LANA DEL REY

15 de enero de 2012. Lana Del Rey, anteriormente conocida como Lana Del Ray, anteriormente conocida como May Jailer, anteriormente conocida como… qué más da, Elizabeth Woolridge Grant, de los Grant de toda la vida, respira agitada entre bastidores, apretándose las manos para luego pasárselas a intervalos más o menos regulares por el cabello planchado a conciencia. Quién se lo iba a decir, está nerviosa. Aquella neoyorquina de 25 años, curtida en los bares más sórdidos y descastados de Brooklyn, experta en la creación desenfrenada de canciones cual producción industrial de churros, es presa de los nervios durante la grabación de aquel programa de Saturday Night Live, algo tan americano como la tarta de manzana, el revólver, o el Hollywood gangsteril con el que siempre ha fantaseado. Las palabras de Daniel Radcliffe, otro invitado aquella noche, le dan la vez, y sale al escenario.

Y, francamente, lo hace de pena. No sabe qué hacer con las manos, con su cintura, su pelo; no sabe cantar, o eso le podría parecer a cualquier persona que se topara con ella justo ahora. Desafinaciones sonrojantes, inseguridad manifiesta, lo que se dice una actuación catastrófica que podría haber sentenciado la carrera de la chiquilla por siempre, como de hecho todo un batallón de críticos, hastiado por el hype que le había allanado el terreno, se propone hacer. “Ver a esta cantante en SNL es como ver a una niña de 12 años en su habitación cuando finge que canta e interpreta”, tuitea Juliette Lewis, a la que muchos románticos recordarán como la menor que hacía marranadas con Robert De Niro en El Cabo del Miedo. Se pasa un par de pueblos, no más; el espectáculo ha sido lamentable y se vierte tanta bilis que es de creer que la acostumbrada estolidez de Lizzy (que para algunos pasaría por seguridad en sí misma) se tambaleará por unos momentos; el maquillaje cuarteándose al tiempo que echa a perder aquella máscara que tan trabajosamente se ha tatuado. Lizzy Grant, con todas sus inseguridades e inconsistencias, sus veraniegas adicciones, su superficial anacronismo, al descubierto ante los focos. Su descomunal y liviana mentira. Cuánto miedo debe de sentir.

La trágica frivolidad de llamarse Lana Del Rey (II)

El susto, sin embargo, no le dura más que un par de semanas y pico. Justo lo que tarda “Born To Die” en ser publicado. Por aquel entonces Lizzy ya estaba convencida de haber encontrado el nombre artístico definitivo, aquél que amalgamaba parte de sus obsesiones y las tamizaba en algo fácil de recordar, puntero, y exportable. ‘Lana’, por Lana Turner, su actriz fetiche, famosa no tanto por aparecer en la primera versión de El cartero siempre llama dos veces (1946) como por su tórrido romance con el ínclito Johnny Stompanato (relacionado estrechamente con Mickey Cohen, máximo estandarte del crimen organizado en Los Angeles); romance que, por cierto, sólo concluiría con la muerte del segundo a manos de la hija de la primera, en presunta defensa propia… Es adorable imaginarse a la pequeña Lizzy con pósters de la dama y recortes de periódico acerca del caso en su habitación, ¿verdad? Bueno, y ‘Del Rey’ (no Del Ray) por sus amigos cubanos y porque suena muy bonito cuando se pronuncia. Como el glamour de las olas del mar, en paráfrasis. Preparada para triunfar.

Tras lavarse las manos con su primer y más o menos oficial trabajo discográfico (“Lana del Ray A.K.A. Lizzy Grant”, recordemos), el eficaz olfato de la princesa Grant la condujo a la firma con hasta tres discográficas diferentes a lo largo del año 2011, planeado con alocada antelación el lanzamiento del single “Video Games”. Dicha canción ya había sido compuesta hace tiempo y Lizzy, orgullosísima de la misma, no podía esperar a compartirla con el mundo, de manera que el 19 de agosto de ese mismo año decidió subir un videoclip, dirigido y editado por ella misma, al YouTube. La chica, a la que no le había hecho falta estudiar Comunicación Audiovisual para encontrarle su puntillo a eso del montaje (luego desarrollaría hasta límites insospechados esta afición, como se verá), se grabó con la webcam poniendo morritos e intercaló dichos planos con multitud de imágenes de archivo, dando como resultado… pues una auténtica cagarruta a juicio de quien esto suscribe, pero una cagarruta que gustó y que empezó a acumular visitas en YouTube y a afianzar ese agreste club de fans que la chiquilla iba poco a poco arrastrando. Realizó experimentos semejantes con temas como “Carmen” y “Blue Jeans”, pero “Video Games” fue el que adquirió indiscutiblemente más notoriedad, apareciendo incluso en algunas series de televisión (como por ejemplo “Gossip Girl”, ¿os acordáis de “Gossip Girl”? Yo sí, y me siento muy sucio), y siendo su excelencia refrendada por varios medios.

[pullquote]Lana se jugaba mucho con la recepción de su primer trabajo (ya se había olvidado completamente de “Lana Del Ray… ”), y lo sabía. Estaba por ver si el disco había nacido para morir, como insensatamente diagnosticaba su título, o para encumbrar. Resultado: 3.400.000 copias, quinto álbum más vendido de 2012.[/pullquote]

Así fue como el nombre de Lana Del Rey comenzó a ser reconocido, y fue tomando forma el hype contra el que con tanta virulencia se rebelarían los críticos posteriormente. Antes de liarla en el Saturday Night Live, no obstante, Lana se patearía bastantes escenarios de todo el mundo interpretando sus cositas, sin que le fuera nada mal por cierto: las entradas para su presentación en Londres se agotarían en media hora. El mundo amaba a Lana Del Rey, se hallaba impaciente por ver qué le tenía preparado, y de momento se fue contentando con el EP compuesto por “Video Games / Blue Jeans” que Stranger Records lanzó en octubre de 2011, el cual desataría una catarata aún mayor (y más irritante) de comentarios positivos. Arropada por una ovación casi unánime, Lana anunció que el álbum se llamaría “Born To Die”, y añadió, coqueta, como falsamente obsequiosa, que sería publicado por Interscope, Polydor y Stranger Records en enero de 2012. Total, que en esos meses no se habló de otra cosa, y finalmente vio la luz cuando su hacedora más lo necesitaba, en el momento en que los periodistas se frotaban las manos esperando hacerse con el disco para destruirlo. Entonces ya había quedado más o menos probado que la tal Lana Del Rey había compuesto un par de temas punteros, de acuerdo, pero su absoluta incompetencia para defenderlos en vivo la descartaban automáticamente como gran estrella; sólo era necesario que el álbum fuera un poquito malo para que la figura terminara de ser enterrada. En el punto de mira, Lana se jugaba mucho con la recepción de aquél su primer trabajo (ya se había olvidado completamente de “Lana Del Ray… ”), y lo sabía. Estaba por ver si el disco había nacido para morir, como insensatamente diagnosticaba su título, o para encumbrar. Resultado: 3.400.000 copias, quinto álbum más vendido de 2012. Y los críticos… pues los más sensatos cantando sus alabanzas, los más cabezotas diciendo estupideces: todo en orden.

Que “Born Do Die” resultara efectivamente ser tan bueno como sus singles precedentes anunciaban acabó siendo lo de menos. Los fans, los no tan fans, y los que intuían que para entrar en un Starbucks hacía falta algo más que dinero, querían comprobarlo, y para ello no tuvieron más remedio que acabar de consolidar el papel de Lana Del Rey en la industria. Ahora, sin dejarnos cegar por el furor de los locos años 10, comprobémoslo nosotros.

El álbum comienza con la homónima Born To Die, de inherente pegada, y por la que es fácil entusiasmarse. Hace gala de los arreglos grandilocuentes que serán una constante a lo largo del disco, y resulta excelente tanto como introducción al mismo como por presentación de la diva en sociedad (entendiendo que nadie escuchó “Lana Del Ray” en su día, o que a nadie le dio tiempo). La letra da buena cuenta de sus obsesiones, tan consabidas y repetidas, a las cuales añade una contundencia, ésta sí, experimentada en un número algo menor de ocasiones: “Come and take a walk on the wild side… Let me kiss you hard in the pouring rain”… es tan directo y avasallador que apenas nos apetece preguntarnos qué diablos tendrá que ver Lana con Lou Reed (apunte: en un principio la letra decía “Let me fuck you hard”). Su videoclip es de lo mejorcito también, no sólo porque tiene tigres (y unos tigres hermosotes y bien alimentados), sino por lo esmerado de su producción y lo legendaria que repentinamente troca la figura de Lana, en su trono, haciendo ESE gesto mientras espeta “We were born to die”. Genialidad que se dice.

[pullquote]“Born To Die” supone por tanto una obra capital de la música contemporánea, del posmodernismo y de todo lo que se nos pueda antojar.[/pullquote]

Off To The Racesno aminora las altísimas revoluciones de calidad a las que el disco ha empezado a desenvolverse, sino que mantiene el nivel, y su letra planea paciente y segura sobre otra de las neoclásicas facetas de la diva: la mitológica cazafortunas acogida bajo el ala del millonario mucho más viejo que ella. Así las cosas, pasa por la continuación oscura, deprimente y autoconsciente de la divertidísima “Queen of the Gas Station” del disco anterior. “He doesn’t mind I have a Las Vegas past… He doesn’t mind I have an L.A. crass”, versos descaradamente materialistas escupidos con una sensualidad sucia y asfixiante, casi malograda por una duración a todas luces excesiva: con dos minutos menos habría quedado como el título más emblemático de Lana, explorando la cara más oscura del éxito y la riqueza con una voz que, por mucho que os pique, hace maravillas.

Tal y como ocurre con el siguiente temazo de la lista, Blue Jeans. Apabullados por la sucesión de espléndidos singles, empezamos en esto a fruncir el ceño ante los primeros destellos de frivolidad rampante: “You fit me better than my favourite sweater”… pero poco importa en este romance trágico sobre salir, beber, meterse mil rayas, jugar al blackjack, el rollo de siempre, tan delicioso. Una pasada de canción, la quintaesencia de lo vintage (“I will love you till the end of time”, y no se le cae la cara de vergüenza a la tía), con la misma inventiva e inteligencia de “Off To The Races”, pero más sintetizadas. El videoclip, por su parte, es un poco más discreto que el de “Born To Die”. En este hay cocodrilos.

[pullquote]”Born To Die” es un disco cercano a la genialidad, primorosamente diseñado para gustar, apasionar, morir por él. Lana Del Rey se pone sin problemas a la altura de su propio mito con un trabajo que va mucho más allá de un simple single brutal (o de dos o tres).[/pullquote]

Todo suena a clásico atemporal en la canción por la que Lana Del Rey pasará a la historia, porque la fiesta no para: Video Games”. Soslayando la joyita audiovisual que se guisó y se comió, la cual mencionamos anteriormente, y deja en verdaderas obras de arte (aunque ni falta que les hace) los videoclips de Los Ganglios, tenemos un pepinazo de aúpa, una canción tremenda en la que todo funciona: la estructura rígida y segura de sí misma, los arreglos orquestales, la LANGUIDEZ, las frases no demasiado ingeniosas pero llamadas a la leyenda (“Only worth living if somebody is loving you”)… Todo el postureo de Lana Del Rey, toda su broma de vida (alcoholismos en vez de acné, metafísica, parques de caravanas, Lana Del Ray) quedan plenamente justificados con este momento, porque vaya comienzo de disco. Así que necesariamente aflojamos con “Diet Mountain Dew”, floja a decir verdad sólo en comparación con las anteriores, y sonando más repetitiva en sus temas (“You’re no good for me, but baby, I want you”) precisamente por eso. La parte del verso tiene un groovy de la leche, no correspondido con un estribillo a la altura.

Volvemos a la carretera, sin embargo, con otra gozada para los oídos, “National Anthem, en la que muchos encuentran acertadamente ecos de “Bittersweet Symphony”, olvidándose de apostillar que el temita de Lana es mucho más que un sampler guay de violines (como era el sobrevaloradísimo plagio de The Verve). La letra, así las cosas, es de lo más cínico y a la vez ridículo que puede salir de la pluma de Lana (ya no existe Lizzy) en toda su carrera: “Money is the anthem, God you’re so handsome, money is the anthem of success”. Una cumbre más en el disco, y ya llevamos unas cuantas; además de un videoclip que no sólo es más largo que un día sin pan, sino también un grandísimo ‘WTF?’, mezclando romances interraciales con el asesinato de Kennedy y una imitación de Marilyn Monroe bastante olvidable… y que en opinión de Lana es lo más bonito que ha hecho. Cómo no.

[pullquote]La producción, desmesurada hasta la obscenidad, encaja como un guante en el alocado compendio de aspiraciones de la diva, pero es Lana Del Rey. O lo tomas o lo dejas.[/pullquote]

Pasamos de lo deprimente a lo ya directamente sadomasoquista en Dark Paradise”, composición tan siniestra que resultaría insoportable de no contar con una gran melodía y la producción acostumbradamente barroca de “Born To Die”. Al final mete unos “oohs” como para quitarle gravedad al asunto, quedando un poco raro pero sin menoscabar un tema, dentro del catálogo menor, muy digno. En su misma línea se mueve “Radio, cuyo inicial optimismo queda sepultado bajo toneladas de desengaño y mala leche, sin un segundo de respiro, “Baby, love me ‘cause I’m playing on the radio”. La letra está bien, y el concepto trabajado, pero más allá de su intención, se olvida muy fácilmente. Carmentambién tuvo su vídeo tróspido de turno que no comentaremos, y es una canción notable impecablemente interpretada, la voz de Lana, fundida en el alarde orquestal de turno, cantando hasta en francés. La melodía de Million Dollar Man, por su parte, parece la de la canción de alguna villana de peli Disney, seductora, pegadiza hasta límites intolerables, y al cabo insustancial. Su estribillo entiendo que retrotrae guasón a Carl Perkins (supóngase, por lo visto el “One for the money, two for the show” es una frase hecha), pero aparte de eso, y de no ser una mala canción (de eso no hay en “Born To Die”, vamos adelantando) no cala ni dice nada. Y en Summertime Sadness hallamos un nuevo temazo, una balada de épica desbordante, letra tan sencilla como en fin, evocadora (“I think I’ll miss you like the stars miss the sun in the morning skies”… que sí, que no es Lorca, pero te llega), y videoclip que sigue la tónica de imágenes melancólicas y sobresaturadas sin argumento alguno estilo “National Anthem”. No hace justicia a su canción: triste, grandilocuente, frívola, LANA.

El álbum afronta su final en This is What Make Us Girls, con Lana hablando de la amigas que nunca tuvo (no es descartable tampoco que hable de las femmes fatales de sus pelis) en una canción sorprendentemente buena con la que abofetear a todos los leguleyos empeñados en que “Born To Die” son los singles del principio y luego todo es páramo. De las mejores letras del disco, un arrebato por la femineidad (no confundir con el feminismo, no la hagáis reír) y por la dignidad de las Drama Queens que no excluye ni la diversión ni el desafío: “Everybody knew we had too much fun… We were skippin’ school and drinkin’ on the job… with the boss”. Por si fuera poco, su estribillo es sensacional y consigue que el álbum acabe por todo lo alto con la exposición de aquello que, más que lo que nos hace mujeres, es lo que hace a Lana ser Lana… entre otras cosas: “This is what it makes us girls… We don’t look for heaven and we put our love first… Don’t you know we’d die for it? It’s a curse, don’t cry about it”.

“Born To Die” fue un éxito tanto comercial como, según los circuitos y el día que tuviera cada uno, artístico. Salvó la carrera de Lana Del Rey y consiguió que olvidáramos su momento más bajo en los escenarios de Saturday Night Live (para ello nada mejor que borrar el vídeo del YouTube, pillines) pero, por supuesto, no evitó que el desprecio y la mofa que ya habían sido previamente despertados siguieran ensañándose con ella. Lo cual está bien. Lana Del Rey era, más que un personaje, una caricatura, y como tal devenía estúpido tratar de  ponerle trabas al libre tránsito de los pitorreos (nada mejor para la causa que Kristen Wiig, cómica asociada precisamente al SNL que dentro de poco protagonizará esa versión femenina de Los Cazafantasmas que a nadie le interesa ver), y las tirrias. La artista anteriormente conocida por un montón de estúpidos apodos pertenecía a ese colectivo de personalidades que sólo pueden recibir odio o amor, sin punto intermedio; una celebridad excéntrica a la que o le reías las gracias o la ponías a parir, fuera medias tintas. Todo, fruto del exceso de cálculo con el que una joven cinéfila, más hipster que las bragas de cuadros, diseñó su coartada, y no se volvió a saber más de ella. Los fans no amaban, en efecto, a Lizzy Grant. Amaban a Lana.

Sucedía en el año 2012. A finales del mismo, Lana Del Rey sacó un EP llamado “Paradise” en el que recicló su antiguo hit, “Yayo”, y metió algunas canciones más; había de sobra. Tuvo un pase. Luego llegaría “Ultraviolence”, y las siempre entretenidas opiniones extremistas serían eclipsadas por una permanente sensación de incómodo y neutral hastío. Aunque, claro, ésa es otra historia, y debe ser contada en otra ocasión.

Lana del Rey – Born To Die

  • El arranque del disco es prodigioso, pero todavía lo es más que su segunda mitad no desmerezca en exceso.
  • La producción, desmesurada hasta la obscenidad, encaja como un guante en el alocado compendio de aspiraciones de la diva.
  • La espectacular dicción, cercana al hip-hop, con la que Lana remata algunos de sus mejores temas.
  • Ciertos apuntes líricos que, por encima de toda entrañable estupidez que queramos, redondean la grandeza del asunto.

  • Es Lana Del Rey. O lo tomas o lo dejas.

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9.2

Disco cercano a la genialidad, primorosamente diseñado para gustar, apasionar, morir por él. Lana Del Rey se pone sin problemas a la altura de su propio mito con un trabajo que va mucho más allá de un simple single brutal (o de dos o tres): “Born To Die” supone por tanto una obra capital de la música contemporánea, del posmodernismo y de todo lo que se nos pueda antojar, y como tal ha de pasar a la historia… estaría muy guay que pasara, al menos.