KING GIZZARD & THE LIZARD WIZARD

Qué divertido es cuando un grupo sufre una metamorfosis y se transforma en algo completamente distinto a lo que era anteriormente. Qué divertido es, claro, si esa nueva especie en la que se convierte mejora las características de la anterior o como mínimo las iguala. Y qué divertido es cuando un grupo saca un lanzamiento al año. Y mejor aun cuando no conformes con eso, sacan otro, así de manera inesperada, y manteniendo el nivel. Pero hay algo todavía más divertido, y es cuando ambos hechos se combinan. Porque si ya es difícil mantener una regularidad anual con una calidad a la altura, sobrepasar esta periodicidad y encima añadir un cambio de rumbo o una pequeña innovación, ni te digo. Pero ahí están nuestros ya conocidos y adorados por este medio King Gizzard & The Lizard Wizard para demostrarnos que con ganas y esfuerzo, todo es posible.

A principios de 2015 lanzaron aquella rareza llamada “Quarters!”, compuesta por cuatro canciones de diez minutos y diez segundos cada una, con la que ya cumplían su entrega anual y nos dejaban al menos un gran tema como aquella “The River”. Pero es cierto que si bien aquel disco no era nada desechable, en realidad no suponía mucho más que un experimento curioso, más aún cuando venían de publicar dos grandes obras como “Float Along – Fill Your Lungs” y “I’m In Your Mind Fuzz”. No sé si es que ellos tampoco tenían suficiente con “Quarters!” o sólo es sensación mía, pero el caso es que ni cortos ni perezosos se han liado la manta a la cabeza y antes de cerrar el año vuelven a la carga con “Paper Mâché Dream Balloon”, un nuevo trabajo dispuesto a desbaratar a última hora las listas de mejores discos del año que se suelen realizar en diciembre.

Para los despistados que todavía no los conozcáis, King Gizzard & The Lizard Wizard se caracterizan principalmente por el rock psicodélico, de sonido clásico, crudo e incluso rudimentario, en el que siempre ha primado la distorsión y la guitarra. Pero esta vez han decidido tirar por derroteros bastante diferentes, eso sí, sin salirse de madre y manteniendo siempre la esencia de su sonido.

[pullquote]Cambian las guitarras eléctricas por acústicas, el bajo por el contrabajo, los teclados por el piano, reducen la batería y añaden otros instrumentos que se prestaran a la idea de Stu Mackenzie, como la flauta o el clarinete, naciendo de manera indirecta un nuevo concepto basado en hacer algo no conceptual, en canciones breves, independientes, sin relación aparente entre una y otra.[/pullquote]

Paper Mâché Dream Balloon” es uno de esos discos cuyo título y portada ya irradian cierta magia. Ese paisaje verdoso con los miembros del grupo representados en plastilina tocando sus instrumentos (que ya dejan entrever el cambio en la instrumentación de este disco, acústico casi en su totalidad), junto al logo de la banda y el título del disco en colores alegres, con un toque infantil, añejo, que incluso recuerda levemente a la emblemática portada del “Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band” de los Beatles. No voy a hacer comparaciones con semejante disco porque es entrar en terrenos demasiado conflictivos y probablemente poco acertados, pero sí diré que los Beatles es el grupo que más me viene a la mente cada vez que escucho este disco.

Su gestación se lleva a cabo una vez más a manos de Stu Mackenzie, cabecilla pensante del grupo, que harto de crear discos más o menos conceptuales, se vio en la necesidad de deshacerse no sólo de esta idea sino de cambiar las guitarras eléctricas por acústicas, el bajo por el contrabajo, los teclados por el piano, reducir la batería y añadir otros instrumentos que se prestaran a esta idea como la flauta o el clarinete, naciendo de manera indirecta un nuevo concepto basado en hacer algo no conceptual, en canciones breves, independientes, sin relación aparente entre una y otra, tal y como cuenta él mismo en el Bandcamp del grupo. Y para conseguir impregnarse del ambiente adecuado para realizar un disco así, decidieron ir a la granja de sus padres y encerrarse en un contenedor de transportes a grabarlo.

[pullquote]Abandonan las canciones largas de “Quarters!” y los discos conceptuales y trayéndonos un álbum de piezas breves cuidadas al detalle, funcionando a la perfección por separado pero aún mejor en conjunto.[/pullquote]

Así es como nos sale un disco que desde el primer segundo de “Sense” confirma lo que nos deja intuir la portada. Canciones suaves, cuidadas al detalle, con unos arreglos realizados con gran maestría, melodías muy reconocibles y una sensación instantánea de haber encontrado una reliquia. De la tranquilidad y la melancolía de este primer tema, pasamos a “Bone”, una canción que es alegría pura, compuesta por una melodía muy divertida entre la que se desliza una flauta jugueteando a veces con la guitarra, a veces con la voz, acompañada de coros y teclado, haciendo una pieza muy fácil de disfrutar. “Dirt” sigue subiendo el listón, sumando la armónica y recordando a grupos del estilo como Woods.

Estas tres piezas, muy ligadas entre sí y completamente independientes a la vez, parecen ir a desembocar en “Paper Mâché Dream Balloon”, LA canción del disco. Arpegios de guitarra, acompañamientos acústicos, cambios de ritmo, melodías dulces rebosantes de energía y alegría, una sensación de ensoñación constante acentuada por la letra (“Stuck in a daydream under a moonbeam, head on my pillow at home”). ¿Qué más se les puede pedir? Vale, puede que eches en falta su estilo más clásico de sus anteriores discos. No pasa nada, ahí llega “Trapdoor”, un tema que nos devuelve el rollete esquizoide de “I’m In Your Mind Fuzz” en clave acústica, manteniendo la atmósfera del disco. Una vez contentos todos, volvemos a las canciones pop, con subidas y bajadas en la batería y estrofas para cantar igual de alto o más que los estribillos.

[pullquote]Su gusto por las melodías y su capacidad infinita de hacer música quedan perfectamente retratados aquí, ofreciendo temas irresistibles de los que es realmente complicado despegarse, creando además una atmósfera muy familiar, muy cercana y muy acogedora.[/pullquote]

La fiesta sigue con “The Bitter Boogie”, una canción que al contrario de lo que dice el título, no tiene nada de amarga, hipnotizándonos con una melodía muy pegadiza y un acompañamiento muy clásico pero que funciona muy bien, a lo que se suman solos acústicos muy destacables. Temas como este parecen hechos para cantarse en una noche de acampada alrededor de una hoguera.

N.G.R.I. (Bloodstain)” pisa el acelerador con una base de piano y guitarra, intensificándose en el estribillo. En el dúo de “Time = Fate” y “Time = $$$” los instrumentos quedan por encima de la voz, aunque no tienen nada que añadir al resto del disco. “Most Of What I Like” parece un tema compuesto por los Beatles del Rubber Soul, todo, absolutamente todo recuerda a ellos, la melodía, los coros, el piano, todo. Para acabar nos dejan con “Paper Mâché”, una especie de bis instrumental que repasa casi todas las canciones a modo de coda, con un final muy marciano que suena como si se estuviera rebobinando un casete rayado y acabase explotando, quedando casi como algo anecdótico y humorístico.

Los chicos de King Gizzard vuelven a salirnos con algo distinto, abandonando las canciones largas de “Quarters!” y los discos conceptuales y trayéndonos un álbum de piezas breves cuidadas al detalle, funcionando a la perfección por separado pero aún mejor en su conjunto. Su gusto por las melodías y su capacidad infinita de hacer música quedan perfectamente retratados aquí, ofreciendo temas irresistibles de los que es realmente complicado despegarse, creando además una atmósfera muy familiar, muy cercana y muy acogedora. No sé si estamos ante el mejor disco hasta la fecha en la carrera del grupo, pero lo que está claro es que han dejado el listón muy alto.

Paper Mâché Dream Balloon

  • La atmósfera del disco, lo pegadizas que son las canciones, lo feliz que te pueden hacer estos chicos.
  • Concretando, las cuatro primeras composiciones son una delicia.
  • Su capacidad para seguir ofreciendo nuevas vertientes en su sonido y sobre todo hacerlo en periodos tan cortos de tiempo.
  • Como siempre, lo bien que solapan la portada y el título del disco con el contenido del mismo.

  • Que te guste más su vertiente eléctrica.
  • La segunda mitad baja un poco el listón.

PÁGINA DE ARTISTA

8.3

 

Por si un disco fuera poco en un mismo año, King Gizzard & The Lizard Wizard vuelven antes de finalizar 2015 para alegrarte el corazón con un disco acústico en el que nos regalan canciones breves de pop y folk infectadas con su toque psicodélico habitual, demostrando un gusto exquisito por las melodías y una capacidad muy notable para hacernos tararear sus estribillos una y otra vez.