RADIOHEAD

Se suele decir que en los momentos críticos es cuando nacen las grandes obras. No creo que esto sea cierto en su totalidad o al menos no es aplicable en cualquier caso, pero hay uno en particular en el que se cumple a la perfección. Vamos a hablar de un trabajo nacido en plena explosión cibernauta, entre el miedo y las teorías conspiratorias sobre el fin del mundo debido a la entrada en un nuevo milenio, en el auge de la tecnología y el terror de que los ordenadores tomaran el control sobre la humanidad, avivado por el desarrollo de las guerras en las que el poder ya no recaía sobre las armas de fuego. Todo este paisaje tan apocalíptico y poco prometedor se reflejó en un proyecto que hoy día sigue brillando por tres factores fundamentales: ser hijo de su contexto y haber sabido plasmarlo a la perfección, combinarlo con un momento de inquietud y decepción personal creando un vínculo íntimo y perfecto y, por último, revolucionar, marcar un antes y un después en la forma de percibir y construir la música.

Llegados a este punto creo que todos sabéis perfectamente de qué disco estamos hablando (y no vale mirar el encabezado del artículo): “Kid A”. Cuarto disco de los ingleses Radiohead, gestado en tres largos y difíciles años que pusieron a la banda al borde del precipicio. La historia ya es conocida de sobra por todos los amantes del grupo: en 1997 publican “OK Computer” y con ello revientan su popularidad, crítica y público los aclaman y hasta el día de hoy mantienen a “OK Computer” en el estatus de ‘uno de los discos más grandes de la historia’, si no el que más. Pero esto, más que una alegría, supuso un verdadero quebradero de cabeza para el grupo. ¿Qué hay que hacer cuando has entregado lo mejor de ti? ¿Por dónde debes continuar? ¿Atenerse a los fans o salir por la tangente con lo que te apetezca hacer?

[pullquote]“Kid A” no es un trabajo tan radical como puede parecer a priori, es un trabajo novedoso que incluye un montón de nuevas aristas, pero sin dejar atrás el pasado.[/pullquote]

Comparando “Kid A” con su anterior trabajo, es evidente que Radiohead decidieron emprender un nuevo camino y no intentar repetir la fórmula. Cualquiera de las dos opciones habría sido realmente arriesgada pero, probablemente, esta lo era aún más. En aquel momento, tanto Thom Yorke (quien personalmente estaba pasando por una depresión) como el resto del grupo se encontraban en un período de bloqueo compositivo fruto de lo abrumador que les resultaba el éxito de su anterior trabajo y lo exhaustos que se encontraban después de muchos meses de gira. Ese fue parte del motivo por el que decidieron recurrir a otros métodos para hacer música y combinarlos con todo lo anterior. Porque “Kid A” no es un trabajo tan radical como puede parecer a priori, es un trabajo novedoso que incluye un montón de nuevas aristas, pero sin dejar atrás el pasado.

Así, el disco se grabó en cuatro ciudades distintas (París, Copenhague, Gloucestershire y Oxford), siempre junto a su fiel productor Nigel Godrich, pieza clave que mantuvo a la banda firme, incluso cuando estuvieron a punto de separarse. En contra de lo que pueda parecer, los tres años de grabación acabaron siendo un período altamente productivo para la banda. De él saldrían un total de 60 canciones de las cuales 10 formarían el conjunto de “Kid A”, y otro puñado se reservarían para su hermano de sangre, “Amnesiac”, publicado tan sólo ocho meses después.

[pullquote]Si de por sí Thom Yorke nunca tuvo intención de ser el salvador del rock caracterizado por el protagonismo de las guitarras, con “Kid A” llevó esto al extremo, dejándolas en un segundo plano.[/pullquote]

La clave para salir de ese bloqueo compositivo fue darle a la música una nueva perspectiva. Yorke, cansado del éxito de “OK Computer” e incapaz de encontrar un camino a seguir a partir de este, sentía que su música había perdido todo el valor inicial y todos los elogios que recibía le hacían sentirse aún más aislado de todo, por lo que en lugar de continuar por la misma senda, decidió hacer justo lo contrario. Si de por sí nunca tuvo intención de ser el salvador del rock caracterizado por el protagonismo de las guitarras, con “Kid A” llevó esto al extremo, dejándolas en un segundo plano. Esto fue algo muy complicado para la banda, tal y como lo ha contado Ed O’Brien (guitarrista) en más de una ocasión: donde antes había capas de guitarras, ahora no había nada, o en su lugar, ambientes electrónicos. El concretismo se perdió en pos de la abstracción musical, la voz ya no era la protagonista,  sino que funciona como un instrumento más, se oculta y vuelve a salir a la luz, todo está envuelto por atmósferas sonoras de aspecto minimalista que sin embargo consiguen llenar y transmitir tanto como un disco del más puro shoegaze.

A pesar de que no contó con ningún single ni videoclip promocional, tan sólo pequeños cortos de apenas treinta segundos denominados ‘blips’ que se difundieron por Internet y las cadenas de televisión musicales y de que fue filtrado en su totalidad a través de Internet antes de su salida, fue un éxito en ventas, colocándose número uno en varios países entre los que figuran Estados Unidos, si bien en su día recibió alguna que otra crítica en su contra y dividió a gran parte de su público entre los amantes de sus anteriores trabajos incapaces de apreciar esta nueva etapa y los que sí consiguieron disfrutarlo en su totalidad.

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[pullquote]Donde antes había capas de guitarras, ahora no había nada, o en su lugar, ambientes electrónicos. El concretismo se perdió en pos de la abstracción musical, la voz ya no era la protagonista,  sino que funciona como un instrumento más, se oculta y vuelve a salir a la luz, todo está envuelto por atmósferas sonoras de aspecto minimalista.[/pullquote]

“Kid A” es uno de esos discos en los que la magia se puede respirar desde su portada. Esas aparentes cordilleras heladas y en movimiento que esconden un paisaje rojizo y oscuro en el fondo, dejando entrever un volcán, como si nos dirigiéramos al fin del mundo, componen todo un paisaje posapocalíptico que está directamente relacionado con la temática del álbum.

En cuanto a su contenido, si bien siempre ha sido común hablar de él desde la perspectiva de álbum conceptual, normalmente se ha hecho en torno a su forma más que en su contenido. Parte de esto se debe a que es un disco nacido en base a la experimentación y a la improvisación, incluso en las letras (para escribirlas metieron varias palabras y frases en un sombrero y las sacaron al azar, inspirándose en la poesía dadá de Tristan Tzara). Pero en mi opinión, ambas partes forman un todo, y existe una especie de hilo conductor a lo largo del disco con el que se pretende reflejar la alienación y la angustia que la banda sintió en aquel momento en el que la explosión mediática los rodeó hasta casi asfixiarlos (ni siquiera las letras se incluyeron en el libreto del disco puesto que para el propio Thom Yorke no podían separarse de la música, sino que debían tomarse ambas partes como un todo, aunque tampoco tuviera una historia concreta en mente).

No es casualidad que el disco comience con “Everything In Its Right Place”. Es una canción que desde el primer segundo anuncia un reinicio, un punto y aparte, con ese sintetizador minimalista pero terriblemente envolvente, esas voces retocadas que van y vienen y ese Thom Yorke que te incomoda desde el primer momento con su voz. Todo está en su sitio, anuncia, ¿pero cómo puede estar todo en su sitio? ¿Dónde están las guitarras? ¿Por qué todo suena tan tenso? La letra tampoco consigue aclararnos nada. Tras anunciar que todo está bien, Yorke nos dice que ayer se levantó chupando un limón (frase que proviene de una expresión inglesa para indicar que estás triste) y que hay dos colores en su cabeza, como si todo fuera terriblemente confuso e incómodo. Casi sin darnos cuenta el tema llega a su clímax volviendo a confirmar que todo está en su sitio y lo único que le ha bastado para ello es el sintetizador y un conjunto de capas de voz retocadas. Y funciona. Quizás el mundo es un caos porque así debe ser, y eso es lo que hace que todo se mantenga en orden.

[pullquote]Si bien siempre ha sido común hablar de él desde la perspectiva de álbum conceptual, normalmente se ha hecho en torno a su forma más que en su contenido. Parte de esto se debe a que es un disco nacido en base a la experimentación y a la improvisación, incluso en las letras, pero es justo afirmar que ambas partes forman un todo.[/pullquote]

La jugada se repite en “Kid A”, canción que da título al álbum, compuesta de nuevo por un sintetizador que propone una melodía suave, como si fuera una canción de cuna, a la que pronto se suma la voz de Yorke, esta vez con un sonido completamente robótico, y una batería electrónica. La temática de la canción es una de las más controversiales en toda la carrera del grupo. Algunos afirman que habla sobre el primer ser humano clonado, otros sobre la infancia de Thom Yorke, y otros sobre el consumo de drogas. Es prácticamente imposible saber con certeza si la canción habla de alguno de estos temas, de todos o de ninguno. La letra contiene frases tan enigmáticas como “We’ve got heads on sticks, you’ve got ventriloquists” e incluso referencias a “El flautista de Hamelin” (“The rats and children follow me out of town”), que podrían hacer referencia a una crítica al poder y a la alienación que este ejerce. La voz robótica sirve para incrementar la sensación de angustia y alienación. Es un humano quien habla, y sin embargo, parece todo lo contrario. Al final del tema el sintetizador y el bajo proponen una melodía tranquila, como si todo fuera a salir bien o pudieras mantenerte alejado de todo.

Pero si los dos primeros cortes del disco servían casi como un refugio, como una queja agonizante y alejada de todo este mundo moderno que nos hace sentirnos tan presionados, “The National Anthem” supone la tormenta que lo revoluciona todo. El bajo entra con una de las melodías más reconocibles de los últimos años, terrorífica, enigmática y a su vez muy adictiva, junto a una batería que rompe de manera agresiva extendiéndose, sin pausa pero sin prisa, hasta que una voz interrumpe preguntando qué está pasando aquí. La voz de Yorke vuelve a estar retocada, proporcionando una sensación de aislamiento, como si la música fuera todo lo que le hace sentirse incómodo y fuera de lugar (“Everyone is so near, what’s going on?”). La introducción de instrumentos de viento metal (cortesía de la orquesta de St. John) no hace sino aumentar la tensión del tema, junto a la letra (“Everyone is so near, everyone has got the fear”), proponiendo una ansiedad extrema con la que se trata de luchar (“It’s holding on”), hasta que la orquesta se apodera completamente del track para darle punto y final.

[pullquote]Existe una especie de hilo conductor a lo largo de “Kid A” con el que se pretende reflejar la alienación y la angustia que la banda sintió en aquel momento en el que la explosión mediática los rodeó hasta casi asfixiarlos.[/pullquote]

Después de semejante marea instrumental, poco a poco avistamos un ambiente tenebroso e incómodo que nos introduce en “How To Disappear Completely”, corte protagonizado por fin por una guitarra acústica acompañada por la orquesta y una voz que, esta vez sí, suena humana. Yorke nos canta aquí en una ráfaga de melancolía que ya no forma parte de este mundo, que nada de lo que ve está pasando, como si estuviera en un estado sensorial, en un sueño fruto del querer huir de esa realidad tan opresora mostrada en el tema anterior. En realidad, Yorke es consciente de que no se ha ido a ningún sitio, pero intenta convencerse de que nada es real y de que todo terminará pronto (“In a little while I’ll be gone”). Todo son alucinaciones y falsas ilusiones, incluso da la sensación de que este estado de realidad etérea consigue alcanzarse en “Treefingers”, pieza puramente ambiental que evoca la total desaparición y huida del mundo, un estado definitivo de paz con uno mismo.

Entonces llega “Optimistic” para despertarnos de esa falsa sensación de paz interior, todo lo que ves está ocurriendo, mientras huías, todo ha seguido su curso (“Flies are buzzing ‘round my head, vultures circling the dead, picking up every last crumb, the big fish eat the little ones”), pero no pasa nada, al final lo único que tienes que hacer es dar lo mejor de ti mismo (“You can try the best you can, if you try the best you can, the best you can is good enough”). “Optimistic” es la esperanza del disco, los coros le aportan un toque de misticismo que junto a las guitarras consiguen dotar fuerza y a la vez calidez, haciéndolo el tema más accesible y un punto álgido en el conjunto. A pesar de acabar de escuchar un canto sumamente esperanzador, “In Limbo” supone una pérdida de identidad al intentar enfrentarse al mundo. Los arpegios de guitarra evocan una sensación de nado sin rumbo a la deriva (de hecho, la canción está inspirada por un sueño que tuvo Yorke en el que le ocurría justo esto), acompañado por unas letras que enfatizan esta idea (“You’re living in a fantasy world”, “I’m lost at sea”). Al final del corte podemos oír a un Yorke desesperado pidiendo ayuda con un extenso “Call me”, mientras los sintetizadores disipan todo rastro de voz.

[pullquote]Radiohead decidieron autodestruirse para después volver a reconstruir cada una de sus piezas con un material más resistente e igual de sincero. “Kid A” es el niño que nunca debió nacer, y que por contra, marcó un antes y un después en la forma de entender la música.[/pullquote]

Es en este instante cuando el disco entra en su clímax con una “Idioteque” que consigue llevar al oyente al borde de la locura. Construida a partir de varios samples de canciones de Paul Lansky y Arthur Krieger, artistas que componían música con ordenadores, los ritmos y efectos de sonido construyen un ambiente desgarrador y apocalíptico, un paisaje desolador en el que Yorke anuncia el estallido de un holocausto, la venida de una era glacial por el calentamiento global y una consecuente revolución social dominada por el miedo y la locura, consecuencia del sistema que gobernaba la sociedad del momento. Es difícil rescatar tan sólo unos versos que compriman todo el contenido de esta canción, al igual que es imposible describir con palabras la sensación de incomodidad que provoca escucharla, teniendo en cuenta además que no mucho tiempo después ocurriría algo que sacudiría enormemente al mundo entero tal y como se describe en la canción: el atentado del 11-S contra las torres gemelas.

Una batería enlaza directamente y sirve de guía en “Morning Bell”, canción cuya temática también ha dado mucho que hablar. Algunos afirman que trata sobre una relación violenta que acaba en divorcio (“Cut the kids in half”), otros proponen una reflexión posterior a todo lo descrito en “Idioteque” y un consecuente ‘divorcio’ con el mundo, sirviendo como metáfora para describir un deseo de abandonar una sociedad que te hace su esclavo y te tortura diariamente. Este debate continúa en la última pieza del largo, “Motion Picture Soundtrack”, una de las canciones más tristes y duras del grupo, originalmente compuesta muchos años antes, siendo anterior a su famosa “Creep”, y que fue recuperada aquí con nuevos arreglos y samples. El tema en cuestión combina un órgano que ofrece una melodía tranquila y evocadora junto a la voz de Yorke, que describe cómo intenta mantenerse vivo mediante el consumo de sustancias estupefacientes, consiguiendo sexo barato y viendo películas tristes. Sin embargo, en realidad todo esto no hace más que consumirle y dirigirle a la muerte. Esta se desarrolla con varios arreglos de arpa que le dotan un toque angelical y que describen a la perfección su abandono definitivo del mundo. Por último, un desgarrador “I will see you in the next life” pone punto y final a la obra.

“Kid A” nació de un cúmulo de ideas borrosas que parecían no tener forma y en cierto modo se plasmaron en lo que acabó resultando. A pesar de poder tener una primera impresión de disco inconexo y carente de sentido, “Kid A” es el reflejo más puro de un grupo que se encontraba en una crisis de la que no parecía haber otra solución que salir por la tangente. El predominio de atmósferas inquietantes acaba envolviendo tanto como la guitarra más distorsionada, el orden de las canciones acaba formando un todo inseparable que debe ser escuchado y comprendido en conjunto. No es un disco fácil, no es un disco con el que adentrarse en un grupo, es incómodo y en ciertos momentos angustioso, pero es uno de esos discos a los que si les dedicas el tiempo y la atención que requiere, se quedarán contigo durante el resto de tu vida. Radiohead decidieron autodestruirse para después volver a reconstruir cada una de sus piezas con un material más resistente e igual de sincero. Y es una jugada que muy pocos se han atrevido a repetir, y muchos menos a ejecutar con éxito. “Kid A” es el niño que nunca debió nacer, y que por contra, marcó un antes y un después en la forma de entender la música.

Radiohead – Kid A
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  • El saber crear un orden a partir del caos más puro.
  • La genuina combinación de electrónica e instrumentación.
  • Saber transmitir mediante la electrónica minimalista tanto como con las guitarras.
  • El valor de romper con tu pasado para poder continuar y acabar reafirmándote como uno de las agrupaciones más importantes de las últimas décadas.
  • Haberse convertido en un icono y en una obra a la que observar y de la que aprender.
  • A pesar de su concepción como un todo, la mayoría de canciones pueden funcionar perfectamente de forma individual porque todas derrochan calidad.

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Tras un apabullante éxito comercial con el enorme “OK Computer” y un consecuente bloqueo compositivo, Radiohead decidieron romper con todo lo que habían hecho hasta el momento y publicar “Kid A”, su trabajo más atrevido y arriesgado hasta la fecha, volviendo a entregar una obra completamente trascendental en la música popular.