MAC DEMARCO

En 2011 Mac DeMarco era todavía un músico novato de talento apreciable pero no traducible a dólares, cuyo método de subsistencia era prestarse a experimentos médicos. De aquel Mac todavía podemos conocer algo a través del Bandcamp de su antiguo grupo Makeout Videotapes, en el que él y su compañero Alex Calder vertieron parte de su alma en forma de relatos caseros y deslustrados.

[pullquote]“2” es una suerte de álbum fundacional más que una secuela, de tal forma que podemos tomarlo como el verdadero primer trabajo de Mac DeMarco. La diferencia entre éste y su anterior resulta de cierto refinamiento, que no trae consigo una gran sofisticación. Digamos que el traje de Mac sigue siendo un peto sucio y viejo pero que para la ocasión al menos se ha abrochado la bragueta y un botón.[/pullquote]

Pero Mac no se despertó una mañana metamorfoseado en el insecto que ahora todos conocemos. El año 2012 funciona, para nosotros, como punto de inflexión en su cronología artística y lo hace a través de dos títulos. El primero, publicado en Marzo, es el EP “Rock and Roll Night Club”. DeMarco se propuso sacar, por fin, algo en solitario aún sin saber muy bien a qué público dirigirse. Su voz agravada, como un adolescente tratando de seducir a una chica por la vía equivocada, conducía una serie de intentos de glam rock un poco discutibles en su mayoría, salvando quizá “I’m a Man” (una canción que bien podría haber perdurado en su repertorio posterior) y “Me and Jon Hanging On” que parece una primera aproximación al que más tarde va a ser su sonido estándar.

Y es en octubre de 2012 cuando aparece este 2 que, aun contradiciendo a su propio título que sugiere una continuación, es una suerte de álbum fundacional más que una secuela, de tal forma que podemos tomarlo como el verdadero primer trabajo de Mac DeMarco. La diferencia entre éste y su anterior resulta de cierto refinamiento, que no trae consigo una gran sofisticación. Digamos que el traje de Mac sigue siendo un peto sucio y viejo pero que para la ocasión al menos se ha abrochado la bragueta y un botón. Gracias a las demos de “2” que tenemos la suerte de poder escuchar en las plataformas digitales podemos reconstruir el puente imaginario que conecta ambos trabajos. Y es que en esas primeras versiones todavía se respira la humedad del “Rock and Roll Night Club” de la que se despega definitivamente en “2”.

[pullquote]El chico que se sometía a experimentos para pagar facturas no nos cuenta nada sobre supervivencia, sino que nos entrega una colección de postales mundanas sobre el tranquilo devenir de un joven de Canadá que está empezando a pensar en marcharse de allí (como finalmente hizo).[/pullquote]

La guitarra vertebra todos y cada uno de los once cortes, presentándose casi como un alter ego de Mac: desaliñada, como recién despierta. La línea del disco es bastante firme y toma pocos caminos alternativos. Es, incluso, posible establecer un canon demarquiano: estrofa – estribillo – estrofa – estribillo – solo, donde el corazón de la canción suele estar en las estrofas y el estribillo suele ser una mera repetición de una palabra o frase (que luego constituye el título) sobre acordes suspendidos y que funciona como sumario del tema. La realidad es que Mac DeMarco no inventa coartadas. No se protege tras una falsa (o auténtica) audacia estilística. Se pone únicamente a sí mismo en el centro de la diana. Escuchar su música es conocer a alguien con unos gustos y unas vivencias determinadas. Y eso es todo. No hay trucos, no hay distracciones. Esta forma de desnudez artística no es tan frecuente como se pudiera pensar y no es tan sencilla de defender para un músico. En el retrato que hace de sí mismo no hay ironía sino, al contrario, un amable apego a la realidad. Puede parecer el relato de una existencia superficial y acomodada y, en efecto, así es. El chico que se sometía a experimentos para pagar facturas no nos cuenta nada sobre supervivencia, sino que nos entrega una colección de postales mundanas sobre el tranquilo devenir de un joven de Canadá que está empezando a pensar en marcharse de allí (como finalmente hizo).

Y la primera instantánea del álbum es “Cooking Up Something Good”, una estampa cristalina de su cotidianidad: mamá en la cocina, papá en el sofá, mi hermano en ballet y yo fumando hasta medianoche. ¿Qué cocina papá en el sótano en la segunda estrofa? No lo sé, quizá fabrique drogas, si hay algo positivo en ello, yo no se lo veo. El tiempo pasa lentamente atravesando una realidad que sólo el tabaco y la música ligera pueden aliviar. El tema está liderado por un riff cálido y con alguna resonancia funky, que empieza a dar pistas sobre el gusto de Mac de recorrer el mástil de su guitarra y desplazar sus dedos entre trastes. Todo termina siendo una tímida oda a la monotonía que condensa el espíritu de “2” como un álbum con unas pretensiones modestas en cuanto a fondo y forma.

En “Dreaming” la voz de Mac y la guitarra se disputan cierto protagonismo melódico y entretejen con talento una atmósfera de ensoñación y melancolía. Buena parte de esas horas de monotonía se pasan soñando despierto, maquinando la existencia de una media naranja que rara vez llegará. Porque el resto del tiempo lo pasaba el joven Mac aterrorizando al vecindario y por ello en la siguiente canción interpela a su propia madre para disculparse. “Freaking Out the Neighborhood” imprime un nuevo ritmo a la cadencia inicial para hablar de un adolescente haciendo travesuras. Su estructura obedece estrictamente al canon antes descrito y es particularmente interesante el solo porque con aparente sencillez logra redondear la canción y cerrarla sin que apenas nos hayamos dado cuenta de que ya se ha acabado. La siguiente pieza nos reúne con un nuevo personaje que circunda el paisaje cotidiano del protagonista. “Anniees algo así como la confidente de Mac aunque es probable que sea tan sólo un anhelo. El estribillo nos remite a la sensación de caída libre cuando uno está ‘de bajón’ y de ese vértigo, que la canción reconoce (y reproduce) muy bien, es de donde nace esa necesidad de Annie, de una Annie cualquiera. Si se tratase de otro artista confiaríamos todas nuestras sospechas a la idea de que Annie fuese una droga pero conociendo a Mac DeMarco no pondremos objeciones a imaginar que Annie no es un símbolo y es realmente su mejor amiga.

[pullquote]La realidad es que Mac DeMarco no inventa coartadas. No se protege tras una falsa (o auténtica) audacia estilística. Escuchar su música es conocer a alguien con unos gustos y unas vivencias determinadas. No hay trucos, no hay distracciones. Esta forma de desnudez artística no es tan frecuente como se pudiera pensar y no es tan sencilla de defender para un músico.[/pullquote]

De hecho, en Ode to Viceroy ya tenemos una oda explícita al vicio. ¿Droga blanda? Sí, pero droga al fin y al cabo, droga como cárcel terrenal pero también como rasgo ineludible del carácter de Mac. El chico del pitillo en la boca y su inusual habilidad para colocarlo entre sus dientes, en su amplísimo diastema, nos entrega aquí uno de los mejores cortes del álbum. Los acordes suspendidos flotan en el aire como el humo en la habitación y dilatan el tiempo a la vez que la nicotina contrae los vasos sanguíneos.

Robson Girles una postal más de la colección, posiblemente la menos brillante de ellas. Sólo impresiona en su puente central que nos sorprende con un solo eléctrico que se muere en un toma y daca pendular de acordes en los que Mac rasga cada cuerda con un mimo incalculable, como intentando darle protagonismo a cada una por separado y que termina con el poco inspirado estribillo. Por suerte, la postal contigua es, con diferencia, lo mejor de este “2”. The Stars Keep On Calling My Namees, más que nada, un ejercicio de composición musical. Cuando tienes la capacidad de resolver una melodía sobre una progresión sencilla de acordes tienes el 90% del trabajo hecho y Mac tiene eso, llámesele don, llámesele técnica. La canción comienza in medias res, como sugiriendo que pudo haber una introducción que se ha perdido en el tiempo, y nos habla del impulso por abandonar esa rutina, de romper con ese paisaje cotidiano pero conservar a su amada. Esta inocente ‘love song’ nos araña la fibra como puede y, según el umbral de cada cual, puede lograrlo o no, incluso en el solo final.

[pullquote]La guitarra vertebra todos y cada uno de los once cortes, presentándose casi como un alter ego de Mac: desaliñada, como recién despierta. La línea del disco es bastante firme y toma pocos caminos alternativos. Es, incluso, posible establecer un canon demarquiano: estrofa – estribillo – estrofa – estribillo – solo, donde el corazón de la canción suele estar en las estrofas y el estribillo suele ser una mera repetición de una palabra o frase.[/pullquote]

En “My Kind of Woman” encontramos por primera vez un acompañamiento de un instrumento que no sea guitarra, bajo o percusión. Un teclado custodia a unas guitarras similares a las de “Ode to Viceroy” y le da a la canción una gran profundidad de sonido. Es difícil no ver en esta pista al DeMarco travestido del videoclip mientras coquetea con la androginia glam en las líneas “oh, baby, oh, man” y se sirve de acordes suspendidos, incompletos, con notas que no les pertenecen, para incidir musicalmente en esta ambigüedad. “Boe Zaahes una pieza instrumental, aparentemente insulsa y sin apenas desarrollo pero que oculta en sí algo del concepto del álbum: la huella de la monotonía, la medida del paso del tiempo, no como material inflamable y volátil sino como sustancia espesa y viscosa.

Las últimas dos piezas comparten algo del espíritu de “The Stars Keep On Calling My Name” aunque lo canalizan por dos vías diferentes. Sherrilles otra buena composición, bien acompañada por un sintetizador en el estribillo al servicio de una bella armonía. Algo mosquea a Mac en su relación con Sherrill aunque aún la quiere. En realidad, algo mosquea a Mac en su relación con su entorno y, aunque está profundamente apegado a él, quiere tomar una determinación y romper con ello. “Sherrill” es uno de esos cortes que, sin pasar a la historia, tiene como función mejorar la experiencia del álbum completo y sirve en bandeja un final en alto que ha pasado a ser el gran himno de los directos de Mac DeMarco, Still Together”. El corte más íntimo, más sencillo, más desnudo y más comunicativo de este álbum. Una foto que no es tal, sino que es la realidad sin más, sin inmortalizar. Un chico y su guitarra cantándole unos versos a su novia y una palabra en el estribillo, “together”. La tercera palabra en importancia en la historia de la música pop, aquí reverenciada en un falsete torpe pero tremendamente convincente al que, concierto tras concierto, le acompañan miles de personas en varios bises que podrían ser infinitos. Lo logrado por Mac DeMarco en este “2” no es nada despreciable y, aunque él nos esté diciendo que le apetece cambiar de aires, los oyentes (¿fans ya, quizá?) nos conformamos con que los nuevos aires no le cambien a él.

Mac DeMarco – 2

  • Mac sabe lo que hace en cada corte y no se deja llevar por la ansiedad del estudio que, por otro lado, es su propio cuarto. Jamás peca de sobreproducción.
  • Tiene la virtud de sonar al mismo tiempo anacrónico e interesante, como un artista que podría haber surgido en varios momentos diferentes del desarrollo del pop moderno.
  • Si logras entenderte bien con su personalidad y su carisma entrarás fácilmente en su mundo.

  • Mac DeMarco es Mac DeMarco todo el rato y no puede evitar serlo. Esto puede ser un aspecto negativo o positivo en función de la receptividad del oyente.
  • Repite la misma fórmula una y otra vez y en ese sentido puede ser una escucha poco estimulante.
  • No es un buen creador de estribillos. Aunque la mayoría de ellos encajan y no desmerecen ninguna canción, lo cierto es que parece que se los toma como un mero trámite y no como espacio principal en el que poder descargar su inspiración.

PÁGINA DE ARTISTA

7.8

 

“2” es, al mismo tiempo, un disco que inaugura la personalidad de su autor y que pretende cerrar su etapa como compositor amateur reuniendo buenas ideas y ejecutándolas con sencillez y sensibilidad. La guitarra guía el paseo a través de los momentos que Mac DeMarco ha elegido oportunos para acercarnos a conocerle a él como músico y como adolescente tardío.