Querido Futuro,

He sido un fan de James Taylor desde antes de lo que me acuerdo. Su elegancia musical siempre me ha cautivado. De su último disco, por fin con canciones nuevas, me ha llamado la atención un tema, “Stretch Of The Highway”. Primero porque, como dice acertadamente Diego Manrique, recuerda mucho a Steely Dan (otro clásico en el repertorio de casa de mis padres); y, sobre todo, porque habla de la vida de un músico de gira. De todo lo que hay detrás de un viajante, de un nómada que forja, concierto a concierto, la cultura de nuestro tiempo, caldo de cultivo en el que se cocina nuestra cosmovisión.

Por lo general, los músicos no suelen hablar de su profesión, ni siquiera en plena promoción del último disco. Lo único que hacen es soltar lugares comunes para la prensa. Lo que no hacen es explicar cómo es de verdad esa vida, cómo es por dentro, pues es raro encontrar canciones que hablen de canciones. La verdad, yo no puedo opinar, Futuro, porque nunca he salido de gira, quitando las vacaciones familiares de agosto.

Lo mejor de ir de gira, de los festivales de música, de las ciudades nuevas, es conocer a otros músicos. […] Estar rodeado de tantos músicos puede ser genial: un bombardeo continuo de ideas y sonidos nuevos”. Estas frases, entresacadas de la novela “Canciones de amor a quemarropa” de Nickolas Butler (Libros del Asteroide, 2014, pág. 167), describen parte del ambiente habitual de un músico de pop-rock.

Es ahí donde aparece una paradoja: como cualquier profesional, los músicos se encierran en su hábitat natural, pero se observa que las tramas más habituales de las estrofas sean por lo general diferentes. Sin embargo, sus conversaciones personales sí suelen ser acerca del ‘mundillo’, de si tal o cual está grabando aquí o allí. De si no sé quién está tocando con no sé quiénes. De si has oído lo que está haciendo fulano de tal. En fin, lo pienso y mis propias charlas profesionales se parecen mucho a estas. Pero, si uno se suele inspirar en lo que conoce, ¿por qué no hay más canciones sobre el mundillo de la música? Me hice esta pregunta y he llegado a algunas conclusiones. La primera, evidentemente hay ‘canciones de canciones’.

Así pues, escribir sobre lo que uno hace puede deberse bien a la admiración, bien al uso de la metáfora de ponerse frente al espejo. Cuando el ser humano (europeo) escribe novelas lo que hace es tratar de explicarse a sí mismo, de manera que la ficción se convierte en el modo más verosímil de contar sus verdades, sus miserias y su ‘complejidad’, de acuerdo con Milan Kundera en “El arte de la novela”. Y hablando de novelistas, hace poco escuché a Paul Auster afirmar en TVE que “escribiendo sobre mí mismo siento que escribo sobre todo el mundo”. He aquí el motivo por el cual las canciones sobre canciones son esenciales en la historia de la música pop-rock: encierran verdad, complejidad y son la parte por el todo.

En realidad desconozco por qué hay tan pocas canciones sobe canciones o músicos, pero las que hay son siempre significativas. Es posible que un compositor medio no domine tantos temas como para aventurarse a escribir de asuntos nuevos y arriesgados (y poco comerciales), alejados de lo romántico. Pero el valor de escuchar de su propia mano las historias que hay detrás de la música tiene un valor notable. Podría escribirte mil cartas como esta, Futuro, pero jamás captaría la esencia porque no soy músico. Con eso y con todo, te he compuesto esta lista de sólo 22 canciones sobre canciones, con la idea de que por su valor te lleguen, Porvenir.

Si tengo que hablarte de alguna lo haré comenzado por la más antigua de todas: “Johnny B. Goode”, un músico analfabeto al que tocar la guitarra le resultaba tan fácil ‘como tocar una campana’, según nos narra Chuck Berry.

Destacan los temas centrados en la vida de una banda de gira, casi como una road movie. Escucha la de Boston, que se describen a sí mismos con esas expectativas (legítimas, ya lo creo) de que les fiche un representante de una discográfica (eran otros tiempos) “con un puro y un Cadillac”. O la de mis predilectos Del Amitri, que en su canción se plasman como el “borracho en un grupo” frente a los amigos del barrio que quieren tener trabajos más normales (o no porque las letras de Currie son siempre esquivas). Recuerda a James Taylor, que en su canción con la que comenzaba esta carta retrata ese mundo de una manera sacrificada, pero que también se puede disfrutar.

En otra vertiente están las canciones de fans que, por azar, son ahora también dignas de admiración: la de Billy Joel sobre Elvis, la de Eric Church sobre Bruce, o los propios Eric Clapton y Tom Petty versionando el amor de JJ Cale por hacer discos de rock ’n’ roll; o la de Drive-by Truckers demostrando sus conocimientos musicales:

So I never saw Lynyrd Skynyrd
but I sure saw Ozzy Osbourne with Randy Rhoads in 82
Right before that plane crash.
And I never saw Lynyrd Skynyrd but I sure saw AC/DC
With Bon Scott singing,”Let There Be Rock Tour

Es decir, declaran la admiración por AC/DC y su canción homónima “Let There Be Rock”, también en la lista, cerrando un círculo musical curioso. Ambas me recuerdan a la más reciente de Dawes que ruega que “ojalá tus grupos favoritos nunca se separen”.

Sin duda, mi tema preferido de todos ellos es “The Load Out”, de Jackson Browne. Una canción escrita con amor por esta profesión de músico errante, incluso en la melancolía de recoger el escenario. Y de amor por su público. Haber podido escuchar a Browne este pasado verano cantar esos versos a unos pocos metros es uno de los momentos más mágicos de conexión entre el admirador y el autor, a través de los roadies y demás trabajadores (‘que trabajan por el salario mínimo’) que lo hacen posible:

Now roll them cases out and lift them amps
Haul them trusses down and get’em up them ramps
‘Cause when it comes to moving me
You guys are the champs
But when that last guitar’s been packed away
You know that I still want to play
So just make sure you got it all set to go
Before you come for my piano

En fin, Porvenir, hoy en día los músicos, quizás ni siquiera los cantautores, son hombres o mujeres del renacimiento, es cierto. De hecho, salvo excepciones, son jóvenes que dejaron tal vez demasiado pronto los estudios y cuyas habilidades se limitan a tocar y a girar. Hay una cierta idea extendida de que escribir una canción de 3’ es intuitivo y que tocar un instrumento es una cuestión atlética. Para todo lo demás, el márquetin. Pero hay otra forma de verlo, quizás más ‘profesional’: a través del estudio y de la formación un creador puede alcanzar cotas más altas. La lectura, la reflexión, etc. ofrecen caminos seguros a nuevas vías expresivas. Como nos pasa a los demás mortales que jamás te alcanzaremos plenamente.

Pero todo esto quizás tú ya lo sepas, Futuro.