuperar la potencia en el estribillo en el que dice “Fue el final del amor con el cambio de estación. Todo irá mejor dicen en la televisión. A cualquier edad, aprende lo que vas a olvidar. Por supuesto, posteriormente nos enteramos que la estación que concluye y pone fin al amor es el verano. No podía ser otra. Al margen de tópicos, es una canción que melódicamente funciona, y que podría ser perfectamente uno de los singles de promoción de “Líneas Divisorias”.

Hay que reconocer que existen momentos que sacan a la luz el buen hacer de la banda en temas como “Tarde”, “Aire” o “La Hierba”, pero en conjunto supone un bajón respecto al folk de influencia americana que despuntaba en su anterior disco “Estados”.

Tras el fin del amorío de verano, “Tarde”, uno de los mejores temas, se antoja melancólico y oscuro. La guitarra desprende una melodía tan importante como la vocal, y el estribillo, al igual que en “El Final Del Amor” se aprovecha de la utilización del bajo y la batería para crear un mayor contraste con las estrofas, y aportarle una estructura más digerible por el público masivo. El power pop se erige protagonista en “Veintidós Grados”, uno de los cortes más prescindibles e insulsos que hayan publicado jamás los leoneses. Nada funciona en él: ni una letra que es más de lo mismo, ni el uso excesivo de la batería para acompañar a la voz (como en el estribillo de “Chasing Illusions” de Anni B. Sweet), ni una guitarra excesivamente simple. Si los mejores riffs de guitarra los encontrábamos en “Tarde”, en “La Hierba” aparecen los mejores sintetizadores, que en un tono dulce contrastan con una guitarra distorsionada que se echa de menos en más momentos del álbum. La letra, con un tono bastante agresivo, se refiere a la venganza y a la hierba que nunca crecerá en una persona baldía.

La Culpa Al Tiempo” deja que gran parte del peso caiga en el bajo y en los coros. Por lo demás es una canción pop muy convencional, aunque con un buen solo final de guitarra, en la que el desamor y la reivindicación del yo tras una ruptura adquieren el carácter de elementos centrales. El tema que da título al disco, “Líneas Divisorias”, es la enésima prueba de que The Bright funcionan mucho mejor en un terreno guitarrero que en el synthpop. Aquí, los sintetizadores aparecen vacíos. Ni hacen de la canción algo bailable, ni le aportan misticismo, ni experimentos sonoros, ni melodías con diferentes timbres… La base electrónica al estilo New Order es lo único que destaca en esta canción, que a pesar de sus carencias hubiese funcionado mucho mejor como cierre que “Visceral”, que no deja de ser una canción de power pop más, que sería perfectamente válida para encontrarse por la mitad del álbum, pero que como último corte lo deja inconcluso. Corrobora, además, la sensación de que al igual que ocurre con artistas del pop-rock más característico de la MTV, como Britney Spears o Simple Plan, The Bright no han conformado un trabajo con una temática, línea o sonido comunes, con un inicio y con un final, sino que han grabado una suma de canciones y poco más. No todo va a ser negativo, hay que reconocer que existen momentos que sacan a la luz el buen hacer de la banda en temas como “Tarde”, “Aire” o “La Hierba”, pero en conjunto supone un bajón respecto al folk de influencia americana que despuntaba en su anterior disco “Estados”.

The Bright – Líneas Divisorias

THE BRIGHT

6.2

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Algo más de dos años después de publicar “Estados”, los leoneses The Bright han regresado con “Líneas Divisorias”. En él, el folk de influencia norteamericana pierde peso a favor de un sonido synthpop que no acaba de funcionar y de un power pop realmente poco convincente.

Up

  • “Aire” es quizá el mejor single que hasta ahora ha publicado la banda.
  • Hay momentos en los que las melodías de la guitarra son francamente bellas.
  • La producción es impecable.

Down

  • Que la producción sea impecable no quita que suenen mejor cuando elaboran un producto más simple, como en su anterior álbum, “Estados”.
  • Las letras siguen siendo uno de sus puntos débiles, y es una pena, porque la voz de Miryam es maravillosa.
  • Si el power pop se hace bien puede resultar algo tan extraordinario como Weezer, pero la historia dice que lo normal es que acabe saliendo algo simplón enfocado a adolescentes.