ACID MESS

Llegados de Asturias, con tintes de rock setentero y psicodélico, unido a toques stoner, llegan Acid Mess. Este trío, que comenzaron como un grupo de punk al más puro estilo Black Flag, han mutado añadiendo texturas stoner y cambiando de formación hasta llegar a lo que son hoy en día (del grupo original sólo queda el bajista). En tan sólo cinco años han evolucionado gracias a una fórmula mágica que falta en el mundo de la música: Tocar, tocar y tocar a pesar de las adversidades. Esto es algo que se refleja perfectamente con su trayectoria: en su haber tienen una maqueta en directo, tres EPs y dos discos, y han llegado a tocar con grupos del nivel de Bad Religion en el Faan Fest.

Esta nueva aventura de los asturianos se llama “II” (lo que ya nos evoca a Led Zeppelin), y está grabado en los Estudios ACME de Avilés. Dentro de este disco encontramos cuatro joyas; cuatro canciones en las que sólo una baja de los diez minutos. Con estos nuevos temas, Acid Mess meten más el pie en la psicodelia y el rock de los setenta, con influencias claras de Black Sabbath, Led Zeppelin e incluso Pink Floyd. Canciones largas compuestas a base de jams e improvisaciones en el local de ensayo, donde sólo hay espacio para disfrutar y dar rienda suelta a la imaginación, sin letras o mensaje claro por ningún lado. Cada nueva reproducción te lleva por senderos diferentes. Además, todas son instrumentales, algo que no habían hecho hasta ahora. Por otra parte, la edición física del disco hasta ahora no tiene fecha por motivos económicos, lo que es una razón más para apoyar a las bandas locales (su precio en Bandcamp es de 5€ ).

[pullquote]Con estos cuatro nuevos temas, Acid Mess meten más el pie en la psicodelia y el rock de los setenta, con influencias claras de Black Sabbath, Led Zeppelin e incluso Pink Floyd.[/pullquote]

La travesía comienza con Brahamanda. Mientras la guitarra ejecuta un punteo embaucador, la batería se va metiendo de lleno con unos platillos y un bombo que envuelve todo de misterio. Poco a poco, la distorsión aumenta, se incluye el bajo y ya estamos todos. Las notas fluyen por nuestros oídos repitiéndose hasta que no puedes más, estás dentro de la canción. No hay escapatoria posible. A medida que el tema avanza, la melodía sigue siendo la misma, pero se florece con acordes y notas sueltas que hace que no quieras dejarlo. Y, cuando menos te lo esperas, todo se para, la batería calienta motores y dispara un redoble. Cambio radical en “Brahamanda”, que te mete en un solo interminable donde todos los instrumentos parecen estar improvisando, encajando notas a la perfección, e incluso se permiten el lujo de añadir un hammond. No ha pasado ni una canción y ya descubres la capacidad de composición y técnica de estos tres asturianos. Bendita la hora en que se juntaron. Y, para terminar, volvemos a la melodía de la intro.

Con “El vuelo del Cóndor pasa exactamente lo mismo que con “Brahamanda”. Una introducción de guitarra a la que se van añadiendo el resto de instrumentos, pero esta vez muta por completo sin previo aviso. La guitarra en este tema recuerda más que en anteriores al stoner, intercalando un diálogo a través de punteos y acordes que dan mucho dinamismo y juego. Hacia la mitad del corte parecerá que has escuchado tres canciones completamente distintas, algo de agradecer, pues aquí se reflejan dos cosas: La primera, que estos tres asturianos tienen mucha calidad (en apenas unos años han sido capaces de componer auténticos temazos), y lo segundo, que tienes que escuchar muchas veces su música para cansarte de ella, lo que se traduce en diversidad y heterogeneidad, algo que hoy en día no abunda.

[pullquote]Canciones largas a base de jams e improvisaciones en el local de ensayo, donde sólo hay espacio para disfrutar y dar rienda suelta a la imaginación. Además, todas son instrumentales, algo que no habían hecho hasta ahora.[/pullquote]

Con “Alquimia” llega la segunda parte del disco, aunque todavía queden casi treinta minutos. Para variar, esta también tiene un punteo en forma de intro, lo que quizá no sea lo más original de sus piezas, pero es una de las mejores formas de arrancar hasta que logran que te adentres de lleno en sus composiciones. El tema va in crescendo a la vez que se incorporan más instrumentos, adquieren mayor protagonismo… Y ya estás dentro. Esta es la canción más stoner del álbum, con punteos muy parecidos a los vistos en el último disco de Elder e incluso una sección que incorpora trompetas a una potente batería y bajo. Uno de los puntos negativos es el poco sonido que tiene el bajo en el disco, y es que si no pones empeño en fijar tu atención sobre él, es tapado muchas veces por la guitarra injustamente, dadas las tremendas líneas que tiene.

Una muerte maravillosa es eso justo, una canción perfecta para la muerte del disco, a pesar de ser la más larga con quince minutos de duración. El punteo que se repite durante los primeros minutos está tocado de forma un tanto sobria, con un golpe de cuerda muy tosco y duro, pero la melodía no deja de ser muy bonita, con un toque medieval que se acentúa al final con la flauta. Una vez que acaba, la segunda parte parece la banda sonora de una película, donde el bajo parece decir que se avecina algo muy duro. Y, efectivamente, llega un hard rock al más puro estilo Black Sabbath, con riffs en los que parece que Tommy Iommi y Geezer Butler se han mudado a Asturias. Según avanza cambia el tempo, que se va relajando poco a poco, convirtiendo esta pieza en otra jam hasta que vuelve a estallar. Ahora es el turno de la batería, que si ya antes marca a la perfección el ritmo con unos golpeos para nada lineales y aburridos, aquí demuestra lo que es capaz por si no te habías percatado en las pistas anteriores. Hacia el final vuelve a haber espacio para el hammond, aunque de forma discreta. Probablemente no habría venido mal que apareciera más, si bien es cierto que guitarra, batería y bajo ocupan a la perfección el espacio que les pertenece. El grito final nos avisa de que esto se ha terminado, el disco ha llegado a su fin. ¡Pero de qué forma! Sólo queda esperar lo próximo de este trío, pero sobre todo que se haga justicia y ocupen el lugar de culto que merecen entre la música española.

Acid Mess – II

  • No necesitan más que cuatro canciones para embaucarnos y meternos de lleno en un disco.
  • Canciones largas pero originales y variadas. Necesitarás muchas veces para cansarte.

  • Para oídos poco acostumbrados a esta música, un disco de más de 45 minutos con sólo cuatro canciones le puede parecer demasiado.
  • Que no se les reconozca como realmente merecen.

PÁGINA DE ARTISTA

8.0

Los asturianos Acid Mess nos traen con su segundo disco un material lleno de rock y psicodelia con tintes stoner en el que ahondan todavía más en su forma de componer a base de improvisaciones, con una fórmula propia muy variada que es de lo mejor que tenemos en el país.

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