ST. GERMAIN

En este 2015 ha regresado una de las bandas que más ha actualizado el jazz a los sonidos desarrollados a finales del siglo XX y principios del XXI. Ludovic Navarre lidera St. Germain, un proyecto caracterizado por recoger influencias de la música negra, del llamado world o músicas del mundo, del acid house de finales de los 80 y del chill-out. Han pasado nada menos que quince años desde que publicase su anterior álbum, “Tourist”, pero ahora ha vuelto con el homónimo “St. Germain”. Es poco frecuente encontrar grupos con una intermitencia tan pronunciada, pero tampoco puede decirse que sea una anomalía. Algo similar ocurrió el año pasado con otro artista convertido en insignia de la música negra de las últimas dos décadas: D’Angelo. Nadie apostaba por un regreso del músico de Virginia, pero lo hizo de forma magistral con “Black Messiah”, un LP que no desmerecía en absoluto a sus dos primeros lanzamientos, de 1995 y de 2000 respectivamente. Tampoco se puede dejar de lado en este aspecto a Portishead, con una separación de once años entre sus álbumes “Portishead” y “Third”, de cuya publicación ya han pasado siete largos años.

Con este regreso, el músico francés y sus acompañantes se embarcan en un viaje por panoramas musicales de diferentes rincones del mundo, y por una exploración de diferentes culturas. El acid house pierde peso en relación con sus trabajos de los años 90, y deja paso a una mayor relevancia del chill-out y el nu ambient.

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[pullquote]En “St. Germain” el acid house pierde peso en relación con sus trabajos de los años 90, y deja paso a una mayor relevancia del chill-out y el nu ambient.[/pullquote]

Real Blues” supone el inicio del viaje que St. Germain nos propone. Se aprecia en este primer track un panorama multinstrumental, en el que los ritmos tropicales y orientales aportan matices realmente destacables. Los xilófonos, tan de moda en los últimos tiempos tanto en la música underground como en géneros comerciales y de consumo masivo, lideran los momentos más brillantes de esta composición a mitad de camino entre el blues, la cumbia y el rock and roll. Después de visitar frenéticamente el Caribe y el continente asiático con retales de música negra, “Sittin’ Here” nos transporta al corazón de la selva africana. Cantos tradicionales procedentes de este continente dirigen un tema de ritmo trepidante, en el que guitarras eléctricas encajan a la perfección en un puzzle de sonidos de jazz contemporáneo, chill out y acid house.

El inicio de “Hanky-Panky” es sencillamente demoledor. St. Germain no nos da un respiro en nuestro viaje transfronterizo, y si durante unos minutos nos hemos adentrado en una aldea a las orillas del río Congo, ahora nos vemos inmersos en un inicio que combina rasgos del jazz más clásico con texturas del chill-out actual. Nos vemos así en una confluencia de los mundos cosmopolitas americanos de los años 40 y actuales. El ritmo impuesto por la batería, con un redoblante propio del swing más puro, sostiene una pieza que se va moviendo por diferentes paisajes. La variedad instrumental vuelve a ser un elemento a destacar, aunque en menor medida que los cortes anteriores. Lo puramente electrónico pierde peso en favor de una composición más clásica. Los solos de guitarra que aparecen a lo largo de la canción tienen una gran influencia de los inicios del rock progresivo de The Doors. Volvemos a coger el avión, y seguimos moviéndonos de punta a punta de nuestro planeta. Aterrizamos ahora en Oriente Medio, pues en “Voilà” tenemos la sensación de encontrarnos en un gran bazar, rodeados de comerciantes, de brillantes prendas de pashmina, de algunas de las especias más aromáticas del mundo, de pieles artesanas y de los cantos de las mezquitas. La melodía vocal es de influencia árabe, y se acompaña de una guitarra eléctrica enfrascada también en la utilización de armonías procedentes del folklore del suroeste asiático. Éste es, probablemente, junto con “Sittin’ Here”, el momento de mayor inspiración del disco.

[pullquote]Después de un inicio prometedor en el que se experimenta con sonidos y texturas influenciadas por numerosas culturas de partes muy diferentes del planeta, se asienta en una zona de confort aburrida e insulsa en la segunda parte del disco.[/pullquote]

Hemos recorrido hasta ahora África, el cosmopolitismo americano, Asia, el Caribe y Oriente Medio. Y es en este último lugar donde el álbum va a acampar para cambiar el constante vaivén de planos sonoros por el sedentarismo. En “Family Tree” nos encontramos un jazz centroeuropeo en su instrumentación, y de rasgos árabes en la parte vocal. Después de un inicio brillante en el que ninguna pieza tenía nada que ver en absoluto con la anterior, aquí la progresión de “St. Germain” parece estancarse. Por primera vez nos quedamos con la sensación de que la fórmula aquí utilizada empieza a ser repetición de lo anterior y, a pesar de ser una pieza agradable para tener como música de fondo en un chiringuito chill-out veraniego mientras tomamos una copa, no parece pasar de ahí. Quizá lo mejor y más diferente de este corte es el saxo con sordina que aparece en la parte final. Con “How Dare You” llega la confirmación de que el álbum se ha asentado en un sonido estándar y que ha perdido la frescura del inicio. Aunque en este caso la melodía se sitúa en un plano más rock ‘n’ roll, empezamos a tener la sensación de llevar anclados en la misma canción desde la cuarta pista.

Mary L.” se asienta en un contexto puramente ambiental, abandonando los matices árabes. Hace poco en EQB publicábamos la crítica del álbum debut de Floating Points, un LP complejo cargado de ambient rock, psicodelia, música electrónica postmoderna… La diferencia principal entre la utilización de los sonidos ambientales del artista novel británico y la que encontramos aquí, es que en el caso de Floating Points suena fresca, actualizada y dinámica, mientras que St. Germain lo lleva a un machacante plano que se asemeja a la sintonía de fondo de cualquier franquicia de venta de ropa (póngasele el nombre deseado) que incita al consumo. Finalmente, después durante tres temas en la monotonía más intrascendente, “Forget Me Not” recupera las bases de percusión electrónica y las melodías con instrumentos asiáticos, y con ello la cordura. Al menos nos permite terminar el álbum con un buen sabor de boca.

St. Germain – St. Germain
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  • La variedad de influencias de la primera parte del disco es sobresaliente.
  • Los momentos en que se utilizan instrumentos asiáticos.
  • “Sittin’ Here“ es una de sus mejores creaciones, sin duda.

 

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  • Algunas de las partes finales del disco parecen perfectas para ser banda sonora de probadores de tienda de centro comercial, lo cual es bastante poco halagador.
  • La segunda parte del disco es repetitiva melódica y rítmicamente.
  • La herencia del chill-out de batalla ha sustituido en exceso a la complejidad armónica y melódica del jazz con el que promulgaban en anteriores álbumes.

PÁGINA DE ARTISTA

ST. GERMAIN

6.6

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St. Germain han roto su silencio después de nada menos que quince años. Después de un inicio prometedor en el que se experimenta con sonidos y texturas influenciadas por numerosas culturas de partes muy diferentes del planeta, introduciéndonos en un viaje musical, se asienta en una zona de confort aburrida e insulsa en la segunda parte del disco. Una lástima. Si fuese un EP de 4 ó 5 canciones quizá habría sido su trabajo más destacado, pero en conjunto acaba por resultar descafeinado, sobre todo porque va de más a menos.

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