NEW ORDER

Hay una máxima, casi un cliché en el arte, y la música no escapa a ello. Casi cualquier artista influyente empieza rompiendo el cascarón con unas primeras obras, que a pesar de su escasez de repercusión mediática y popular en el momento de su publicación, acaban por ser consideradas las de culto, y siendo aquéllas más apreciadas por los entendidos y más citadas por generaciones posteriores como influencias a destacar.

Después llegan las obras de la consagración, ésas con las que uno pasa a estar en la cresta de la ola, y a situarse como el referente del momento. Por todos es sabido que en el mainstream la primera fase es eliminada por poderse llegar perfectamente a la segunda a través de una ametralladora campaña de promoción. Sin embargo, estilos más underground, o bandas que a pesar de su poco arriesgada propuesta no pertenecen a los circuitos comerciales, prolongan más esta segunda fase, puesto que el llegar a ella suele significar haber dado durante la cocción de la primera con un público sincero con el que se tiene una especial conexión, a diferencia de los productos de rápido consumo y sustitución.

Pero hay una tercera fase, y ésta es en la que entra en juego el cliché; la máxima. Serán las bandas ya ampliamente consolidadas las que consigan mantener a un público fijo, presente en sus aciertos e inmune a sus patinazos, ocurra lo que ocurra. Sin embargo, y a pesar de su fidelidad, siempre quedan una nostalgia y una melancolía por los viejos tiempos. Es extraño el caso de bandas como Radiohead, que se reinventan disco tras disco, haciendo difícil que sus fans, a excepción de los más puristas del rock y escépticos con las nuevas tendencias, miren al pasado con añoranza. Evidentemente “OK Computer” es uno de los mejores álbumes de la historia, ¿pero acaso no lo son “Kid A”, o el más reciente “In Rainbows”? Por el contrario, estamos más acostumbrados a quedarnos incompletos ante un nuevo lanzamiento de una banda consolidada y a añorar en cierto modo el pasado. Es cierto que el caso de Coldplay es extremo, pues Chris Martin y compañía no sólo hacen a uno añorar “Clocks” o “Fix You”, sino que hacen ver en “Charlie Brown” la complejidad de una ópera de Haendel al ser comparada con sus dos últimos álbumes; sin embargo, en la mayoría de casos, las grandes bandas apuestan por una perenne continuidad que, llegados a un punto, les mantiene en un sonido aparentemente estático de por vida. Así, podremos gustar más o menos de lo nuevo de U2, pero seguiremos esperando un nuevo “One” o un “Sunday, Bloody Sunday” que seguramente nunca lleguen, iremos a ver en directo a AC/DC y pediremos a gritos “Hells Bells” o “Thunderstruck”, importándonos bastante poco su nuevo material. ¿Y qué decir de los Rolling Stones, Guns N’ Roses, Iron Maiden, The Cure, The Who o Bon Jovi, por poner algunos ejemplos? ¿Acaso habrá alguien que prefiera de corazón “Streets Of Love”, “Chineese Democracy”, “The Only One” o “Because I Can”, en lugar de “Angie”, “November Rain”, “Just Like Heaven”, o “Livin’ On A Prayer”? Al final, el corazón manda, y sus nuevos trabajos nos pueden parecer correctos, nos puede gustar escuchar algunos temas en directo cuando vayamos a verles (siempre que respeten los clásicos), pero su acomodamiento en un estilo que no ha variado desde hace décadas no nos transporta ya a ese universo rompedor, eléctrico y casi místico de sus primeros trabajos. En esta dirección se sitúa lo que ocurre con “Music Complete”, el regreso de New Order. No nos confundamos, este nuevo material pasa el aprobado con nota, pero el problema es que han perdido esa capitanía de la vanguardia que se atribuyeron por méritos propios en los 80, para instaurarse en un puñado de buenas canciones, impecables desde un punto de vista técnico, pero que en líneas generales no sorprenden lo más mínimo.

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[pullquote]Este nuevo material pasa el aprobado con nota, pero el problema es que han perdido esa capitanía de la vanguardia que se atribuyeron por méritos propios en los 80, para instaurarse en un puñado de buenas canciones, impecables desde un punto de vista técnico, pero que en líneas generales no sorprenden lo más mínimo.[/pullquote]

El primer corte del disco, “Restless”, es también su primer single promocional, y uno de los puntos más sólidos del regreso de Bernard Sumner y los suyos. La canción resulta una perfecta construcción synthpop en la que todo parece encajar perfectamente. El estribillo, acompañado de un bajo profundamente distorsionado y de una diluida sección de cuerda, adquiere una épica que no desmerece en absoluto a “Blue Monday” o a “Bizarre Love Triangle”. Además, se acompaña de una de las mejores letras del disco, en la cual se preguntan cuántos bienes materiales o superficiales necesita uno para ser feliz.

Si algo queda en New Order de los tiempos de rabia desmedida y agónica de Joy Division, es lo que encontramos en el comienzo de “Singularity”. Ésta arranca en un oscuro ambiente post-punk para explotar en una sólida y cuidada producción techno. Las bases, los sonidos y las progresiones que la acompañan llevan la firma de Tom Rowlands de The Chemical Brothers, y son capaces de transportar a las mejores raves underground de los 90. En el mismo plano continúa “Plastic”. Su apoteósico comienzo dance, al alcance de muy pocos, bien podría ser la envidia de numerosas estrellas del EDM que se las ven con producciones insulsas y repetitivas hasta la saciedad. Quizá Madonna podría reinventarse y romper esquemas como lo hizo con “Ray Of Light” si contase con esta base en lugar de tratar de disfrazarse de eterna juventud bajo las máscaras de Avicii, Diplo o Ryan Tedder.

[pullquote]New Order han regresado con fuertes altibajos. “Music Complete” es un álbum que pese a sus momentos olvidables nos ha regalado una colaboración perfecta entre la banda de Bernard Sumner y el gran Iggy Pop. Quedémonos con eso.[/pullquote]

El panorama de clubbing noventero desaparece de repente, y nos vemos introducidos en un funky modernizado con “Tutti Frutti”. Elly Jackson, cantante de La Roux, aporta su granito de arena en un tema que parece recoger los frutos de lo sembrado por Daft Punk en los últimos años y hacer su propia reinvención con una sucesión de guitarra acústica y violín que brilla con luz propia. A partir de la segunda mitad del álbum se echarán de menos más momentos como éste. El funky y el techno siguen siendo protagonistas en “People On The High Line”, basada en un piano rítmico muy setentero. Por lo demás, este tema que cuenta con la misma colaboradora que la anterior empieza a no estar a la altura del sonido New Order. Si en temas anteriores su ligera inmiscuición en el dance funcionaba como un reloj, aquí parece que nos encontramos ante un tema cualquiera de un productor cualquiera, que suena en una tienda de ropa cualquiera.

Venimos de unos de los momentos más planos del disco, pero con la colaboración de Iggy Pop perdonamos toda chapuza que hayan podido hacer New Order. “Stray Dog” es sin duda una de las mejores canciones del año. La voz de Iggy Pop, grave, narrativa y con una pincelada terrorífica, como la de Vincent Price en “Thriller”, supone el momento cumbre de “Music Complete”. Es una canción oscura, épica y con un potente toque gótico. “Academic” nos devuelve a un universo más pop. Esta nostálgica canción posee el estribillo más potente y pegadizo del disco, muy en la línea del glam rock británico de los 80 y los 90 (The Smiths, Suede o Pulp pueden ser reconocidos en esta canción).

[pullquote]En algunos de los momentos más electrónicos, la producción digital se les acaba por ir de las manos, lo que es sin duda uno de los aspectos negativos de “Music Complete”.[/pullquote]

Pese a su prometedor inicio, “Nothing But A Fool” no pasa de ser una composición mediocre, en la que se intenta recuperar la épica de tiempos pasados sin llegar a conseguirse. En ningún momento termina de arrancar y acaba por hacerse repetitiva. “Unlearn This Hatred” tiene de nuevo a Tom Rowlands en la producción, y a pesar de que trata de volver a llevar arriba a uno, no está a la altura de los temas dance que hemos escuchado al principio del álbum. Ni las vertiginosas bases, ni los momentos dubstep, ni los pretendidos momentos de ‘subidón’ terminan de culminar con el efecto deseado en una canción artificial que suena demasiado a productor y a máquina y en la que se pierde la esencia del grupo. Cuando todo parece perdido en este sentido, aparece “The Game”, cuya épica se presenta casi sin querer entre la melodía de una guitarra rítmica y los sincopados latigazos de un sintetizador. A diferencia del corte anterior, aquí nos encontramos ante un rock electrónico actual y fresco que suena como un reloj, dosificando sus partes, y convenciendo a uno aún más si cabe de que lo escuchado en el corte anterior es una profunda torpeza.

Después de habernos vuelto a convencer de que “Music Complete” tiene más momentos de luz que de sombras llega “Superheated” para poner el punto final. Destaca en ella la batería, y los juegos que con ella han hecho en producción. La colaboración de Brandon Flowers, pese a no notarse en especial, pues su voz queda por lo general escondida, lleva esta pista al terreno de The Killers. Si “The Game” consigue la dosis perfecta de una épica que resulta fallida en pistas anteriores, quizá aquí resulta un poco sobreactuada con las campanas pseudonavideñas, un recurso perfecto si te llamas Mike Oldfield, pero que suele resultar hortera en la gran mayoría de creaciones.

New Order – Music Complete
like

  • La colaboración con Iggy Pop es impresionante. Lo mejor que han hecho ambos en mucho tiempo.
  • “Restless” y “The Game” nos devuelven a los momentos más clásicos de New Order.
  • Las letras siguen siendo uno de sus puntos fuertes.

dislike

  • En algunos de los momentos más electrónicos, la producción digital se les ha ido de las manos.
  • Algunos temas no alcanzan la fluidez deseada.
  • Pese a ser un cliché, las comparaciones de uno mismo con lo que fue en el pasado siempre generan melancolía por lo anterior, y ésta no es una excepción.

PÁGINA DE ARTISTA

NEW ORDER

6.9

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Bernard Sumner y los suyos han regresado con un álbum con altibajos en el que los altos son muy altos y los bajos son muy bajos. A pesar de eso, ofrecen un buen puñado de canciones que nos permiten seguir disfrutando de New Order, aquel grupo que dio una vuelta de tuerca a la postmodernidad en los ochenta.