IZAL

Dos años después de “Agujeros de gusano”, el exitoso álbum publicado en 2013 con el que el grupo Izal ha visto crecer su popularidad de manera fulgurante, y con el que se han consolidado en el panorama musical nacional independiente, cosechando a una legión de seguidores que ya se cuentan por decenas de miles y no sólo a este lado del Atlántico, el conjunto madrileño regresa con “Copacabana”, su tercer larga duración. Un trabajo muy esperado por sus fans en el que había puestas grandes expectativas que seguro cumplirán, a tenor de la fuerza y el empaque que desprenden los doce temas que conforman este nuevo álbum.

“Copacabana” ha sido grabado y producido en los estudios Blind Records de Barcelona a cargo de Santos & Fluren, con los que también han grabado algunos de los grupos más exitosos del indie patrio como Iván Ferreiro, Supersubmarina, Love of Lesbian o Sidonie. Una colaboración que ha dado lugar a una colección de temas que proyectan un sonido con más cuerpo sonoro que en sus tres proyectos anteriores, incluyendo aquel “Teletransporte” con el que se presentaron en 2010. Un telón de fondo sonoro constituido por una fuerte presencia de la electrónica, incrementada con respecto a los retazos de discos anteriores, la cual se integra de manera impecable en el conjunto instrumental, dando lugar a atmósferas repletas de matices que ensalzan este álbum en su vertiente cualitativa.

Fotografía: Javier Rosa

[pullquote]En “Copacabana” encontramos un telón de fondo sonoro constituido por una fuerte presencia de la electrónica, incrementada con respecto a los discos anteriores, la cual se integra de manera impecable en el conjunto, dando lugar a atmósferas repletas de matices.[/pullquote]

Un elepé homogéneo que no dicta en mucho de sus predecesores en el que, como nos tienen acostumbrados, explotan un saber hacer excelente de melodías, riffs con guitarras un tanto más distorsionadas de lo que acostumbran, arpegios que adornan la mayoría de las canciones, teclados que actúan como sustento armónico del conjunto sonoro, y una parte rítmica destacada sustituida en alguna ocasión por cajas de ritmos. Todo ello manteniendo la fórmula de subidas y bajadas propias del carácter de la banda, mostrando material nuevo pero que hace aflorar la sensación de que estamos ante algo sobradamente conocido, lo que no le resta valor ni es malo en absoluto, no me malinterpreten, pues es una forma de proceder tan legítima como cualquier otra, así como un valor seguro para la recepción del material por parte de los más tenaces seguidores del conjunto.

Se inicia el long play con “Prólogo”, un recitado armonizado vocalmente de corta extensión que constituye una especie de alegato con el que exponer sus intenciones y deseos para con este álbum. De forma ininterrumpida se inicia de manera tranquila “Copacabana”, la canción que da título al álbum, con un punteo de dos notas alternadas en la guitarra que son acompañadas por el bombo y unas palmas a las que, acto seguido, se une la voz, la cual sigue teniendo reminiscencias del recitado anterior y, cuyas cadencias en las estrofas, recuerdan el carácter propio del cantar de autores como Joaquín Sabina o Joan Manuel Serrat. Un deje particular que se reflejará nuevamente avanzado el álbum. Los rasgueos con un fuerte reverb en la guitarra eléctrica y el sintetizador imprimen a la pieza un dramatismo y un suspense que estallará en un potente estribillo, haciendo gala del quehacer particular que les define de acuerdo al uso de los crescendos y decrescendos que impregnaban los trabajos precedentes.

[pullquote]Izal explotan un saber hacer excelente de melodías, riffs con guitarras un tanto más distorsionadas de lo que acostumbran, arpegios que adornan la mayoría de canciones, teclados que actúan como sustento armónico y una parte rítmica destacada sustituida en alguna ocasión por cajas de ritmos.[/pullquote]

Seguidamente pasamos a “El baile”, pieza que se inicia con unos arpegios de guitarra a los que se une la voz y, acto seguido, el resto del conjunto. Manteniendo la tranquilidad en los primeros momentos, irá creciendo la intensidad hasta la llegada del estribillo, donde la batería es adornada por una caja de ritmos que crea un complejo entramado rítmico que, junto a la melodía y una masa sonora generada por los teclados, generan una sensación de hermosa melancolía a la que pretenderás volver finalizado al álbum. No obstante, tendremos primero que adentrarnos en la siguiente pieza, “Los seres que me llenan”. Una composición que cuenta a su inicio con un aura oriental antes de dar paso a una guitarra acústica que acompaña a la voz de Mikel, para, posteriormente, dar cabida al resto de instrumentos. En la coda del tema el grupo recurre, aunque no de manera literal, a aquel reconocido, mítico y atemporal patrón rítmico que se erigió en estandarte del grupo británico Queen en “We Will Rock You” a mediados de la década de los setenta del pasado siglo. Una pauta participativa para los directos de la banda, implicando a la audiencia en la interpretación del repertorio mientras Izal agregan de forma progresiva, como no podía ser de otro modo, pianos, sintetizadores, cajas de ritmos y otros efectos electrónicos que desvaneciéndose, y sin descanso, inicien el próximo corte.

Oro y humo” es un tema dividido en dos partes relacionadas que decrecerá hasta el más absoluto silencio para remontar nuevamente como ya es norma, dando lugar a una coda cargada de rabia. “Pequeña gran revolución”, por su parte, es una canción tranquila de bienvenida dedicada a la recién nacida sobrina de Mikel. Un corte reflexivo repleto de consejos, deseos y esperanzas, que ostenta la particularidad de no contener sonoridad electrónica alguna, estableciéndose como la composición más sobria y emotiva del LP. La electrónica volverá fuertemente en los primeros compases de “Historias de vida y placer”, cuyo estribillo potente, pegadizo y bailable hará las delicias del público en los directos de la banda. Especialmente reseñable y llamativa es la modulación que sobreviene al inicio del último estribillo de la canción, aportando un plus al entramado musical que constituye esta interesante parte de la canción en la que la sección rítmica, junto con el piano y la guitarra hacen, simple y llanamente, magia. Lástima que el abrupto final deje un sabor de boca un tanto agridulce.

[pullquote]Un álbum que no difiere en mucho de lo que fueron sus trabajos anteriores, manteniendo el procedimiento compositivo basado en crescendos y decrescendos que les caracteriza y que ya casi parece haberse convertido en norma.[/pullquote]

También de manera escalonada se desarrolla “En aire y hueso”, la cual manifiesta una tendencia regresiva al finalizar los estribillos para volver a la pauta inicial. Mención especial merece la parte final de la canción que viene introducida por un puente, tras el cual, y con una voz filtrada en primer término, se dan lugar innumerables matices entre los que juega a ocultarse un sensacional pasaje de guitarra eléctrica entre la diversidad electrónica. “La piedra invisible” por su parte, bebe de influencias musicales de raíz española cercanas al romancero popular, particularidad que se vislumbra en el perceptible aire de ritmo ternario que lleva la pieza. Asimismo, resulta curioso reseñar el papel que desempeña la batería, haciendo una función que parece propia de la guitarra en su ejecución folclórica, tal y como se recoge en el puente, acentuando todos los tiempos para hacer del ritmo un elemento muy marcado. Cantada, como advertíamos en el comentario correspondiente a “Copacabana”, de tal manera que nos trae a la memoria las formas vocales y melódicas del cantautor catalán Joan Manuel Serrat en las estrofas. En “Tambores de guerra” encontramos nuevamente un inicio electrónico para fundirse a continuación con el conjunto típico del grupo, alcanzando una exquisita sonoridad en los estribillos con pegadizas melodías y llamativos arpegios cristalinos en la guitarra eléctrica, respaldados por una gruesa masa sonora electrónica que da cuerpo y robustez al incrementar los sonidos más graves de la composición. Una composición que retoma la idea de aquellas mujeres de verde a las que se refería Mikel en “Magia y efectos especiales”, el primer largo que publicaron en 2012.

Con un fuerte y marcado ritmo se inicia “Hacia el norte”, tal vez el corte más pegadizo y bailable del disco, en el que sobresale el rasgueo de una guitarra inquieta y donde se recoge quizás la línea de bajo más memorable del álbum. Gustosa es la escucha del puente antes de retomar de manera tranquila el estribillo, introducido por un punteo de guitarra que evoca aquella mítica “Under The Bridge” que los Red Hot Chili Peppers recogían en “Blood Sugar Sex Magik”, publicado en 1991, antes de estallar nuevamente para dar fin al tema. Arte moderno”, la pieza que pone fin al proyecto, comienza con un piano que acompaña, mediante arpegios, a la voz. Elementos a los que se van sumando progresivamente, como ya es precepto, los diferentes instrumentos y arreglos hasta detonar en un pegadizo estribillo al que sigue unos compases en clave instrumental, en el que la melodía viene dada por un sintetizador que dota a la conclusión del álbum de una atmósfera con regusto a fin de fiesta, la cual invita a empezar de nuevo.

Izal – Copacabana

  • El empaque que aporta la electrónica a las canciones estereotipadas del grupo.
  • Los trabajados e interesantes puentes de las canciones.
  • Las pegadizas melodías de los estribillos que ya son marca de la casa.

  • El insistente uso de la fórmula de subidas y bajadas de ritmo así como los recurrentes crescendos y decrescendos.
  • El curioso acercamiento, no sabemos si intencionado o no, a las formas vocales de cantautores como Sabina o Serrat que los alejan de su carácter propio.

PÁGINA DE ARTISTA

6.8

Tras el éxito cosechado con “Agujeros de gusano”, Izal presentan “Copacabana”. Un álbum que no difiere en mucho de lo que fueron sus trabajos anteriores, manteniendo e insistiedo sobre el procedimiento compositivo basado en crescendos y decrescendos que les caracteriza y que ya casi parece haberse convertido en norma. Será el recurrente uso de la electrónica el que marque la diferencia con respecto a sus colecciones precedentes, dando lugar a un proyecto con más empaque en el que los pequeños matices se erigen como el principal reclamo para el deleite.