En la reseña de esta misma web del último álbum de Pond, Man It Feels Like Space Again”, se apuntaba a la idea de un nuevo movimiento brotando tímidamente en latitudes australianas. El nuevo trabajo de Pond se adhería a un murmullo comandado por Tame Impala y que se le apodaba en ese mismo artículo como rock psicodélico ‘aussie’. Los presentes Methyl Ethel se pueden adscribir con toda justicia a este movimiento por coincidir en origen y en expresividad con los anteriores aunque siempre, eso sí, con un sello estrictamente personal.

Jake Webb era, hasta el año pasado, el líder y único integrante de un proyecto que todavía no era banda. Sólo una vez que se constituyó como trío se pudo plantear escribir un disco ya pensado para guitarra, bajo y batería y que terminó siendo este Oh Inhuman Spectacle”. Un disco que, por cierto, sólo ha sido publicado físicamente en vinilo, prescindiendo del CD por puro desinterés de los autores en tal formato, lo cual no tiene tanto que ver con el espíritu del álbum como con la pura esquizofrenia que vive la industria musical en estos momentos.

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Es un álbum que, como casi cualquier otro de su género y especie, mira hacia atrás para buscar un sonido atemporal. Así, apreciamos reminiscencias al sonido de Pink Floyd, a unos primeros R.E.M. o The Cure e incluso The Cranberries.

Y aun así, este es un álbum que, como casi cualquier otro de su género y especie, mira hacia atrás para buscar un sonido atemporal. Desde el tema de apertura Ideé Fixe, apreciamos una nebulosa que recuerda vagamente al “Let There Be More Light” con que Pink Floyd abrían su segundo trabajo “A Saucerful of Secrets”. Aquí domina una melodía menos oscura, pero que mantiene también esa sensación de arrebato, de despertar de una subcapa de nuestra consciencia, especialmente cuando el tema crece y explota a partir del minuto y medio. La gran victoria de “Oh Inhuman Spectacle” es la de haber sido capaz de componer grandes atmósferas con una relativa sencillez en la producción y, aun con pedales y efectos en guitarra y voz, no proteger sus debilidades en una capa de psicodelia de laboratorio que tan tentadora puede ser para un grupo de estas características. Methyl Ethel tendrá canciones que emocionen más o menos pero su propuesta es cristalina. La voz de Jake, delicada y femenina por momentos como la de Alison Goldfrapp o Nina Persson y, como ellas, también profundamente apasionada, supone un cambio de temperatura sobre los ambientes instrumentales vaporosos y desdibujados. La voz de nuestro subconsciente no es brumosa y vaga como la de Syd Barrett sino pulida y melancólica, además de andrógina.

La voz de Jake, delicada y femenina por momentos como la de Alison Goldfrapp o Nina Persson y, como ellas, también profundamente apasionada, supone un cambio de temperatura sobre los ambientes instrumentales vaporosos y desdibujados.

Siguiendo a la brillante introducción “Ideé Fixe” nos entregan un repertorio equilibrado y sin apenas altibajos, empezando con  Shadowboxing, una pieza que por su comienzo sugiere una canción estándar de grupo indie de mediados de los 00s pero que va adquiriendo diferentes formas y volúmenes. Esta idea sobrevuela todo el concepto del álbum, combinando mecanismos del pop más convencional con material ambient y giros lisérgicos. Roguesfue uno de los adelantos del álbum, con un toque realmente ochentero como unos primeros R.E.M. o The Cure, si atendemos especialmente a cómo se comporta la guitarra principal. En To Swimdescubrimos ya la faceta más ambiental del grupo, jugando abiertamente con atmósferas, modelando no tanto emociones como percepciones. La voz ya no es tan protagonista y parece venir de debajo de la canción en lugar de liderarla, ofreciendo así una textura muy distinta al corte aunque igualmente funcional.

Recuperamos el juego de décadas en Twilight Driving”, que produce más reminiscencias de los 90 (¿The Cranberries?) aunque quizá haya que asumir que todo se parece a cualquier otro algo y que basta con decir que la música actual admite casi todas las reencarnaciones posibles de estilos anteriores. Para ser justos con la propia “Twilight Driving”, más que hablar de su árbol genealógico habría que hablar de su magnífico resultado, siendo quizá lo más redondo del álbum. Death Perceptiones otro ejercicio ambiental perfectamente conducido y que tiene mucho que ver con los experimentos previos que conocemos de Jake Webb. Sin sobrecarga de efectos, con un buen juego de acordes y tonos, resulta una excelente recreación del estado de ensueño frente al arrebato de los primeros cortes. Y quizá un paisaje no tan acertado y un poco innecesario es el comienzo de Unbalancing Act, del que es uno de los temas más peculiares e interesantes. Música tradicional de un planeta lejano, la experiencia más psicodélica del disco y, por lo poco convencional, una de las mejores. Se puede imaginar uno a un grupito de niños verdes de ojos viscosos cantándola alrededor de un fuego fatuo.

https://www.youtube.com/watch?v=sPm7nLz9RPs

La gran victoria de “Oh Inhuman Spectacle” es la de haber sido capaz de componer grandes atmósferas con una relativa sencillez en la producción y no proteger sus debilidades en una capa de psicodelia de laboratorio que tan tentadora puede ser para un grupo de estas características.

El bajo toma la iniciativa en “Also Gesellschaft”, un tema más en sintonía con sus contemporáneos Tame Impala o los también australianos Empire of the Sun. La voz distorsionada está subordinada al ritmo amenazante del bajo y la batería, demostrando tanta expresividad como puedan hacerlo los otros instrumentos. “Obscura” es una canción fantásticamente construida en un in crescendo que podría prolongarse hasta el infinito. Cada ingrediente nuevo nos mete más en la canción y cada vez el desasosiego es mayor. El siguiente corte “Artificial Limbsorprende con la presencia de una guitarra acústica a través de una cadencia y unos acordes dignos del Syd Barrett de “The Madcap Laughs”. Cuando la canción se arropa con el resto de instrumentos lo hace de una forma muy peculiar, ojo al acompañamiento de la guitarra eléctrica y al ritmo de la batería que no aportan armonía sino, al contrario, incomodidad.

Otro logro sale de Sweet Waste, que parece una hermana tímida de “Yes, I’m Changing” de Tame Impala. Con ciertas diferencias, a saber, la atmósfera es aún más etérea y flotante, y el tempo es aún más lento. Pero el juego ambiente + melodía carbura a la perfección  en una matemática que les ha funcionado durante todo el disco. El final, Everything As It Should Be, se suma a la anterior “Sweet Waste” en el tono melancólico y delicado, que invita a cerrar los ojos y continuar en la ensoñación que es la propia realidad. Nos han ofrecido la posibilidad de pasear durante 44 minutos por un territorio mental inaccesible y el tour se ha acabado. Aunque siempre le podemos volver a dar a play.  

Methyl Ethel – Oh Inhuman Spectacle

METHYL ETHEL

7.1

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La psicodelia australiana encuentra otro buen ejemplar en estos Methyl Ethel. Las materias primas de este “Oh Inhuman Spectacle” son tanto las emociones como las sensaciones, completando un entretejido de melodía y textura muy convincente y sugestivo. Un álbum de fácil digestión a pesar de sus ambiciones expresivas, que nos llevan a territorios oníricos donde nuestra percepción de la realidad poco importa.

Up

  • Es fácil sumergirse en el disco y que se acabe sin que te des cuenta.
  • No se hace pesado sin renunciar a momentos de experimentación, es homogéneo y compensado en toda su duración.
  • La voz andrógina de Jake Webb es sin duda uno de los grandes atractivos del grupo.

Down

  • Podían haber llegado a momentos mucho más imaginativos pero quizá se limitan en beneficio de algo más sólido y accesible.
  • Les falta una carta de presentación más potente en forma de single.