BJÖRK

Que Björk es una artistaza como la copa de un pino no es nada nuevo para nadie. Con nueve discos de estudio a sus espaldas, Björk ha conseguido erguirse como una de las figuras más representativas y singulares de la música pop-experimental. Desde sus inicios con “Debut” y los vibrantes y nunca estáticos álbumes que prosiguieron (con menciones especiales a “Post”, “Homogenic” y “Vespertine”) la artista ha marcado su deseo interior por mantenerse fiel a un propio estilo, que a la vez es un no-estilo marcado por la senda de la experimentación, la expresión mediante los nuevos lenguajes y las oportunidades que ofrece la música y la tecnología de cada década. Björk ha sido una artista que ha cristalizado una metamorfosis interior hacia la post-modernidad, encarnando con gusto y estilo las nuevas sonoridades que ha ofrecido el nuevo milenio.

Por esto, un nuevo disco de Björk es motivo de alegría para cualquier sibarita musical con ganas de sorprenderse y dejarse llevar por el singular timbre de la islandesa. Sus emociones, como es habitual, siguen a flor de piel. De hecho, en “Vulnicura” están más presentes que nunca haciendo de su último disco un de los más intensos por el calibre sentimental que albergan las canciones marcadas por una interpretación hipersensible y unas letras viscerales y potentes.

[pullquote]El trabajo introspectivo de la artista es feroz con el oyente y consigo misma, como hemos visto en la cancelación de su gira por los recuerdos que le evocan sus nuevas canciones.[/pullquote]

A nivel instrumental Björk dejó al público satisfecho con “Biophilia”, un disco quizá más concebido como proyecto performativo; una oda a la naturaleza con una fijación instrumental tecnológica que consagró el ‘estilo Björk’. En cambio, en su nuevo disco ha encontrado un camino medio entre esa fase tecno-experimental y la grandilocuencia con la que nos cautivó en “Homogenic”. Si bien no nos vamos a acordar de “Vulnicura” por una contundente sorpresa sonora, es indudable que el disco va a quedarse en el imaginario por la veracidad que encapsula; la historia de la ruptura sentimental que va conduciendo el largo es un motor de sinceridad que apoya cada uno de los temas. El trabajo introspectivo de la artista es feroz con el oyente y consigo misma, como hemos visto en la cancelación de su gira por los recuerdos que le evocan sus nuevas canciones.

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[pullquote]Sus emociones, como es habitual, siguen a flor de piel. De hecho, en “Vulnicura” están más presentes que nunca haciendo de su último disco un de los más intensos por el calibre sentimental que albergan las canciones marcadas por una interpretación hipersensible y unas letras viscerales y potentes.[/pullquote]

Cuando abrimos “Vulnicura” nos adentramos en un universo melódico que despliega el sentimentalismo en el que estamos a punto de embarcarnos. “Stonemilker” aparece como un entrante muy apetitoso; las cuerdas nos van guiando hacia el interior de la cantante. “A juxtapositioning fate… Find our mutual coordinates… Moments of clarity are so rare… I better document this…” directa al grano, las primeras frases del álbum destapan la temática de desenlace amoroso desde su particular punto de vista. A medida que la letra va tomando conciencia del fatídico desenlace, los beats van sacudiendo la partitura y los violines se vuelven más tempestuosos. En definitiva, un inicio portentoso que marca muy claramente la actitud que va a tomar el disco. El ‘Björk style’ se desenvuelve poco a poco en el siguiente tema: “Lionsong”, una continuación instrumental al antecesor, pero con efectos de modulación de voz y unas texturas electrónicas que junto a las capas vocales dan un matiz hipnótico a la composición. Este track es en cierto modo un flashback, puesto que habla de los ‘5 meses antes’ de la ruptura y en las letras se masca la incertidumbre.

History of Touches” es un corte más breve y de matices electrónicos y sintéticos. Parte de un panorama más explosivo y caótico para apaciguar el ritmo poco a poco, intentando someter la base a un cierto control. El control necesario para el momento más intenso del disco, titulado “Black Lake”. 10 minutos de melancolía que se van desatando en el descontrol. Björk señaló “Vulnicura” como un dolor al que simplemente debía darle expresión y es en este momento en el que el dolor del interior sale propulsado hacia el exterior en cada golpe hi-fi, en cada gemido de cuerdas… Sin duda, una de las piezas del álbum que ya se ha convertido en un clásico de la artista. En él se desata una fuerza vital que impregna “Family”, corte para el buen desgarre de violines que rememora el legado que Björk se había dejado a sí misma. El tema se convierte en un cañonazo violento y contundente que apunta directamente una experiencia sensorial angular y definitivamente muy atractiva.

[pullquote]En su nuevo disco ha encontrado un camino medio entre esa fase tecno-experimental y la grandilocuencia con la que nos cautivó en “Homogenic”. Si bien no nos vamos a acordar de “Vulnicura” por una contundente sorpresa sonora, es indudable que el disco va a quedarse en el imaginario por la veracidad que encapsula; la historia de la ruptura sentimental que va conduciendo el largo es un motor de sinceridad que apoya cada uno de los temas.[/pullquote]

Notget” es una marca referencial de la necesidad del dolor para curar las heridas del alma, pero el corazón sigue vivo, a pesar de estar roto. Así parece escenificarlo la envolvente y palpitante base, que resurge de la profundidad anímica de la artista para rugir con mucha fuerza, como en las demás composiciones de la islandesa, y es que escuchar sus bases es como escuchar una hirviente erupción física y espiritual. La voz va repitiendo el mantra “Love will keep all of us safe from death”, como una evocación al paso del tiempo tras la ruptura y una reflexión sobre el amor, sobre su poderío en el interior de la artista. A partir de este momento el disco se apartará de lo melódico y estallará en el caos. El amor parece más desatado en composiciones como “Atom Dance”, en la que las letras versan sobre la universalidad del amor y funcionan como catapulta emocional para superar el dolor e invitan a unirse en ese proceso curativo: “Enter the pain and dance with me”. Para apoyar esta imagen la voz fluye a través de unas cuerdas estáticas, que van confabulando alrededor de afilados efectos electrónicos que se intercalan como cuchillos en las palabras, hasta que finalmente el descontrol surge tal y como sugiere la canción: los átomos se expanden para la revelación. De nuevo Björk nos invade con unos intensos efectos electrónicos de los que uno nunca puede tener suficiente. Acertada también es la aparición de Antony, un artista que casa muy bien con Björk y que aporta la guinda final en la canción.

Apoyada en el universo de ruptura y de desencanto que presenta “Vulnicura”, Björk optó por incluir en este punto un tema sobre el período que tuvo que permanecer en silencio tras una operación vocal. “Mouth Mantra” recuerda en cierto modo al archiconocido “It’s Oh So Quiet”, pero el silencio en esta ocasión parece fatídico, apocalíptico. El deep-bass de este corte refleja la vibración electrónica de la que hace gala la cantante, con un precioso apogeo hacia la mitad del tema que reviste cada cuerda. Relacionándose el silencio post-operatorio con el que surgió tras la ruptura. En este momento, parece que las letras tengan un efecto retrospectivo y que concluyan con la certeza de que ella debe cantar sola y refugiarse en su interior. El mapa conceptual nos deja con “Quicksand”, que para un servidor es sin duda uno de los temas más disfrutables del disco. Si por un lado el opening es el más nervioso de toda la placa, la voz interviene apaciguada y serena. La canción funciona como un cierre maravilloso puesto a que nos habla de aquello de que la vida sigue, justo como vaticinaba en “Mouth Mantra”, ella puede cantar sola, y es aquí cuando encontramos a una Björk instrumentalmente más liberada, más arriesgada y valiente. No sería de extrañar que el siguiente álbum de la islandesa bebiera mucho de este tema y de esta liberación personal.

Björk no nos da nada que no conozcamos de ella su nuevo álbum, pero sería erróneo catalogarlo de cliché porqué “Vulnicura” es una vía directa a sus sentimientos, desde lo más profundo de sus entrañas. Ha conseguido un álbum que se cocina a fuego lento, y que se disfruta cada vez más a medida que se va escuchando. Una pieza clave en su discografía que si bien no es el enclave máximo de experimentación sónica es un álbum que resulta terapéutico y muy personal.

Björk – Vulnicura
like

  • Su manera de cantar (ya asentada) que va entrecortando las frases añadiendo dramatismo.
  • La lírica combinada con cada juego de cuerdas.
  • Los videoclips demuestran que Björk es una artista con ganas de sorprender.

 

dislike

  • Con este final, uno piensa que el disco no acaba de arrancar nunca.
  • La falta de más matices electrónicos.

 


PÁGINA DE ARTISTA

BJÖRK

8.8 HOT RECORD

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Björk regresa con un álbum plagado de sentimientos. Un disco que le sirvió como vía para expresar el tránsito emocional de la ruptura amorosa y en el que escenifica cada una de las fases de su dolor para poder así superarlo y dejarlo atrás. Instrumentalmente cuenta con unas cuerdas melódicas y sugerentes acompañadas por unos acabados electrónicos que añaden cierta grandilocuencia al conjunto. Sin duda, “Vulnicura” consigue devorar al oyente poco a poco, como un monstruo silencioso que se queda en el corazón.

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