Natalie Prass – Natalie Prass

NATALIE PRASS

Hay canciones con las que despiertas y te acuestas, que si no has escuchado al menos unas quinientas sesenta y siete veces, no eres persona. Pocas veces ocurre a no ser que sufras una resaca del quince tras las fiestas de año nuevo, quién sabe. En mi caso, haber conocido a esta joven fue por pura iniciativa sobria y razonada, y en ningún momento llegué a arrepentirme. Ni de ella, ni de su “Your Fool” que muestra de primeras la modesta voz de la americana Natalie Prass. Una chica morena, con pecas no muy marcadas alrededor de sus pómulos y nariz; en pocas palabras, un rostro reconocible que infunde inocencia.

Nostalgia sería su sobrenombre. Tanto por culpa de Kyle Ryan Hurlbut (su antiguo amor, quien trabajó con ella en algunas canciones y el que le pondría los cuernos una vez)  como del Motown. En su música recoge un amplio repertorio de cantantes clásicas de la estirpe de Dionne Warwick (a la que considera su máxima representante de estilo) hasta llegar a Ella Fitzgerald o Diana Ross. Más allá de estas divas, tras una primera escucha no podemos negar su parecido con Dusty Springfield y su blue-eyed soul de los sesenta, aunque ya avanza que de entre tantos parecidos, busca un refugio en el que su voz sea única y original en los tiempos que corren. Al hablar de la nostálgica Natalie, también lo relacionamos con el factor ruptura. ¿Quién si no escribiría música? A mi modo de entender resultaría hipócrita hablar de desamor cuando ahora tienes afianzada una estabilidad emocional que va para largo. En su caso, es todo lo contrario: un alma pura y destrozada que busca el lamento entre las teclas del piano. Una especie de Norah Jones de la nueva década.

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Nostalgia sería el sobrenombre de Natalie Prass. Tanto por culpa de Kyle Ryan Hurlbut (su antiguo amor) como del Motown. En su música recoge un amplio repertorio de cantantes clásicas de la estirpe de Dionne Warwick hasta llegar a Ella Fitzgerald, Diana Ross o Dusty Springfield.

Su álbum debut es un ejemplo de ello, y de que estas historias con final agrio continúan reproduciéndose de manera atemporal. Para Natalie Prass, su  homónimo, han trabajado productores de la talla de Matthew E. White (quien colaboraría para el notable “Resolutions” de la murciana Alondra Bentley) y Trey Pollard, quienes juntos fundaron Spacebomb Records. Con ellos han planificado con todo detalle el repertorio y los últimos arreglos de los nueve cortes de este álbum de esencia retro que, a falta de la parafernalia instrumental vigente de esta nueva era, recicla una exuberante banda de esencia clásica, donde figuran los clamores de trompetas, los de viento madera, las cuerdas y el piano, que transcurren melodía tras melodía con un intenso crescendo que despierta la sensibilidad de nuestras pieles y sentimientos hasta el punto en el que nos falta el aire para respirar. Todo ello bajo la tímida perspectiva vocal de Prass, quien cierra el círculo intimista para dar paso a la apertura de su corazón para quien quiera comprenderla.

My Baby Don’t Understand Meresume en cinco minutos lo que trato de decir. Además de ser el tema preferido de la cantautora, ejemplifica este dolor con madurez, pero todavía acongojada por las secuelas que el ayer le marcó. Bajo el mensaje, la sordina de los metales actúa lánguidamente, la percusión no genera más que consuelo en las caídas vocales de Prass y el piano protagoniza los momentos álgidos del single. Tras todo ello, la paz. El funeral de unos recuerdos que nunca cohesionaron con los de su amado: le duele, y no le importa mostrar flaqueza: Where do you go when the only home that you know is with a stranger?”. Sin embargo, en la siguiente sabe cómo reaccionar cuando no la tratan bien; abrir los ojos, tomar la iniciativa y romper un vínculo carente de sentido. Bird of Preydespierta pequeños destellos de jolgorio en los metales, y su ritmo jazzy tan contagioso merece que más de uno salga a liberar sus espasmos corporales y bailar cogidos de un palo de fregona.

Un álbum de esencia retro que, a falta de la parafernalia instrumental vigente de esta nueva era, recicla una exuberante banda de esencia clásica, donde figuran los clamores de trompetas, los de viento madera, las cuerdas y el piano, que transcurren melodía tras melodía con un intenso crescendo que despierta la sensibilidad de nuestras pieles y sentimientos hasta el punto en el que nos falta el aire para respirar.

Ya nombré antes Your Fool como una especie de vicio inconfesable, ya que no soy muy dado a manifestar mi entusiasmo hacia las canciones de despedida. Pero no hay duda alguna que esta prueba una de las mejores interpretaciones, además de la magnífica actuación de Prass, de este tipo de baladas, que al mismo tiempo torna un carácter diferente, bajo la introdución al bajo, el tratamiento tan meloso de las trompetas y las palmas que suman más encanto todavía. De esta mujer con base en Nashville recordaremos sus idas y venidas, sus desventuras, pero también su salida por la puerta grande de una relación, dejando una nota que ponga, Sincerely, your fool”. En clave de arpa, Christycomienza a sonar con una dolorida vocecilla de fondo. La bandada de violines al fondo de la sala eleva el resultado de esta pieza a lo eminentemente cinematográfico, digna de una película de época dirigida por Joe Wright (Orgullo y Prejuicio o Expiación: Más allá de la pasión). La melancolía reaparece de forma repentina, de la misma manera en la que acaba. Dato: la canción nombra indirectamente a la amante del novio de Prass; ella no se dio cuenta cuando compuso esta canción junto a él (vaya manera tan descarada de sobrellevar una infidelidad). Lo mínimo que te puede pasar al finalizarla es que se te haga un nudo en el estómago, a no ser que seas un escéptico.

Why Don’t You Believe in Meno pierde el tono aflautado de Prass, pero pasa a una tesitura diferente en lo que llevamos de disco. Rebosa frescura mediante el asincopado ritmo de la batería; lo único que faltaba de fondo era un coro gospel para dar el clavo. Esta canción forma parte de la rutina de la cantante: fragmentos que ha ido escribiendo al paso del tiempo mediante golpes de inspiración al llegar a casa, como ocurre con la fantástica Violently, que comienza con unos dulces acordes a la guitarra acústica y los picados del piano. Prescinde de una base percutida (¿es una pandereta lo que suena de fondo?) durante la primera parte de la canción, pero poco a poco va cobrando intensidad hasta sumar la batería y el desasosiego de Natalie. Esta vez canta con un nudo en la garganta, como dolorida, sin poder pronunciar palabra tras la fanfarria de las trompetas y las flautas traveseras. Otro tanto dentro de su debut que anula toda posibilidad de sentirnos mejor después de sonar esto. Al escribir Never Over You, Natalie imaginaba a un perro echando de menos a su hueso. Imaginar situaciones extrañas pero que evoquen el mismo dolor que el de perder a una persona le ayuda a improvisar durante horas en una hoja de papel. De esta manera consigue plasmar al piano una balada tan sentida, donde la situación ya está zanjada y le resulta difícil pasar de página.

No hay duda de que Natalie Prass ha sido una auténtica revelación, tanto por la sensibilidad que proporciona su voz como el estilo regio y clásico de su música. Es el claro ejemplo de que no hace falta ser un portento vocal para llegar a los corazones de los demás; de que una balada puede ser tan intensa cuando contienes las lágrimas e intentas dejar de acordarte de ese alguien especial.

Tanto le ha gustado “Your Fool” que en su disco ha decidido hacer una reedición del tema, titulado Reprise. En ella, White y Pollard se encargan de aplicar un toque soñador introduciendo nuevamente las flautas traveseras. No hay orden, ni falta que hace. Solo ella, recitando la letra de la canción como si de una poesía se tratase, acorde a la tranquilidad proporcionada, a los golpes de metal, a la suma de todos estos elementos que hacen de esta nueva versión un claro ejercicio de hedonismo. Y por último, otra pequeña joya orquestral titulada It Is You, una especie de contraposición lírica (una vez más se atreve con la canción-despedida dedicada a quien ya todos sabemos) frente a la ostentosa música de fondo muy al estilo Alan Menken. En resumidas cuentas, un producto dentro de su cabeza, un cuento de hadas que proporciona un extraño pero encantador final feliz a este debut. No hay duda de que Natalie Prass ha sido una auténtica revelación este año, tanto por la sensibilidad que proporciona su voz como el estilo regio y clásico de su música. Es el claro ejemplo de que no hace falta ser un portento vocal para llegar a los corazones de los demás; de que una balada puede ser tan intensa cuando contienes las lágrimas e intentas dejar de acordarte de ese alguien especial. Y por supuesto, que todo este libreto sea de cosecha propia. Solamente me queda decir: Gracias, Kyle Ryan Hurlbut, por haberle roto el corazón, gracias a ti ha plantado una joya del tamaño de una catedral en la escena musical contemporánea.

Natalie Prass – Natalie Prass

NATALIE PRASS

8.3

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No hay duda de que Natalie Prass ha sido una de las revelaciones más potentes de 2015. Con su debut homónimo ha mostrado su potencial con creces, gracias a un repertorio de temática rupturesca con tintes motown, jazz, clásico y a una ostentosa instrumentación de viento. Menos es más, pero la fusión de tantos músicos en este proyecto ha merecido la pena.

Up

  • Natalie Prass suena indecisa a ratos, también dulce, dolorida, pero sobre todo auténtica.
  • Una delicia tras otra. Obra cohesionada instrumentalmente, dentro de sus diferentes manifestaciones de amor y ruptura.
  • En ningún momento deja que desear, todas sus intervenciones son necesarias en su debut.
  • “My Baby Don’t Understand Me” y “Your Fool”.

Down

  • El desamor es un tema bastante trillado por muchos artistas. Pero si Adele ha seguido así y triunfa por donde pisa, ¿por qué Natalie no?
  • Pese a una duración adecuada, algún corte más o bonus track no hubiera estado mal.