En la segunda mitad de los setenta, de forma paralela a la emergencia del punk, surgía en Gran Bretaña una escena que recuperaba la vertiente más dura del rock que, a comienzos de dicha década, profesaban grupos como Led Zeppelin, Black Sabbath o Deep Purple. Alentados por la fuerza y agresividad de aquel coetáneo movimiento, escudado en la máxima ‘Do it yourself’, en los albores de los ochenta germinaría lo que se dio en llamar la Nueva Ola del Heavy Metal Británico. El nuevo género cristalizaría definitivamente en 1980, cuando numerosas bandas pusieron en el mercado exitosos trabajos en lo que era una sucesión constante de ejercicios metaleros. Un panorama musical en el que destacaban álbumes como “Iron Maiden” de Iron Maiden; “Wheels of Steel” de Saxon; “On Through the Night” de Def Leppard y “British Steel” de Judas Priest.

Pero si hay una banda destacada entre todas aquellas, esa era Motörhead. Aunque el conjunto ya contaba con tres elepés a sus espaldas, la ofensiva radical que lanzaron el 8 de noviembre de 1980, bajo el título Ace of Spades, fue determinante para incluir a los de Lemmy en esta nueva corriente de la que, no obstante, los protagonistas renegaron hasta el hartazgo. Con este cuarto álbum, el grupo culminaba un momento de creatividad desbordante que comenzó un año antes con el lanzamiento de “Overkill” y “Bomber”. Motörhead en estado de gracia y, eso sí, siempre buscando sus propios límites sonoros cual deportistas olímpicos, haciendo suyo el lema de la vieja competición. No en vano, el propio frontman de la formación proclamaba en 1979 con total convencimiento: Motörhead no tiene secretos, tocamos más duro, más pesado, más fuerte y más rápido que nadie.

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El álbum está dominado, irremediablemente y como no podía ser de otra manera, por la faceta más gamberra e insolente de Lemmy. Esa que tanto nos gusta.

Y la palabra se hizo LP. Así quedó registrado en “Ace of Spades” gracias a la potencia y descomedida intensidad y profundidad que desprende la banda en general y el estrepitoso bajo de Lemmy Kilmister en particular, quizá el bajo más atronador de cuantos han sido. Canciones directas, veloces y ruidosas, de furiosas melodías, excelsos riffs y (muy) afilados, rápidos y virtuosos solos de guitarra que nacen de la mano de Eddie Clarke. Un sonido vehemente para acompañar a unas letras que van desde las intenciones más perversas del bueno de Lemmy para con sus conquistas y relaciones desencantadas, hasta la dureza y el encanto de la vida errante de los músicos y su equipo a consecuencia de las giras, o el empuje para no rendirnos ante nada ni ante nadie en la consecución de un propósito, aunque éstas últimas son las menos. El álbum está dominado, irremediablemente y como no podía ser de otra manera, por la faceta más gamberra e insolente de Lemmy. Esa que tanto nos gusta.

Se inicia el disco con el que se estableció, desde entonces y para siempre, el himno por excelencia de Motörhead, la furiosa y pegadiza Ace of Spades. La canción bandera del agresivo combo. De escasa línea melódica, será la guitarra la que más atraiga la atención del oyente entre los versos y lo lleve al disfrute en cada una de sus intervenciones, de manera especialmente acusada en su rápido y conciso solo. No obstante, está visto y demostrado que nada puede ser más pegadizo que el sencillo y vociferante estribillo que proclama el éxito del As de Picas. Una apuesta ganadora, sin duda. Casi el mismo patrón se aplica en el corte siguiente, Love Me Like a Reptile. De coreable estribillo y austera melodía, no habrá ningún elemento particular que demande nuestra atención, pero será la fuerza general de la composición la que nos atrape desde su primer compás.

Estamos ante un conjunto de canciones directas, veloces y ruidosas, de furiosas melodías, excelsos riffs y (muy) afilados, rápidos y virtuosos solos de guitarra que nacen de la mano de Eddie Clarke.

Shoot You in the Back, por su parte, posee uno de los riffs más pegadizos de cuantos conforman el presente ejercicio. El virtuoso solo de guitarra hará las delicias de los más apasionados al tañer de la seis cuerdas. Meritoria atención logra también la batería de Phil Taylor ante semejante acometida, proeza que repite en Live to Win. Una pista de aroma punk tanto en el apartado musical como en el lírico, especialmente visible en su deseo de abrazar la anarquía como medio para alzarse victorioso ante las fuerzas opresoras. Lemmy nos insta a perseguir aquello en lo que creemos firmemente, con independencia de los obstáculos que podemos encontrar en el camino. Siempre con la convicción de que hemos nacido para ganar.

Se inicia a continuación Fast and Loose, un tema sobre las conquistas sexuales de Lemmy sin ninguna particularidad reseñable en lo musical. (We are) The Road Crewserá una oda a la vida en la carretera de los roadies. Llama especialmente la atención cómo, a pesar de la monotonía melódica, el tema no resulta fatigoso en ningún momento, siendo los solos de guitarra los que aportarán mayor variabilidad a la pieza, pero si hay un solo de guitarra especialmente relevante en este álbum ese será el de Fire, Fire. Eddie Clarke demostrando su buen hacer en un corto pero intensísimo pasaje de desbocado virtuosismo. La perversión más gamberra de Lemmy se hará explícita en Jailbait. Será un furioso riff, como no podía ser de otra manera, el que acompañe a unos versos que aluden a una de sus conquistas entre bambalinas, una joven ante la que el propio cantante duda que haya alcanzado la mayoría de edad: Teenage baby you’re a sweet young thing… Still tied to Mommy’s apron strings… I don’t even dare to ask your age… It’s enough to know you’re here backstage.

“Motörhead no tiene secretos, tocamos más duro, más pesado, más fuerte y más rápido que nadie”.

Un rock and roll hiperacelerado se deja ver en Dance, un tema que invita a bailar para sentirse bien, moverse hasta no poder más mientras celebramos la gran fiesta que es el rock and roll animada, en este caso particular, por el frenesí que derrocha y caracteriza a Motörhead. La ruptura sentimental (sí, aunque parezca increíble, Lemmy también las sufrió) llegará en Bite the Bullet. Una pieza sencilla y directa de influencia punk como en el caso de “Live to Win” que casi parece ser el preludio de The Chase Is Better Than the Catch. Ésta comienza sin apenas darnos tiempo para coger aire ante la intensidad de la anterior. De ritmo particularmente pesado, el texto pondrá de manifiesto la faceta más depredadora del bajista al que no le gustan las presas fáciles, y así lo expone en la afirmación que da título a la composición. El último corte de esta referencia llegará con The Hammer, el cual dejará constancia de aquel lema que rezaba más duro, más pesado, más fuerte y más rápido. La canción más potente de esta legendaria colección de canciones, la locura desatada; Lemmy Kilmister y Eddie Clarke intentando hacer fuego sirviéndose de la intensa fricción generada entre la púa y las cuerdas. Si alguien me confirma que el experimento funcionó, sin duda, no me sorprendería.

Motörhead – Ace of Spades

MOTÖRHEAD

9.5 INSTANT CLASSIC

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Recién estrenada la década de los ochenta y con Motörhead en estado de gracia, el grupo británico facturaría “Ace of Spades”, la obra cumbre de su dilatada trayectoria. Canciones directas, veloces y ruidosas de rebosante intensidad, como no podía ser de otra manera si hablamos de Lemmy.

Up

  • La potencia, la intensidad y la pasión que tienen todas y cada una de las canciones.
  • “Ace of Spades” es el testimonio de una banda en pleno apogeo.

Down

  • La fuerza y energía que desprenden las canciones, sin un mero atisbo de tregua, puede abrumar al oyente.