El azar quiso que, en una misma semana, las dos cabezas de la vieja guardia del post-brit-pop (¿esto existe?) nos enseñasen las primeras piezas de sus nuevos trabajos. Coldplay y Travis nos presentaron dos formas completamente distintas de sobrevivir al éxito, dos maneras de perdurar en el tiempo cuando el tiempo ya pertenece a otros. Han pasado ya 15 años desde que los londinenses se presentasen, con un excelso “Parachutes”, como los hermanos separados al nacer de los escoceses, que por aquel entonces defendían un inapelable “The Man Who”. Y más de una década ha transcurrido ya del momento en que convivieron los dos junto a Keane en una especie de tridente de pop melódico británico que apuntaba a solidificar en el tiempo pero que sólo funcionó como un acto reflejo de la herencia beatlemaníaca, renacida y muerta en el ascenso y caída de Oasis y Blur en los 90. La influencia subterránea de los cuatro de Liverpool es y será permanente en cualquier nueva forma de pop, pero cada cierto tiempo cristaliza de forma muy explícita en determinadas escenas. Ésta fue una de ellas y nos hizo bastante felices a los fans aunque nos dejó la sensación de no haber sido tenida en cuenta en su justa medida.

Decía que en una misma semana de noviembre de 2015 tanto Travis como Coldplay enseñaron dos adelantos de sus nuevos trabajos que nos sirven para ilustrar a la perfección cuál ha sido el rumbo que ha tomado cada uno y, más concretamente, en qué se ha convertido una banda como Coldplay. Los de Fran Healy nos enseñaron “Everything at Once”, un tema tan atípico en su carrera como predecible e irrelevante en el panorama. Los de Chris Martin, por contra, sacan un arsenal de ritmos bailables, riffs ligeros, ‘wooh ooh’s’ y capas y capas de producción que condensan en un “Adventure of a Lifetime”, cuya fórmula no podemos negar que funciona. Y en esto es en lo que ha ido convirtiéndose progresivamente Coldplay, en una fórmula (que les funciona). Mientras que Travis se diluían en el panorama, incapaces de reinventarse (Keane, directamente, desaparecieron), Chris Martin, en su ascenso meteórico al olimpo de las celebrities, escogió un rumbo que le garantiza cierta pervivencia en las listas de éxitos hasta que el capitalismo postfordista colapse.

La razón de esto podemos imaginarla en que hubo un punto de inflexión en que Coldplay, aun siendo advenedizos al lado de los primordiales Travis, se encontraron con canciones que funcionaron como hits y que los catapultaron a una popularidad casi irrenunciable. Hablamos de “Yellow” y “Clocks”, pero tal vez la mejor prueba sea la posterior “Viva la Vida”. Una vez que los mayores logros ya habían sido desbloqueados y el público les había aupado a una suerte de nuevos U2, con idéntica capacidad tanto para llenar estadios como para ser irrelevantes musicalmente, su única misión ha sido readaptarse al mercado para mantener las expectativas industriales que generan. Hay que entender A Head Full of Dreams como un simple reajuste más, no para perfilar qué quieren ser sino para mantener el lugar donde están.

Chris Martin, en su ascenso meteórico al olimpo de las celebrities, ha escogido un rumbo que le garantiza cierta pervivencia en las listas de éxitos hasta que el capitalismo postfordista colapse.

El anterior álbum “Ghost Stories”, del que apenas ha pasado un año y medio de su publicación, estaba escrito, aparentemente, desde la herida de la separación de Chris Martin y Gwyneth Paltrow. Uno de sus grandes problemas era precisamente que, si bien nadie ponía en duda que la herida existía, en el disco no escuchábamos cómo emanaba la sangre. Lo que sí oíamos era el lento sangrado de la inspiración de un Chris Martin incapaz de culminar su catarsis a través de la música. Aun con todo, “Ghost Stories” tendrá muchos más aciertos que este “A Head Full of Dreams” que, interpelando directamente al gran éxito del anterior “A Sky Full of Stars”, trata de ilustrar su renacimiento, incurriendo en un coaching emocional difícilmente tolerable. Chris ha pasado página, de acuerdo, pero ni eso le ha venido especialmente bien. Queda claro que se sentía más cómodo en el tono melancólico al que le forzaba su fracaso sentimental.

Es éste un disco realmente difícil de defender por prudente que sea nuestra forma de aproximarnos a él. La necesidad de adecuarse al mercado les conmina a coquetear con el R&B y con esquemas de música más bailable que tarareable, lo cual siempre jugará en contra de una banda de sensibilidad predominantemente británica. Y sobre todo si ésta renuncia voluntariamente a cualquier momento genuinamente Coldplay que el anterior “Ghost Stories”, al menos, sí contenía en “Oceans”. En esta ocasión no nos ofrecen ningún respiro, mantienen el pulso como quien mantiene una sonrisa falsa durante 45 minutos. Es muy ilustrativa la ausencia casi total de guitarras acústicas que han estado presentes en varias de sus grandes canciones. “A Head Full of Dreams” constituye una insoportable huida hacia delante de un grupo que sólo ha sabido reinventarse en el mal sentido.

Los primeros segundos del disco los dedican, como ya es tradición, a presentarnos su nuevo material como algo etéreo, capaz de sumergirnos en una atmósfera sublime y espiritual a través de una bañera de sonido de la que emerge la primera canción que da título al álbum, A Head Full of Dreams”. El ritmo tiene más revoluciones de lo habitual, la línea de bajo tiene algo de los Kool & The Gang, la melodía es aceptable y se disparan hacia todas direcciones las capas de sonido y las buenas vibraciones, a Martin se le ve cómodo en este registro. Pero en el minuto 2 recibimos la primera mala noticia: los chicos hacen lo suyo de frenar la canción, de detener la maquinaria rítmica para introducir un clímax. Todo lo que pudieran haber construido se viene abajo en el momento en que un coro, liderado por Martin, irrumpe con una revisión del ya incontrolable “oooooh” de “Viva la Vida” que llena los estadios desde que suena la primera nota de la canción en un directo. Coldplay reducidos a una mera fórmula de show prefabricado: una canción sólo tiene sentido si propone un elemento que una multitud pueda corear. La primera propuesta ya contiene en sí el conflicto de todo el álbum, eso sólo puede ser honestidad artística.

Una vez que los mayores logros ya habían sido desbloqueados y el público les había aupado a una suerte de nuevos U2, con idéntica capacidad tanto para llenar estadios como para ser irrelevantes musicalmente, su única misión ha sido readaptarse al mercado para mantener las expectativas industriales que generan.

Sigue Birds”, una canción en la que también optan por el ritmo dinámico, como si viajásemos en un tren desbocado (lleno de vida, se entiende) pero que acompaña a una melodía que bien podría prescindir de esa percusión extasiada y quién sabe si no sería así más eficaz. Parecen estar maniobrando para diferenciarse del anterior trabajo a través del tempo, pero no es una línea por la que vaya a transcurrir el resto del álbum. En el siguiente corte encontramos el primer ejemplo de R&B, Hymn for the Weekend”, en el que colabora Beyoncé. Si en “Princess of China” del álbum “Mylo Xyloto” (2011) Coldplay y Rihanna se encontraban en un territorio neutral, un espacio pop electrónico con ciertas inflexiones orientales, aquí juegan enteramente en casa de la norteamericana. La canción pide todo el rato que sea ella la que tome el timón y se vacíe sobre la producción de Avicii pero su presencia es prácticamente testimonial y eso sí es algo a lamentar. Tampoco por aquí aciertan. Los primeros compases de Everglowson los primeros del álbum en los que podemos descansar de la sobreproducción y recuperar la vieja costumbre de sentarnos a escuchar a Chris y a su piano en la intimidad. Pero tampoco. La melodía no funciona, el falsete es irritante, como no lo es menos la idea de que la propia Gwyneth esté presente haciendo segundas voces en un tema que habla de ellos dos mismos. Duele pensar que esta cadencia en la que antes Coldplay se movía como pez en el agua, (pienso en “Everything’s Not Lost” o “Amsterdam”) es ahora uno de sus momentos más insípidos.

Llegamos entonces a “Adventure of a Lifetime”, un tema que de estar mejor rodeado no sería demasiado satisfactorio, pero que en este contexto es la pieza más sólida de la colección. Coldplay en su dimensión de alquimistas dan con una fórmula química bien ajustada para llevar al público a donde realmente quieren: el baile, el coro, las palmas en el estribillo, el buen rollo; algo es algo. Después de cantarnos las bendiciones de su nueva vida y su nueva relación, Chris Martin vuelve la vista atrás en Fun”, en la que parece reclamar para sí algo de credibilidad como amante. Aquí se hace acompañar de la cantante sueca Tove Lo a la que tampoco se permite más que orbitar el espacio vital de la voz principal, lo que nos lleva a cuestionarnos sobre la verdadera utilidad de las colaboraciones en este disco. “Kaleidoscopees una piecita instrumental que combina un tierno acompañamiento al piano con un poema recitado por Coleman Barks y una tímida melodía que se asoma desde una caja de música. Una pieza como tal sólo puede tener como función la de dotar de cohesión conceptual al conjunto del álbum, pero ese final con Barack Obama cantando “Amazing Grace” nos invita a desconfiar abiertamente de este concepto y a lamentarnos porque ni en la propuesta más inofensiva pierden la ocasión de colarnos un golpe de efecto indigerible.

“A Head Full of Dreams” es un disco realmente difícil de defender por prudente que sea nuestra forma de aproximarnos a él. La necesidad de adecuarse al mercado les conmina a coquetear con el R&B y con esquemas de música más bailable que tarareable, lo cual siempre jugará en contra de una banda de sensibilidad predominantemente británica.

En Army of Oneintentan construir algo parecido a la muy acertada “Paradise” del anteriormente mencionado “Mylo Xyloto”. El resultado es mucho menor en intensidad y seguramente por eso no se haya convertido en primer single. Esta oda al ser amado forma una extraña pareja con su compañera X Marks the Spot la cual, por cierto, está contenida en la misma pista que la anterior en uno de esos experimentos inexplicables a menos de un mes para aterrizar en el año 2016. Este corte oculto es el segundo caso de R&B disfuncional en el que Chris Martin no se encuentra a sí mismo por ningún lado y nosotros perdemos las ganas de encontrarle en lo que resta de álbum. Para cerrar lo que no está siendo un viaje particularmente agradable tenemos los dos cortes más satisfactorios tras “Adventure of a Lifetime”. En Amazing Dayse sitúan en unas coordenadas que les resultan más familiares, un ritmo de balada y un riff de cuerdas agudas que despiertan algo parecido a una melodía a la vieja usanza. El tema pierde en su estribillo, incapaz de reconstruir musicalmente la inmensidad que la letra intenta describir pero deja un mejor sabor de boca que los dos anteriores. Entre éste y el gran plato final hay un pequeño puente instrumental titulado Colour Spectrum”, en el que juegan con la idea de sinestesia. Si Coldplay hubiesen sido sarcásticos alguna vez nada podría impedirnos pensar que este experimento fuese una canción convencional despojada de baterías, guitarras, bajo, piano y voz y manteniendo únicamente las capas de efectos y arreglos ambientales, un guiño extraordinario que posiblemente sólo pueda existir en nuestras cabezas.

Termina entonces la pantomima con Up&Up, un tema que no pasa desapercibido porque es quizá el esfuerzo más auténtico de todos por construir un hit. Esfuerzo insuficiente pero no desdeñable. Hemos esperado al último corte de todos para encontrar el primer gran estribillo. Cuando aciertan parece inevitable no atribuirlo a un resto fósil del Coldplay que algún día fueron antes de ser el grupo que son ahora. “We’re gonna get it, get it together” nos dice incesantemente un coro de góspel que termina por convencernos de ello y de que no pasa nada por repetir el estribillo una vez más. La banda consigue así su propia versión del “Tender” de Blur que les funcionará medianamente bien si logran acoplarla a sus repertorios en directo.

Creo que la sensación al terminar el disco es la de quitarse un peso de encima. Ya hemos escuchado lo que nos queríais decir y ahora os pedimos que descanséis un poco, que volváis si acaso con las guitarras acústicas y que seáis un poco más Travis y un poco menos Coldplay.

Coldplay – A Head Full of Dreams

4.2 CREEPY RECORD

Coldplay suenan cada vez menos a banda y cada vez más a productor. El progresivo deterioro de la calidad de sus canciones deja en evidencia todavía más el sobreesfuerzo de la producción. “A Head Full of Dreams” parece un CD de coaching emocional para salir de una relación de larga duración con fuerzas renovadas pero con menos integridad artística que los Monkees.

  • El álbum apunta todo el rato a la experiencia musical colectiva y deja algún que otro momento jugoso para estadios o pistas de baile.
  • El estribillo de “Up&Up”.
  • Quizá todavía no hayan tocado fondo.

  • Las cualidades compositivas de Chris Martin se han desgastado hasta un punto de no retorno.
  • Los golpes de efecto, la sobreproducción y los momentos de R&B tapan cualquier acierto que pueda no estar en la superficie misma de las canciones.

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