IRON MAIDEN

En pocos géneros musicales actuales ha habido un consenso tan amplio sobre cuál es la banda hegemónica como en el heavy metal, tomado en su acepción más amplia y clásica, abarcando todo el abanico de subgéneros que crecieron posteriormente bajo su paraguas. Un grupo referente, los reyes indiscutidos, los amos del cotarro, los que son conocidos por los profanos e idolatrados por los pertenecientes a la tribu. Los Zeus del Olimpo metalero. Siempre habrá ovejas descarriadas y amantes de la contracorriente que preferirán a Metallica, Judas Priest o (hay de todo en la viña del metal) Dio. Pero teniendo en mente mil factores, en los que no vamos a perdernos pero que incluyen su continuidad en el tiempo, su masa de fans, su influencia en otros, su imagen o su fidelidad a un sonido propio, todo el mundo sabe de quién hablamos. De la doncella de hierro.

Podría rellenar folios enteros hablando de la trascendencia de los Maiden, de su legado, de su pasado o presente, de cómo han llegado a ser un fenómeno global mastodóntico partiendo de una música que no deja de ser minoritaria y generalmente ninguneada por el gran público y los medios. Pero no lo haré. Porque lo más justo en estos casos es hablar de lo que ellos hacen. De su música.

A principios de 2015 saltaba una noticia que hacía estremecerse de miedo a la, en apariencia, poco sentimental comunidad heavy. Bruce Dickinson tenía cáncer de lengua. Incluso aunque había sido detectado tempranamente y el riesgo para su vida no era excesivamente alto, muchos se temieron que el cáncer pusiera punto y final a la carrera del frontman de Iron Maiden. Nueve meses después veía la luz su álbum más largo, el decimosexto de su carrera, en formato de doble disco y con una gira gargantuesca a bordo de un Boeing 747 para defenderlo en directo por literalmente los cinco continentes.

[pullquote]“The Book of Souls” es el más-difícil-todavía, el último reto de un grupo consciente de que si no se pone él mismo los desafíos que le quedan por superar, nadie se los va a poner, pues ya hace tiempo que dio todo lo que se esperaba de él. Eddie parece tener cuerda para rato, y si no es así, más razón para disfrutar de este disco.[/pullquote]

The Book of Souls es el más-difícil-todavía, el último reto de un grupo consciente de que si no se pone él mismo los desafíos que le quedan por superar, nadie se los va a poner, pues ya hace tiempo que dio todo lo que se esperaba de él. Resulta absurdo pensar que este último proyecto nazca de las necesidades económicas de una banda que ha batido récords de ventas, giras y conciertos por doquier. Además de que, en el improbable caso de ser así, no parece una maniobra muy recomendable comercialmente hablando el retorno al ruedo con un trabajo de más de hora y media bajo el brazo, con cinco canciones por encima de los 7 minutos.

Sin ninguna intención de jugar al despiste, con una duración impropia de una canción de apertura, If Eternity Should Failinaugura la salva de cañonazos. Lo más destacable de la misma, su estribillo, con un gancho por encima de la media del cancionero de la doncella de hierro. Le sigueSpeed of Light, que fue el único adelanto del disco. A pesar de que salió unos cuantos meses antes que el resto del trabajo, y por tanto partía con ventaja con respecto de sus compañeras, el tiempo no ha servido para que esta pista cuaje, sino todo lo contrario. Algo en ella falla, posiblemente el abandono de un estilo más puramente metalero por un sonido más hard rock. Sin embargo, esta canción probablemente ocupe un lugar más destacado de lo que merece por méritos propios en el imaginario colectivo del fan de la banda. Y es que es la primera que vio la luz tras el fugaz cáncer y posterior recuperación de Dickinson. Aunque sin duda sea de los (pocos) temas menores en este “The Book of Souls”, sirvió para disipar las inquietudes de aquellos que pensaban que un tumor en una zona tan delicada podía afectar a las cuerdas vocales del de Nottinghamshire.

[pullquote]Tras escuchar “The Book of Souls” salta la pregunta: ¿Puede ser este el mejor trabajo de Iron Maiden con Dickinson desde “Powerslave” y con la honrosa excepción de “Brave New World”?[/pullquote]

Y es que en él, como en todo el resto del álbum, Dickinson demuestra por enésima vez por qué es considerado como uno de los mejores vocalistas de la historia del heavy metal. De hecho, en ciertos tramos del disco su voz suena especialmente profunda, como en el caso deThe Great Unknown. Pero si hay una pieza en la que la bestia actúa como tal, dándose un homenaje guitarrero y como queriendo resumir todo su legado en un único tema, es en The Red and the Black. Escrita enteramente por Steve Harris, es aquí donde con más nitidez se recuperan el mítico galope de guitarras que han formado la leyenda de Eddie y compañía. Tras ese puerto de primera categoría, When the River Runs Deepparece su versión familiar, aunque sólo sea porque dura la mitad que su predecesor. Lo que hace el contexto, puesto que tras recibir un mayor número de escuchas, “When the River Runs Deep” se descubre como un auténtico grower, con algunos de los mejores riffs y el sonido más potente y acelerado de todo el disco.

The Book of Soulscierra el podio de tracks paquidérmicos que superan la barrera de los diez minutos. Un escalón por debajo de sus hermanos mayores, en él no caben complicaciones y basa todo su músculo en su capacidad para hacer menear melenas al viento, objetivo loable aunque poco ambicioso para la  enorme envergadura del tema. Aun así, mérito reseñable el de no cansar con pistas de semejante duración, que por el contrario se convierten en la seña de identidad del trabajo y regalan algunos de los mejores riffs y progresiones del mismo.

[pullquote]Uno de los cortes destacados de obligatoria escucha es “Empire of the clouds”, que además demuestra la capacidad de Iron Maiden para seguir empujando sus límites más allá de su extensa zona de confort.[/pullquote]

Terminado el primer disco (recordemos que estamos ante uno doble), prosigueDeath or Glory, arrancando con la segunda parte. Y si bien no hay diferencias en el sonido de ambas mitades, sí es cierto que el segundo álbum, con la excepción de su cierre, suena más homogéneo y clásico que el primero, con una serie de canciones a un nivel altísimo aunque con cierto parecido entre ellas. Esta en concreto es probablemente la menos destacada de este cuarteto, con una letra sobre aviones de la I Guerra Mundial para cubrir el cupo aeronáutico que debe exigir Dickinson a cada disco. La autorreferencia en el inicio deShadows of the Valleya uno de sus grandes éxitos pasado como es “Wasted years” resulta tan evidente que eclipsa en parte la que por otro lado es otra pista llena de garra y energía. En Tears of a Clownse rinde sentido homenaje a Robin Williams, cuya muerte conmovió a la banda. Dentro de que los álbumes de los Maiden no están hechos para mover emociones profundas, este tema es el más dado a ello, encauzando su fuerza emocional en un solo que vale oro.

Continuando con la idea de la mortalidad, denominador común a todo el disco, The Man of Sorrowses lo más parecido a una balada que se puede encontrar en este libro de almas. O eso aparenta en su primera mitad, terminando por crecer y madurar en un medio-tempo con personalidad propia y diferenciada del resto. La ingente discografía de los Maiden hace que resulte complicado no encontrar parientes relativamente similares a casi todos sus nuevos temas, pero el hecho de que en la trayectoria de los británicos haya prácticamente de todo no cierra la puerta a que sigan descubriéndonos piezas con sonoridades innovadoras y sorprendentes con las que agrandan su ya descomunal catálogo. Y el ejemplo perfecto de ellas es Empire of the Clouds. Un extendido comienzo al piano, sencillo pero eficaz, que no tiene prisa en ceder el protagonismo a las guitarras durante muchos minutos para terminar recobrando el papel principal en la recta final. En 18 minutos se culmina magistralmente la que es la obra cumbre de Iron Maiden en este siglo. Sin embargo, pese a su traje de réquiem y sus tintes de despedida definitiva, si un servidor tuviera que apostar, lo haría a que ésta no será su última canción.

Iron Maiden – The Book of Souls

  • ¿Puede ser este el mejor trabajo de Iron Maiden con Bruce Dickinson desde “Powerslave” y salvando la honrosa excepción de “Brave New World”?
  • La voz de Bruce no se ha visto mermada tras su tumor, sino que se luce como nunca antes.
  • “Empire of the Clouds” como prueba de que siguen empujando sus límites más allá de su extensa zona de confort.

  • No posee ningún éxito a lo “The Trooper”, aunque probablemente sea porque ya los han hecho todos.
  • 92 minutos son muchos, incluso para un disco bueno. Una duración así limitará las escuchas de este disco a los fans más acérrimos e intimidará al resto.

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8.2

 

Ni el cáncer puede con una doncella de hierro que aparenta veinte años a pesar de que sus miembros rondan los sesenta. Álbum que, lejos de ser una innecesaria maniobra comercial, supone una medalla más a un expediente brillante como pocos. Eddie parece tener cuerda para rato, y si no es así, más razón para disfrutar de este disco.