GARY CLARK JR.

Cuando Gary Clark Jr. debutó en un sello multinacional en 2012 con su disco “Blak and Blu”, muchos quedaron boquiabiertos por ese trabajo, que resultaba incluso impensado para la escena contemporánea. Este moreno de Austin, Texas, irrumpía en la escena del rock con una sobredosis de blues, soul, hip hop y riffs; un cóctel explosivo de música negra que dejaba pasmados a muchos. Y no tenía siquiera 30 años, por entonces.

Un gran trabajo para cualquier músico supone un desafío. Luego de un éxito, hay que conseguir otro, pero utilizando distintas herramientas. Y esto puede implicar el cavar su propia tumba. Vastos son los ejemplos de bandas que tras un gran disco, sabiamente se han separado, mientras otras prefirieron fracasar en el intento de superarse, ante la incómoda mirada, expectante, del mundo entero. Y sólo un puñado, han sabido reinventarse. He aquí la entrada en escena de la palabra ‘talento’.

Bien sabía de esto Gary Clark Jr., y por eso se tomó su tiempo para editar el disco sucesor a “Blak and Blu”.  Para empezar, esta vez las decisiones de grabación las iba a tomar él. Lo primero que hizo antes de componer una sola letra fue mudarse con todos los equipos a su casa en Austin. Con esto pretendía que su sonido estuviera impregnado por una energía más relajada, producto de la vida familiar. El elepé en cuestión se llama “The Story of Sonny Boy Slim”, y aunque para muchos el título les sugiera un disco autobiográfico o alguna alusión personal de Clark, no se trata de nada de eso. El título según el propio autor hacer referencia a “Que en toda la mierda, siempre hay esperanza. Es un poco ese sentimiento”.

“The Story of Sonny Boy Slim” se grabó en los Arlyn Studios, de Austin. La producción estuvo a cargo de Bharath ‘Cheex’ Ramanath (ingeniero de sonido y mano derecha de Clark Jr.) y Jacob Sciba. Las sesiones fueron de medianoche, llegando hasta las primeras horas de incómodo y molesto Sol… con algunos vodkas de por medio.

[pullquote]Esta vez las decisiones de grabación las iba a tomar él. Lo primero que hizo antes de componer una sola letra fue mudarse con todos los equipos a su casa en Austin. Con esto pretendía que su sonido estuviera impregnado por una energía más relajada, producto de la vida familiar.[/pullquote]

Ya podremos notar este aspecto familiar o de relajación en canciones como “Star”, con un riff de guitarra tan minimalista que dan ganas de abrazarlo por su brillantez. Lo mismo ocurre con “Our Love”, una balada negra que bien quisiera haber compuesto Lenny Kravitz. La canción “Church” parece confirmar esto. Un blues de base, brillante, que vuelve a las raíces sembradas por Robert Johnson. A guitarra pelada y armónica en mano, Clark pide ayuda a Dios para que su amada, que se encuentra en pareja con otro hombre, se fije en él. Lejos de las lágrimas, ésta canción nos roba una sonrisa.

Esta iniciativa la tomará sobre el final del disco en “Shake”, un homenaje a los tempranos sesentas de Muddy Waters y compañía. Pero todo esto comienza con el canto negro que da inicio en “The Healing”, un buen augurio que da inicio a esta segunda placa. Y la verdad que resulta perfecto que comience con esta canción, ningún otro anuncio vendería mejor “The Story of Sonny Boy Slim. Hold On”, por su parte, arranca con piano y una voz profunda, sincera y hermosa, para convertirse tras un anuncio de batería en un soul rabioso, con una guitarra endemoniada. Esta canción puede sumarse, junto con las mencionadas “Star” y “Our Love”, al pelotón de temas que denotan una marcada influencia de Prince.

[pullquote]Queda claro que hay cambios en el sonido de Clark respecto a su disco anterior, y no cabe duda de que es una decisión acertada. Aquí la música toma otro camino y es correcto, aunque más de uno considere que el anterior es mejor.[/pullquote]

Canciones como “Wings”, en cambio, van por otro lado, con una batería electrónica y un góspel a cargo de unas señoritas que terminan por coronar este track. Se acerca aquí más al Gary Clark Jr. que conocíamos. Can’t Sleep” por su parte va más por el funk y la música disco. Nadie duda que esta canción no va a sonar en breve en alguna discoteca o que algún DJ la usufructuará, y de no ser así, incurrirán en un imperdonable error.

En “Stay” el sonido es más denso, no así su letra. Sí resulta extraño e incómodo que suceda a la alegre ya mencionada “Can’t Sleep”. Lo importante es que aquí Clark Jr. se adueña una vez más de la guitarra en un solo discreto pero eficaz, que supera el minuto dando un cierre bien a lo que los maestros del blues nos han enseñado.

Queda claro que hay cambios en el sonido de Clark respecto a su disco anterior, y no cabe duda de que es una decisión acertada. Aquí la música toma otro camino y es correcto, aunque más de uno considere que el anterior es mejor. Nada de esto es casual, ya que el mismo autor comenta: “Entré al estudio sintiéndome vulnerable. Era conciente del sacudón del segundo disco”. Tal como pretende esclarecer el título “The Story of Sonny Boy Slim”; hay un mensaje alentador. Motivos de sobra tiene para festejar Gary Clark Jr. Este año ha sido padre de Zion, hijo que ha tenido con la modelo Nicole Trunfio y, en lo profesional, ha sabido superar la difícil barricada de un gran disco como era el antecesor. Hay razones para ilusionarse con este artista que recién cumple sus 30 años, y que ya ha dado suficientes señales para que se lo tome en serio.

Gary Clark Jr. – The Story of Sonny Boy Slim

  • Gary Clark Jr. redobla la apuesta y evita toda posibilidad de repetirse respecto a su disco anterior “Blak and Blu”.
  • Si bien el soul predomina, hay puntos muy altos en materia de blues, lo que reafirma que es un músico todoterreno.

  • Es un disco cambiante, canciones como “Can’t Sleep” conviven con “Church” o “Stay”, que musicalmente son muy distintas. El clima del disco sufre, en consecuencia, abruptas variaciones.
  • Si bien Gary Clark Jr. se luce, uno que conoce de sus atributos, queda deseoso de que se suelte aún más con la guitarra, como buen bluesman que es.

PÁGINA DE ARTISTA

7.2

Gary Clark Jr. es cosa seria. Él sabe que tiene mucha atención puesta en su música, producto de su comprobado talento. Ha pasado la difícil prueba del ‘segundo disco’ y eso no es un dato menor. La vara es ahora más alta, pero eso parece no perturbarlo. Todo indica que una gran y extensa carrera lo espera de aquí en adelante. El blues, el soul, el rock y el góspel pueden alegrarse, quedan en buenas manos.

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