FUZZ

Ty Segall solo, con leche, en su salsa, de postre o guarnición. Son días duros para sus detractores porque lo cierto es que tenemos al de San Francisco hasta en la sopa. ¿El niño mimado de la crítica?, se preguntarán algunos. Nada más lejos de la realidad, Ty Segall se ha ganado, por méritos propios, ocupar el trono actual del underground a base de esfuerzo y talento. Un trono que, si se me permite la exaltación, se asemeja al del Rey Midas, ya que todo lo que toca este chico se convierte en oro. La materialización de ese esfuerzo y el continente de su talento lo representan los diferentes trabajos publicados en los últimos años en solitario, con White Fence, Mikal Cronin, la Ty Segall Band, Traditional Fools o Fuzz, para mí, su proyecto más fascinante.

Hasta 2013, Segall había venido ampliando cada vez más sus propios límites artísticos. Sus primeros trabajos de garage-rock rezumaban un aroma lo-fi muy agradable; “Melted” nos había desvelado al Ty más Lennon, jugando con su psicodelia raruna; “Twins” dejaba entrever su amor por el Glam de los setenta; “Slaughterhouse” exageró la violencia y aspereza del garage actual a lo largo de doce tracks que ya son un referente para los debutantes en el género y “Sleeper” resultó ser una reconfortante sorpresa de folk psicodélico. En este orden de cosas aparecía “Fuzz”, su experimento más radical hasta el momento. La Ty Segall Band se mostraba insuficiente para reproducir el músculo y la potencia sonora que el californiano quería transmitir, esa es la principal causa que explica el nacimiento de una banda como Fuzz.

Hay quien asegura que el apabullante ritmo de producción del rubio es una estratagema para que sus fans no se cansen de sus discos o, cuando menos, un error, ya que le impide desarrollar con claridad cada una de sus ideas. Lo cierto es que reviso a menudo su vasta discografía y sé reconocer sus errores, pero hasta ahora no he encontrado nada prescindible. Ty Segall es así porque sí, le gusta saltar de rama en rama, hacer de lo imprevisible una manera de vivir, disfrazarse de cantautor sesentero para después gritar como un descosido encerrado en su garaje o mancharse las botas componiendo un disco de stoner rock.

[pullquote]La Ty Segall Band se mostraba insuficiente para reproducir el músculo y la potencia sonora que el californiano quería transmitir, esa es la principal causa que explica el nacimiento de una banda como Fuzz.[/pullquote]

El power-trio del que hoy vengo a hablaros lo completan Charles Moothart en la guitarra y Roland Casio al bajo. Despejando la x tenemos a Ty Segall como batería y vocalista además de compositor. Este cambio de rol no debería sorprender a nadie, es de sobra conocido que Ty toca todos los instrumentos en la mayoría de sus álbumes.

El debut se abre con Earthen Gate”, que podría describir el movimiento de la serpiente-dragón que ocupa su portada. Arranca lentamente, reptando desde el mástil de Moothart para, inesperadamente, saltarte al cuello. El garage pasado de rosca de “Slaughterhouse” sigue ahí pero esta vez con un cariz más pesado y cercano al sludge.

Sleigh Ride redescubre la faceta más pesada del sanfranciscano. Su voz, que nunca se había prodigado por terrenos tan áridos, hace alarde de una inusitada solvencia. Lo mismo ocurre con el resto del grupo que suena como un todo perfectamente engrasado. What’s in My Head?sigue una estructura algo más reconocible en Ty Segall, con ese poso del heavy-psych presente a lo largo de todo el LP y el típico estribillo segalliano para cantar en voz alta.

[pullquote]Fuzz son algo más que un homenaje al space rock, el stoner y a esas primeras bandas que tocaban metal sin saberlo. Este proyecto no es sino la necesaria evolución que debía sufrir el sonido de un Ty Segall que ya anda solo, sin necesidad de mirarse en nadie.[/pullquote]

El constante homenaje a Black Sabbath deja de ser algo intuido y se hará más tangible que nunca en HazeMaze. Aunque no dejaré de insistir en lo compacta que suena la banda en su debut, merece una mención especial el trabajo de Moothart en este punto del disco, desde la oscuridad hará que broten eléctricos solos y potentes riffs que en directo invitan a destrozar cervicales ajenas en un grandioso pogo. Ojito también al juego de baquetas de Ty, esto sí que no me lo esperaba.

Más proto-metal cubierto de psicodelia (creo que acabo de dar una definición, sin quererlo, del stoner) es lo que encontramos en Loose Sutures”, otro de los puntos álgidos del elepé. Aunque, todo sea dicho, resulta muy difícil destacar algún tema por encima de otros en un álbum tan redondo como el que presentan los de San Francisco. Si todavía no he mencionado el trabajo de Roland Casio no ha sido porque haya pasado desapercibido, aquí vuelve a demostrar sus aptitudes para destrozar unos cuantos tímpanos con su bajo. “Preacherno se abandona a un largo desarrollo. El sexto track de Fuzz es quizá el más fiero, en él el conjunto pisa el acelerador y se lanza al ataque desde el primer instante.

[pullquote]Estamos ante la primera colaboración realmente estrecha y compacta en la carrera de Ty Segall. Fuzz no es solo él, una escucha basta para entenderlo. Con Fuzz, hay banda para rato.[/pullquote]

La voz de Moothart debutará en Raise” dejando a Segall en los coros. Esto no implica que se olvide de la guitarra que volverá a actuar como anzuelo para que nuestras cabezas no dejen de balancearse en un headbang infinito.

Ya he dicho que el disco se muestra bastante sólido y es difícil quedarse con algún tema en detrimento del resto, pero, si tuviera que hacerlo, el elegido podría ser “One. Aquí no canta nadie, ni falta que hace; ataviados con sus instrumentos, Ty Segall y compañía rebuscan en el legado de los primeros Sabbath y Blue Cheer, popularmente considerados los padres del stoner rock. Una vez más los orígenes de Segall adquieren un papel protagonista en su música, ¿cómo podríamos entender el nacimiento de Kyuss en los noventa obviando lo que aconteció en San Francisco a finales de los sesenta?

Al final Fuzz son algo más que un homenaje al space rock, el stoner y a esas primeras bandas que tocaban metal sin saberlo. Este proyecto no es sino la necesaria evolución que debía sufrir el sonido de un Ty Segall que ya anda solo, sin necesidad de mirarse en nadie, dispuesto a seguir pateando culos hasta que todos os rindáis ante su figura.

Fuzz – Fuzz

  • Nuevo proyecto, nuevo sonido, nuevas canciones y todo en muy poco tiempo. Ty Segall hace alarde mejor que nunca de su capacidad de reinventarse ad infinitum.
  • Estamos ante la primera colaboración realmente estrecha y compacta en su carrera. Fuzz no es solo Ty Segall, una escucha basta para entenderlo. Con Fuzz, hay banda para rato.
  • Influencias + Personalidad + Talento= Discazo.

  • Que todos los proyectos en los que anda liado le impidan explotar como se merece la carrera de este grupo.
  • Lo difícil que será mantener el nivel en “Fuzz II”.

PÁGINA DE ARTISTA

8.8

El enésimo proyecto de nuestro sanfranciscano favorito se llama Fuzz y viene con un disco homónimo bajo el brazo que presenta su versión más pesada vista hasta el día de hoy. El experimento funciona a la perfección.