KURT VILE

Que el rock se basa en sonar duro, ruidoso y cañero es uno de los mayores mitos que pueden existir alrededor de un género musical tan mágico como este. Subir el volumen y la distorsión de tu amplificador o cantar como si acabaras de beberte una botella de whisky no te convierte en una estrella del rock. Ni siquiera buscar la ropa y la pose de malote adecuadas. De hecho, ¿por qué debería nadie siquiera empeñarse en convertirse en una estrella del rock? El rock, como cualquier otro género, consiste en sonar auténtico, en sonar a uno mismo, en ofrecer lo que quieres dar y no lo que los demás quieren que des. La guitarra tiene que hablar por ti. Si tú no quieres gritar, no tienes que hacer gritar a tu guitarra. Lo primordial es ser honesto.

Esto es algo que Kurt Vile, compositor del que hablamos hoy, parece tener muy claro. Procedente de Philadelphia, su ya extensa carrera se remonta a 2005 cuando formó The War On Drugs junto a Adam Granduciel, publicando su primer disco en ese mismo año. Poco después, Kurt dejaría la banda por diferencias de estilo y decidiría dedicarse a su carrera en solitario, habiendo publicado hasta la fecha seis discos muy notables, siendo “b’lieve i’m goin down” el más reciente y del que nos toca hablar hoy.

Kurt Vile es un tío tranquilo, tanto como su música deja ver. Sus canciones son de esas que podrías ponerles a tus padres y no sólo no se escandalizarían, sino que probablemente les gustarían. Tanto es así que se le suele tildar con el (más bien despectivo) término de ‘daddy rock’. Pero como hemos dicho antes, el rock no es cuestión de ruido, y lo que hace Kurt Vile es rock. Puede que no lo sea a primera vista, que se encuentre oculto entre sus abrumadoras capas de folk y psicodelia, pero lo es en esencia. Lo demostró en 2011 con “Smoke Ring For My Halo”, se catapultó a la cima en 2013 con “Wakin On A Pretty Daze”, y se mantiene firme en 2015 con “b’lieve i’m goin down”.

Sus canciones sugieren al oyente que se ponga cómodo, se relaje y se deje llevar por sus versos alargados, sus riffs extendidos hasta el agotamiento y su voz, perezosa y calmada, como si cantara desde la cama, incapaz de ponerse en pie. Como si su música reflejara la monotonía de la rutina. Pero describirlas como tal no es sino quedarse en la parte más superficial de todo lo que contienen.

[pullquote]“b’lieve i’m goin’ down” es un álbum gobernado por un ambiente melancólico, introspectivo y con un carácter más personal que sus anteriores trabajos. Kurt ha explicado que él y su grupo fueron los encargados de grabar y producir el disco porque quería que fuera algo especialmente suyo.[/pullquote]

“b’lieve i’m goin’ down” es un álbum gobernado por un ambiente melancólico, introspectivo y con un carácter más personal que sus anteriores trabajos. Kurt ha explicado en entrevistas recientes que él y su grupo fueron los encargados de grabar y producir el disco porque quería que fuera algo especialmente suyo. A su vez, cuenta que componía la mayoría de las canciones por la noche, siendo el momento en el que le venía la inspiración. Como es costumbre en él, ha grabado el disco en distintos lugares, entre los que figura, entre otros, el legendario Rancho de la Luna situado en Joshua Tree. Musicalmente no es muy distinto de sus antecesores. Kurt se basa en un arpegio o un riff de guitarra con el que crea una atmósfera sobre la que desarrolla la canción, añadiendo detalles y sobre todo un gran contenido lírico. A pesar de ello, esta vez Kurt se acompaña de otros instrumentos como el banjo o el piano que toma un mayor protagonismo. Es un disco con el aire nostálgico y melancólico al que nos tiene acostumbrados, pero que al contrario que “Wakin On A Pretty Daze”, esta vez nos canta desde la penumbra.

Una de las manías de Kurt es soltar el bombazo nada más empezar el disco. Aquí no iba a ser menos y se presenta con “Pretty Pimpin”, una canción que arranca con un arpegio de guitarra hipnotizante al que pronto se le suman su carácterística voz y la batería, atrapándonos desde el primer instante en su particular groove, creando una canción de folk-rock con ritmo muy adictivo. Si a todo esto le sumas una letra que habla sobre el encontrarse perdido con uno mismo y buscar un camino a seguir (“I woke up this morning, didn’t recognize the boy in the mirror, then I left and I said “oh silly me, that’s just me”, then I proceeded to brush some strangers’ teeth, but they were my teeth and I was weightless just quivering like some leaf come in the window of a restroom”) obtenemos una canción redonda, de esas de volver a darle al play nada más terminar y de darte motivos más que suficientes para escuchar el resto del disco.

[pullquote]La música se desarrolla invitando al oyente a dejarse llevar sin pretensiones, mientras que las letras se componen de reflexiones, divagaciones e ironías que se combinan para jugar al despiste con el oyente.[/pullquote]

La cosa no acaba ahí, “I’m An Outlaw” retoma su andadura justo donde lo deja el tema anterior, esta vez con el banjo robando el protagonismo al resto de instrumentos en una canción con un toque western que incrementa el carácter melancólico con una letra que sigue reflexionando sobre el aislamiento y la soledad, esta vez desde el punto de vista metafórico de un bandido (“I’m an Outlaw in the brink of self-implosion, alone in a crowd on the corner, in my walkman in a snowglobe going nowhere slow”). Dust Bunnies” nos trae al Kurt más rockero, que canta irónico, casi en un tono vacilón en base a un riff pesado sobre el que desarrolla un estribillo que remata la canción, dirigiéndose a una chica que se queja de estar cansada de todo, contestándole que él también lo está pero no debe rendirse e invitándola a continuar su camino con él aunque no sepan qué es lo que van a encontrar (“But no they won’t find us lying down on the ground, and it ain’t at the bar where I am or you are, we’ll take a puff on a cigarette and see what we get, an invigorating fix and a black lung”).

Es a partir de “That’s Life, tho (almost hate to say)” cuando Kurt nos sumerge en paisajes mucho más tristes, otoñales y áridos, en los que simplemente deja salir todo lo que lleva dentro sin temor, acompañado de su guitarra, añadiendo maracas y teclados para intensificar el ambiente mientras reflexiona sobre la fugacidad de la vida y la tristeza que queda cuando alguien a quien admiramos y queremos nos deja (“There was a man who touched the lives of many and when he died he left so many people crying”). Una tras otra van sucediéndose sin pausa pero sin prisa. “Wheelhouse”, declarada por el propio Kurt como su canción favorita del disco y la mejor que ha escrito nunca, sigue la misma estela con una melodía triste que habla sobre la necesidad de estar solo de vez en cuando para encontrarse a uno mismo (“But you gotta be alone to figure things out sometimes, be alone, when even in a crowd of friends and not so”). En “Life Like This” es el piano quien toma el protagonismo. Aquí Kurt se pone desafiante invitando a vivir una vida como la suya.

[pullquote]Esta vez Kurt se acompaña de otros instrumentos como el banjo o el piano, que toma un mayor protagonismo. Es un disco con el aire nostálgico y melancólico al que nos tiene acostumbrados, pero que al contrario que “Wakin On A Pretty Daze”, esta vez nos canta desde la penumbra.[/pullquote]

All In A Daze Work” divaga sobre la cantidad de sucesos que pueden ocurrir en un mismo día y al mismo tiempo, dudando de la realidad y de lo que uno mismo ve. “Lost My Head There” vuelve a recuperar el piano en una melodía juguetona mientras Kurt habla de lo mal que se sentía mientras escribía esta canción, hasta acabar en un crescendo con la batería que se extiende más de lo necesario. Pero no importa. Sus canciones están hechas para perderse y dar vueltas sobre sí mismas. Porque así es la vida muchas veces.

En “Stand Inside” el piano y la guitarra se ponen al mismo nivel, regalándonos una canción de amor. “Bad Omens” es un tema instrumental bastante más breve que el resto, construido a base de piano y batería, con un toque swing. En “Kidding Around” Kurt bromea consigo mismo invitando a disfrutar de la música y olvidar el significado de la letra, antes de poner punto y final con una “Wild Imagination”, una pieza mucho más cálida, en la que describe a toda la clase de gente que ve, las emociones que le producen y la invitación a tomarnos un tiempo.

Hace tiempo que Kurt Vile encontró su sonido, aquel en el que recrearse cómodamente y decir todo lo que le apetece o necesita, y a eso se dedica una vez más en “b’lieve i’m goin down”, no sin seguir buscando facetas nuevas como el piano, y eso sí, con un carácter especialmente melancólico. La música se desarrolla invitando al oyente a dejarse llevar sin pretensiones, mientras que las letras se componen de reflexiones, divagaciones e ironías que se combinan para jugar al despiste con el oyente. A veces describe el mundo tal y como él lo ve pero nos advierte de que a lo mejor nada de lo que ve es real, de que puede que todo sean ensoñaciones tal y como refleja su música. En cualquier caso, Kurt vuelve a marcarse un trabajo sólido, de difícil acceso a veces por su duración pero perfecto para relajarse, dejarse hechizar por él y encontrar un momento de paz.

Kurt Vile – b’lieve i’m goin down

  • Empezar con “Pretty Pimpin”.
  • Es un disco más íntimo y eso se refleja directamente en las canciones.
  • Mantiene el nivel de sus anteriores trabajos.
  • Pocos artistas son capaces de reflejar lo anodino de la rutina y menos aún de convertirlo en un refugio.

  • Que todos los temas no sean tan redondos como “Pretty Pimpin”.
  • Algunas piezas se alargan demasiado.
  • Requiere paciencia y tiempo. Si te va la marcha, no es tu disco.
  • Aunque logre mantener el nivel, seguramente está un peldaño por debajo de su anterior lanzamiento, “Wakin On A Pretty Daze”.

PÁGINA DE ARTISTA

8.4

 

Kurt Vile es un artista que hace tiempo que encontró su sonido. En “b’lieve i’m goin down” vuelve a hacer muestra de ello con un disco más personal y de carácter más melancólico, en el que cuenta con alguna novedad como la inclusión del piano pero que mantiene su toque clásico: canciones eternas ante las que relajarse y entre las que perderse.