MIRÉMONOS

Mirémonos es una banda madrileña nacida y forjada en el barrio de Malasaña, cuna del movimiento alternativo de la capital. Toman su nombre de un graffiti que ven por las calles del centro de la ciudad y que les evoca un grito desesperado hacia la necesidad olvidada de los seres humanos de reparar introspectivamente los unos en los otros. Después de probar en inglés con temas como “PORNO” o “Jägermeister”, “Triángulo De Las Bermudas” hace por primera vez del castellano su única lengua protagonista en la corta historia de Mirémonos. Esto puede parecer lógico ya que han comenzado a introducir en su música tintes de los ritmos latinos.

Tras su publicación, a mediados de 2014, han sido teloneros de formaciones de la talla de Dorian o Is Tropical. Además, han sido finalistas en concursos de bandas emergentes como el del DCode Festival 2015, en el que quedaron segundos, sólo por detrás del dúo conquense de jazz-rock Fizzy Soup. “Triángulo De Las Bermudas” hace gala de ese lugar en el que desaparecer con un estilo ecléctico que pasa por el rock posmoderno, la electrónica y los ritmos caribeños.

[pullquote]Hablamos de un álbum instrumentalmente brillante. Se empapa de influencias absolutamente antagónicas y consigue funcionar de forma muy fluida.[/pullquote]

Todo comienza con “Hemingway”, primer single del álbum, perfecto para abrir los directos. Los sintetizadores introducen un tema en el que enseguida cobran fuerza la guitarra, con una melodía bailable que atrapa al instante, y especialmente la percusión, dueña del carácter y de la fuerza del tema. Su letra, simple y concisa con dos frases que se repiten varias veces, invita a que cada uno escuche su lado más salvaje, el lado más natural de uno mismo conectado con lo que somos en nuestra faceta animal. Dice el personaje de James Hunt en la película Rush, de Ron Howard, que aquello que le empuja a correr en las carreras es el contacto con la muerte, cuya presencia dota de morbo y placer a algo que sin ello sería banal e incluso absurdo. Algo similar le ocurre al personaje que se expresa en “El Sabor Que Da La Muerte”, probablemente la canción con más garra del debut de Mirémonos. Lo que comienza con un fondo de guitarra acústica pronto da lugar al protagonismo de la batería y el viento en una combinación de ritmos pausados y frenéticos que se suceden para poner el broche con la frase final: “Encuentro en el riesgo un alivio a mis heridas; será que el sabor que da la muerte me da la vida”.

Detrás Del Aire” es el corte que propone un ambiente más experimental. Refleja influencias de la neopsicodelia y del rock shoegaze. La combinación de guitarra y teclados se hace más patente en un tema en el que destacan particularmente los juegos con los ecos y la reverberación de la voz de León Bosch, vocalista del grupo, y de la melodía de la guitarra en un excelente trabajo de producción.

[pullquote]Algunos de los recursos de producción, como la mencionada reverberación de la voz principal, dotan al grupo de un elemento de distinción y de un sonido particular.[/pullquote]

Los juegos sonoros continúan, y la distorsión juega un papel con mayor importancia en “Precipicios”, que tras una introducción de casi un minuto sacude con un punteo de guitarra y un ritmo muy marcado por la batería hasta confluir por primera vez en el disco en un ritmo claramente bailongo propio de las playas azuladas de Centroamérica. El saxofón aporta mayor riqueza instrumental a una de las composiciones más afortunadas de los madrileños. Regresamos del viaje por el Atlántico para recoger influencias del pop-rock nacional. Una guitarra que perfectamente podría remitir a los clásicos ochenteros de Duncan Dhu sirve para lanzar los primeros acordes de “Oh, Darwin”, que de entrada resulta más acústico que todo lo anteriormente escuchado. Las melodías circenses que emergen a partir de la mitad de la canción recuerdan un poco a lo que hicieron hace ya dos décadas los británicos Blur en uno de los trabajos más laureados de su brillante carrera: “The Great Escape”.

Cambiamos totalmente de registro, y el ambiente tropical heredado del Nuevo Continente regresa convertido en una salsa rock en “Salsa Inmoral”. Una pegajosa guitarra se fusiona con una percusión suave a base de claves, y con una sección de viento impecable que impone casi la obligación de bailar contagiado por esa ambigüedad canalla entre el bien y el mal a la que hace referencia la letra en relación con la fragilidad de los valores y su crisis en la sociedad actual. “Ante lo correcto siempre procuré optar por la opción más divertida. Nunca tuve ideas claras sobre temas de moral. Caigo fácilmente en trampas”.

[pullquote]En “Triángulo De Las Bermudas” observamos como el rock, el shoegaze, la bossanova, el jazz-pop y los sonidos tropicales se dan cita con total facilidad.[/pullquote]

El Grito De Flogsta” es quizá el momento más confuso de un debut lleno de luz. Parece costarle arrancar, aunque finalmente lo hace combinando partes lentas, rápidas, rítmicas, melódicas y un solo de batería que supone lo más destacado de la séptima pista del álbum. El saxo vuelve a tener un protagonismo dulce y sensual en “Primitivo”, donde el pop, el jazz y la bossanova se cruzan en una confluencia de lo más alentadora. Líricamente se abre por completo esa caja abierta con “Hemingway”, en el que se remite a encontrarse con la parte animal del ser humano cualesquiera que sean los medios para ello. “Olvidé mi pasado humanoide; ese espermatozoide tan astuto y fugaz. Busco un licor o una droga espiritual que me haga soñar como hacía entonces… Prefiero inventar yo mi propia realidad”.

Después de un momento más reflexivo e íntimo, todo cambia para cerrar “Triángulo De Las Bermudas” con el colorismo de “En Las Bahías Irisadas”, un corte en el que nos encontramos un cóctel como a modo de resumen muchos de los recursos que han sido usados a lo largo del disco. Aparece el sugerente saxo, como ha venido ocurriendo en la segunda mitad del LP, guitarras y sintetizadores se alternan, la percusión adquiere el protagonismo llegado un momento, y sobre todo, regresa la utilización del eco de la voz principal para perderse entre unos coros fáciles y efectivos que poco a poco se apagan poniendo punto y final al primer larga duración de cinco chicos que han madurado su música, y han dado una vuelta de tuerca aportado un sonido propio al panorama musical nacional.

Mirémonos – Triángulo de las Bermudas

  • Instrumentalmente es brillante. Se empapa de influencias absolutamente antagónicas y consigue funcionar de forma muy fluida.
  • Sus letras metafóricas, naturalistas y con un punto literario.
  • Algunos de los recursos de producción, como la mencionada reverberación de la voz principal, dotan al grupo de un elemento de distinción y de un sonido particular.

  • Casi todas las canciones se basan en cambios rítmicos, algo que en conjunto puede catalogarse de fórmula.
  • Su corta duración.
  • A las primeras escuchas puede resultar algo denso.

PÁGINA DE ARTISTA

7.4

 

Después de varias demos y EPs, Mirémonos debutan con su primer larga duración, “Triángulo De Las Bermudas”, un álbum en el que el rock, el shoegaze, la bossanova, el jazz-pop y los sonidos tropicales se dan cita para regalarnos nueve canciones que suponen uno de los mejores y más interesantes estrenos nacionales de los últimos tiempos.