Hace unos días, si el guión de la película hubiese resultado premonitorio, el adolescente Marty McFly, con su DeLorean echando humo, habría aparecido en la época actual para salvar a sus futuros hijos de una amenaza que pondría en peligro la felicidad y la integridad de su familia. En ese ficticio 2015, el personaje interpretado en la gran pantalla por Michael J. Fox se hubiese encontrado con innovaciones tecnológicas estandarizadas como el aerodeslizador, los paneles de videollamada o la chaqueta autoajustable. Regreso Al Futuro ha cumplido treinta años, y a día de hoy la pregunta es: ¿Cómo nos imaginamos el mundo dentro de ese tiempo; de treinta años? Hace apenas una década los móviles que hacían fotos y podían almacenar un puñado de canciones nos parecían todo un invento, y a día de hoy se consideran poco más que una reliquia. La tecnología avanza a pasos agigantados. Sin embargo, tras cuarenta años de la llamada década electrónica, la sociedad ha aprendido quizá a aceptar esos avances como algo normal y a llevarlos a un terreno de mero consumo.

Los 80 y la fiebre por la tecnología y la ciencia ficción

Los años 80, sin embargo, fueron el inicio del contacto de la mayoría de la población con los inicios de la tecnología digital, lo que llevó a una exaltación de la ensoñación de lo que esa robotización del mundo podría devenir. La ciencia ficción se erigió como uno de los géneros artísticos dominantes en la literatura y el cine. 2001. Una Odisea En El Espacio, de Stanley Kubrick, había sentado ya un precedente a finales de los 60, y durante toda la década de los 70 diferentes ideas habían ido desarrollándose. Sin embargo, fue a finales de los 70 y principios de los 80 cuando la ciencia ficción, el terror, y la fantasía postapocalíptica dieron lugar a todo un movimiento tanto comercial, como underground. Se producía así la segunda era dorada del futurismo, pues éste ya había tenido una difusión interesante en los círculos intelectuales en el primer cuarto del siglo XX, especialmente en los ambientes vanguardistas literarios, con autores como Marinetti. He aquí un ejemplo de su innovadora poesía, con un fragmento que pertenece a “El Automóvil De Carrera”:

Vehemente dios de una raza de acero, 
Automóvil ebrio de espacio, 
que piafas y te estremeces de angustia 
tascando el freno con estridentes dientes…
Formidable monstruo japonés 
de ojos de fragua, 
nutrido de llama 
y de aceites minerales, 
ávido de horizontes y presas siderales…

Musicalmente, Alemania fue la cuna de la proliferación de bandas que incluían elementos industriales y creaban su música con la cabeza puesta en ese movimiento de la ciencia ficción y el futurismo, con sonidos que evocaban posibles mundos venideros gobernados por las máquinas y unas letras que a menudo se referían a las grandes urbes que no duermen, a la invención de aparatos que permitiesen al hombre llegar a los límites de sí mismo, y a la eterna fantasía del control del cosmos. Son dos los nombres que hay que destacar por encima de cualquier otro en el panorama internacional. Por un lado tenemos a los alemanes Kraftwerk, más experimentales e instrumentales, y por otro a los norteamericanos Devo, más cercanos al art punk y a la new wave.

España despertó de golpe en los 80 de cuarenta años de nacionalismo extremo, y su juventud urbana absorbió de golpe todo lo que se estaba haciendo fuera de nuestras fronteras. En plena eclosión de la Movida hubo una banda, Aviador Dro Y Sus Obreros Especializados (más conocidos como Aviador Dro), que hechizada por las corrientes futuristas y por la música de los mencionados Kraftwerk y Devo, fue la encargada de traer este movimiento. A día de hoy Aviador Dro están considerados con total justicia una formación de culto por cualquier melómano interesado en la historia y la evolución musical españolas. A su alrededor surgieron otras formaciones dignas de ser escuchadas como Oviformia Sci y, especialmente, los rupturistas Esplendor Geométrico.

Aviador Dro es la banda que gira en torno al polifacético artista madrileño Servando Carballar, y que a lo largo de su historia ha ido variando de músicos en diferentes etapas. Al igual que ocurría en sus grupos referentes, la estética ha jugado un rol esencial en su música. Vestimentas industriales, espaciales, escafandras, ostentosos trajes de plexiglás o cascos anti-radiación se cuentan entre los elementos usados por los madrileños en sus performances, conciertos, vídeos o actuaciones en televisión. Si bien siguen en activo (recientemente han publicado un LP junto a L-Kan y La Monja Enana bajo el nombre de Supergrupo), aquí vamos a desgranar lo que fueron sus primeros tiempos (hasta 1986, que es cuando a excepción de Carballar y Marta Cervera, esteticista y tecladista, cambiaron todos los miembros). Fueron los tres primeros álbumes, publicados entre 1982 y 1985, los que a la postre han sentado referente dentro de la música electrónica, synth-pop y futurista nacional.

Formados en 1979, y tras publicar algunos singles, como “La Chica De Plexiglás” o “Nuclear Sí” a principios de 1982, que causó gran controversia por la falta de entendimiento de la irónica letra, debutaron en formato largo con “Alas Sobre El Mundo”. Este trabajo supuso una ruptura con todo lo anteriormente hecho en España. Sus letras y su temática causaron una tremenda confusión en el público, pues su forma casi erótica de referirse a la industrialización como referente del progreso coquetea con paradigmas políticos totalitaristas y deshumanizados. Sin embargo, a la vez que se evoca un futuro en el que la era de las máquinas es dominante, se aprecia una árida crítica a la pérdida de los sentimientos. Pese a nacer casi una década después de su publicación, caí rendido a este grupo a través de este álbum, y siempre he considerado que crítica y deseo por el avance de la ciencia y la tecnología se entremezclan con una especie de fantasía con un mundo en el que lo humano ha sido relegado a un segundo plano, lo que en términos freudianos podría catalogarse de tánatos social. Sin duda, el tema cumbre de este debut es “Selector De Frecuencias”, una historia casi de amor entre un piloto solitario y su aeroplano, que le hace sentir en la cumbre del mundo cuando conduce entre la tormenta. El lenguaje utilizado en la canción está seleccionado con mucho rigor, introduciendo tecnicismos muy propios de las corrientes futuristas, pero poco frecuentes en el mundo del pop. Me resulta imposible describir lo que pasó por mi cabeza la primera vez que escuché ese “He vuelto a mi viejo hangar donde aprendí a pilotar. He puesto a punto mi biplano mientras comienza un temporal”.

Pero hay otras muchas joyas de este primer LP de Aviador Dro. Por ejemplo “Cita En El Asteroide”, donde las parejas ya no pasean por el parque, ni van al cine, ni a tomarse unas cañas en el bar Pepe. Van al Astrobar o al Cabaret Espacial del Asteroide Edén. Es también imposible quedarse indiferente ante la historia de la robot “Ondina”, o ante “El Laberinto Del Nuevo Minotauro”, en la que al estilo de Luis Buñuel en El Ángel Exterminador, diversas personas (los nuevos Minotauros) no pueden salir de espacios cerrados, ya sea su habitación o su oficina, bien por adicción al trabajo o por imposibilidad psicológica. Como sacada de una película de serie B aparece “La Televisión Es Nutritiva”, la mayor crítica de “Alas Sobre El Mundo”, con una letra absolutamente irónica sobre la implantación de la televisión como nuevo Dios del siglo XX. Por último, destaca el corte final “La Cicatriz En La Fábrica Roja”, casi instrumental, y que probablemente se refiera a la caída progresiva de la industria soviética desde la segunda mitad de los 70, en un imperio que paulatinamente se resquebrajaba.

Tan solo un año después, en 1983, el grupo regresaba con “Síntesis: La Producción Al Poder”, un doble disco compuesto por “Tesis” y “Antítesis”. Si en su debut habían predominado el órgano eléctrico y elementos minimalistas influenciados por el sonido de los inicios de Kraftwerk, en su segundo LP apostaron por un techno bailable en “Tesis” y por una producción heredera del krautrock y del post-punk electrónico alemán, y encaminada a lo que pocos años más tarde sería el rock industrial en “Antítesis”. De esta forma, se convierten de nuevo en pioneros dentro de un panorama musical español en plena efervescencia, con multitud de apuestas artísticas y discográficas que parecían querer saciar en un tiempo record todo aquello a lo que este país había permanecido ajeno.

Líricamente, aunque la apariencia neofuturista vuelve a recobrar cierto peso en algunas de las composiciones como “Néstor, el Cyborg”, o “El Trabajo De Las Máquinas”, no será el elemento principal como en “Alas Sobre El Mundo”. Si este disco destaca por algo respecto al anterior es por la aparición y la reivindicación de un climax político que se podría tildar de anarquía industrial y futurista, de un caos que desemboque en tranquilidad, como si la mecánica del sexo se transformase en un paradigma de orden social. En esta línea se encuentra “Intolerancia”, uno de sus temas más explícitos, en el que sobre una base electrónica atonal se recitan frases como “Si no nos respetan los aniquilaremos, si no nos escuchan los ensordeceremos. Borraremos su sonrisa a martillazos”. Otros ejemplos son “Ruido De Sables” o “Baila La Guerra”, una crítica atroz a las disputas bélicas, en la que parecen apreciarse ciertas referencias a la Guerra Fría tratada como si de un cómic de ciencia ficción se tratase, pero eso sí, con un ritmo infernal y una producción propia de lo que se estaba haciendo en otros rincones de Europa. Creo que el DJ del Astrobar de “Cita En El Asteroide” haría de este tema su insignia como ocurre en el mítico Penta madrileño con “La Chica De Ayer”.

En 1985 llegó su tercer trabajo, “Cromosomas Salvajes”, menos experimental que el anterior, y en el que la política queda un poco a un lado. Aquí lo que prima es la literatura heredera de Marinetti, pues la mayoría de sus letras pueden ser observadas como poemas y elegías futuristas. Destaca así “Himno Aéreo”, una especie de continuación de “Selector de Frecuencias” en la que se celebran todas las ciudades que se observan como insignificantes puntos al ir pilotando un avión. En la misma línea se sitúan el tema que da título al álbum y “Aterriza En Mí”. No puedo dejar de mencionar una letra más simple, pero a la vez efectiva, como es la de “El Color De Tus Ojos Al Bailar”, un tema que influyó mucho a la denominada movida valenciana, así como a los sucesivos movimientos noventeros en los que ésta fue degenerando.

Pero si hay una canción que despunta sobre las demás en el tercer trabajo de Aviador Dro es “La Ciudad En Movimiento”, probablemente su mejor composición. Como en una ópera electrónica la ciudad parece ir despertando entre el sonido de un órgano eléctrico tímido, que va ganando ritmo poco a poco para definir una urbe moderna, pero a la vez oscura y vacía, fruto de la construcción desmedida. Todo parece enmarcarse en un ambiente oscuro a pesar de las luces de la ciudad, lo que la enmarca de un gran misticismo. Estamos, sin duda, ante una de las mejores, por no decir ante la mejor, canción del synthpop español.

Aviador Dro pusieron fin a esta etapa con la publicación de “Ciudadanos Del Imperio”, un álbum en el que el pop-rock tradicional sustituyó a los sintetizadores, y del que posteriormente han renegado en repetidas ocasiones.

Para terminar, cabe destacar que Servando Carballar creó el sello DRO (Discos Radiactivos Organizados) para autoeditar su música en 1982. Esta compañía no tardó en convertirse en la discográfica independiente más importante de España, y fue la encargada de publicar clásicos del pop-rock patrio de Duncan Dhu, Parálisis Permanente, Loquillo, Siniestro Total… En 1988, Servando abandonó el sello que en los noventa fue adquirido por Warner.

Puede que no los conozcas, ya que no han echado raíces en la televisión como otros herederos de los ochenta, o que a día de hoy con tanto bombardeo electrónico en la radiofórmula te suenen desfasados, pero Aviador Dro fue (o mejor dicho es) una de las bandas más originales e innovadoras de la música española, y han supuesto una gran referencia para las formaciones de techno-pop y synth-punk de la última década (Delorean, El Columpio Asesino…).