Es miércoles, el primero de diciembre, el frío del invierno parece haberse quedado al fin en Barcelona. Faltan pocos minutos para las 8 de la noche, los comercios se cierran lentamente en el barrio de Gracia, la gente deambula hacia sus casas o hacia algún rincón donde entablar conversación con los amigos. Entre las calles silenciosas resuena música tras la persiana del emblemático Heliogàbal. En el interior, Ferran Palau y su banda acaban de ajustar algunos detalles en la prueba de sonido para el concierto de esta misma noche. Cuando entramos suena “La Daga”, una de las canciones de su segundo disco en solitario. Nos sentamos cerca mientras Ferran y los suyos acaban de ajustar los pequeños matices que lograran transmitir la pureza del disco al público de la noche. Al volver los ojos hacia la entrada vemos un cartel que anuncia ‘Sold Out’ para esta noche. Al final de la prueba de sonido, Ferran con su calma y buen humor habituales, nos acompaña a una mesa más apartada, donde podremos hablar cómodamente.

Ferran Palau es conocido principalmente por ser uno de los miembros principales de Anímic, pero poco a poco se ha abierto paso con su propuesta en solitario, tan contundente y atractiva como Anímic, de la que sin duda alguna, se retroalimenta. Esta es una de las primeras cuestiones que le planteamos:

¿Cuál es la diferencia entre tu música en solitario y la que conformáis en Anímic?

Anímic somos un grupo que llevamos muchos años juntos, todos aportamos lo nuestro de alguna manera. Si es cierto que para mí son dos universos muy diferenciados quizá para alguien de fuera no lo serán tanto. En Anímic, por así decirlo, nos cansamos muy rápido de las canciones porque al componerlas representamos lo que sentimos en ese momento, por lo tanto cuando dejamos de sentirlo no tiene sentido tocarlo. Necesitamos hacer algo nuevo, que plasme como nos sentimos en cada momento. En cambio esto no pasa en mi proyecto en solitario, puedo encontrar una canción que hice hace tiempo y me siento bien tocándola. En Anímic hay un espíritu de cambio que yo no tengo.

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El catalán muy a menudo se tacha de poco musical, en cambio tu consigues que las palabras adquieran una melodía muy consistente…

Esto es porque el catalán tiene palabras muy musicales, a pesar de lo que se diga. Intento buscar palabras por su sonoridad, y eso es lo que me ocupa más tiempo, que las palabras en conjunto fluyan como un río. Creo que el catalán tiene muchas posibilidades, para mí no se trata de cantar en catalán como algo patriótico, para mí tiene unas palabras muy melódicas que han acabado conformando mi estilo.

¿Crees que estas palabras más musicales son a menudo las que proceden de un ámbito más religioso o medieval?

Algunas sí, no necesariamente las palabras religiosas, pero igual son palabras que ya no se usan tanto pero para mí tienen un terreno a explorar. Luego las conecto de manera instintiva, donde adquieren un significado que a veces me sorprende. También controlo su rima y métrica, que es algo que me obsesiona.

Para mí no se trata de cantar en catalán como algo patriótico, tiene unas palabras muy melódicas que han acabado conformando mi estilo.

Y luego… ¿Cómo encuentras la música que complementa mejor al mensaje? Está la historia de que “Santa Ferida” fue regrabado tres veces… ¿Es difícil encontrar la sonoridad perfecta?

Bueno, ¡no regrabamos todo el disco! Algunas canciones sí que las acabamos de pulir, hasta que encontré el hilo. A medida que el tiempo pasaba iba actualizando los temas, ahora de hecho escucho el disco y cambiaría algunas cosas, pero un día u otro lo tienes que acabar. No puedo evitarlo. Hay que coger el punto de vista adecuado para que todo llegue a lo que esperabas; en mi caso no se trataba de añadir pistas, se trataba de quitar lo superfluo y hacer que lo que quedaba tuviera un motivo, un sentido.

Tu primer disco tiene un aire más folk y el segundo es más eléctrico y minimalista ¿A qué se debe el cambio?

A pesar del cambio el espíritu es el mismo. Cuando estaba con el primer disco, en Anímic hubo un giro hacia lo eléctrico, entonces pensé que estaría bien que yo continuara con algo más acústico, que es algo que siempre me ha gustado mucho. En el segundo disco no había esta premisa, decidí quitar pistas de instrumentos y eso implicó trabajar mucho más en cada una. A pesar de ello, trabajamos mucho cada elemento que suena en “Santa Ferida”, por ejemplo los toques de madera y campana. Las canciones más cálidas tienen madera y las más frías, campana. Esos toques están muy pensados, en momentos de silencio o en lugares donde puedan quedar más adecuados.

Tus letras son simbólicas por las imágenes metafóricas y abstractas que generan. ¿Las planteas aleatoriamente?

No es del todo aleatorio pero intento no controlar la canción, creo que se libera una parte del inconsciente en esa fase. De forma inevitable siempre adquieren un sentido, pero quizá alguien oye una canción y le da un significado distinto al que yo le encontraba. Pero eso es una virtud de la música también, depende del momento que estés pasando en la vida vas a relacionarla con algo en concreto. Mis ideas son muy abstractas, giran en torno a algo pero no explican nada concreto. La indefinición de algunas cosas las enriquecen porque al no saberlas les podemos dar muchas posibilidades. No soy mucho de contar historias directamente.

Y para acabar… ¿Algunos planes para el futuro?

De momento vamos girando con los amigos, que nos lo pasamos muy bien. Con Anímic estamos ensayando canciones nuevas y por mi parte ya tengo medio disco hecho. En realidad no paro nunca de hacer canciones, es como un pasatiempo, necesito hacerlo.

 

Acabamos la charla con el tiempo justo para ir a cenar y disfrutar del concierto de Ferran Palau, que esta noche cuenta con la compañía de Alberto Montero, quien nos dejó con muy buen sabor de boca. Ferran, por su parte, interpretó temas de ambos discos y media canción nueva, convenciendo al público que incluso pidió una canción más.