WAND

Parece mentira. Era en los últimos días de agosto de 2014 cuando Wand presentaban “Ganglion Reef”, un lisérgico primer trabajo cuyos viciados compases nos remitían a los Pond, Tame Impala y compañía. No había acabado el primer trimestre de 2015 y ya encontrábamos su continuación en “Golem”, que exploraba y desarrollaba los compases más agresivos de su debut equilibrando la balanza entre garage y psicodelia y yendo, en ocasiones, mucho mas allá, adentrándose por momentos en la fangosa frontera del stoner rock. De alguna manera, Wand se habían subido al carro de esos grupos de garage psych no sólo compartiendo unas mismas referencias sino imitando su ritmo de producción. Siendo la psicodelia un género tan abocado a los excesos, la publicación de “Golem” (aunque recibida con cierta sorpresa) cupo dentro de la normalidad. La llegada de “1000 Days” suponía aumentar hasta tres los largos de su discografía en menos de trece meses; esto ya son palabras mayores.

[pullquote]Han conseguido relajarse y esquivar el peligro de convertirse en la típica banda con demasiadas ideas.[/pullquote]

Ante el anuncio del lanzamiento de este disco me surgió el mismo miedo que me invadió cuando me entere de la pronta publicación de su predecesor. “¿Otra vez? Seguro que está lleno de descartes”. La efervescente manera en la que las referencias de Wand se iban acumulando podría hacerles parecer una banda cliché y, aunque lo suyo tenga mucho de ejercicio de estilo, lo cierto es que los californianos han sabido dotar de cierta coherencia a cada uno de sus esfuerzos evitando caer en la intrascendencia. Por supuesto este disco no aparecerá en lo alto de las listas de fin de año, pero eso no debe ser óbice para que admiremos la increíble rapidez con la que Wand se han hecho hueco en la escena psych mediante tres álbumes notables.

Decía que recibí a este “1000 Days” como si fuera aquel amigo pesado que no termina de despedirse cuando llega la hora de regresar a casa. “¿Qué quieres ahora?, ¿qué tienes que contarme que no me hayas dicho hace un rato?…”. Al final resultó que el tercer disco de Wand lejos de seguir explorando la vertiente más bestia de la psicodelia supuso una mirada al pasado, como si se tratara de una suerte de precuela de su debut. Aquí es donde encuentro el mayor acierto de “1000 Days”: el ritmo de trabajo y el leve viraje estilístico de la banda les hacía correr el riesgo de convertirse en una parodia de los excesos de su propia psicodelia, pero con este trabajo han sabido reorganizar sus ideas y hacer que todo suene en su sitio sin perder la frescura ni la acidez canalla de sus melodías. Cuando parecía que se les iba a ir de las manos han sido capaces de ofrecer un disco de rock psicodélico más clásico y equilibrado, cambiando los viajes sin rumbo y las imágenes borrosas que dibujaban algunos de sus temas anteriores por estampas coloridas y no tan excéntricas.

[pullquote]Los californianos han sabido dotar de cierta coherencia a cada uno de sus esfuerzos evitando caer en la intrascendencia. Por supuesto este disco no aparecerá en lo alto de las listas de fin de año, pero eso no debe ser óbice para que admiremos la increíble rapidez con la que Wand se han hecho hueco en la escena psych mediante tres álbumes notables.[/pullquote]

El viaje espacial comienza en “Grave Robber”, donde podemos ver a la perfección de qué estoy hablando. Encontramos una letra incongruente y drogata que es el mero complemento de una base sonora hipnótica guiada por una tenue percusión y un sintetizador que se une a la guitarra en una espiral que parece a punto de desbocarse. Pero sólo lo parece, aquí todo está bajo control. El asunto se vuelve algo más pesado en  “Broken Sun”, pista en la que los de la varita quieren sonar dramáticos ayudados por fantasmagóricas letras y una interpretación vocal algo forzada, como si tratasen de imitar a un Lennon enganchado al LSD.

Aún no había mencionado a Ty Segall (que es el productor de la banda durante su primera aventura en el sello discográfico Drag City). Su influencia asoma en “Paintings Are Dead” con esa dulce calma que precede a la tempestad sonora que encarna el fuzz de sus guitarras. El buen rollo no desaparece nunca y alcanza sus cotas más altas en “Dungeon Dropper”, una de las mejores piezas del disco, que a pesar de no suponer ninguna innovación aporta frescura y alegría juvenil al LP. Cortita y al pie, cuesta imaginar que estemos escuchando al mismo grupo que pocos meses atrás nos regalara “Self Hypnosis in 3 Days”.

[pullquote]El ritmo de trabajo y el leve viraje estilístico de la banda les hacía correr el riesgo de convertirse en una parodia de los excesos de su propia psicodelia, pero con este trabajo han sabido reorganizar sus ideas y hacer que todo suene en su sitio sin perder la frescura ni la acidez canalla de sus melodías.[/pullquote]

Entonces llega “Dovetail”, un instrumental sombrío con resonancias y resbales de platillos donde encontramos a unos Wand diferentes que transportan su psicodelia no hacia terrenos sabbathianos sino a la Alemania kraut de principios de los años setenta. Nos han vuelto a hacer alucinar, misión cumplida. Entonces desenchufan sus amplificadores y cantan “1000 Days”, donde Hanson muestra sus habilidades como cantautor folkie. Aquí vuelve a notarse la mano, o al menos la influencia, de Ty Segall tanto en la forma de arrastrar las palabras como en la ácida melodía creada partiendo de la contención. “I don’t need a thing because I’ve had every dream...” cantan demostrando su habilidad para transformar todo lo que tocan en fantasía aun cuando dejan la pedalera apagada. Precisamente es “Lower Order”, el track siguiente, el más sobrecargado y pesado de todo el largo, lleno de solos para hacer air-guitar y un tempo continuo. Vemos que no se les olvidó cómo sonaban hace unos meses. Sleepy Dog” cambia la crudeza por su típica acidez anfetamínica; la misma que hace acto de presencia en “Stolen Footsteps”, donde vuelven a jugar con los sintetizadores. Ambas piezas se muestran muy disfrutables para cualquier fan del psych actual; en ellas Wand se mueven por el terreno que mejor les sienta, entre líneas repetitivas y psicodélicas pero definidas, sin perderse en los excesos de antaño, llegando al límite de lo irracional y exorbitante aunque sin cruzar esa frontera.

[pullquote]Esta tercera referencia de Wand nos presenta a una banda más madura, que ha trabajado mejor los sonidos y ha conducido sus influencias por un camino atractivo.[/pullquote]

La tendencia mostrada a lo largo de “1000 Days” ya se ha consolidado en “Passage of the Dream”, pieza brillante y efectista. Ahora que Tame Impala se han movido hacia los ritmos ochenteros la psicodelia clásica (no garajera) resulta un campo que merece la pena explotar, y será interesante comprobar quién les toma el relevo (parece que Temples les llevan algo de ventaja en esta particular carrera pero nunca se sabe). Little Dream” no es más que una ruidista pista de poco más de treinta segundos que actúa como introducción para “Morning Rainbow”, donde vuelven a colgarse la guitarra acústica y emular a los Beatles. Estos Wand más clásicos y comedidos trabajan con materiales muy manoseados ya pero lo cierto es que lo hacen de maravilla.

Realmente el concepto de “1000 Days” puede parecer, a priori, más aburrido que el de sus dos lanzamientos anteriores pero no hay ninguna duda de que esta tercera referencia nos presenta a una banda más madura, que ha trabajado mejor los sonidos y ha conducido sus influencias por un camino atractivo. A pesar de no tratarse de un trabajo sobresaliente cuenta con aciertos suficientes para justificar un tercer álbum en poco más de un año. Han conseguido relajarse y esquivar el peligro de convertirse en la típica banda con demasiadas ideas. Ahora quizá les convendría tomarse un descanso, por lo menos mantenerse alejados un tiempo del estudio y regresar cuando tengan algo nuevo que contarnos. El futuro que se les abre es muy prometedor y estamos seguros de que aún no han alcanzado su techo cualitativo.

Wand – 1000 Days

  • Han calculado muy bien el sonido que querían exhibir en este momento para seguir siendo relevantes y algo más digeribles.
  • La incorporación de la guitarra acústica y los sintetizadores es un plus.
  • Prolificidad en estado puro.

  • Si espaciaran más sus lanzamientos podrían sacar al mercado trabajos más notables.

PÁGINA DE ARTISTA

7.0

 

“1000 Days” es el tercer disco de Wand en menos de trece meses. Los angelinos han vuelto a retocar su psicodelia y esta vez parecen haber hallado la varita adecuada. El disco aun sin ser apasionante deja ver el talento melódico de la banda y su capacidad para explorar varias vertientes de su sonido.