ALONDRA BENTLEY

Siglo XXI. Finales de la década de los 2000. Un grupo de cantautoras folk surgen de la nada, de entre los campos de trigo recién sacudidos por el viento, haciendo sonar las cuerdas de su guitarra con ahínco para reivindicar el amor, entre otras muchas injusticias. Con el ‘decenio hyperiano’ que apremia el nuevo siglo, proponen un cambio en sus estándares musicales para toquetear nuevos sonidos que poca gente atrevida ha sabido reciclar de otras vertientes relacionadas con el pop, la electrónica o incluso la new wave; otras ensuciando su inocente marca, u otras que, simplemente, prefieren poner pausa a su carrera para decidir con más tranquilidad. Entre los nombres más relevantes, encontramos a Zahara, La Bien Querida o Russian Red. Pero esta vez queremos hablar de un referente importante, una mujer que sabe cómo empatizar con los acordes de una guitarra y su voz templada: Alondra Bentley.

Inglesa de nacimiento pero de padre español, deciden mudarse a Murcia para llevar a cabo sus vidas. Sus comienzos en el mundo de la música se remontan a varios certámenes de nuevos talentos como el Creajoven de dicha ciudad para dar a mostrar sus maquetas. Al ganar en la categoría de cantautor, comenzó a recibir visitas de bandas de la región como Klaus & Kinski, con quien participó en el Proyecto Demo 2008. Así pues dio inicio a tímidas apariciones en certámenes y festivales del género independiente. En 2009 editará su debut, “Ashfield Avenue”, dedicado a su madre que fallecería meses antes de su salida al mercado.

Después de tres años de lanzar su segundo disco “The Garden Room” (ese mismo año, en 2012, también publicó un álbum navideño, pero lo mantendremos aparte), Alondra se atreve a ultimar su estilo, llevando a cabo un lavado de cara. Un cambio que consiste en ornamentar sus nuevas canciones. Se graba en Richmond, en enero de 2015, bajo la dirección de Matthew E. White (figurante en el nuevo álbum de Natalie Prass). Los músicos que tocan en el álbum son los habituales del sello/colectivo Spacebomb, como el teclista Daniel Clarke (Ryan Adams) o el guitarrista Trey Pollard entre otros. A ellos se les une un conjunto de cuerda, y  tras la grabación, el disco se mezclará en Madrid por Carasueño, colaborador habitual de Gran Derby (Tulsa). Gracias a ellos nace Resolutions, un conjunto de diez pistas meticulosamente medidas, con influencias jazz, soul, motown e incluso minimalista. Suena en ella otra chica, más intensa y melancólica, conocedora del método para sobrevivir a la rutina.

[pullquote]”Resolutions” es un conjunto de diez pistas meticulosamente medidas, con aromas a jazz, soul, motown e incluso minimalista. Suena en ella otra chica, más intensa y melancólica, conocedora del método para sobrevivir a la rutina.[/pullquote]

Pegasus“, primera pista del álbum, ejecuta una introducción que precisamente no rebosa energía, al contrario. Es liviana, cimentada en coros que se expanden a lo largo de la misma, cuya protagonista es Alondra. La instrumentación eminentemente minimalista, a base de breves notas al sintetizador, termina de completar la armonía de un comienzo que nos deja claro cuáles son sus intenciones: la guitarra parece haberla dejado a un lado. No suena a lo típico de una imagen viva del folk español. Dentro del disco podemos encontrar temas que bien podrían entonar en las emisoras de radio. En el caso de “What Will You Dream“, primer avance del elepé, puede ser que sea por su carácter ostentoso, de percusiones fuera de compás, importadas de la mismísima selva, que dirigen a un teclado aparentemente más organizado. Al pequeño caos se le suma la voz de Bentley, que bien desiste a un arma de doble filo: un dulce timbre que, bajo las cadencias en el estribillo, deja entrever su sabor amargo y hastiado. “Remedy” suena a Belle & Sebastian, a noche de verano en un Cadillac con dirección al primer club de jazz que encuentren dentro de los barrios bohemios de la ciudad. La banda sonora de esta experiencia no necesita más que una guitarra juguetona, la batería y el piano que muy a ratos se sobrepasa a repetitivos acordes, y que, otras veces, sigue a su compañera de cuerdas.

Sin perder del todo la esencia jazzy de su predecesora, “Effort and Joy” suena a una Lana del Rey bastante descafeinada, influida por la elegancia de las teclas interpretadas por Daniel Clarke, y cuestiones existenciales sobre el ser humano y los objetivos vitales que confluyen en un desorden sentimental eminente. Dentro de lo establecido, musicalmente hablando, nos encontramos en una etapa de flashbacks a los cincuenta, de sutileza instrumental y fluctuaciones emocionales que otros muchos ya han sobreexplotado.

[pullquote]El resultado final resulta variado, agradable y soñador, de coros embelesadores y una voz principal que actúa tímidamente en cada tramo.[/pullquote]

Es cierto que aventurarse a una progresión instrumental puede ser complicado, por no saber por dónde empezar el momento de climax. En “The News“, la presión cede a la tranquilidad de los punteos a la guitarra y la incorporación progresiva de los violines. Y luego, al teclado. Pero dentro de la ínfima intensidad de la canción, ésta se corta súbitamente. Podrás pensar dos cosas: una, que no ha merecido la pena la espera a un final más intenso; y la otra, que esta última parte de la canción se haya fundido en un eco dentro de tu cabeza que no termina, te pide más y más, pero hasta aquí tendrás que conformarte. Por mi parte, me decanto por la primera.

Empieza el otoño, y en su momento, Alondra lo celebró desvelando esta pista como segundo avance de “Resolutions”. Y en efecto, recuerda al otoño. Qué menos puede llegar a nuestros oídos titulándose “Mid September” y que suene a una versión soft de cualquier éxito de Florence + The Machine. Cabe destacar que de lo que llevamos de disco, consta como uno de los platos fuertes de su cuarto álbum, que aunque no rebosa de energía, es capaz de hacerte saltar de la cama, siguiendo el canturreo de la cantautora y el guitarreo pegadizo. Sweet Susie“, por otro lado, se divide en varios parajes al tratarse de una carta abierta para todos, pero difícil de desplegar. Varia de una primera parte introductoria que parte en pequeña percusión y coros celestiales, a una segunda eminentemente cinematográfica, de violines exaltados y emociones a flor de piel, para ceder a una tercera parte mucho más desgarbada, bajo un I searched for you in clothes, I searched for you in friends repetitivo, que empaña el corazón de la murciana. Sin duda, el tramo más turbulento, enrevesado e interesante del álbum.

[pullquote]Uno de los aspectos más destacados de “Resolutions” es el intento de aumentar la complejidad del proceso compositivo atribuyendo a una misma canción divisiones temáticas: del minimalismo al violín cinematográfico y el guitarreo desmedido.[/pullquote]

Después de esta fase breve de experimentación, volvemos a la influencia del indie-pop que puede acercarse más a la Alondra Bentley que conocemos de sus trabajos previos como “The Garden Room”, como “My Sister and Me”. Es el caso de “Our Word“, cuyos “sha-a-ares” y “ca-a-ares” animan el corazón de un adicto a la balada cortavenas. Lo que más puede llamar la atención es el decrescendo final instrumental que deja la voz y la coral de la cantante al desnudo. Simplemente preciosa. Puede que la canción más alegre del disco sea esta. “When I Get Back Home” recurre a la influencia motown facilona, de estribillos aviolinados y percusión asincopada que te motiva a mover los pies, incluso si estás tumbado en el sofá escuchándola. Podría calificarse como la ‘oveja negra’ de “Resolutions”, tanto por no adecuarse al resto del contenido musical como por verse sobreiluminada frente a tanta melodía comedida. No obstante, su fórmula no deja de ser efectiva para los amantes de los viajes en coche en pleno mes de otoño. For a moment I forgot the size of a miracle. Así comienza su amargo final con bases al órgano y su más que explotada coral para proporcionar sensación de eco. “Water” pone fin al disco a modo de balada de desamor reiterativa y con un final decreciente e inconcluso, que deja a medias el conjunto del disco.

En resumidas cuentas, “Resolutions” propone un cambio de aires en el estilo de Bentley. Ella, así como Anni B Sweet o Zahara, tiene derecho a cambiar de dirección, a obsesionarse con una mayor complejidad en su sonido, pero sin perder la esencia nostálgica tanto de la guitarra como de sus propias letras. Lo que no acaba de convencerme es esa inseguridad al tratar de manera tan dispar géneros como el jazz y el soul, que no acaparan gran protagonismo frente al cambio radical que ha pretendido llevar a cabo. No obstante, el resultado final como álbum resulta variado, agradable y soñador, de coros embelesadores y una voz principal que actúa tímidamente en cada tramo.

Alondra Bentley – Resolutions

  • Precisamente, los momentos en los que más cómoda se ha sentido: siendo ella misma, con una guitarra y una puede-que-más-compleja producción en pistas como “What Will You Dream” y “Our Word”.
  • El intento de aumentar la complejidad del proceso compositivo atribuyendo a una misma composición divisiones temáticas: del puro minimalismo al violín cinematográfico y el guitarreo desmedido, como bien enfoca “Sweet Susie”.
  • La voz tan perfectamente medida de Alondra en cada uno de los cortes del disco.

  • Todavía le falta pulir esta nueva dirección en su estilo.
  • Pese a ser un disco cargado de matices y estilos, puede resultar demasiado lineal en una primera escucha.
  • La sensación de final inconcluso con “Water” no termina de convencer.

PÁGINA DE ARTISTA

7.0

 

Alondra Bentley regresa después de tres años de silencio con “Resolutions”, una auténtica declaración de intenciones tras su notorio cambio de estilo. Toca diferentes estilos como el sonido motown, jazz, soul, minimal… Aunque le falte pulir este estilo propio, como experimento le ha servido para alcanzar un climax en su carrera, dejando atrás la guitarra acústica y los cuentos infantiles.