Corrían los años 70 en Reino Unido. El país que se había mantenido estable socioeconómicamente vivía sus años más convulsos desde la Segunda Guerra Mundial. El gobierno había apoyado a los trabajadores de la industria y la mina en las décadas anteriores mediante las ‘council houses’, alquileres de protección oficial a precios muy por debajo de lo que marcaba el mercado para poder mantener en alza el sector secundario británico. Así, durante los años 50 y 60 la numerosa clase obrera y el establishment mantuvieron una relación de mutuo apoyo a diferencia de lo que ocurría en otros rincones de Europa. Sin embargo, a mediados de los 70 el romance comenzó a expirar. El modelo económico mundial cambiaba aceleradamente y Gran Bretaña, lejos de quedarse atrás, comenzó una reconversión industrial que se llevaría por delante gran parte de la estabilidad de las clases bajas del país. Antes de que muchas de las explotaciones de recursos no rentables fuesen cerradas en los 80, la posición del gobierno en los 70 fue la de que se trabajase en estos sectores sólo dos o tres días por semana, con el sueldo pertinente a los días trabajados, algo que dio lugar al empobrecimiento de las clases humildes, al enfrentamiento atroz entre sindicatos y gobierno, y a las huelgas masivas de unos trabajadores que apenas podían mantener a sus familias. Además, el conflicto con Irlanda del Norte se encontraba en uno de sus puntos de máxima tensión y las grandes ciudades se convirtieron en un crisol de culturas debido al recibimiento masivo de inmigrantes procedentes de las antiguas colonias británicas (India, Pakistán, Sri Lanka…) y del norte de África.

En este panorama, gran parte de la juventud generó una necesidad de evasión ante un futuro que se antojaba desolador, algo que desencadenó desde una crisis de drogadicción que pronto se extendería por los extrarradios de las urbes de toda Europa, hasta la aparición constante de nuevos movimientos underground que reflejaban desde diferentes medios de expresión de la cultura la brecha con el sistema. Las calles de Camden Town, en Londres, comenzaron a ser un lugar de confluencia de una rabia que desencadenó el punk y el ska de la mano de Sex Pistols, Madness o The Clash. El movimiento que ligeramente se había iniciado con Lou Reed y su Velvet Underground explotó definitivamente ante la necesidad generacional de gritar musicalmente contra la corriente normativa.

Al mismo tiempo, en la Alemania Occidental había surgido toda una corriente de introspección de sonidos electrónicos, que partieron de los inicios del punk de la Velvet Underground y del rock progresivo anglosajón de Pink Floyd o King Crimson. Lo que en un principio comenzó como un desarrollo de la música melódica a través de sintetizadores, samplers y efectos de estudio, derivó rápidamente en una exploración sonora que llevó a incluir por primera vez en el pop y el rock elementos atonales para dar lugar a una regeneración de lo que en los 60 se había llamado space rock. Formaciones como Tangerine Dream o Kraftwerk representaron la cumbre de un movimiento que iría con el tiempo endureciendo su sonido hacia un ambiente más post punk para confluir en los inicios del industrial.

Todo el contexto que había rodeado a Bowie en los años previos a la grabación de “Heroes” supuso de una u otra forma un grano de arena tras otro para que el polifacético artista de Brixton diese a luz a uno de sus álbumes más brillantes.

David Bowie, londinense de Brixton, procedía de una generación ligeramente anterior, de la que formaban parte Cream, Led Zeppelin o Pink Floyd, influenciada por el góspel y el folk para desarrollar un rock más complejo a finales de los 60. Él y Marc Bolan, fundador de T. Rex, aunaron todas esas tendencias emergentes y las llevaron a un terreno en el que la moda llamativa y los peinados imposibles compartían protagonismo con lo puramente musical para generar lo que fue catalogado como movimiento glam rock. En un ambiente aún represivo con la libertad sexual (la manifestación de la homosexualidad acababa de ser aprobada en Reino Unido), el glam, y Bowie como uno de sus grandes protagonistas, supusieron un golpe en la mesa para la aceptación popular de esa liberación en los primeros años de los 70. Paradójicamente, Bowie pasaría en los siguientes años por diversas polémicas que lo relacionaron con el fascismo y los totalitarismos debido a numerosas declaraciones en las que se refería a la decadencia de la sociedad, y a la necesidad inglesa de alimentar el nacionalismo por medio de un Gran Líder que despertase al pueblo, lo llevase o no al desastre. En estos años, el soul, el funk, el interés por la temática postapocalíptica y su creciente consumo de drogas fueron los protagonistas de la etapa que él mismo definió como la del ‘plastic soul’, donde combinó la música negra, el rock y la psicodelia avanzando en un terreno en el que Mick Jagger había empezado a indagar.

David Bowie logró hacer un collage de influencias de lo que estaba sucediendo en diferentes partes del planeta, y crear algo completamente novedoso en 1977.

Aunque cuando en 1977 Bowie se dispuso a grabar “Heroes” hacía tiempo que se había alejado del Reino Unido y residía en Berlín, todo lo anteriormente mencionado supuso de una u otra forma un grano de arena tras otro para que el polifacético artista de Brixton diese a luz a uno de los álbumes más brillantes (si no el que más, por difícil que sea elegir) de su carrera. Por un lado, y respecto a sus etapas artísticas anteriores, se mantienen algunos tintes de la psicodelia y el glam, aunque aparecen diluidos ante el aumento en importancia de lo electrónico. Por otro, los inicios del punk y los movimientos underground de Gran Bretaña influenciaron a Bowie, al igual que el krautrock (rock alemán) y sus evoluciones, y su amistad con Iggy Pop en la producción minimalista de este álbum, que a la postre se convertiría en la esencia filosófica de lo que evolucionó en la escena post punk. Por último, la fusión de culturas y el interés por sonidos transcontinentales característico de la psicodelia y el rock progresivo se dejan notar en la segunda parte del disco, caracterizada por explotar de forma majestuosa y elegante el lado instrumental y experimental de un Bowie que, acompañado de Brian Eno, demostró encontrarse en un estado cumbre de gracia y madurez a pesar de sus adicciones.

El duodécimo álbum de estudio de Bowie arranca con “Beauty And The Beast”. Si nos remitimos a todo lo anteriormente desgranado para contextualizar “Heroes” y analizar el por qué de sus influencias, podemos empezar a entender la realidad de cada canción. En este primer corte, Bowie pone sobre la mesa su adicción a la cocaína, Bella y a la vez Bestia en su vida, haciendo una analogía con el tradicional cuento de hadas francés. No puede negar que es una Bestia por su parte destructiva, pero a la vez es, para él, Bella, algo idílico e imposible de rechazar, como queda patente en la estrofa “You can’t say no to the Beauty and the Beast”. Musicalmente, el tema tiene elementos del soul, del art rock y, en menor dosis, del glam. Comienza con un piano al que la batería pronto pone un ritmo pegajoso junto a una guitarra distorsionada que irá adquiriendo cada vez más protagonismo a lo largo de la canción hasta romper en un enérgico solo, mientras que los coros femeninos le aportan el toque soul mencionado. El desprendimiento de cierto erotismo alrededor de lo destructivo continúa en “Joe The Lion”, cuya letra hace referencia al artista conceptual y postmoderno californiano Chris Burden, que cuenta entre sus performances más famosas con una en la que se encerró durante cinco días en una minúscula taquilla, una en la que fue disparado de verdad en un brazo delante del público, y otra en la que fue crucificado con clavos sobre su Wolkswagen Escarabajo. Frases como “Tell you who you are if you nail me to my car” o “I’ll guess you buy a gun, you’ll buy it secondhand” refuerzan este argumento. La guitarra se erige como elemento fundamental con un majestuoso juego de dos voces. El ritmo, algo pesado en su inicio, contiene los primeros elementos del krautrock que aparecen en el álbum. No falta hacia la mitad del tema la aparición de un piano rítmico propio de etapas anteriores del artista de Brixton, que pone punto y final a este segundo track repitiendo varias veces “Joe The Lion” sobre un rompedor solo de guitarra.

En “Heroes” se mantienen algunos tintes de la psicodelia y el glam, aunque aparecen diluidos ante el aumento en importancia de lo electrónico.

¡Qué decir de “Heroes” que no se haya dicho ya! Pocas palabras pueden ser utilizadas para describir algo de lo que la mejor definición es que es todo un himno inmortal que ha marcado a diferentes generaciones amantes del rock. La canción remite a la historia de dos amantes en el Berlín dividido en dos. Estos dos amantes se coronan como el Rey y la Reina en un lugar definido como el de la vergüenza que sacude a cada lado, y en el que a pesar de los disparos, de las armas y del miedo, el amor entre dos personas puede convertirlas en auténticos héroes. El que esté compuesta por Bowie y Brian Eno se nota en ciertos elementos minimalistas y experimentales característicos del art rock y la psicodelia.

Volvemos a rescatar toda esa historia contemporánea a la composición de este trabajo para entender “Sons Of The Silent Age”, en la que se refiere a esa juventud despojada de futuro, que sueña con el amor y con un lugar lejano postrada en la cama escuchando la música de su generación. Dicha temática tan triste y falta de esperanza se acompaña de forma brillante por un saxo que combina dulzura y crudeza a partes iguales. Esta explosión de sentimientos enfrentados supone sin lugar a dudas uno de los momentos más emotivos y desgarrados de “Heroes”. La cara A concluye con “Blackout”, un tema en el que se respira la herencia del krautrock, con un ritmo muy marcado y la importancia de la percusión y algunos elementos electrónicos que se combinan con un agudo timbre de guitarra que expresa enérgicamente las influencias de la psicodelia y el art rock. Concluye así, en la cumbre del rock, la primera parte de un disco que en la segunda adquirirá un tono mucho más oscuro, experimental, y que a excepción del último tema es instrumental.

La segunda cara del disco, con tres (prácticamente cuatro) canciones instrumentales es tan arriesgada como brillante. Su variedad de recursos, desde los sintetizadores hasta el koto, la convierten en una de las mejores creaciones del ambient rock.

La primera pista de la cara B denota ese interés por los totalitarismos de la primera mitad del siglo XX, pues “V-2 Schneider” hace referencia a uno de los primeros misiles diseñados por los ingenieros alemanes en la Segunda Guerra Mundial. Por primera vez en “Heroes” nos encontramos ante un track casi instrumental (no lo es puramente ya que al final del mismo repite varias veces el nombre del misil), algo que como ya se ha mencionado será la norma en esta segunda parte. La melodía del saxofón, voz principal, se combina con elementos ya puramente electrónicos, fruto de la herencia del interés de Bowie por Kraftwerk, y con distorsiones de guitarra. Todo ello crea una envoltura cercana al space rock, a mitad de camino entre la tradición británica y la efervescente tradición alemana. Sense Of Doubt” comienza con un piano grave que bien podría remitirnos al expresionismo alemán, pues encajaría perfectamente en películas de F.W. Murnau o de Fritz Lang. A ello se suman unos sintetizadores que pasean por diferentes recursos tímbricos y a sonidos ambientales como el que evoca el oleaje del mar. Sin duda, en este momento parece que nos encontramos en una galaxia totalmente diferente a la que habíamos visitado en la primera parte, en temas como “Beauty And The Beast” o “Blackout”.

Llegamos a “Moss Garden” y nos embarcamos en un viaje a las profundidades asiáticas. Las luces tenues piden paso, y un estado de extrema relajación se apodera de uno en una atmósfera de música ambiental llevada a cabo con sintetizadores sobre la que fluye la melodía principal de un koto, un instrumento de cuerda tradicional tradicional japonés que tiene su origen en el zheng chino. Seguimos en la misma línea, aunque recuperando cierta electricidad, en “Neukölln”, donde el koto es sustituido por un saxofón cuyas armonías y progresiones melódicas recuerdan en ciertas ocasiones a la música tradicional árabe. Además, los teclados con un timbre de órgano, la guitarra y las percusiones electrónicas esporádicas plantean una influencia clara del krautrock en su vertiente más vanguardista. Y ya que se ha iniciado este extraño viaje por tierras orientales, qué mejor que poner el último trazado con “The Secret Life Of Arabia”, escrita junto a Brian Eno, y que vuelve a un plano más rock, como había sido la cara A, pero que permite concluir esa exploración de tierras lejanas al hacer hincapié en sus secretos que jamás antes habían sido vistos y la en la hermosa tierra de su desierto. Después de cuarenta minutos, se pone así fin a uno de los hitos musicales que han marcado la historia del rock, que tras varias décadas no ha dejado de ser una gran influencia para numerosos movimientos posteriores, y que sin duda perdurará a lo largo de los años como se merece.

David Bowie – Heroes

9.4 HOT RECORD

En 1977 David Bowie se situó en el epicentro de una variedad de influencias musicales, sociales y personales que le llevaron a realizar uno de los trabajos imprescindibles de todos los tiempos. El kraut rock, el soul o la música ambiental se entrecruzan en un viaje que nos llevará desde la Europa más marcada por la herencia de la Segunda Guerra Mundial hasta el multicultural mundo asiático.

  • David Bowie hace un collage de influencias de lo que estaba sucediendo en diferentes partes del planeta, y crea algo completamente novedoso.
  • La segunda cara del disco, con tres (casi cuatro) canciones instrumentales es tan arriesgada como brillante. Su variedad de recursos, desde los sintetizadores hasta el koto, la convierten en una de las mejores creaciones del ambient rock.
  • “Heroes” es un himno intergeneracional que sigue poniendo los pelos de punta incluso a aquellos a quienes nos faltaba más de una década para nacer.
  • La mano de Brian Eno logra convertir un producto excelente en algo casi perfecto.

  • Por intentar poner una pega, aunque absolutamente intranscendente, quizá pudiese haber contado con una portada más futurista, más conceptual y relacionada con el rompedor contenido del disco, aunque francamente, en realidad, qué más da.

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