Nunca me había dado tanto miedo un documento en blanco. Escribir hoy sobre el debut de la Velvet Underground queriendo aportar un punto de vista innovador y procurando no recurrir a comentarios y razonamientos mil veces repetidos resulta un ejercicio inútil. Pero no por ello es superflua esta crítica; en primer lugar, porque obras como ésta nunca son reivindicadas en exceso; además siempre es agradable cualquier excusa para hablar de la Velvet Underground. Por otro lado, este LP se encuentra sin duda entre mis favoritos de todos los tiempos y alguien tenía que introducirlo en EQB. Tal y como sus múltiples reediciones evidencian, “The Velvet Underground & Nico” se ha convertido en un cliché recurrente e inextinguible del rock al que toda revista musical que se precie debería dedicar unas palabras.

Pero no siempre fue así. Ya desde sus inicios la aventura musical de Lou Reed y John Cale (a quienes no tardarían en unirse Sterling Morrison y Maureen Tucker) fue todo un desastre mediático. Cale era estudiante de música clásica y violista mientras que Reed, recién graduado en la Facultad de Letras de la Universidad de Siracusa, tocaba en bandas de garage y aspiraba a ‘trasladar la sensibilidad de la novela al rock’. Ajenos a los cánones del pop, encontraron el uno en el otro un aliado para plasmar su creatividad. Así, en 1964 habían formado The Primitives, con el que sólo publicarían un single. La incorporación de los dos miembros restantes se produciría ese mismo año en el que adoptaron nombre de The Warlocks, que luego se llamarían The Falling Spikes. En realidad esto es lo de menos, ya que hasta el bautizo como The Velvet Underground se presentarían bajo diferentes nombres debido al desconcierto que generaban sus directos entre los asistentes. La misma sensación produjo su primera grabación en 1966 entre los dueños de los diferentes sellos discográficos, lo que retrasó el definitivo lanzamiento de “The Velvet Underground and Nico” hasta marzo de 1967. Y es que el debut de la Velvet (así como sus tres joyas siguientes) no fueron comprendidas por público y crítica hasta varios años después.

Quien sí supo ver el potencial de la banda en su momento fue Andy Warhol y pagó los cuatro días de sesiones de estudio que el conjunto necesitó para grabar el disco. A cambio, tuvieron que soportar la participación de la cantante y modelo alemana Nico en la que Warhol vio una especie de seguro comercial para garantizar la rentabilidad de su inversión. Esta decisión no agradó en absoluto a los miembros del cuarteto temporalmente reconvertido en quinteto, pero al fin y al cabo este cambio y el diseño de su provocativa portada fueron los únicos aspectos sobre los que Warhol desarrolló sus funciones de productor, además de poner el dinero.

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¿Qué hace tan especial a “The Velvet Underground & Nico”? Punk, glam, krautrock, indie, grunge, noise, art, new-wave… Quizá sin ser muy conscientes, Lou Reed y compañía inauguraron hace varias décadas la etiqueta de ‘rock alternativo’ llenándola de significado.

¿Pero qué hace tan especial a “The Velvet Underground & Nico”? Punk, glam, krautrock, indie, grunge, noise, art, new-wave… Su influencia es tan enorme que resulta verdaderamente complicado encontrar un género/grupo asentado en el rock de origen underground que no cuente con la Velvet entre sus grandes inspiradores. Quizá sin ser muy conscientes, Lou Reed y compañía inauguraron hace varias décadas la etiqueta de ‘rock alternativo’ llenándola de significado. El variopinto conjunto, además de tener muy claro de qué querían ser la alternativa (cosa que no ocurre hoy con la mayoría de grupos encasillados en esa categoría) optaron por arriesgarse e innovar para conseguirlo. Y aquí es cuando podemos recurrir al adjetivo ‘experimental’; sería injusto aseverar que la Velvet comenzó la experimentación en el rock, el género acababa de electrificarse por completo y coger el músculo necesario gracias a la obra de Kinks o el power-trio Cream, por no hablar de la intelectualización que empezaba a asomar gracias a la incursión en el estilo de Bob Dylan en 1965. De manera que el rock, aunque todavía joven, ya se habia visto sometido a diferentes estímulos que modificaron la forma de organizar sus propias nociones. Pero hasta el momento ningún disco había forzado tanto la fórmula rock and roll ampliándola y ensanchando de tal manera sus propios límites. Para que os hagáis una idea, la grabación de este largo se anticipó a fenómenos como los Beatles trabajando con todo lo que el estudio podía ofrecerles para el “Sgt. Peppers”, a The Doors sintetizando y tratando electrónicamente sus teclados en “Strange Days”, al “Are You Experienced” de Hendrix jugando con las tonalidades abiertas y la distorsión o al Frank Zappa de “Absolutely Free” y el debut de Pink Floyd que recogía algunas de estas novedades componiendo espectaculares collages sonoros mediante complejas estructuras.

Con el rock progresivo aún gestándose, todas las miradas se posaban en San Francisco que vivía el nacimiento del rock psicodélico y se preparaba para el verano del amor. Mientras las tendencias apuntaban al flower power, las drogas como el LSD y las fantasías lisérgicas llenas de color, Lou Reed y compañía iniciaron una deconstrucción de la canción pop a lo largo de once temas que exploran diferentes posibilidades sonoras haciendo uso diversas afinaciones de sus instrumentos, creando ambientes mediante la repetición de paisajes minimalistas y trasmitiendo a veces cierta incomodidad por medio de disonancias y pedaleras sobrecargadas. Tampoco podemos olvidarnos de las letras, en perfecta sintonía con lo que su sonido transmitía. Mientras los hippies, en un estado de ficticia felicidad constante, alucinaban con el cannabis y el LSD, Lou Reed se ponía ciego a heroína y anfetaminas y describía en sus letras lo más oscuro de la sociedad americana, especialmente la neoyorquina. Las drogas, el sadomasoquismo, la prostitución y la violencia fueron referencias constantes en sus versos. Hasta entonces ningún grupo de rock había tratado tales temas, este fue otro motivo por el que pasaron desapercibidos en su época en la que se les tachó de degenerados. Pero Reed no pretendía escandalizar al público, al menos a priori. Simplemente quiso plasmar la crudeza de la ciudad desde un punto de vista realista, sin moralismos ni hipocresías. En este sentido, la expresividad de la música de su banda acompañó perfectamente al contenido lírico de sus canciones ayudando a enfatizar y describir distintas y casi siempre oscuras situaciones.

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Empezamos con “Sunday Morning”, que se supone fue un experimento de última hora. Cale encontró una celesta en el estudio y comenzó a reproducir el ya famoso tintineo que acompaña la voz de Reed. Como introducción es perfecto, tan melódico y simple que jurarías haberla escuchado antes de reproducir el disco por primera vez. Cuántas resacas habrá curado este tema…

I’m Waiting For The Man” presenta a un yonki esperando a su camello, de ella se dice que es una de las primeras canciones (proto)punk. Rítmicamente resulta interesante ya que no recurre a riffs sincopados o acordes de quintas sino que se vale de la técnica clawhammer, haciendo que su guitarra suene como una especie de banjo distorsionado rasgueando las cuerdas siempre hacia abajo. La letra es brillante y plasma perfectamente los agobiantes momentos previos a conseguir la deseada heroína. El mismo Reed ha confesado que todo lo que dice la letra es estricatamente cierto: adicción, descripción de sus sentimientos y el entorno, las sutiles referencias a su homosexualidad… Todo menos el precio de la heroína.

I’m waiting for my man
Twenty-six dollars in my hand
Up to Lexington, 125
Feeling sick and dirty, more dead than alive
I’m waiting for my man

El rock, aunque todavía joven, ya se habia visto sometido a diferentes estímulos que modificaron la forma de organizar sus propias nociones, pero hasta el momento ningún disco había forzado tanto la fórmula rock and roll ampliándola y ensanchando de tal manera sus propios límites.

Femme Fatale”, escrita a petición de Warhol, está dedicada a la actriz americana Edie Sedgwick que murió de sobredosis a los 28 años. Se trata del primero de los tres temas cantados por Nico quien, polémicas aparte, hace un gran trabajo. Los versos de Lou Reed muestran a una mujer que disfruta hiriendo los sentimientos de los hombres; esto no se hace desde una perspectiva vindicativa, simplemente relata su forma de actuar. Le sigue “Venus In Furs”, una de las más innovadoras y mejores canciones de la carrera de la Velvet. Su temática se centra en el sadomasoquismo (Shiny shiny, shiny boots of leather) y es tan genial que incluso sin entender la letra podríamos hacernos una idea aproximada de su significado. La distorsión, el pulso psicodélico, la altisonante y electrificada viola de Cale… Todos los elementos están dispuestos para recrear la sórdida escena. Otro de los puntos fuertes se encuentra en la interpretación vocal de Reed, que sin ser un gran cantante recorre de maravilla las estrofas con un tenue ‘spoken-word’ fiel al caracter sofocante del track. Sin forzar demasiado enlazamos con “Run Run Run”, que describe la huida de una serie de drogadictos durante lo que imaginamos que es una redada policial, o quizá simplemente sea una metáfora de la ansiedad que sólo se apaga tras inyectarse la primera jeringuilla. No hay que perder detalle de la instrumentación donde la guitarra de Reed y la viola de Cale vuelven a entremezclarse apoyados por una sección rítmica minimalista. Se repite el uso de la técnica de rasgueo del segundo tema pero esta vez aparece un anárquico solo bluesero ligeramente apagado con un palm-mute. Parece que Reed está tocando semicorcheas aleatoriamente (aquí se introduce la improvisación en el disco) pero nunca pierde el control y todo el caos musical parece estar perfectamente encauzado.

Reed no pretendía escandalizar al público, al menos a priori. Simplemente quiso plasmar la crudeza de la ciudad desde un punto de vista realista, sin moralismos ni hipocresías. En este sentido, la expresividad de la música de su banda acompañó perfectamente al contenido lírico de sus canciones ayudando a enfatizar y describir distintas y casi siempre oscuras situaciones.

En “All Tomorrow’s Parties” hasta los mayores haters de Nico son incapaces de poner algún pero. Otro estupendo ejercicio de avant-garde en el que la grave voz de la teutona es respaldada por una lisérgica guitarra y un expeditivo piano que consigue crear cierto efecto drone. La alemana pone voz a una chica que podría ser ella misma, agobiada en su habitación por no tener un vestido que le permita encajar en el entorno social que la rodea. Heroin” es simplemente una de las mejores canciones del siglo XX y ya desde su primera escucha (con auriculares a ser posible) puede dejarte noqueado. Lou Reed explica aquí su adicción a la heroína narrando el momento del consumo de dicha droga. La descriptiva actuación de todos los elementos musicales es imprescindible siendo éste uno de los momentos en los que la particular forma de construir las canciones por parte del grupo se hace más relevante. La percusión que imita un corazón bombeando sangre a diferentes velocidades (éxtasis-relajación) mientras va apareciendo en un tímido fade-in la viola de Cale, la guitarra de Morrison subiendo y bajando… todo ello para dibujar el fluir de la droga por las venas de Reed llegando a verdaderos momentos de euforia emocional y sonora a lo largo del viaje. Aunque muchas veces se la ha visto como una condena al consumo de heroína creo que es más acertado pensar que Lou Reed simplemente estaba intentado explicar su forma de evadirse de la realidad. Aun siendo consciente de que sus preocupaciones seguirían ahí después del chute e incluso llegando a reconocer que su comportamiento podría llegar a matarle, presenta su adicción como una ‘elección’ hacia la que no pide que mostremos rechazo ni empatía.

I don’t know just where I’m going
But I’m gonna try for the kingdom, if I can
Cause it makes me feel like I’m a man
When I put a spike into my vein
And I tell you things aren’t quite the same
When I’m rushing on my run
And I feel just like Jesus’ son
And I guess that I just don’t know
And I guess that I just don’t know

Los chicos de la Velvet Underground no consiguieron influenciar a sus contemporáneos pero sí marcaron el camino de los músicos de las siguientes generaciones. La influencia del disco del plátano es tan colosal que se dice que todo aquel que adquirió una de las pocas miles de copias vendidas antes de su retirada del mercado formó una banda de rock ‘n’ roll.

En “There She Goes Again” el narrador muestra su asombro al conocer a una prostituta que parece disfrutar de su trabajo, que realiza con constancia y dedicación. En lo musical resulta la pieza más popera y amable del LP. Nico hace su última aparición en escena en “I’ll Be Your Mirror”, una interesante balada con tintes folkies. La instrumentación consigue transmitir la inocencia del personaje al que la cantante da vida en este track. En la letra Nico quiere ser el espejo que refleje todo lo bueno que hay en la persona a la que se dirige. Tras el momento más convencional del largo llegamos a las dos últimas pistas que en contraposición a la anterior albergan algunos de los minutos más experimentales de “The Velvet Underground & Nico”. “The Black Angel Death’s Song” se entiende bien dentro del contexto lírico del álbum hasta el momento, temas como el suicidio y la drogadicción vuelven a tratarse desde un punto de vista neutral, sin ningún tipo de implicación moral. La inarmónica viola de Cale puede hacer que la escucha de este tema pierda atractivo para unos oídos profanos en el terreno, pero si hay algo en lo que hemos incidido en esta reseña es en que aquí nada suena en la forma en que lo hace por casualidad. A través de un breve motivo disonante repetido hasta el infinito se logra crear el ambiente de asfixia esperado. Las puertas del noise-rock abiertas de par en par para continuar su evolución varios lustros más tarde. El experimento se vuelve mucho más radical y grandilocuente en “European Son“, punto final y perfecto anticipo del terreno a explorar en su siguente referencia. El ruidismo lo impregna ya todo; cristales rompiéndose, rápidos punteos de guitarras cargadas de fuzz, cambios de velocidad, feedbacks, un bajo que lo llena todo de mierda hasta entrar de lleno en la más pura improvisación.

1967 fue un año muy especial para la música popular, lleno de trabajos imaginativos que buscaban dar un vuelco al panorama internacional. De todos ellos me atrevería a decir que el más importante fue “The Velvet Underground & Nico”, ignorado en su momento pero fundamental para el posterior desarrollo del género. Los chicos de la Velvet Underground no consiguieron influenciar a sus contemporáneos pero sí marcaron el camino de los músicos de las siguientes generaciones. La influencia del disco del plátano es tan colosal que se dice que todo aquel que adquirió una de las pocas miles de copias vendidas antes de su retirada del mercado formó una banda de rock ‘n’ roll.

The Velvet Underground & Nico

THE VELVET UNDERGROUND

10 INSTANT CLASSIC

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La historia de cómo cuatro inadaptados cambiaron la música popular con once canciones llegando a crear el mejor debut de la historia del rock y una de las mejores y más influyentes grabaciones del siglo XX.

Up

  • La vanguardia underground que influyó a la vanguardia underground de los siguientes cuarenta años.
  • La música al servicio de las letras y viceversa.
  • El icono alternativo en que se ha convertido empezando por la propia portada.

Down

  • Confiar en que una teutona rubia y delgada tocando la pandereta era reclamo publicitario suficiente.