Creo que todo análisis que se precie sobre el tercer trabajo de estos británicos debería dejar clara una cosa. Para evitar malentendidos, mejor soltarlo desde el principio: The Clash es punk, London Calling no del todo, afortunadamente.

Que no se me malinterprete, el punk es uno de mis géneros predilectos. Rabia, mecha corta, crudos riffs de tres acordes, un tío pegando alaridos… no necesito mucho más para pasármelo bien con un disco. Sin ir más lejos, el propio debut de The Clash tenía todo eso, y además contaba con el mérito de ser un álbum pionero e indispensable para la construcción del género. Si me preguntáis, os diría que “The Clash” es el mejor disco punk de todos los tiempos y una de las mejores colecciones de singles de rock, lato sensu.

Decía ‘afortunadamente’ porque “London Calling” es mucho más que eso. Sin abandonar el compromiso político que acompañó siempre a Joe Strummer, The Clash supieron reformular su propio sonido incorporando influencias del blues, soul y R&B que aprehendieron de su visita al otro lado del Atlántico, sí, pero también ska, dub, reggae y cierto regusto pop. Y no se trata sólo de que cambiaran el curso del punk (y del rock por extensión) que ellos mismos habían ayudado a parir, ni de que conservaran el mensaje durante el proceso, además lo hicieron en un doble álbum de diecinueve tracks con la misma potencialidad de convertirse en singles que los temas de su debut. De manera que podemos reverenciar a este trabajo, reconociendo su trascendental importancia, sin precisar de una esforzada escucha. Si aplaudimos a “The Clash” por habernos enseñado qué es el punk, debemos vitorear a “London Calling” porque nos ha mostrado todo lo que éste puede dar de sí.

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“London Calling”: Si quisieras, no podrías repetirlo

Por si no fuera suficiente el lavado de cara que The Clash aplicaron al punk con su tercer LP, lo mejor es que lo hicieron como sólo pueden hacerlo los grandes discos, a base de grandes canciones.

Insisto, por si no fuera suficiente el lavado de cara que The Clash aplicaron al punk con su tercer LP, lo mejor es que lo hicieron como sólo pueden hacerlo los grandes discos, a base de grandes canciones. Porque cuando un determinado grupo da con una fórmula nueva, lo difícil no suele ser ejecutarla, sino, como en casi todo, encontrar esa idea más o menos revolucionaria que hará que muchos más quieran seguirte. Con esto no quiero reivindicar la figura del emprendedor; no aquí, para evitar que Joe Strummer se revuelva en su tumba. Lo que Strummer y Jones hicieron con el punk en “London Calling” fue una gran idea, pero la forma en la que la que la efectuaron fue aún mejor. Ha habido miles de grupos que han querido sonar como The Clash, tú mismo puedes montarte uno e intentar conjugar en un solo trabajo géneros tan dispares como los que el disco de marras presenta. Ni en tus mejores sueños conseguirás un resultado tan compacto, ni mucho menos reproducir composiciones la mitad de buenas. Discos como éste separan a los grupos que aspiran a la genialidad de los que viven asentados en ella. Por eso es tan bueno “London Calling”, porque, ni aunque quisieras, podrías repetirlo.

El doble LP se abre de manera implacable con London Calling: la batería de Topper, guitarras distorsionadas que marcan el ritmo y una línea de bajo difícilmente olvidable. En esta ocasión el conjunto decidió utilizar una tonalidad menor que tiñe al tema de un cierto sentimiento apocalíptico. Sus versos reflejan de manera sucinta el contenido lírico de todo el álbum: el temor ante la posibilidad de un desastre nuclear influido por el accidente del reactor nuclear de Three Mile Island, el riesgo de que el centro de Londres se inundase ante una eventual crecida del Támesis, la omnipresente represión policial del gobierno de Thatcher, el desempleo creciente y la sensación de que la sociedad está avanzando en la dirección equivocada.

Brand New Cadillac” echa la mirada atrás, para fijarse en el rockabilly de finales de los años cincuenta. El tema en cuestión es una versión mejorada del también británico Vince Taylor. A continuación viene “Jimmy Jazz“, con una elegancia y un swing que nadie esperaría de una banda punk de los setenta. Su letra, como la mayoría sabréis gracias a la versión de Kortatu, habla de una redada en la que la policía anda detrás de un tal Jimmy Jazz.

The Clash supieron reformular su propio sonido incorporando influencias del blues, soul y R&B que aprehendieron de su visita al otro lado del Atlántico, sí, pero también ska, dub, reggae y cierto regusto pop.

Regresamos a los tintes rockeros con “Hateful”. Strummer y Jones se ponen en el papel de un drogadicto que tiene un amigo dealer que le da todo lo que necesita. Un ritmo atrevido, melodía contagiosa y un estribillo fresco entonado por todos. “Oh, anything I want he gives it to me, anything I want he gives it, but not for free… It’s hateful and it’s paid for and I’m so grateful to be nowhere“.

El quinto track vuelve a presentar un estilo diferente. En “Rudie Can’t Fail“, los de Strummer aderezarán su música con más que evidentes influencias del reggae para crear una de las piezas más bailables de “London Calling”. Con movimientos así, los británicos conseguirán que las diecinueve pistas pasen en un suspiro. Aún no lo he dicho, pero Simonon está que se sale en todo el disco y es quien aparece rompiendo su bajo en dos en la icónica portada, pero esto ya lo sabíais, ¿no?

Spanish Bombs” pasa de suponer una mera curiosidad dentro de su discografía, de hecho es uno de los mejores cortes del disco. Con un ritmo muy new wave que explotarían a fondo en su siguiente largo, relata algunos episodios de la Guerra Civil homenajeando al bando republicano, ‘Andalusía’ y al poeta ‘Fedrico Lorca’. Es cierto que su español no es muy bueno, pero ¿quién puede resistirse a unirse a Mick y Joe cuando cantan eso de ‘yo te cuero infinito, yo te cuero oh ma corasón?

Le sigue “The Right Profile” con un estilo muy Madness, quizá algo más cercana al jazz. Joe Strummer, conocido por su obsesión con la edad de oro de Hollywood, quiso escribir sobre Montgomery Clift y un accidente de coche que sufrió en 1956.

Resulta curiosa la crítica hacia el consumismo inherente a la sociedad capitalista que trae consigo “Lost In the Supermarket”, a priori, la pieza más comercial. Ya podrán incurrir en los terrenos del pop ochentero, que si lo hacen con un temazo como éste y manteniendo su actitud punk, se lo perdonamos.

Volverán a querellarse contra la sociedad occidental, en esta ocasión de manera menos sutil, en “Clampdown“. La rota voz de Strummer relata los problemas a los que se tienen que enfrentar los obreros de Inglaterra y las pocas posibilidades de promoción que el país ofrece a una determinada parte de sus habitantes. El ritmo es tan contagioso que seguro que hasta los compañeros de partido de Margaret Thatcher encontraban difícil no tararear esta melodía en la Cámara de los Lores.

El contenido lírico de “London Calling” gira en torno a el temor ante la posibilidad de un desastre nuclear, el riesgo de que el centro de Londres se inundase ante una crecida del Támesis, la represión policial del gobierno de Thatcher, el desempleo y la sensación de que la sociedad está avanzando en la dirección equivocada.

Las ganas de confeccionar un retrato de la sociedad en la que viven vuelven a darse cita en “The Guns of Brixton”, la más oscura de “London Calling”. El protagonismo del bajo no es casualidad, ya que es a Simonon a quien corresponde la autoría y quien lleva el apartado vocal en este tema. El ritmo caribeño enmarca perfectamente la denuncia de la brutalidad policial especialmente acusada en el sector de origen jamaicano de la población británica.

Rápidamente cambiamos de tercio en “Wrong ‘Em Boyo“, que pone fin a la lobreguez imperante a ritmo de ska puro y duro. El tema amaga en un primer momento para después presentar los minutos más ‘buenrrolleros’ de todo el largo. Líricamente está basado en “Stagolee”, una especie de cuento tradicional americano sobre un asesinato en las navidades de 1895. Death or Glory” fue compuesta para los que echabais de menos un punk más directo y ortodoxo. El tema combustiona, casi literalmente, a través de un sencillo pero musculoso riff y la precisión de Topper a las baquetas. La banda se muestra en un permanente estado de gracia y hasta cuando deciden ser ‘simples’ no pueden evitar soltar temazos como este, que ya justificarían la carrera de muchas de sus bandas coetáneas. Precisamente a estas van dirigidos sus versos que analizan la fugacidad del fenómeno punk: “Death or glory becomes just another story…“.

Al más puro estilo de nuestro punk patrio, esto es, representando siempre con ‘k’ el fonema /k/, se presenta “Koka Kola“. La canción no sólo hace referencia a la marca que todos conocemos, sino al mundo corporativo en general mediante algunos de los versos más ácidos de Strummer. La caricatura que la banda confecciona de los yuppies puede traernos a la mente películas como American Psycho.

En “The Card Cheat” Strummer vuelve a dejar claro que su banda no es otro grupo punk sentándose tras el piano. Lo mismo Mick Jones, que lleva la voz aquí mostrando una sensibilidad melódica impropia de lo que debería ser un conjunto como el suyo. No puedo evitar acordarme del heartland rock de Springsteen mientras repaso sus líneas: “He only wanted more time away from the darkest door but his luck it gave in as the dawn light crept in, and he lay on the floor…“.

El refinado soft rock de “Lover’s Rock” pretende ser un manual de instrucciones para saber cómo tratar correctamente a tu pareja. La letra, que les valió algunas críticas en su momento, tiene un sentido completamente irónico. “Four Horsemen”, por su parte, vuelve a sorprender hacia el final del disco con su mezcla de ska y rock de los años cincuenta. El positivo mensaje de “I’m Not Down“ viene recogido en un envoltorio de rock directo y enérgico. Otro de esos clásicos instantáneos del grupo que Jones aprovecharía en directo para encender a un público que ya empezaba a llenar estadios.

“London Calling”, sin necesidad de adoptar una postura pretenciosa, sin renunciar a poner más corazón que técnica en sus temas, revitalizó el género y catapultó a Strummer y compañía a la eternidad.

Por canciones como “Revolution Rock” Bono considera a The Clash como ‘the greatest band that ever lived’. El cambio vuelve a ser total, regresamos a un ska de lo más animado; escuchad esas trompetas, el fantástico órgano y la voz de Strummer que nos invita a la revolución, esta vez en un sentido introspectivo, a liberarnos de lo que nos oprime en nuestro interior para alcanzar la felicidad.

The Clash no lo tuvieron fácil para publicar un doble disco como este, desde CBS (su discográfica) las pegas fueron innumerables. Al final la agrupación tuvo que convencer al sello para que le dejara editar un LP con un maxi-single de regalo, intentando que el precio del producto no fuera demasiado elevado para sus fans. CBS no encontraba la razón por la que un grupo punk quería editar un doble álbum, algo más propio del rock progresivo; y además temía por la viabilidad comercial del mismo ya que no incluía ‘ninguna canción de amor’ que pudiera seducir los oídos del mainstream.

Cuando hasta las fundas del vinilo habían sido impresas y todo estaba listo para la grabación del álbum, Strummer y Jones quisieron hacer la gracia e incluir una canción de amor que aparecería como hidden track: “Train in Vain“. El destino, siempre tan caprichoso, quiso que “Train in Vain” fuera el primer éxito de The Clash en América y sirvió para que “London Calling” adquiriera enorme popularidad alrededor del mundo.

En 1979 The Clash salvaron al punk y, probablemente, también a sí mismos. El movimiento estaba condenado a muerte desde el principio por su rápida combustión, por la fugacidad con la que se apagaban las llamas que encendían sus riffs de tres acordes. “London Calling”, sin necesidad de adoptar una postura pretenciosa, sin renunciar a poner más corazón que técnica en sus temas, revitalizó el género y catapultó a Strummer y compañía a la eternidad de manera que todos podamos decirles:

The Clash, yo os quiero infinito.

The Clash – London Calling

THE CLASH

10 INSTANT CLASSIC

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Tercer álbum de The Clash, considerado su obra maestra por su mestizaje, su estilo cosmopolita y sus profundas y críticas letras, además de su contexto previo, indagando en el rock and roll puro y sus raíces para mezclarlo con multitud de géneros, jugando a crear su propio “Exile on Main Street”. Un trabajo que elevó el punk a otro nivel y pasó a formar parte de la historia de la música.

Up

  • Variedad de estilos ejecutados a la perfección, dando al alma punk argumentos de peso.
  • Letras críticas con la sociedad, con el sistema y denunciando desigualdades. The Clash en estado puro.
  • 19 pistas sin bajón y cada una cumpliendo su cometido tanto lírica como instrumentalmente. Pese a la disparidad, las piezas encajan perfectamente.

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