SLEATER-KINNEY

De todas las escenas contraculturales de los 90, una de las que tuvo mayor influencia posterior a nivel musical fue sin duda la de las riot grrrls, surgida en el Pacífico Noroeste, concretamente en la pequeña ciudad de Olympia, Washington. La importancia que adquirió el movimiento riot se ve plasmada en la (recíproca) influencia ejercida sobre el grunge, entre otros estilos de la época, así como en ser una fuente de inspiración para infinidad de músicos de sexo femenino posteriores. Con el feminismo sin complejos como mensaje, el underground como hábitat y el punk como arma una serie de bandas de chicas, entre los que destacan Bikini Kill, L7 o Bratmobile, agitaron un panorama tradicionalmente dominado por hombres.

De entre todas ellas, aunque surgidas poco después, destacan especialmente Sleater-Kinney. El trío, nacido en esa cuna de riot grrrls que fue Olympia, estuvo activo desde 1994 hasta 2006, año en el que se separaron por razones que no se hicieron públicas. Siete álbumes de estudio publicados en esos años les consagraron como una de las bandas más imprescindibles del rock verdaderamente alternativo proveniente de EEUU.

Pero en el otoño de 2014 se supo que Sleater-Kinney regresaban con un nuevo disco debajo del brazo. Y a las dudas y temores propios de un regreso tan insigne después de muchos años de parón les superó la inmediata expectación generada, acrecentada por el recuerdo del sobresaliente “The Woods”, con el cual una década atrás habían cerrado una etapa dorada. Claro que el listón dejado en su último salto por las estadounidenses se veía imposible de superar tras diez años de proyectos (más o menos) por separado.

[pullquote]Para aquellos no familiarizados con el sonido de las Sleater, este “No Cities To Love” suena a rock visceral, con fuerte carga política y activista y, por encima de todo, unas canciones grandes como secuoyas.[/pullquote]

Y aunque es complicado comparar este regreso con aquella obra maestra de (falsa) despedida, se puede hablar perfectamente de un disco que raya al nivel de aquel. Para aquellos no familiarizados con el sonido de las Sleater, este “No Cities To Love” suena a rock visceral, con fuerte carga política y activista y, por encima de todo, unas canciones grandes como secuoyas.

Ya en Price Tagse muestran las credenciales distintivas de la banda, con el dueto de voces de Brownstein y Tucker como protagonistas de este primer track, más punk que los que le seguirán. Pese a todo, no sirve como gran gancho de cara al resto del álbum, quedándose en un comienzo por debajo del nivel que alcanzará este a posteriori. Fanglessremonta el vuelo, siendo algo más melódica y menos dura que “Price Tag”, y para cuando llega Surface Envy el sonido de las americanas ha alcanzado velocidad de crucero, quemando canciones como cartuchos antes de que nos dé tiempo siquiera a asimilarlas. We win, we lose… Only together do we make the rulesdice el estribillo, mientras afirman salir a la superficie a respirar. Pero aquí todos sabemos, y ellas las primeras, que el suyo no es superficial sino puro rock underground, con menos carácter punk que antes, pero actualizado y también más accesible que nunca, a pesar de que esa no sea ni de lejos su intención prioritaria.

[pullquote]Aunque es complicado comparar este regreso con aquella obra maestra de (falsa) despedida, se puede hablar perfectamente de un disco que raya al nivel de aquel “The Woods”.[/pullquote]

El tema que titula el disco arranca como un medio tiempo, y aunque no llega a explotar como la mayoría de composiciones del trío, convence gracias a su simple y repetido estribillo. No Cities To Lovese desvela en su último minuto como una de las mejores piezas del álbum, y es que si bien el trabajo en su totalidad es sobresaliente, es en esta parte central donde saca músculo. A New Wavees probablemente la más pegadiza y adictiva de este elenco de canciones, y la ideal si tuvieras que enseñarle a un profano por qué tiene que escuchar “No Cities To Love”. La falta de furia más esencialmente punk se ve compensada con creces por una melodía sencilla y un estribillo glorioso.

En la media hora que dura “No Cities To Love” lo que no hay (ni se echa de menos) es un solo momento de respiro. Así, No Anthemses como una versión anabolizada de su predecesora, con más rabia corriendo por sus venas y una letra que sustituye el optimismo de aquella por la añoranza del pasado, sentimiento que sin embargo no tiene su reflejo en el sonido enérgico de la misma. Auténtico trallazo como en los viejos tiempos, con algo más de complejidad sonora que los de su juventud.

[pullquote]Cuando tienes el talento y los galones de Sleater-Kinney no hay necesidad de meterte en camisas de once varas buscando la experimentación gratuita. Dicho lo cual, en absoluto se puede achacar al trío el hacer siempre lo mismo, pues los pildorazos espídicos que nos sueltan en ningún caso suenan a pastiche reciclado.[/pullquote]

No es descabellado acusar este trabajo de ser lineal, en el sentido de que no se ve en el mismo una progresión musical como tal. Ni falta que hace. Cuando tienes el talento y los galones de Sleater-Kinney no hay necesidad de meterte en camisas de once varas buscando la experimentación gratuita. Dicho lo cual, en absoluto se puede achacar al trío el hacer siempre lo mismo, pues los pildorazos espídicos que nos sueltan en ningún caso suenan a pastiche reciclado.

En la columna vertebral del disco se encuentranGimme Love, y sobre todoBury Our Friends. Ambas enseguida se muestran como imprescindibles, con unos riffs como pocos grupos nos acostumbran hoy en día si nos atenemos al rock en su concepción más clásica, sin caer en territorio metalero. Potencia entre la que resplandece la voz de Corin Tucker, que podría estar en el momento más dulce de su carrera. Y es que los gritos punk de sus primeros años se han evaporado con el tiempo, pero su capacidad vocal parece aún mayor que entonces. Otro disparo directo al hemisferio derecho del cerebro esHey Darling, que en poco más de dos minutos de canción basta para invocar el espíritu más puro del rock. Y es que las de Olympia han optado por duraciones breves en las diez pistas de este retorno, al estilo de su “All Hands on the Bad One” sin superar los cuatro minutos en ninguna ocasión. Por desgracia, el final llega abruptamente y antes de lo que nos gustaría, sin nada que lo presagie aparte de un vistazo al reproductor. Y para firmarlo llega la descomunalFade, que aunque comienza con un sonido más típico de la banda, va evolucionando hacia la mitad de la canción para finalizar con un tono épico en el que progresiones casi propias del post rock ponen el punto final a un disco redondo.

Sleater-Kinney – No Cities To Love

  • Janet Weiss se postula como una de las mejores baterías de rock de la actualidad. Cada track es una clase magistral de percusión.
  • Un regreso tan sonado como este a menudo suele traer más mal que bien, con grupos míticos que ya ofrecieron todo lo que tenían que ofrecer. No es el caso: larga vida a estas riot grrrls.
  • La voz de Corin suena fiera como antaño, cálida y poderosa.

  • Diez años de espera, diez canciones de regreso, pero viendo el nivel mostrado casi hubiéramos aguantado otro par más con tal de prolongar este discazo.

PÁGINA DE ARTISTA

8.5

 

El retorno de las tres leyendas, primero del punk y después del rock alternativo, no sólo cumple sino que prácticamente iguala sus más altas cotas pasadas y entra directamente al podio musical del 2015. Rock en estado puro con Tucker en estado de gracia.