El éxito para Creedence Clearwater Revival llegó de manera tan fugaz como lo fue su caída y en consecuencia, su desintegración. Los californianos no necesitaron más de cinco años para labrarse un lugar destacado en el Olimpo de la historia de la música. Su legado es perenne y su influencia ha quedado patente con el paso del tiempo tanto en la música como en la cultura popular norteamericana. Como toda gran banda que se precie, Creedence Clearwater Revival tenían un genio entre sus filas y ese no era otro que John Fogerty. En sus inicios, John Fogerty, Stu Cook y Doug Clifford eran poco más que un trío de colegiales autodenominados The Blue Velvets en el que el mayor de los Fogerty, Tom, ejercía como cantante eventual. Sin embargo, una vez conformados como agrupación (bajo el nombre de The Golliwogs) el liderazgo y el peso creativo recayó en su totalidad sobre la figura de John Fogerty.

El fichaje por el sello discográfico Fantasy Records y el consecuente cambio de nombre hasta Creedence Clearwater Revival fue el germen definitivo de la agrupación. Históricamente, los grandes genios (sea cual sea el campo en el que sobresalen) se han caracterizado por un carácter incontrolable, más allá de unas aptitudes superlativas en su campo determinado. El caso del menor de los Fogerty es todo lo contrario de ser una excepción y el talento, así como el carácter del líder, llevó a su grupo en volandas hacia un éxito meteórico y, en cierta manera, a una inevitable autodestrucción.

El debut discográfico de Creedence tuvo lugar en 1968 con un álbum homónimo que no fue más que el prólogo de lo que estaba por venir. Un trabajo en el que el grueso estaba compuesto por versiones a las que el grupo dotó de una identidad propia muy marcada, haciéndolas suyas y contribuyendo a la construcción de su amalgama de sonidos propios. John Fogerty estaba tremendamente influenciado, y casi obsesionado, con los sonidos del sur de Estados Unidos y desde sus composiciones más primigenias para la Creedence se puede apreciar un marcado acento que llevaría a su figura personal y a su música a convertirse en una de las mayores influencias del rock sureño, el blues rock y el rock de raíces americano.

Todo el talento que se podía atisbar en la agrupación californiana explotó hasta niveles inimaginables en el año 1969, un año que no tardaría nada en convertirse en el año dorado de Creedence Clearwater Revival. John Fogerty se encontraba en plena efervescencia creativa y su hegemónico liderazgo sumiría al grupo en una vorágine compositiva absolutamente imparable a lo largo de aquel año 1969. El mes de enero vio nacer la primera gran obra de la Creedence, “Bayou Country”. En su segundo disco consiguieron elaborar su primer trabajo en el cual las producciones propias sobresalieron con luz propia. Además, John Fogerty plasmó toda su inspiración en un material plagado de referencias sureñas, a ese país pantanoso que el sublime músico fue capaz de transformar en música. Gracias a “Bayou Country”, Creedence Clearwater Revival se volvieron totalmente reconocibles y consiguieron su primer (y uno de sus más grandes) hits, “Proud Mary”. La banda californiana había logrado asentar los cimientos de un camino hacia un éxito que en enero de 1969 no tenía techo.

El ascenso del grupo continuó de forma meteórica a través de su año dorado. Lejos de acomodarse, el conjunto no cesó su evolución musical a la par que su popularidad iba en aumento y sus siguientes trabajos eran una fehaciente prueba de la fusión de sonidos y del abanico de recursos con el que contaban. Para el tercer álbum de Creedence Clearwater Revival no hubo que esperar más que hasta agosto de 1969. El éxito incipiente no nubló las claras ideas de John Fogerty, que con “Green River” elaboró un excelso homenaje a sus orígenes geográficos y musicales. La evolución estilística no lograba desviar a la Creedence de sus sonidos primarios, lo que globalmente dota a su discografía de una unidad patente. “Green River” es digno y superior sucesor de “Bayou Country” gracias a que John Fogerty logra depurar su sonido y perfilar sus composiciones hacia la creación de una obra de arte con soberbias y exitosas composiciones de la talla de la homónima “Green River”, “Bad Moon Rising”, “Commotion” o “Lodi”. Creedence Clearwater Revival coqueteaban con el country y el guitarreo desatado de John Fogerty evidenciaba que el futuro (inmediato) de los hits de la banda estaban en el rock ‘n’ roll.

John Fogerty no estaba dispuesto a permitir que sus canciones abandonaran los puestos más altos de las listas de éxitos y puesto que el nivel de sus composiciones no hacía más que crecer (pese al breve espacio de tiempo entre cada uno de sus discos), el tercer álbum de Creedence Clearwater Revival en 1969 vio la luz en noviembre. El líder de los californianos no cesaba en su empeño de alcanzar la perfección y con “Willy And The Poor Boys” estuvo más que cerca de conseguirlo con la que fue seguramente su mayor obra hasta el momento. El aroma sureño y su música tradicional americana seguían siendo el mayor distintivo del grupo y, lejos de acusar cansancio creativo, Fogerty compuso o adaptó para este álbum algunos de los mayores éxitos del estilo que él mismo había llevado hasta su máxima expresión. Con piezas de la talla de “Down On The Corner”, “Cotton Fields”, “Feelin’ Blue” o “Midnight Special”, John Fogerty volvió a dejar patente su gusto y debilidad por el country y el blues. Sin embargo, fue una de sus piezas más rockeras y reconocidas (pese a que originalmente fue lanzada como la cara B de “Down On The Corner”), “Fortunate Son”, la que marcó un claro momento diferencial en la trayectoria de la agrupación. Desde sus orígenes, Creedence Clearwater Revival evidenciaron la enorme influencia ejercida por sus raíces americanas sobre su música, pero con “Fortunate Son” el grupo demostró un profundo compromiso con su país. Con esta canción antibélica los californianos profesaron su profundo rechazo a la virulenta Guerra de Vietnam que estaba lastrando el presente y el futuro de los jóvenes norteamericanos, especialmente de los pertenecientes a las clases menos pudientes.

Creedence Clearwater Revival hicieron historia en 1969, aunque no toda su historia. Pese a que las relaciones personales y laborales estaban cada vez más desgastadas en el seno de la agrupación, el ritmo apenas se redujo y en 1970 vieron la luz dos nuevos y excelsos discos de los californianos, “Cosmo’s Factory” y “Pendulum”. Los éxitos comerciales no cesaron y John Fogerty continuó componiendo hits inmortales de la talla de “Travellin’ Band”, “Looking At My Back Door” o “Long As I Can See The Light”. La banda no abandonó el compromiso antibelicista y, tras “Fortunate Son”, encumbró su discografía con dos inolvidables canciones como “Who’ll Stop The Rain” y “Have You Ever Seen The Rain?”.

“Pendulum” fue el canto de cisne de Creedence Clearwater Revival tal y como se conoció a la agrupación en sus breves pero intensos años de actividad. Las tensiones entre John Fogerty y el resto del grupo tornaron irreconciliables y la relación se rompió definitivamente en plena grabación de “Pendulum”. La historia de Creedence Clearwater Revival terminó abruptamente en 1972 cuando John Fogerty accedió a compartir las labores creativas con Stu Cook y Doug Clifford para la grabación de “Mardi Grass”, disco que terminó convirtiéndose en el triste epílogo de una de las bandas más grandes de todos los tiempos.