¿Qué decir hoy sobre un disco como Nevermind? Seguramente nada que no se haya dicho antes, pero desde EQB también queremos rendir nuestro particular homenaje al que muchos han considerado el disco definitivo de Nirvana.

Y es que si ya es complicado ser original cuando se habla de Nirvana, mucho más si lo hacemos de su segundo disco. Una obra que es todo un icono, empezando por su portada, pasando por el rasgueo inicial que prende la mecha que hará estallar “Smells Like Teen Spirit” y la posterior traca de himnos adolescentes que no se dejarán eclipsar por la anteriormente citada.

La historia ha sido mil veces contada. Estamos a principios de la década de los noventa y el panorama musical internacional se mostraba realmente desolador. Desde hacía años los grupos de radiofórmula campaban a sus anchas, el metal se encontraba demasiado centrado en sí mismo (o haciendo experimentos con laca) mientras que tiempo atrás el punk había dado sus últimos coletazos. Por otra parte, los sintetizadores ochenteros no habían desaparecido aún del pop y, para más inri, se confirmaba el nacimiento de alguna que otra boy band. A partir de ahí, en realidad unos pocos años antes, aparecieron una serie de grupos empeñados en resucitar el rock de guitarras. Bandas como The Replacements o Hüsker Dü primero y Fugazi, Sonic Youth y Pixies después, habían decidido que la revolución musical debía gestarse al margen de las grandes discográficas y emprendieron un movimiento independiente caracterizado por el compromiso con el lema do-it-yourself, cierto aspecto oscuro e introspectivo a nivel lírico y un tremendo gusto por hacer ruido. Por supuesto, este análisis es demasiado simplista, pero lo considero necesario por dos motivos: para poner en su sitio al hoy en día prostituido término ‘indie’ y de paso desmitificar un poco la figura de Nirvana como creadores de algo absolutamente nuevo.

“¿Nuestro estilo musical? Nada novedoso, Hüsker Dü lo hicieron antes que nosotros”

Hasta 1991 Nirvana habían sido ‘un grupo más’ en todo aquel movimiento que con su primera referencia, “Bleach”, habían alcanzado el reconocimiento de la escena grunge de Seattle. Aquel disco, el más sucio de la agrupación, mezclaba el sonido de Melvins, con la esquizofrenia punkarra de Black Flag y, cómo no, la arquitectura melódica de algunas de las bandas citadas más arriba. SubPop, su sello por aquel entonces, consideró sus 40.000 copias vendidas en las primeras semanas una cifra más que aceptable. Quizá por ello decidieron no dar demasiada difusión al disco, al tiempo que presionaban a Nirvana para que se convirtieran en sus nuevos Soundgarden. Kurt Cobain y Krist Novoselic, que ya encontraban molesta la precaria promoción de “Bleach”, no estaban dispuestos a ser ‘uno más’, mucho menos a que una discográfica intentara influir en su sonido; las prioridades de Nirvana pasaban por salir del circuito de Seattle para llegar al mundo entero y seguir construyendo su propia identidad artística. Así, tras la definitiva incorporación de Dave Grohl a la batería, Nirvana fichó por una discográfica realmente grande, DGC Records, un paso arriesgado que suponía traicionar los principios del movimiento que los había parido.

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“Seguramente, les haremos un par de discos y nos echarán”

Kurt Cobain y Krist Novoselic, que ya encontraban molesta la precaria promoción de “Bleach”, no estaban dispuestos a ser uno más, mucho menos a que una discográfica intentara influir en su sonido; las prioridades de Nirvana pasaban por salir del circuito de Seattle para llegar al mundo entero.

A pesar de haber dado este gran paso, el grupo no pensaba renunciar a su idea de lo que el elepé debía ser. La cita anterior refleja esa actitud al tiempo que una gran inseguridad ante la potencial popularidad de su música, ni se imaginaban lo que estaba a punto de suceder. Es cierto que el disco objeto de esta reseña no muestra el mismo aspecto mugriento y pesado que su anterior esfuerzo, no obstante, podemos evidenciar que la rabia y las guitarras corrosivas no han desaparecido en “Nevermind” que, efectivamente, confirmó un cambio en el sonido del grupo acaso en la forma, pero nunca en el fondo.

La encargada de abrir el álbum no necesita presentación alguna, “Smells Like Teen Spirit” no sólo es el tema más emblemático de la banda sino un auténtico trallazo. Porque, seamos justos, Nirvana alcanzaron el éxito masivo con este disco pero lo hicieron sin soltar la papilla AOR que (en el mejor de los casos) podías encontrarte en las FM en aquellos años. Como he señalado más arriba, lo mejor de este tema es que siendo el más conocido de la banda no logra desmerecer la calidad de los siguientes.

Una escucha a “In Bloom” basta para entender de qué estoy hablando. En el segundo track, igualmente demoledor, la banda hace alarde de lo bien aprendida que tiene la lección de Pixies con esa estructura loud-quiet-loud que soporta una popera melodía con la potencia sonora de un grupo punk. Está dedicada a sus nuevos fans, completamente alejados del circuito underground, que ahora disfrutan de sus canciones sin saber lo que éstas significan. He’s the one who likes all our pretty songs… And he likes to sing along… And he likes to shoot his gun… But he knows not what it means. Resulta bastante irónico que a la postre “In Bloom” se convirtiera en una de las canciones más susceptibles de Nirvana ‘to sing along’.

“Nevermind” no muestra el mismo aspecto mugriento y pesado que su anterior esfuerzo, no obstante, podemos evidenciar que la rabia y las guitarras corrosivas no han desaparecido y, efectivamente, confirmó un cambio en el sonido del grupo acaso en la forma, pero nunca en el fondo.

En “Come As You Are” Cobain se aleja un poco de lo que sus temas habían sido hasta el momento. No es que se trate de una balada, pero el track es bastante reposado. En cuanto al contenido lírico, en lugar de recurrir a inquietantes metáforas, presenta unos versos en cierto modo optimistas, una especie de bienvenida al oyente que es tratado como ‘amigo’.

¿Por qué Kurt Cobain no está gritando e incitando a mi cuerpo a romper cosas? Estad tranquilos, el necesario contrapeso aparecerá inmediatamente en “Breed”, que nos muestra a los Nirvana propios de 1989, ‘as they were’. Nuevamente aparece el tino melódico pasado por el filtro de rock destartalado que les hizo comerse el mundo en “Lithium”. Y me veo obligado a volver a mencionar a los Pixies que respondieron con esta canción cuando se les hizo la pregunta: ‘¿La canción de pop perfecta?’. Poco más que decir. La letra, algo perturbadora, hace referencia a los cambios de ánimo de una persona que sufre un trastorno bipolar. Al parecer el litio puede encontrarse en algunos fármacos estabilizadores del ánimo.

Si la armadura cruda que cubre el corazón pop no nos sorprende ya, es por lo acostumbrados que estamos a verlo en las decenas de bandas de rock alternativo que alcanzaron el éxito tras 1991, todas a rebufo de Nirvana.

Pero si hablamos de letras oscuras no podemos obviar la de la melódica “Polly”. Basada en una historia real, cuenta como una niña raptada y víctima de una agresión sexual consiguió ganarse la confianza de su secuestrador para escapar en un descuido de éste. En ella, el punto de vista del violador será adoptado por un Kurt Cobain que no tiene miedo a dejar la guitarra eléctrica y colgarse una acústica sobre los hombros. En “Territorial Pissings” demuestran que no hacen falta mucho más que tres acordes tocados de manera atropellada y un tío vociferando al micro como un poseso para conquistar a la chavalada internacional. Tras esta composición, frecuentemente usada para cerrar sus conciertos, la banda procedía a destrozar sus instrumentos sobre el escenario, embriagados de rabia. Evidentemente, nada nuevo en el rock a esas alturas pero que seguramente nunca antes se hubiera hecho algo así sobre platós de televisión, por ejemplo.

En “Drain You”, pese a no ser el primer tema que se nos viene a la cabeza al pensar en “Nevermind”, encontramos un ejemplo perfecto de la ‘fórmula Nirvana’ que iba a hacer de lo independiente algo de amplia difusión. A pesar de todo, el tema cuenta con un sombrío puente con cierto cariz experimental. Algo parecido ocurre en “Lounge Act” que, a pesar de no intentar sonar ‘radio-friendly’, supone una especie de medio tiempo bastante amigable para los miles de nuevos seguidores de la agrupación.

Nirvana fueron capaces de hacer que miles de chavales sin demasiada idea de hacer música quisieran montar un grupo en su garaje. Han pasado más de veinte años y esto sigue igual, “Nevermind” no huele a viejo.

Vuelven a rebuscar en el legado de “Bleach” para volver a armar jarana en “Stay Away”. La explosividad rítmica de la canción (atentos a Dave Grohl a las baquetas) encaja perfectamente en unos versos cuyo contenido lírico la han trasformado en un himno de inconformismo juvenil.

Volviendo a escuchar “On A Plain” no he podido evitar acordarme de los Foo Fighters, especialmente de su primera época. Pero no sólo ellos se vieron influenciados por la banda de Kurt Cobain. Si la armadura cruda que cubre el corazón pop de temas como este no nos sorprende ya, es por lo acostumbrados que estamos a verlo en las decenas de bandas de rock alternativo que alcanzaron el éxito tras 1991, todas a rebufo de Nirvana.

Así, llegamos a una de las canciones más lentas de Nirvana, “Something in the Way”. A pesar del minimalismo y la calma que la presiden, o quizá por ello mismo, resulta uno de los momentos más memorables de “Nevermind”. La intensidad no ha desaparecido; Cobain, en lugar de apoyarse en una sección instrumental atronadora, se sirve aquí de una letra lóbrega e introspectiva aportando fuerza e interés a su propuesta. Para los que iban a sacar el cartel de ‘vendidos’, tenemos el hidden trackEndless, Nameless”, con mucho, una de sus pistas más ruidosas y experimentales.

“Ojalá hubiera tomado clases de cómo ser una estrella de rock, no me he preparado para esto”

“Nevermind” supuso un cambio total de paradigma en la escena internacional y, aquí es cuando debemos aplaudir a Nirvana, supieron recomponer la fórmula sonora de ese incipiente movimiento independiente para que llegara a un público mayor, sin perder por el camino las características fundamentales de dichos sonidos.

Ya sabemos lo que pasó a continuación. Las previsiones de ventas se quedaron cortísimas, Nirvana alcanzaron el número uno en las listas de ventas, “Smells Like Teen Spirit” no dejaba de sonar en la MTV, y Kurt Cobain se dió de bruces contra su propio éxito.

Recapitulando, ¿es “Nevermind”, o Nirvana, un fenómeno realmente novedoso? Sí y no. Como decía antes, gran parte del camino lo habían recorrido esas bandas indies de finales de los ochenta, no obstante, ninguna (y muchas lo intentaron) consiguieron ser tan relevantes como el conjunto de Kurt Cobain. “Nevermind” supuso un cambio total de paradigma en la escena internacional y, aquí es cuando debemos obligatoriamente aplaudir a Nirvana, ya que supieron recomponer la fórmula sonora de ese incipiente movimiento independiente para que llegara a un público mayor, sin perder por el camino las características fundamentales de dichos sonidos. Por otra parte, no es descabellado afirmar que poco a poco Cobain, Novoselic y Grohl adquirieron personalidad artística propia e incluso siguieron soltando de vez en cuando algún pildorazo experimental muy alejado de lo que el oyente medio estaba dispuesto a soportar.

Con “Nevermind” Nirvana no lograron sacar el mejor disco de eso que se ha llamado movimiento grunge, ni siquiera me atrevería a afirmar con rotundidad que sea éste su mejor trabajo, pero (además de todo lo anteriormente explicado) fueron capaces de hacer que miles de chavales sin demasiada idea de hacer música quisieran montar un grupo en su garaje. Han pasado más de veinte años y esto sigue igual, “Nevermind” no huele a viejo, a ver cuántas bandas pueden decir lo mismo.

Nirvana – Nevermind

NIRVANA

9.5 INSTANT CLASSIC

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“Nevermind” asestó la puñalada definitiva al panorama musical que había nacido en los ochenta. En su disco más equilibrado, Nirvana escupen trece temas que ya son icónicos llegando a componer una obra que aúna perfectamente la sensibilidad pop con la agresividad punk. Tras “Nevermind” nada volvió a ser lo mismo.

Up

  • Nirvana entraron en el mainstream para reformarlo desde dentro.
  • Soltar doce (más uno) castañazos que a día de hoy siguen sonando frescos.
  • Quitarle en número uno a “Dangerous” de Michael Jackson.

Down

  • Quizá su portada no haya envejecido tan bien, da igual, en “Nevermind” todo es icono.