Luego de una retahíla de noticias, especulaciones, negaciones e incertidumbre, el cuarteto más famoso de todos los tiempos pone fin a su exitosa andadura conjunta con la llegada de la década de los setenta. John Lennon, Paul McCartney, George Harrison y Ringo Starr no tardarán en editar sus respectivos trabajos en solitario con el propósito de evidenciar quién era el alma máter de un grupo que, durante buena parte de los sesenta, se había erigido como referencia capital en el devenir de la música popular urbana. Un conflicto de egos cuya expectación se centraba, fundamentalmente, en el quehacer de los talentosos Lennon y McCartney. No obstante, sería George Harrison, el Beatle silencioso y subestimado, el que sorprendería a crítica y público con una excelsa y extensa obra que finalmente le haría justicia como compositor.

Aunque sus aportaciones al extenso catálogo de los Beatles fueron escasas, en cuanto que filtradas por los cerebros de la banda, George Harrison no había parado de componer a lo largo de la segunda mitad de la década prodigiosa, lo que le permitió hacer acopio de un gran número de composiciones que el 27 de noviembre de 1970 se darían a conocer en la magna obra All Things Must Pass. Un disco triple, el primero de un músico en la historia del rock que, asimismo, suponía la primera referencia (y la mejor) publicada por un ex-Beatle, así como la primera en alcanzar el número uno en las listas de Estados Unidos y Gran Bretaña. Sin embargo, no era este el primer trabajo de Harrison en solitario. Paralelamente a su militancia en el fabuloso cuarteto, George publicaría en noviembre de 1968 “Wonderwall Music”, la banda sonora del largometraje Wonderwall que Joe Massot dirigió en 1968. A este le seguiría el indigesto “Electronic Sound”, un álbum experimental de música electrónica, editado en mayo de 1969, en el que la curiosidad del músico en la búsqueda de nuevos sonidos le llevó a explorar sin prejuicios las posibilidades del incipiente sintetizador de Robert Moog.

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Aunque sus aportaciones al extenso catálogo de los Beatles fueron escasas, George Harrison no había parado de componer a lo largo de la segunda mitad de la década prodigiosa, lo que le permitió hacer acopio de un gran número de composiciones que el 27 de noviembre de 1970 se darían a conocer en la magna obra “All Things Must Pass”.

De manera que “All Things Must Pass” supone el tercer trabajo en solitario de Harrison, el primero después de los Beatles. Una nueva etapa en la que el músico se siente feliz y liberado de condicionantes ajenos a él mismo que coarten su inventiva. Ahora el autor se establece como soberano de su obra, haciendo y deshaciendo a su antojo, determinando qué hacer y cómo hacerlo. Aunque al prolífico Paul McCartney le disgustó sobremanera la producción de “Let It Be”, no parecía ser el caso del Beatle silencioso que, junto con Phil Spector, produciría un álbum estilísticamente variado en el que aflora la influencia del gospel, del soul y del folk. En lo relativo a este último caso, será especialmente acusada la huella sonora de Bob Dylan, artista con el que el músico había pasado una estancia en noviembre de 1968, y de la que había vuelto rebosante de nuevas ideas y con un interés renovado por la guitarra. Asimismo, nuestro protagonista se rodeará de numerosos amigos entre los que se encuentran Ringo Starr, Eric Clapton, Dave Mason, Ginger Baker, Klaus Voorman, Billy Preston y Phil Collins, entre muchos otros. La espiritualidad creciente de George Harrison también se evidenciará en la temática de algunos textos de corte filosófico-religioso que caracterizarán tanto el presente proyecto como los venideros. Una lírica que, además de reflejar su cotidianidad, muestra a un hombre obsesionado con llegar a Dios, en este caso particular, a la deidad hindú Krishna. Un fin para el que la música parece ser un buen medio.

De la mencionada estancia de Harrison con Dylan mientras este componía su “The Basement Tapes” surgió la primera canción que abre el álbum, I’d Have You Anytime”, co-escrita con el propio Bob. Un tema sosegado de atmósfera cuasi onírica, líricamente intrascendente, que rozaría la trivialidad si no fuera por la excelsa guitarra solista de Eric Clapton. Inspirada en “Oh Happy Day” de los Edwin Hawkins Singers, surgiría el primer sencillo y primer gran éxito en solitario de nuestro protagonista,My Sweet Lord. Una canción góspel en la que el músico manifiesta abiertamente su deseo de estar con Dios, haciendo explícita por parte del coro la idea de Krishna. Junto con la pegadiza melodía, el juego de guitarras hace de esta una obra distinguida dentro del catálogo del músico, especialmente relevante por la presencia de la guitarra slide que Harrison tañe con destreza, y cuyo contagioso punteo adoptará Noel Gallagher para concluir los fabulosos estribillos de “Supersonic”, corte incluido en el álbum debut de la banda británica Oasis. El 10 de febrero de 1971, Harrison sería acusado de plagio al considerarse que esta había sido una copia de “He’s So Fine” del grupo femenino vocal The Chiffons. Un largo litigio que daría la razón a Bright Tunes, gestora de los derechos del grupo de chicas.

“All Things Must Pass” supone el primer disco triple de un músico en la historia del rock que, asimismo, significaba la primera referencia (y la mejor) publicada por un ex-Beatle, así como la primera en alcanzar el número uno en las listas de Estados Unidos y Gran Bretaña.

La guitarra sigue siendo la protagonista en Wah-Wah, en esta ocasión distorsionada y filtrada por el efecto aludido en el título. Un corte enérgico y pegadizo de fuerte producción en el que se aprecian las múltiples capas sonoras que, nominadas como ‘muro de sonido’, hicieron famoso a Phil Spector. Harrison abraza de nuevo sus raíces más rockeras y celebra la vida lejos del popular conjunto. Una apelación a la compasión y a la belleza del mundo como remedio para combatir el dolor que las propias personas nos causamos mutuamente será el tema sobre el que verseIsn’t It A Pity (Version One). Una primera versión de las dos incluidas en el presente largo que denota una fuerte producción cargada de arreglos orquestales, los cuales abrazan una voz que implora desconsolada y lánguida. Especialmente llamativa aunque insistente, por lo que peca de monótona, es la segunda mitad de este extenso corte en el que un progresivo crescendo orquestal, coro incluido, acompaña a la voz del cantante que recita de forma recalcitrante “What a pity, pity, pity” como si de un mantra se tratara. Es interesante mencionar que esta composición tuvo su génesis en 1966, pero sería desestimada por John Lennon tanto en las sesiones de “Revolver” como en las del proyecto “Get Back”, el cual solidificaría en “Let It Be”.

El segundo single del LP y quizás el tema más comercial del mismo sea What Is Life. Un tema extraordinario por el que siento debilidad. Enérgico, alegre y optimista. Guitarrísticamente enraizado en el quehacer interpretativo de mediados de los sesenta, acompañará a una pegadiza y sinuosa melodía a la que se unirá un coro en los estribillos para cantar las alabanzas a su Dios: Oh tell me, what is my life without your love… Tell me, who am I without you, by my side…. La exquisita sección de viento y cuerdas hacen de esta uno de los puntos más relevantes del álbum. Imprescindible escuchar con auriculares. Una auténtica joya. El sonido crudo del folk llega de la mano deIf Not For You, una versión de la creación de Bob Dylan en el que una sencilla melodía aderezada con una guitarra resonadora, primero, al que se unen un órgano y una armónica, después, dejan ver una nueva vertiente estilística en el desarrollo musical del ex-Beatle. El folk seguirá presente en Behind That Locked Door, esta vez como parte de una aproximación genuina del músico británico al estilo. Líricamente se trata de un mensaje de aliento a Dylan ante el nerviosismo de este al reaparecer, tras su retiro provocado por un accidente de moto, en el festival de la Isla de Wight.

La espiritualidad creciente de Harrison también se evidenciará en la temática de algunos textos de corte filosófico-religioso que caracterizarán tanto el presente proyecto como los venideros. Una lírica que muestra a un hombre obsesionado con llegar a Dios, en este caso, a la deidad hindú Krishna.

Un ligero acercamiento al soul se exhibe enLet It Down, una pieza aparentemente tranquila y delicada que resultará desprender una poderosa garra en lo vocal, así como ejecuciones salvajes de guitarra y trompetas. No obstante, es una composición un tanto monótona que poco tiene que decir para lo que se extiende, rondando los cinco minutos. Una balada preciosa se desarrollará en Run Of The Mill, un tema que expone el fracaso de la amistad y las desavenencias empresariales que suscitaban los asuntos de Apple Corps. Una canción melancólica donde la voz, el bajo, la trompeta y el piano hacen un papel tan excepcional que la canción, ante tal deleite sonoro, sabe a muy poco. ¡Qué maravillosas incursiones en el ritmo ternario sincopado! Sinceramente, no me importaría lo más mínimo que esta canción durara diez minutos. No obstante, ya lo dice el aforismo: lo bueno, si breve, dos veces bueno.

El segundo disco se inicia conBeware of Darkness, la cual continua con la dinámica sentimental del tema anterior. En esta ocasión denunciando la hipocresía del mundo, increpando directamente a Allen Klein, su mánager, y a la empresa de este, ABKCO. Una alusión que si bien no se hizo explícita en la toma definitiva que entró en el álbum, sí fue palpable en una primera versión de la canción. Con Apple Scruffsy el protagonismo de su armónica volvemos a las influencias dylanianas para homenajear al colectivo del mismo nombre. Con este apelativo eran conocidos los fans y las fans que permanecían diligentes a las puertas de los estudios de Abbey Road con el fin de seguir atentamente el día a día de sus ídolos. Una obsesión enfermiza que tuvo su reconocimiento en esta entrañable y austera pieza, en la que George Harrison se vale por sí solo para la ejecución de la misma.Ballad of Sir Frankie Crisp (Let It Roll) es una composición inspirada en las frases que el juez Sir Frank Crisp, ex propietario la suntuosa mansión victoriana que Harrison había adquirido recientemente, tenía colgadas por diferentes rincones de la casa. Frases que también inspirarían temas posteriores como “Ding Dong, Ding Dong” y “The Answer’s At The End”. Un ejercicio compositivo que bien podría entroncar con el original procedimiento utilizado para la creación de la sempiterna “While My Guitar Gently Weeps”. Aunque en esta ocasión el resultado no sea tan notable, resultando incluso repetitiva.

Junto con Phil Spector, Harrison produciría un álbum estilísticamente variado en el que aflora la influencia de gospel, soul y folk. En lo relativo a este último, será acusada la huella sonora de Bob Dylan, artista con el que el músico había pasado una estancia en noviembre de 1968, y de la que había vuelto rebosante de nuevas ideas y con interés renovado por la guitarra.

Las alusiones directas a Dios regresan enAwaiting On You All. Un tema muy rítmico y enérgico en el que llama especialmente la atención el tratamiento de la guitarra solista, nuevamente en las manos de Clapton. Los textos, por su parte, invitan a la redención mediante la sencilla acción de cantar al Señor. Asimismo, arremete contra los edificios religiosos cristianos y contra el mismísimo Papa, dada la apreciación materialista de esta doctrina, cuando expresa: “And while the Pope owns 51% of General Motors… And the stock exchange is the only thing he’s qualified to quote us… The lord is awaiting on you all to awaken and see… By chanting the names of the lord and you’ll be free”. Por su parte, All Things Must Pass” reflexionará sobre lo efímero de las cosas que en el mundo acontecen. Una idea musicalizada en los fugaces glissandos de la guitarra solista. Nada es para siempre y hemos de ser lo suficientemente valientes para dejarlas ir. No se trata solamente de tomar conciencia de la volatilidad de lo que nos rodea, sino también de un canto a la esperanza porque, aunque parezca difícil en un momento dado, los contratiempos también acaban por pasar. Una pieza que, en consonancia con el tema tratado, transmite serenidad con su tranquilo piano y voz melosa, a la par que victoria en las festivas intervenciones de la sección de viento. Una pieza para la reflexión que, por temática, parece dar continuidad a aquel canto optimista y despreocupado de Paul McCartney, “Let It Be”.

I Dig Love supone sin duda el corte más flojo del álbum. Se trata de un canto al amor con unos estribillos bluseros aceptables, pero con unas estrofas que rozan lo nefasto. Una pieza olvidable. Afortunadamente no tardará en remontar nuevamente el vuelo con Art of Dying”, una canción filosófica compuesta en 1966, una etapa en la que George Harrison comenzaba a empaparse de los preceptos del hinduismo. El texto versa sobre la constante reencarnación de las almas ante la codicia de las personas que no aceptan su condición y que pretenden alcanzar la entidad perfecta en el otro mundo. Una ambición que no les permite liberarse de la reencarnación, del dolor de la vida y de conocer la plenitud del ser. De manera que el ‘arte’ del que habla Harrison es el arte de liberarse de la reencarnación aceptándose cada cual tal como es, y no aspirando a ser alguien que no es.

El tercer y último LP que forma esta obra no se trata de una serie de composiciones al uso según se venía desarrollando hasta el momento. Recogidas bajo el título “Apple Jam”, estas suponen unas grabaciones complementarias de naturaleza improvisada que no es sino un divertimento entre amigos.

Como su propio título indica,Isn’t It a Pity (Version Two)no es sino la versión más directa, elemental y austera del cuarto tema del álbum. Un corte que, sin embargo, resulta menos emocional que aquel, al carecer de la épica derivada de los arreglos orquestales. Personalmente me quedo con la primera referencia, pero ya se sabe: para gustos, los colores. Una oración personalísima cerrará este segundo elepé. George Harrison suplica en Hear Me Lord el perdón de Dios por haberlo ignorado durante años, e implora su ayuda para estar más cerca de Él: “Help me lord, please… To rise a little higher, hmm… Help me lord, please… To burn out this desire, hmm”. De influencia góspel será, junto con “My Sweet Lord”, una de las composiciones más explícitas del presente largo en lo que a la actitud religiosa del músico se refiere. Especialmente conmovedora resulta la voz, incrementándose el efecto con el acompañamiento coral y el uso de la guitarra slide a modo de lamento. La fuerte presencia del piano y el sustento armónico del órgano participan de manera acertada en la creación de una atmósfera desasosegada, la cual muestra el anhelo del guitarrista por alcanzar la plenitud espiritual al lado de Dios.

Llegados al tercer y último LP que conforma esta dilatada obra, es preciso mencionar el hecho de que no se trata de una serie de composiciones al uso según se venía desarrollando hasta el momento. Recogidas bajo el título “Apple Jam”, estas suponen unas grabaciones complementarias de naturaleza improvisada que no es sino un divertimento entre amigos. A modo de anécdota es preciso destacar el punto de partida que supusieron estas sesiones en cuanto que génesis del proyecto Derek and the Dominos. Se inicia este disco conOut of the Blue, una extensa pieza instrumental de reminiscencias psicodélicas improvisada sobre un solo acorde que resulta inevitablemente monótona dada su condición. Sin ningún tipo de rencor hacia el pasado se muestra Harrison en It’s Johnny’s Birthday, un regalo de cumpleaños con motivo del 30 aniversario de John Lennon. Una canción divertida de tono jocoso y cargada de efectos moduladores del sonido basada en el eurovisivo “Congratulations” de Cliff Richard.

Un poderoso y rítmico blues se inicia a continuación conPlug Me In. Una pieza donde el virtuosismo, principalmente guitarrero como suele pasar en estos casos, desborda la composición. Sublime ejercicio improvisatorio. No se podía esperar menos de una jam en la que toman parte figuras de la talla de Eric Clapton y Dave Mason. Qué más se podría pedir. El mismo proceder continúa en I Remember Jeep, aunque no reitera la anterior grandilocuencia. Solo la guitarra de Clapton, en condición de solista, participará en esta ocasión. Los efectos sonoros futuristas emergerán del órgano de Billy Preston. Un experimento sonoro que, afortunadamente, sólo emerge de forma eventual. La forma más pura de rock and roll brotará en Thanks for the Pepperoni. Un viaje instrumental a 1955 de la mano de Harrison, Clapton y Mason, para escuchar a Chuck Berry llevando su modo particular de tañer la guitarra a los excesos instrumentales de la segunda mitad de la década posterior. Aunque el abrupto final nos deje con cara de póker, el viaje, sin lugar a dudas, ha merecido la pena.

George Harrison – All Things Must Pass

GEORGE HARRISON

9.2 HOT RECORD

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Tras la ruptura de The Beatles, George Harrison recoge gran parte de sus composiciones inéditas y otras de nueva creación en un álbum extenso, estilísticamente variado y en el que predominan las reflexiones filosófico-religiosas, consecuencia de su cada vez más creciente espiritualidad. Un álbum para oídos pacientes.

Up

  • La variedad estilística del álbum.
  • La emoción contenida que consiguen transmitir muchos de los temas.
  • Las canciones son el más explícito reflejo del sentir de Harrison. Un documento interesante para acercarnos a su cotidianidad y pensamiento.
  • Las improvisaciones del “Apple Jam”, que suponen una antítesis al desarrollo anterior del disco.

Down

  • Un triple álbum puede ser demasiado extenso para oídos poco pacientes.
  • La monotonía presente en algunas composiciones. Afortunadamente, son las menos.
  • El pegote que supone la errática “I Dig Love”.