Querido Futuro,

Después de todo, sigo siendo un fan tuyo, como ya te he demostrado en cartas anteriores. Pero ahora, bien pasados los 40, ni soy tan incondicional tuyo ni te venero de la misma manera. Porque hoy ya no cuelgo pósteres de Bruce Springsteen en mi habitación, ni forro mis cuadernos en el trabajo con aquellos ídolos que me ayudaban a forjar una identidad adolescente.

Sin embargo, unos de los entusiasmos hacia ti que siguen más vivos es la preocupación por el medio ambiente. Pasa más por acercarte a mis hijos (y a los de su generación) en las mejores condiciones de salud y medio ambiente que ya en mí mismo. Ese paternal empujón no puede ser hacia las “Cenizas calientes” que cantaban Pink Floyd en “Wish You Were Here”, o hacia “The Road To Hell” de Chris Rea (dice que el agua “It boils with every poison you can think of”), sino hacia algo claramente mejor.

La verdad es que sigo creyendo que el rock nos puede echar una mano. No sería una mano definitiva, pero ofrece ejemplos que siguen inspirando la preocupación por el medio ambiente. Pero antes, Porvenir, pensemos en los muchas ámbitos de contaminación: la del agua, la del suelo y la del aire. Y en sus fuentes: el ruido (“Rock ‘n’ Roll Ain’t Noise Pollution” de AC/DC), los metales pesados (no hablo del heavy metal, sino del níquel, el cadmio o el plomo, mucho más chungos que las melenas y los pantalones de pitillo), los productos químicos desaforados o los gases de las combustiones.

De la que más se habla últimamente es de la del aire. Cabe distinguir, cosa que muchos medios de comunicación deberían hacer, entre la contaminación y el cambio climático. La primera, que se siente localmente, es responsable de muchas muertes prematuras en las ciudades, sobre todo a causa de infecciones respiratorias. Poco a poco, vamos respirando material contaminate minúsculo cuyas consecuencias son irreversibles. La combustión de los coches diésel, de las fábricas o de las calefacciones son las causantes de esta contaminación, que alcanza su cénit en ciudades súper pobladas como Pekín. Pero en Madrid, quién nos lo iba a decir, se ha aplicado, por fin, un protocolo que en su fase 4 prohibía aparcar en la calle y limita la velocidad a 70 km/h dentro de la M30.

Por su parte, si nos centramos ahora en la dimensión climatológica del problema, al tratarse de un fenómeno mundial, la responsabilidad compartida ha venido dilucidándose en el ámbito onusiano. Las emisiones de gases de efecto invernadero conllevan el calentamiento de la atmósfera, cosa que es muy mala para el clima o para la pérdida de biodiversidad. El ceodós no es el único responsable: el metano de la ganadería, el nitrógeno de la agricultura o los gases fluorados de los aires acondicionados (que calientan 24 mil veces más que un ceodós) están detrás del cambio climático. Y ahora que celebramos el ‘acuerdo de París’ que sustituirá al de Kioto (lo siento por el “Kyoto Now” de Bad Religion), quizás sea buena ocasión para reconocer que, una vez más, son las políticas de estado y no la tecnocracia la que tiene la llave para llegar a ti, Futuro. Como se quejaban los Posies, “I lack the patience of a statesman” (me falta la paciencia de un estadista), aunque habría mucho que discutir sobre este verso.

Pues bien, ¿qué ha dicho la música de todo esto? En esta lista de Spotify he recogido un puñado de canciones más representativas. No están todas las que son, pero son todas las que están. En ella hay un poco de todo, muestran preocupaciones y proponen acciones.

Quizás los que más han defendido esta postura ambientalista han sido Midnight Oil. Son casi incontables los temas en los que hacen alusiones a esta postura, pero “Warakurna”, “Arctic World” o “Blue Sky Mine”, esta última sobre una mina de amianto, son los más célebres. Como otros, han cantado a favor del medio ambiente alzados sobre las culpas de la industria y de un desarrollo despiadado, a veces vestido de colonialismo, y de ambición miope del capitalismo. Los australianos también pasaron a la historia del rock por su defensa activa de los aborígenes. “There is enough for everyone…”.

Quizás no haya que ir siempre tan lejos, simplemente busquemos inspiración en temas para nuestra cotidianeidad como en el caso de “Tapestry” de Don Maclean o “Earth Song” de Michael Jackson. O el del propio Neil Young con su último disco, “The Monsanto Years”, y tantas otras veces que ha abogado por la vida rural, tan cercano al country y al folk que de puro progresismo se vuelve conservadurismo puro.

Hay que tener en cuenta la relación que se da entre las canciones ambientalistas y las ‘canciones políticas. De hecho se pueden ver las primeras como un subtipo de las segundas. O incluso como un revuelto de compromiso social y político, unas veces con contenido pacifista o universalista, con las que había tantas concomitancias al principio del movimiento hippie.

La música pop-rock ha dedicado letras al compromiso político y social especialmente desde los años 70. Este hecho no es una mera coincidencia, ya que si buscamos unas fechas simbólicas en el mayo francés del 68 o en la madurez del movimiento de los derechos civiles de los primeros 70 en Estados Unidos, las canciones serían, literalmente, muestra de esos procesos de toma de conciencia de los jóvenes. “La madre naturaleza sale pitando en los años 70”, cantaba Neil Young en “After the Gold Rush”.

Futuro, como ya te digo que sigo siendo fan tuyo, quiero apartar de mí la mala conciencia de degradarte igual que abusamos del medio ambiente. Sobre todo en países en vías de desarrollo, en las ciudades y en las orillas de las fábricas. Ten en cuenta que te escribo esta carta desde un país del norte de África. Así que me niego a tomarte por un simple ‘mañana’ o un vago ‘luego’. Mereces algo mejor. Mereces una canción comprometida ahora.

Pero todo esto quizás tú ya lo sepas, futuro.