Oscuro, valiente y sorprendentemente maduro: hemos contado en nuestra caverna con la visita de Dani Ruiz, un chico de 20 años con una historia de esas que ponen los pelos de punta, como poco. Con esta edad ya ha formado parte de una banda, Roulotte Roosters, que tuvo que apartar porque le diagnosticaron cáncer y se vio obligado a ‘priorizar actividades’. Decidió que quería dejar algo suyo en el mundo por si las cosas no salían bien, y así ha sido: Weinf, su proyecto en solitario, además de no dejar indiferente a nadie, ha conseguido ponerse en el punto de mira del underground.

Con influencias que van desde Pink Floyd (como vemos en “Estepa”) o The Doors hasta Julian Casablancas (“Memories” tiene un aire Strokiano), este catalán ha conseguido crear un ambiente de lo más siniestro: con una voz enigmática y casi de ultratumba, nos traspasa sus sentimientos en un álbum conceptual de 10 temas a ritmo de escalofrío, blues y soul, todo impregnado de psicodelia. Ahora, si uno de estos temas se lleva la palma, es “Keep My Mind Away”, con un solo que, personalmente, me ha dejado boquiabierta un buen rato. Y estoy segura de no ser la única.

La temática del LP no es menos conmovedora: las despedidas. Lo que pasa es que, acostumbrados a darle la típica connotación negativa, no nos damos cuenta de que quizá son sólo una forma de saber que aún no nos hemos ido. Y así ha pasado con Dani: canalizando sus sensaciones con suma delicadeza, ha conseguido rompernos a todos y lejos de lo que podría haber sido, su trayectoria no ha hecho más que empezar.

Además de contagiarme del aura que le rodea, Weinf nos ha respondido a unas cuantas preguntas:

Grabaste tu primer EP “Demo” con un Mac prestado y una tarjeta de sonido, y los cuatro temas están auto-producidos y auto-editados. ¿Buscabas ese sonido sucio o ha venido impuesto por los medios escasos con los que contaste?

Vino un poco impuesto por los medios porque era la primera cosa que hacía yo auto-producida, así que me peleé bastante con el programa. Pero también tenía un componente de buscarlo porque en esa época me gustaban mucho los White Stripes, por ejemplo, y sí quería hacer algo garage.

Las referencias que circulan sobre tu música, la pintan como oscura y fría. De hecho, tu voz tiene mucho de espectral. ¿Perseguías dar esta especie de mal rollo? Cuéntanos algo acerca de la peculiaridad del sonido fantasmal que has conseguido crear.

La temática de este álbum (“Requiem for Myself”) era pesimista y realmente sí que había un pelín de intención de buscar esa oscuridad, pero vino sólo por la situación que estaba viviendo, no lo decidí yo al 100%. Y el tono frío supongo que también es porque soy así y mi voz es la que tengo, no puedo cambiar. Además, este álbum también lo produje en mi casa con un portátil prestado y una tarjeta de sonido prestada, aunque esta vez sí sabía mejor lo que hacía.

Cuando me putean es cuando salen las canciones.

En otra entrevista, te referiste al indie como una especie de cajón de sastre. Yo creo que no se puede ser más independiente de lo que tú lo has sido a la hora de lograr tus trabajos. ¿No debería ser éste el criterio para ‘clasificar’ a una banda como indie?

Sí, has dicho algo que yo pienso mucho, que es que indie no es un género, sino una forma de enfocar las cosas, es decir, el hacerlas independientemente. Si no dependes de ninguna marca grande, o de ningún estudio grande, eres indie. Sin embargo, se le ha dado una etiqueta de sonido ‘indie’ que muchas veces no está producido de esa forma independiente. Y yo también considero que la forma en la que he hecho “Demo” y este último álbum no puede ser más indie, porque efectivamente me he encargado yo de todo.

Hace poco, en El Quinto Beatle, hablamos con Sen Senra, con el que compartes la faceta de multiinstrumentista. Él también se encarga de tocar todos los instrumentos en la grabación pero, a la hora del directo, toca con una banda. ¿Cómo enfocas tú los conciertos?

Exactamente igual, cuento con dos amigos para el directo. Tengo a Pol que toca teclados y bajo a la vez y Miquel, que toca la batería. Pero Miquel se irá porque tiene que centrarse en sus cosas, así que tengo que cambiarlo pronto. De hecho, mañana es su último concierto. Y la verdad es que estoy contentísimo con los directos, son dos músicos muy buenos, mucho mejores que yo [Risas]. Suena muy guay.

En una ocasión, dijiste que estás ‘hasta las bolas’ de que os digan que Roulotte Roosters suena mucho a Arctic Monkeys, pero lo que es innegable es que compartís con ellos frescura y aires gamberros. ¿En qué se materializa la filosofía de ‘somos jóvenes y hacemos lo que nos da la gana’?

Era el pan de cada día ese comentario…

Se materializa en el propio sonido y, sobre todo, en los conciertos: abandonamos la pose y hacemos lo que queremos, no algo para que le guste a un cierto tipo de personas. Lo más importante de todo es hacer algo que te guste a ti, y si no te gusta a ti, no le gustará a nadie más.

Desde que publicaste el primer trabajo del que hablábamos (“Demo”) hasta la salida del nuevo LP “Requiem for Myself”, ha pasado menos de un año. Eso denota que no has parado de crear en ningún momento. ¿Crees que has conseguido transformar el sufrimiento que conlleva la enfermedad en inspiración?

Sin duda. Hacer este álbum me ha ayudado un montón a sacar todo lo que tenía dentro, que no lo hubiera podido sacar de ninguna otra forma. Ha sido como canalizar todo lo que sentía a través del álbum. Y me costó bastante grabarlo porque había muchos días en los que no me encontraba bien. Pero bueno, pensé: “joder es que quizá si no lo haces ahora, no vas a poder hacerlo nunca, así que dale caña, termínalo, publícalo y luego ya que pase lo que tenga que pasar“.

He leído que Weinf, tu proyecto en solitario, arrancó cuando tu chica te dejó. ¿Es el dolor tu gran musa?

Sí, cuando me putean es cuando salen las canciones. Hay una cosa que me preocupaba, muy entre comillas, y es que cuando me dijeron que estaba curado fue en plan: “¡Vaya! ¿Ahora qué coño voy a escribir?” Pero al final he seguido escribiendo, ¿eh? Estoy grabando más cosas ya.

Abandonamos la pose y hacemos lo que queremos.

El sello discográfico en el que estás actualmente, Aiguamoll Records, dice que ‘la música como terapia siempre ha sabido mantener la calma’. ¿Es cierto? ¿Cómo te encuentras ahora?

Me encuentro muy bien. Se me pasó todo el rollo y estoy mucho mejor, de hecho lo mejor que he estado este año es ahora mismo. No me puedo quejar.

Y sí, es cierto: la música ha sido una terapia muy importante, la única que he tenido aparte de la quimio, claro.

Black Fanegas y Weinf son los dos únicos proyectos que figuran en el sello. ¿Qué han podido ver en ti para ser una de sus primeras apuestas?

En realidad, Black Fanegas es uno de los dos propietarios de Aiguamoll Records. Él lo dice siempre y se parte: “¡Si no me saco yo, no me saca nadie!” [Risas]. Y, en realidad, Aiguamoll tiene bastantes más grupos, sólo que aún no han sacado nada con ellos, como Twin Drama, que es un grupo con el que tocaré mañana y están muy bien, hacen una especie de surf pop que está muy guay. Así que yo fui su primera apuesta, el primero en sacar álbum, pero porque me pilló en el tiempo correcto. Me contactaron en agosto, nos vimos y en octubre salió el álbum. Ha salido a pedir de boca.

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