KURT VILE

A nadie sorprende que Kurt Vile sea considerado a día de hoy como uno de los mejores cantautores del panorama internacional no necesariamente independiente. No quiero decir que Vile sea un artista ‘comercial’, salid a la calle y preguntad a cualquier joven random sobre su existencia para hacer la prueba. El caso es que el norteamericano, especialmente con sus últimos trabajos, ha ido ganando poco a poco la aceptación general de crítica y público. Y es que Vile es un artista que se hace querer con facilidad; sus composiciones, con aires de notoria influencia folk y country, revisan y actualizan el legado de la Americana y el rock de los años setenta y aseguran placenteras escuchas a sus oyentes.

Y digo que a nadie sorprende quizá porque pocos se han parado a pensar que lo de Kurt Vile muchas veces entra de lleno en el AOR, tan denostado por los gurús de lo moderno. Algo diferente tendrá este joven filadelfiano para causar tanto revuelo con un género, a priori, tan casposo. Quizá la explicación se encuentre en el hecho de que Kurt, viniendo de una generación que escuchaba Pavement o Dinosaur Jr., combina ciertos modos del indie sin despreciar el legado de Bruce Springsteen, Neil Young, Tom Petty o su admirado John Fahey. Por eso nos cae tan bien a todos, teniendo claro que su mayor aspiración vital es la de vivir de la música no ha hipotecado su figura para encajar dentro de una pose cultureta y transgresora sino que, aportando más al género que muchos de sus contemporáneos, no duda en exhibir sus influencias.

[pullquote]Kurt Vile recorre las psicodélicas líneas de “Wakin on a Pretty Daze” sin prisa, como si lo importante no fuera la meta sino el camino a recorrer. Y realmente es así, el LP está lleno de canciones inconclusas que se entrelazan entre ellas y se alargan hasta el infinito.[/pullquote]

Con su quinto disco “Wakin on a Pretty Daze” realizó uno de los trabajos más originales de 2013, nuevamente, sin ponerse el disfraz de modernete. A diferencia de su predecesor, ese “Smoke Ring for My Halo” que le colocó en el radar de la mayoría y reproducía más fielmente algunos esquemas tradicionales, este nuevo trabajo supuso un reto y un cambio en la forma de construir y presentar sus canciones. “He encontrado un sonido 100% acorde a mi voz”, la frase es del propio artista y no podría estar más de acuerdo con ella. Su voz lánguida que emite suavemente con los ojos entrecerrados y el semblante relajado como si nada pudiera sobresaltarle encaja perfectamente en las psicodélicas líneas de “Wakin on a Pretty Daze” que recorre sin prisa, como si lo importante no fuera la meta sino el camino a recorrer. Y realmente es así, el LP está lleno de canciones inconclusas que se entrelazan entre ellas y se alargan hasta el infinito. Impacientes, este disco no es para vosotros, es para sentarte en un sofá, atender a su cuidada instrumentación, la superposición de capas que forman su muro de sonido y a la guitarra de Vile que juega con diferentes progresiones de acordes que repite varias veces a lo largo de sus dilatadas pistas: repetición, repetición, repetición…

Según Kurt Vile, esta pachorra psicodélica responde a su propio agotamiento tras el nacimiento de su primera hija. El acontecimiento coincidió con la mezcla de su anterior álbum, lo que le impidió cuadrar algunas fechas, de manera que cuando retomó el proyecto lo hizo algo apurado, sintiéndose víctima de un agobiante estrés. Para abordar la creación de este último álbum decidió acomodar su vida laboral a la familiar y no al revés, consciente de que no tiene nada que demostrar y prometiéndose que no se comprometería con temas relacionados con la promoción del disco hasta que éste estuviese perfecto. Cuando le preguntan si se considera un artista de éxito, responde que para él el éxito es vivir de la música, dar conciertos, contar con la aprobación de público y algún que otro crítico y ser capaz de que todo esto no destroce el resto de tu vida y, en este sentido, considera que ha alcanzado el éxito. Precisamente su vídeo de promoción nos transmite esa madurez del artista, cómodo en la intimidad hogareña de su vida familiar. Kurt Vile compone rock desde la experiencia de la vida adulta y no hay nada malo en ello.

Arrancamos con una de las mejores canciones de su carrera, la estupenda y casi homónima “Waking on a Pretty Day”. Una perfecta deconstrucción de la canción pop que confirma a Vile como el gran guitarrista y compositor que es. Encontramos por el camino un par de solos, pero no es aquí donde reside la magia sino en el ambiente que consigue crear mediante la repetición con pequeñas variaciones de una luminosa secuencia acústica. Además, como a lo largo de todo el disco, encontramos la versión más sincera, reflexiva y en ocasiones ácida de Kurt como letrista.

Phone ringing off the shelf
I guess it wanted to kill himself
Wakin on a pretty day
Don’t know why I ever go away
It’s hard to explain
My love, in this daze

[pullquote]Kurt Vile ha descubierto la gran virtud de hacer rock adulto a fuego lento, cálido y reconfortante al que la superposición de capas sonoras y estructuras psicodélicas dotan de gran atractivo.[/pullquote]

KV Crimes” presenta a un Vile más rockero, quizá una de las piezas más austeras en lo musical y también, con mucho, la más breve de la colección que puede recordarnos al Lou Reed de trabajos como “New York”. Was All Talk” arranca con una percusión casi krautrock a la que se yuxtaponen los arpegios de la guitarra de Kurt que a pesar de no ser demasiado complejos demuestran un inteligente uso de su pedalera. Un tema que tiene bastante de esa psicodelia a la que nos hemos referido antes pero desde la vertiente más moderna y electrónica de grupos como Tame Impala. Otro de los momentos más inspirados llega en “Girl Called Alex”, donde se vale de nuevos recursos como un órgano para crear esa atmósfera tranquila e hipnótica. En contraposición a la anterior, aquí revisa el legado psicodélico de finales de los sesenta o los momentos más experimentales de la Velvet Underground.

A ver cómo os digo que “Never Run Away” también es de mis canciones favoritas de Kurt Vile sin perder la imparcialidad. Creo que es demasiado tarde ya, de todas formas tampoco me importa. Las canciones de Vile son tan bonitas y emocionantes que no vale la pena tratar de explicarlas desde la equidistancia. Para qué si en cuanto le des una oportunidad te va a encantar a ti también. Lo mismo se puede decir de “Pure Pain”, que huele a ese folk que tanto gusta al cantautor americano. Otro track para no perder detalle: la instrumentación cuidada al milímetro, los cambios de ritmo y melodía, la mano de Kurt rozando las cuerdas del mástil…

Estaba pensado que aún no he citado a Bob Dylan, otro de los grandes referentes de este músico, al que podríamos ver asomarse en sus canciones si retirásemos toda la instrumentación y las capas sonoras que añade el de Philadelphia a sus piezas. Eso es más o menos los que sucede en “Too Hard”, que podría traernos a la cabeza a la versión más romántica de Mr. Zimmerman. En ella, toda una declaración de amor a su esposa e hijas, el autor reflexiona sobre las responsabilidades familiares que ha ido asumiendo a lo largo de los últimos años.

Hey but I’m just human after all
I will promise not to smoke too much and
I will promise not to party
Too hard… too hard… too hard…

[pullquote]Cuando hablamos de Kurt Vile hablamos de un artista que ha madurado muy bien personal y artísticamente y lo ha hecho muy pronto. Entrado en la treintena, se muestra más maduro que muchos cuarentones y más fresco que la mayoría de los debutantes, y este largo es otra muestra más de ello.[/pullquote]

Se pone algo más popero y melodioso en “Shame Chamber”, en cuyo estribillo llega a emitir un par de agudos ‘wooo!’ que no cabría esperar de él. El sintetizador y la psicodelia vuelven a entremezclarse en “Snowflakes Are Dancing” que, a pesar de no contar con ningún gran solo, nos vuelve a demostrar lo bien que se maneja Kurt con sus seis cuerdas. De esa misma virtud ha hecho reconocimientos hasta J Mascis, líder de Dinosaur Jr., que encontraba en Vile un guitarrista que le estaba ‘diciendo algo’ con su manera de tocar en lugar de afanarse en intentar reproducir 300 notas por minuto.

Se guarda otro lisérgico pelotazo para el penúltimo capítulo. “Air Bud” plantea la tentadora oferta de volver a perdernos de nuevo por los compases de un folk psicodélico. “Goldtone” cierra el disco y ofrece algunas referencias a su proceso creativo (“In the night when all hibernate, I stay awake searching the deep, dark, depths of my soul tone“). Sus más de diez minutos se quedan cortos, y es que las canciones de Kurt Vile, en especial las de este LP, no parecen nada fáciles de componer pero nunca se presentan difíciles para el oído, no hace falta mucho para dejarse llevar de la mano de Kurt por los preciosistas paisajes que dibuja “Wakin on a Pretty Daze”.

Normalmente el soft rock suele presentarse lleno de telarañas, frío, carente de emoción, como un plato recalentado en el microondas. Kurt Vile ha descubierto la gran virtud de hacer rock adulto a fuego lento, cálido y reconfortante al que la superposición de capas sonoras y estructuras psicodélicas dotan de gran atractivo. Sabe cuando tiene que provocar que se caiga alguna lagrimita y cuando debe pisar el pedal de fuzz. Cuando hablamos de Kurt Vile hablamos de un artista que ha madurado muy bien personal y artísticamente y lo ha hecho muy pronto. Por eso no causa sonrojo su intento de hacer rock en el siglo XXI pero tampoco aburre. Entrado en la treintena, se muestra más maduro que muchos cuarentones y más fresco que la mayoría de los debutantes, y este largo es otra muestra más de ello.

Kurt Vile – Wakin on a Pretty Daze

  • Cierto cambio mediante la adopción de la fórmula psicodélica en muchos de los temas.
  • A pesar de todo no pierde su esencia y no se esconde a la hora de reivindicar a su ídolos.
  • Encontramos muchas de sus mejores letras hasta la fecha apoyadas por melodías casi infinitas.

  • Quizá se eche en falta algo más de dinamismo y rock and roll.

PÁGINA DE ARTISTA

8.5

 

La línea de progresión ascendente de Kurt Vile continúa con “Wakin on a Pretty Daze”, donde vuelve a vomitar la influencia de cantautores clásicos pasados por un filtro psicodélico que consigue que a base de la repetición de estructuras simples se alcancen grandes temas de larga duración.