TOUNDRA

Lo que hacen los cuatro chicos de Toundra tiene valor. Valor porque su música es valiosa, como todo lo que se hace con corazón y con ganas de buscar el próximo doble salto mortal en el siguiente disco, pero sobre todo, porque hay que ser valiente para sacar cuatro discos instrumentales de concepto progresivo y postmetalero. Y si es valioso y valiente, también es sumamente difícil.

[pullquote]”IV” tiene como concepto global la destrucción del entorno por parte del hombre, expresado en una portada en la que aparecen dos zorros huyendo de un bosque incendiado.[/pullquote]

Son ya cuatro los asaltos que el conjunto madrileño lleva sobre el cuadrilátero de esta industria musical de hoy en la que hay que pegar ganchos en los festivales y saber encajar en las listas de ventas. “IV” se llama este último trabajo, que prosigue la saga de los “I”, “II” y “III”, y que tiene como concepto global la destrucción del entorno por parte del hombre, expresado en una portada en la que aparecen dos zorros huyendo de un bosque incendiado.

Como novedades, Víctor García-Tapia ha dejado la guitarra en manos de su sucesor Macón, que anteriormente militaba en Adrift. Sin embargo, Toundra repite en la grabación con Carlos Santos, un técnico con un amplio historial de buenos discos a su espalda.

[pullquote]En términos generales “IV” se trata de un trabajo algo más variado que los anteriores y que vuelve a salir de derroteros algo étnicos en los que Toundra entró con “II”.[/pullquote]

En términos generales se trata de un trabajo algo más variado que los anteriores y que vuelve a salir de derroteros algo étnicos en los que Toundra entró con “II”. Como es habitual en la banda, todas las canciones tienen como título una sola palabra, que en el caso del primer corte es “Strelka”, que comienza con paciencia. En esta primera canción aparecen rápidamente las señas de identidad de Toundra, los juegos sutiles de guitarras limpias antes de los martillazos distorsionados al ritmo de una batería contenida, que podría hacer sombra al mismísimo Lars Ulrich (Metallica). Y para dar más unidad al disco, sonidos de pájaros al inicio, al servicio del concepto del largo, la preservación del entorno.

Pero no se trata en este caso de una de las canciones de mayor relevancia en el disco. Lo es, ahora sí, la que le sucede, “Qarqom“, de más de siete minutos de duración. Cuenta con un riff inicial pegadizo que va derivando en unos guitarrazos abiertos y evocadores y más tarde en un nuevo riff bien hilvanado. Una nueva fase más ‘emo’, llena de efectos y profundidades, y la canción está lista para un final épico. Una obra.

Lluvia” es más difícil de comentar, porque uno no sabe muy bien si se trata de una canción o de una transición sonora de casi cinco minutos de duración en la que de lo que se trata es de seguir creando la ambientación de parajes naturales. Puros efectos ambientales y acoples. A continuación llega “Belenos“, un nuevo tema algo más plano que la media del disco, con momentos metaleros y otros más suaves, aunque sin una línea melódica del todo clara.

[pullquote]Toundra, en su intención de hacer algo nuevo han dado un paso al frente en lo que a variedad se refiere sin que el disco deje de hacerse algo repetitivo en algunas fases. Desde el punto de vista del sonido, otro avance, sin duda. Talento no les falta.[/pullquote]

Y es el momento de “Viesca“. Decir que parece todo un acierto que se haya decidido que éste sea el quinto corte del disco, de un total de ocho, ya que es una bocanada de aire fresco y una auténtica ventana abierta de par en par. Se trata de una canción en la que se conjugan al inicio guitarras acústicas de melodías realmente emocionantes, clásicas (con ese sabor de los grandes heavies de los 80), en las que más tarde entran unos arreglos de cuerda de menos a más, que estallan finalmente en una épica melodía a la altura de muy pocos. Una pena que esta canción no se alargue más, pues bien podría considerarse la mejor de todo su repertorio. En “Kitsune” vuelven las guitarras eléctricas marca de la casa Toundra, con un inicio paciente también, que sirve de antesala para un sonido puramente postrock. De nuevo la batería vuelve a hacer de las suyas, marcando las idas y venidas de tempo. “MRWING” es, por su parte, la canción más corta de todo el disco y da continuidad al corte anterior, como un final excesivamente alargado.

Para terminar, “Oro Rojo” cierra el cuarto trabajo de Toundra volviendo a los sonidos más duros de los que hacen galas, con una batería trepidante, pero con una melodía de guitarra luminosa que cierra el disco con un buen sabor de boca, casi optimista.

En definitiva un nuevo reto de Toundra, que en su intención de hacer algo nuevo han dado un paso al frente en lo que a variedad se refiere sin que el disco deje de hacerse algo repetitivo en algunas fases. Desde el punto de vista del sonido, otro avance, sin duda. Talento no les falta.

Toundra – IV

  • La canción “Viesca” invita a pincharla una y otra vez.
  • El sonido del disco es realmente impresionante.
  • Si quieres escuchar una buena sesión de baterías.

  • Se hace reiterativo a ratos.

PÁGINA DE ARTISTA

7.0

Cuarto largo en estudio de la banda madrileña en busca de un paso más en su marcado estilo postrock. Trabajo conceptual que habla de la conservación del entorno, en el que los paisajes se recrean con efectos sonoros, momentos musicales evocadores, y que guarda una de las mejores perlas de Toundra, la canción “Viesca”.