Aunque multiinstrumentista y compositor de algunos de los álbumes más destacados de entre los editados en la segunda mitad de la década de los sesenta del pasado siglo XX, John Mayall es, y probablemente será recordado, por ser el director de una escuela que tuvo el honor de ver germinar entre su alumnado a algunos de los músicos y bandas británicas más destacadas de la historia de la música. Durante un lustro, John Mayall reclutará para sus Bluesbreakers a figuras rebosantes de talento, ingenio y avidez que le permitirán, a pesar de la inconsistencia de la formación, desarrollar un nuevo subgénero, el blues rock, a la vez que se revela como una de las bandas fundamentales de aquel período. Una auténtica, pública y elitista escuela de rock.

En los últimos años de la década de los cincuenta y los primeros sesenta, en Gran Bretaña, al igual que ocurría en Norteamérica, la primera oleada del rock and roll se había desvanecido dejando paso a un pop adolescente insustancial, carente de importancia y ambición musical, desarrollado por una industria cultural que se había percatado del negocio que tenía entre manos. Si conseguían reclutar a figuras jóvenes que, bajo los preceptos de las compañías discográficas, lograban atraer al público adolescente de clase media-alta, lograrían dominar la cultura adolescente y disfrutar de sus beneficios.

De forma paralela, un público minoritario con predilección por la música tradicional norteamericana, se congregaba en pequeños locales durante las noches londinenses para disfrutar del mejor folk, blues y, sobre todo, jazz tradicional, al considerar esta última manifestación artística como la música más auténtica de Estados Unidos. Por su parte, parecía no atraer los quehaceres musicales de la posguerra en aquel país aquella música que desprendiera un ritmo marcado y se definiera por su amplificación eléctrica, como era el caso del Rhythm and Blues. Para aquella audiencia, la guitarra eléctrica no era sino un elemento puramente comercial como lo había sido el rock and roll con el que se expresaron aquellos pioneros de Memphis, Chicago y Nueva Orleans en el ecuador de la década de 1950.

No sería hasta 1963 cuando el jazz trad, como era conocido el jazz tradicional propio de Nueva Orleans, perdería interés a consecuencia de su previsibilidad y redundancia en favor de las bandas de Rhythm and Blues, a las que los propietarios de aquellos locales comenzaron a dar oportunidades para entretener a su clientela. Asimismo, la notoriedad que comenzó a obtener la música beat a consecuencia del fenómeno Beatle, en primera instancia, sería un factor determinante para impulsar el género. Se desarrollaría a partir de entonces un interés creciente por el blues eléctrico que se estilaba en Chicago, abanderado principalmente por Alexis Korner y Cyril Davies, los cuales tuvieron un papel protagonista en el desarrollo de este blues urbano en la escena londinense con su grupo Blues Incorporated, el cual llegó a ser realmente influyente en un movimiento en el que se encontraban músicos como Mick Jagger, Keith Richards, Brian Jones, Charlie Watts, Jack Bruce, Eric Clapton, Ginger Baker, Paul Jones, Eric Burdon, Jimmy Page y, nuestro protagonista, John Mayall.

Mayall nació en Macclesfield, Cheshire, el 29 de noviembre de 1933. No obstante, creció en los suburbios de Manchester, ciudad en cuyos locales de jazz interpretaba como pasatiempo música blues, tanto en solitario como integrado en algunas formaciones, como la John Mayall Powerhouse Four y el Blues Syndicate, el conjunto con el que Korner quedó prendado tras asistir a una de sus actuaciones, invitando a Mayall a trasladarse a la capital, en la que se estaba gestando el movimiento blanco del blues, donde los jóvenes se encomendaban a los ademanes interpretativos de Muddy Waters y Howlin’ Wolf. Aunque el público no era muy amplio, a los músicos les movía la pasión hacia este tipo de música, recogiendo una vez más la idea de ‘autenticidad’ como fin supremo del hecho musical, sentimiento que primaba sobre cualquier cosa, en esta ocasión con guitarra eléctrica incluida, desdeñando lo comercial y la industria musical, a la vez que reivindicaban aquella garra que había perdido el rock and roll desde finales de los ’50. El blues eléctrico se vio entonces como algo más salvaje, primigenio, una música todavía en bruto, lo que le proporcionaba integridad y autenticidad.

En este contexto, Mayall daría forma en marzo de 1963 a The Bluesbreakers, el grupo que supondría el germen de algunas de las formaciones más importantes e influyentes de la historia de la música popular urbana. Un conjunto en el que Mayall, reconocido líder exigente, daba la oportunidad y estimulaba a jóvenes músicos para desarrollar sus habilidades y extraer lo mejor de ellos mismos, en un constante e interesante ir y venir de músicos que, en la segunda mitad de los sesenta, llevó a la banda a múltiples y sugerentes formaciones, período que además supuso el mayor esplendor de la agrupación.

Originalmente, The Bluesbreakers estuvo compuesto por John Mayall como cantante, organista y armonicista, Bernie Watson a la guitarra, John McVie al bajo y Peter Ward en la batería. En mayo de 1964 con Martin Hart sustituyendo a Peter Ward publicarían su primer single “Crawling Up A Hill”, acompañado en la cara B por “Mr. James”. Un álbum de rhythm and blues que no difería en mucho de lo que estaban haciendo al mismo tiempo The Rolling Stones y The Animals. Acto seguido, Roger Dean y Hughie Flint entraron en la banda en sustitución de Bernie Watson y Martin Hart, con los que publicaron el 26 de marzo de 1965 su primer larga duración, “John Mayall Plays John Mayall”. Nuevamente un álbum de rhythm and blues grabado en directo el 7 de diciembre de 1964 en el Klooks Kleek, un club situado en el noroeste de Londres por el que pasaron algunas de las mejores bandas de los sesenta.

En 1965 comenzarían los años de explendor de la banda. Roger Dean dejaría el grupo para ser reemplazado por el que sería la primera gran estrella que militó en las filas de los Bluesbreakers. Huyendo del enfoque pop con vistas a la comercialización en el que estaba derivando la música del grupo londinense The Yardbirds, el purista del blues Eric Clapton se incorporaba a la banda de Mayall en abril de dicho año para revolucionar aquel estilo musical y consagrarse como guitarrista. En marzo de 1966 también llegó a la banda, procedente de la Graham Bond Organization (donde también participaba el batería Ginger Baker), el bajista Jack Bruce para reemplazar temporalmente a John McVie, al que Mayall había despedido a consecuencia de sus abusos con el alcohol. El talento comenzaba a confluir en un mismo punto para constituir el año siguiente el que sería, desde entonces y para siempre, el primer supergrupo del rock.

Con McVie de vuelta, la banda de Mayall publicaría el 22 de julio de 1966 su primer trabajo de estudio: “Blues Breakers with Eric Clapton”. El sonido distorsionado de la guitarra domina la mayor parte de un álbum en el que el saber hacer de Clapton con la seis cuerdas influyó de manera decisiva en el desarrollo de un subgénero que acabaría por denominarse ‘blues rock’. Asimismo, le valdría al avezado guitarrista el apelativo de ‘Manolenta’ ante la facilidad con la que ejecutaba pasajes de elevada complejidad, y la concepción de héroe de la guitarra elevado a deidad por parte de los aficionados al género que, ante tal derroche de creatividad y habilidad, llenaron de pintadas los muros de la capital del Reino Unido con la consigna ‘Clapton es Dios’.

Pero Clapton abandonaría la banda cinco días antes de la salida al mercado del mencionado álbum para crear, junto a Jack Bruce y Ginger Baker, el power trio Cream. El grupo que abanderó, junto con The Jimi Hendrix Experience, el movimiento psicodélico británico, llevando ambas formaciones la música rock a unas cotas nunca antes imaginadas. A partir de entonces lo importante no era la canción ni los elementos constituyentes de la misma, sino el dominio que los músicos tenían del instrumento, desarrollando la idea del virtuosismo en la música rock. En 1969, disuelto Cream, Clapton y Baker formarían junto con Steve Winwood y Rick Grech el supergrupo Blind Faith con el que sólo se gestó un álbum de título homónimo a la banda. Iniciada la década de los setenta la música de Clapton tornaría a un tono más moderado e iniciaría su carrera en solitario aunque, una vez más, formaría un efímero conjunto que daría lugar a uno de los álbumes más emblemáticos del guitarrista “Layla and Other Assorted Love Songs” (1970).

Ante la salida de Clapton, sería el guitarrista Peter Green quién ocuparía su lugar en The Bluesbreakers. Procedente de la banda Peter B’s Looners, en la que Mick Fleetwood estaba a cargo de la parte rítmica, Green pasaría a la primera línea del blues rock con apenas 19 años. Aunque era elevado el compromiso que asumía en la banda al tener la responsabilidad de sustituir a un Dios de acuerdo a la consideración que muchos tenían del anterior guitarrista, la destreza de Green pudo fácilmente suplir aquella baja, no mostrando apenas diferencia en el sonido del grupo. Con John Almond y Alan Skidmore en los saxofones, el grupo entraría de nuevo al estudio a finales de 1966 para grabar su segundo LP (el tercero con aquel disco en directo), “A Hard Road”. Este nuevo trabajo que vería la luz el 17 de febrero de 1967, llevaría en dos de sus canciones el sello de Peter Green que, además de virtuoso guitarrista, dejaban vislumbrar el potencial compositivo e improvisatorio que aquel joven desprendía, con especial incidencia en la pieza instrumental “The Supernatural”.

Reemplazado el batería por Mick Fleetwood, el grupo comenzaría a grabar en el ecuador de 1967 su próximo álbum, “Crusade”. No obstante, Peter Green y Mick Fleetwood dejarían la banda en julio de ese año para formar la mítica Fleetwood Mac, junto con el también guitarrista Jeremy Spencer y el bajista Bob Brunning, este último de forma temporal hasta que McVie concluyera su trabajo en la grabación del mencionado disco del veterano del blues. Green escribirá algunos de los éxitos más notables del momento como “Black Magic Woman” (1968), “Man of the World” (1969) y “Oh Well” (1969). Con la llegada de la nueva década también llegaron los escarceos del guitarrista con el LSD, causante de una esquizofrenia que le apartaría de la banda. También aquejado de problemas mentales dejaría la formación Jeremy Spencer. Con los líderes del proyecto fuera del mismo, el estilo del grupo se tornaría, por influencia de la teclista Christine McVie, esposa de John McVie, hacia una sonoridad pop-rock que no conseguiría alzar el vuelo hasta la segunda mitad de los setenta, en lo que fue una recomposición del grupo. Asentados en California, los miembros del conjunto integraron en sus filas a Lindsey Buckingham y Stevie Nicks, un dúo de soft rock con los que consiguieron resurgir con más fuerza que nunca con la publicación del exitoso “Fleetwood Mac” de 1975, y la explosión comercial que supuso el súper ventas “Rumours”, publicado en 1977. El grupo mantendría su popularidad hasta los ochenta, cuando los integrantes de la banda comenzaron a proyectar sus carreras en solitario.

Con la marcha de Peter Green, John Mayall depositaría su confianza en Mick Taylor. Se trataba de otro joven guitarrista de 19 años que llegaría a la banda en agosto de 1967 para continuar con la grabación de “Crusade”, el nuevo trabajo de los Bluesbreakers que vería la luz el 1 de septiembre de aquel mismo año. Con ese mismo propósito se pondría Keef Hartley tras la batería como sustituto de Mick Fleetwood, así como Chris Mercer y Rip Kant como nuevos saxofonistas. La promoción del álbum les llevó por una extensa gira a lo ancho de Estados Unidos para la que se incorporó, al bajo, Paul Williams, primero, y Keith Tillman después, tras la marcha de Williams al proyecto en solitario del teclista de The Animals, Alan Price. Otra nueva incorporación, como sustituto de Rip Kant, sería el saxofonista Dick Heckstall-Smith, proveniente de la Graham Bond Organisation, donde había compartido experiencia musical con Jack Bruce y Ginger Baker. Algunas de las interpretaciones de la gira se editarían en febrero de 1968 bajo el título “Diary of a band, volumes one and two”, una selección de las sesenta horas de directo que la banda recogió con una grabadora portátil.

Mayall repuso un nuevo bajista en detrimento de Tillman, un jovencísimo Andy Fraser que contaba tan solo con 15 años de edad. Este es, tal vez, es caso más llamativo de la generosidad de Mayall, llevando a la primera fila del rock a un muchacho que aún no había terminado la escuela, pero que derrochaba talento con la guitarra desde dos años atrás. Compañero de colegio de Sappho Korner, sería el padre de este, el arriba mencionado Alexis Korner, el que recomendaría al imberbe Fraser tras una llamada telefónica de Mayall demandando un bajista. No obstante, la aventura de Fraser no duraría más de unas pocas semanas, cuando, nuevamente por intermediación de Alexis Korner, recalaría en el grupo de nueva formación Free, la banda de blues rock que, junto con otras formaciones como Led Zeppelin, Black Sabbath y Deep Purple, sentarían las bases del hard rock a principios de los setenta con su estilo agresivo y sus duros riffs.

Sustituyendo a Fraser, la nueva incorporación de los Bluesbreakers sería Tony Reeves, proveniente de la New Jazz Orchestra, banda de la que también arribó el batería Jon Hiseman para grabar el que sería el álbum más exitoso de la banda, “Bare Wires”, publicado el 21 de junio de 1968, al que también contribuyó el violinista y trompetista Henry Lowther. El último trabajo como John Mayall & The Bluesbreakers, actuando desde entonces únicamente bajo el nombre de John Mayall. Un elepé en el que se exploran nuevas formas y sonoridades, comenzando con una suite de 23 minutos, dividida en siete partes, que se extendía a lo largo de toda la cara A, dejando ver una fusión entre el blues y el jazz a lo largo del álbum a consecuencia de las últimas incorporaciones. Reeves y Hiseman, junto con el saxofonista Dick Heckstall-Smith, no tardarían en abandonar la banda para formar, con Dave Greenslade al órgano y Jim Roche en la guitara, Colosseum, la cual no tardaría en erigirse como una de las bandas más influyentes del rock progresivo británico.

Con sus nuevos pupilos, Stephen Thompson al bajo y Colin Allen a la batería, Mayall editará en noviembre de 1968 “Blues from Laurel Canyon”, un disco que cuenta, además de con la guitarra de Mick Taylor, con la colaboración de Peter Green en el tema “First Time Alone”, y que narra las experiencias de una estancia que Mayall pasó en California meses antes. Un álbum, por tanto, conceptual, que estaba influido por el quehacer musical de muchos grupos de la época que estaban trabajando en esa idea de conjunto. El álbum no cosechó gran éxito y puso fin al esplendor musical de aquella banda que se inicio con aquella llegada de un joven Eric Clapton en abril de 1965. En julio de 1969, sería Taylor el que dejara la formación de Mayall ante la llamada de unos consagrados Rolling Stones, como sustituto del malogrado multiinstrumentista Brian Jones. Aunque permanecerá apenas un sexenio en la banda de Mick Jagger y Keith Richards para, posteriormente, ser reemplazado por Ron Wood, el guitarrista tomará parte en la creación de los proyectos más éxitosos, no sólo de los Rolling Stones, sino de la historia del rock. Títulos tan incuestionables como “Let It Bleed” (1969), “Sticky Fingers” (1971) y la inconmensurable “Exile on Main St.” (1972) que llevarían al quinteto a la conquista del mundo.

Aunque John Mayall continuó y, de hecho, continúa rodeándose de grandes figuras de la música, ninguna formación posterior a las reunidas en aquella inquieta década de los sesenta aglutinaría a tantos talentos rebosantes de ideas, ambición e inquietudes. Nombres que resultaron claves en el desarrollo de la música popular urbana en general, y en el del rock en particular. Quién sabe si hubieran surgidos todos aquellos grupos clarividentes y capitales en la historia música urbana del siglo XX en ausencia de aquel mentor, el cual se ganó de forma legítima, con su trabajo y confianza en jóvenes talentos, la denominación de ‘padrino del blues británico’.