¿Cuál es tu década favorita de la música? A mayor complejidad de la pregunta, mayor dificultad para encontrar respuesta única, la cual se irá volviendo más y más enrevesada según el grupo de personas al que se lance sea más heterogéneo tanto en gustos, procedencia y edad. Que si los 50 con el nacimiento del rock and roll, los 60 con los Beatles, The Rolling Stones y el auge de la música psicodélica rodeada del movimiento hippie de finales de década, los 70 con Led Zeppelin, Pink Floyd, Black Sabbath, Queen, AC/DC, la corriente punk… O los 80 con Michael Jackson y Madonna como estandartes mundiales, la llegada a las televisiones de la MTV, el fulgor del glam metal… Como veréis, nos hemos saltado la primera mitad del siglo XX y nos hemos quedado en los ochenta, pero la diversidad es abrumadora (más toda la que se nos queda en el tintero) y resulta difícil llegar a una sentencia válida para el conjunto de la humanidad, y según se vayan acumulando los vasos vacíos sobre la barra del bar en el que alguien hubiera tenido el atrevimiento de intentar entablar una conversación a raíz de esa pregunta, peor nos será localizar un atisbo de pacto alguno.

La verdad es que haber lanzado el dardo de que los ochenta fueron bastante cutres, mustios y poco agraciados en lo que a rock and roll se refiere en el primer párrafo hubiera sido bastante espinoso, por lo menos algo más que soltándolo en el segundo… Pero situémonos en esos ochenta, más concretamente a finales de dichos años y en Seattle, al noroeste de Estados Unidos. Como todo buen melómano sabe, de allí provienen varias de las agrupaciones más significativas de la escena grunge, como pueden ser Soundgarden, Pearl Jam, Mudhoney… y Nirvana. No sé si la banda de Kurt Cobain y compañía será la más trascendental en términos estrictamente musicales, pero sí lo es a ciencia cierta en el ámbito comercial, la que más ha sobrevivido al paso del tiempo (gracias en buena parte al mito de Cobain y El Club de los 27) y la que más pudieron odiar algunos al otro lado del Atlántico, porque sí, eso del ‘grunge’ (que proviene del término ‘grungy’, algo así como ‘suciedad’ o ‘mugre’) no casaba para nada con la exquisitez y pulcritud británicas, así que era necesario, por aquello de la acción y la reacción, que la gran industria musical británica se pusiera manos a la obra para fabricar una expresión más acorde a las singularidades anglosajonas y así de paso evitar que el germen grunge, que ya había empezado a dar síntomas de apoderarse del Reino Unido, lo hiciera al completo.

Así surgiría ese vocablo tan inglés como los fish and chips: ‘Britpop’. Porque claro, si el primer emblema de la cultura pop pudieron ser casi con total seguridad The Beatles (entiéndase ‘pop’ como popular, no como estilo musical), era totalmente legítimo intentar rescatar de las manos americanas un término manchado por iconos como Michael Jackson o Maddona y amenazado por convertir el grunge en lo más mainstream del planeta, en lo más pop. Así que digamos ‘Brit-Pop’, el pop británico, el original y el de verdad.

De esa forma comenzarían a aglutinarse alrededor del recién florecido Britpop un buen número de bandas que representaban la pureza británica: Suede, Pulp, Supergrass, Elastica, Super Furry Animals… Pero la historia tenía reservado un papel crucial a dos agrupaciones que serían las encargadas de situar la música británica en el foco de todas las miradas de nuevo: Blur y Oasis. Si bien fue el propio Noel Gallagher el que manifestó que ellos no eran una banda de Britpop, que eran rock universal, los de Albarn aunque encajaban mejor dentro de la etiqueta en sus inicios, fue en el momento en el que la rompieron en mil pedazos cuando lograron mostrarse como una verdadera banda que logró evolucionar su sonido y sus composiciones (curiosamente hacia donde siempre habían rechazado, pero eso vendrá más adelante). Oasis, Blur, los grupos anteriormente citados  y otros tantos que se quedan en el inventario surgieron en un lugar geográfico y un momento determinados, pudieron partir de unas mismas influencias del pasado y la juventud inglesa de principios de los noventa se identificaba con ellos, pero sus propuestas no eran calcadas y en algunos casos ni cercanas como para enfrascarlas a todas dentro del mismo término. Así pues, el Britpop no fue más que un invento de los medios y la industria británica con el fin de buscar una nueva ‘British Invasion’ como respuesta al grunge.

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Y claro, la mayoría de jóvenes agrupaciones que rehuían del grunge y querían hacerse un hueco, aunque pudieran estar incómodas englobadas dentro la etiqueta del Britpop, se dieron cuenta rápidamente de que a su abrigo era más fácil auparse. De esa forma surgiría la postura anti-grunge o puramente inglesa, cuyo abanderado no era otro que el líder de Blur, Damon Albarn, que allá por 1993 soltó una de sus perlitas más recordadas: “Si el movimiento punk nació para enterrar a los hippies, yo estoy para aniquilar el grunge”.

Pero esa declaración de intenciones no fue proclamada a los cuatro vientos sin motivo alguno. Blur habían publicado, tras allanar previamente el terreno tocando y girando por Inglaterra, su álbum debut a finales de agosto de 1991, titulado “Leisure”. Bebiendo directamente de los sonidos baggy de lo que se conocía como Madchester (la movida de Manchester) y del shoegaze, se colocaron en los mejores puestos de las listas británicas. No obstante, para principios del año siguiente descubrieron un agujero en sus cuentas de más de 60.000 libras, por lo que organizaron un tour por Estados Unidos para intentar tapar la deuda. Coincidiendo con el inicio de la gira (finales de marzo del 92), lanzaron su single “Popscene”, que como tantas y tantas canciones a lo largo de la historia, inicialmente tuvo un escueto índice de ventas y no logró ni situarse entre los treinta mejores de los UK Singles Chart. Hoy en día, sin embargo, se la considera una de las composiciones pioneras en ese ‘género’ que hemos definido como Britpop. Guitarras aceleradas y más enfurecidas que en su ópera prima, riffs sesenteros, sección de viento que supuraba aires típicamente británicos… Fue definido como una furia controlada, mas, muy a pesar de Albarn y los suyos, al otro lado del océano sólo olía a espíritu adolescente… Nirvana habían reventado el mercado con “Nevermind” y poco o nada interesaba a los jóvenes americanos el cuidado y reluciente nuevo sencillo de Blur, ni su música en general. Coxon fue bastante explícito al respecto: “Fueron Nirvana los que jodieron e impidieron que “Popscene” fuera a más”.

Intentemos imaginar ahora el panorama durante los dos meses siguientes en los que Blur recorrieron la geografía americana. El descontento general imperaba en el cuarteto de Colchester, las tensiones se acumulaban entre los miembros e incluso llegaron a encontronazos físicos. Albarn confesó que cada vez echaban más de menos su hogar, Inglaterra, así que él se desahogó como pudo en aquellas fechas: escribiendo canciones que recrearan una atmósfera británica. Mientras, los conciertos seguían y el desprecio y rechazo de Blur hacia todo lo grunge y en general lo americano crecía. A eso se le sumó que a su vuelta a Europa descubrieron que ya no eran tendencia, y Suede eran lo más por entonces. Así, Albarn, decidido a demostrar que Blur podían superar el bache de su gira por Estados Unidos y las malas actuaciones a su vuelta al Reino Unido, trabajó arduamente para desarrollar el siguiente esfuerzo de su banda.

Teniendo en mente la postura pro-británica emergente en Albarn y el rechazo al sonido grunge, las influencias de los grupos guitarreros de los sesenta se volvieron más que evidentes, y los Kinks pasaron a un primer plano como referencia para Damon, en especial Ray Davis, del que tomó, según el escritor David Cavanagh, el humor satírico y la capacidad de caracterizar los sueños, prejuicios y tradiciones de la sociedad inglesa. “Modern Life is Rubbish” tomó el humor punzante de Ray Davies y la amargura de Paul Weller para conformarse como una obra crítica y picante con carácter puramente anglocéntrico, mostrando su desprecio a la cultura estadounidense. El bajista Alex James confesó: “Era jodidamente aterrador como se estaba americanizando todo, así que el eje del disco era hacer una gran peineta a América”.

Con este álbum Blur volvían a primera línea, situándose en el puesto número quince en Inglaterra pero fracasando estrepitosamente, como era de prever, en Estados Unidos. La crítica británica se entusiasmó con este nuevo trabajo que, aún con sus imperfecciones y desaciertos, mostraba una madurez en las letras por parte de Albarn. En resumen, Blur habían tirado sus ropas viejas e irrumpido en tierras que nadie dominaba en ese momento con las armas cargadas y listas para disparar. Sin embargo, el público no lo acogió impetuosamente, y las cifras oscilan alrededor de las 40.000 copias vendidas. En EEUU la cosa fue peor, y se quedaron en las 19.000 unidades, una cantidad bastante menor a las 87.000 que lograron distribuir de “Leisure”. Para el grupo, más allá de las cifras el disco había sido un éxito porque habían logrado con él lo que se habían propuesto y, sobre todo, se habían rehecho con un nuevo estilo tras las dificultades durante y después de su gira por América.

Blur estaban la mar de contentos con su nuevo esfuerzo, con su patada en los bajos a la cultura que tantos quebraderos les había dado y erigiéndose como defensores de todo lo inglés frente a la creciente americanización, pero Albarn, astuto y perspicaz, se dio cuenta de que no se convertirían en la banda número uno de Inglaterra sin mayor apoyo de audiencia y con unas no más que discretas cifras de ventas. En realidad, la situación financiera de los de Colchester era bastante peliaguda y precaria, por lo que Albarn, en una etapa de tremenda creatividad en la que se dice que llegaba a componer dos y hasta tres canciones a la vez, metió a los suyos en el estudio tres meses después del lanzamiento de “Modern Life Is Rubbish” para idear el que sería su tercer álbum de estudio: “Parklife“.

A diferencia de su predecesor, “Parklife” significó la consolidación de la denominada escena del Britpop y el estallido de Blur. Debutó en el número uno de los UK Charts, manteniéndose dentro más de ochenta semanas y siendo certificado como cuádruple disco de platino. En él, Albarn siguió explorando las costumbres de la sociedad desde una percepción puramente anglocéntrica y expresando su visión sobre la vida de hombres y mujeres ingleses, intensificando así la influencia de la música de los Kinks en Blur, además de lograr una notable heterogeneidad de sonidos y estilos diferentes impactante, gracias a lo cual se lo considera un álbum clave en la trayectoria del cuarteto de Colchester.

Blur habían logrado superar el descalabro que supuso su gira por norteamérica, después comenzaron a constituir una identidad y sonido propio lejos del aborrecible grunge, y ahora, por fin, estaban donde querían, como grupo número uno del Reino Unido, aunque no iba a ser un camino de rosas, puesto que al norte de Inglaterra se estaba gestando una banda con la que más pronto que tarde se tendrían que ver las caras. Un tal Liam Gallagher de Manchester había sustituido al vocalista de una banda que se hacían llamar The Rain, que siendo sinceros, no debían sonar ni bien ni mal, sino todo lo contrario. Un conjunto más. Cuatro inglesitos tocando en una banda, qué original, ¿no? Pero la historia cambiaría (para suerte e esos cuatro y de todos nosotros) cuando el hermano mayor de Liam, Noel, decidió ir a ver tocar a la banda de su hermano que había cambiado el nombre por el de Oasis. Como nuestro Noel ya apuntaba maneras, el sonido no le debió impresionar absolutamente nada, pero pensó que ese grupo podría ser una vía para poder dar cuerpo a un buen número de canciones que llevaba tiempo componiendo. Paul ‘Bonehead’ Arthurs, guitarrista, recuerda: “Él tenía un montón de cosas en mente. Cuando Noel entró, éramos una banda armando jaleo con cuatro apuntes básicos. De repente, nos encontramos rodeados de un montón de ideas para llevar a cabo”. Noel quería ser grande, y así fue.

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El 29 de agosto de 1994 Oasis lanzaban su primer larga duración, “Definitely Maybe“, que se catapultó instantáneamente hasta el número uno, siendo el disco debut más vendido de la historia hasta el momento y certificado como siete veces disco de platino. En un abrir y cerrar de ojos Blur vieron desvanecerse gran parte de lo que habían logrado tras no pocos problemas y superando un escollo tras otro. Oasis, comandados por un Noel Gallagher que fue el artífice de todas las canciones de “Definitely Maybe”, lograron un trabajo demoledor, rock and roll contemporáneo plagado de electrizantes riffs y letras que poco o nada tenían que ver con la pomposidad de las de Albarn. Querían ser estrellas del rock, ser supersónicos y vivir para siempre. Y eso nos contaban.

En ese momento, medios británicos e industria comenzaron a frotarse las manos. Si habían conseguido sepultar el grunge en el Reino Unido y alzar eso de ‘Britpop’ como el movimiento fundamental de la música británica, en 1994 se las ingeniaron para dar nacimiento a una nueva interminable y feroz guerra por el trono de banda más grande del planeta. Gran Bretaña ya tenía su Beatles contra Stones versión 2.0. Oasis nunca fueron Britpop; fueron, repetimos palabras de Noel, rock universal, y probablemente Blur tampoco podrían englobarse en algo tan simple, pero ambos grupos también sabían que el juego de tronos en el que podían verse envueltos les reportaría cierto beneficio y mayor repercusión, además de que, seamos sinceros, ser el número uno siempre mola más que ser el segundón, y es que, como dijo el piloto Damon Hill, si quedas en segundo lugar sólo se acordarán de ti tu mujer y tu perro. Ni existió la rivalidad que se ha querido implantar entre Beatles y Stones ni tampoco la hubo de tal forma entre Oasis y Blur.

En febrero del año siguiente se produciría el primer enfrentamiento auténtico y directo entre ambas agrupaciones en los Brit Awards, resultando vencedores (permítanme la metáfora futbolística) por goleada de 4 a 1 los de Colchester. Blur se llevaron los premios a Mejor Álbum, Mejor Sencillo, Mejor Videoclip y Mejor Banda, mientras que los Gallagher se tuvieron que conformar, que no es poco, con el premio a Grupo Revelación. Sería a la hora de recoger los trofeos cuando Albarn, haciendo gala de su profundo odio hacia los de Manchester, les dedicaría unas palabritas: “Pienso que esto debería ser compartido con Oasis”. Coxon por su parte, sin dejar un segundo de beber lo que tuviera dentro de su vaso, añadió: “Sí, mucho cariño y respeto por ellos”. El rencor y el desprecio eran evidentes…

Pero, lo dicho, ser segundo no gusta a nadie, y es que los de Albarn antes de los Brit Awards ya habían comenzado a trabajar en su siguiente largo, “The Great Escape”. Los Gallagher por su parte no tardarían mucho, y en junio la obra maestra de los de Manchester estaba lista, aunque nadie lo sabía. Noel Gallagher lo había vuelto a hacer y “(What’s the Story) Morning Glory?” vendría al mundo para ser considerado por no pocos como el mejor álbum de rock de los noventa e incluso para que en la gala de los Brit Awards de 2010 se alzara como el mejor disco de los últimos treinta años en Inglaterra.

Pero si hay una fecha que da origen a todo este artículo es el 14 de agosto de 1995, cuando tuvo lugar la famosa patraña de ‘Batalla del Britpop’. En un (parece que ya muy muy lejano) momento en el que no estábamos acostumbrados a ser bombardeados con singles de adelanto, Noel y Liam sabían que era crucial tener todo lo más controlado posible para destronar a Blur. Por ello, en abril ya habían publicado “Some Might Say” y tenían planeado para ese 14 de agosto el segundo sencillo, “Roll With It”. Albarn, Coxon y compañía, que de tontos no tenían ni un pelo, no querían que les comieran la tostada, por lo que adelantaron la salida de su “Country House” una semana para que coincidiera con el tema de Oasis. El Reino Unido se vino abajo, la batalla estaba servida y la portada de todos los medios musicales estaba más que clara. Nunca sabremos lo que se les pudo pasar por la cabeza a los hermanos de Manchester, pero partiendo de la base de que la modestia y estarse calladitos no son dos de sus cualidades, figurémonos.

Una semana después, para el día 20, radios, televisiones, periódicos, revistas y alrededor de un millón de hogares británicos que disponían de un Internet primerizo en sus computadoras con Windows 95 estaban pendientes de quién demonios había ganado la batalla. La BBC habló y declaró vencedores, de nuevo, a Blur, quienes colocaron unas 274.000 copias de “Country House” por las 216.000 del “Roll With It”. Oasis habían perdido la batalla… pero no la guerra.

El 11 de septiembre salía a las calles “The Great Escape”, trabajo que recibió de nuevo buenas críticas y se colocó rápidamente en lo más alto de las listas contando con piezas de calibre además de “Country House” como podían ser “Charmless Man”  o “The Universal”. Una vez más, parecía que Blur lo tenían hecho, pero el 2 de octubre explotaría todo cuando llegó “(What’s the Story) Morning Glory?”. Se hablaba de dos copias vendidas cada minuto, de que en menos de una semana ya se había llegado a las 347.000, transformándose en el cuarto álbum más vendido de la historia del Reino Unido. Durante siete meses estuvo entre los tres puestos más altos de los UK Charts. “Wonderwall”, “Don’t Look Back in Anger”, “Champagne Supernova”… Noel se había sacado de la chistera un largo determinante para el devenir de las dos agrupaciones, y Oasis habían ganado la guerra definitiva.

El siguiente encontronazo serían los Brit Awards de 1996, la revancha para Oasis, que se llevaron los premios a Mejor Banda, Mejor Álbum y Mejor Videoclip. Blur, aplastados, se fueron igual que habían llegado, con las manos vacías. Curiosamente, el premio a Mejor Sencillo no fue ni para ninguno de los dos conjuntos, sino para Take That (conjunto donde Robbie Williams dio sus primeros pasos) y su afamado “Back for Good”. En esta ocasión la ceremonia estuvo marcada por las palabras de Liam Gallagher, que se acordó de sus queridos amigos de Blur y, para burlarse, cantó “All the people out there… All the people… So many people… Shite-life”, jugando con las letras del sencillo “Parklife”. Mal gusto y arrogante, sí, pero genialidad.

Es en este momento cuando Blur se encontraban de nuevo en tierra de nadie. Habían superado obstáculos, trabajado arduamente en un álbum que fue bien recibido y aplaudido por la crítica (no así por Albarn que en varias ocasiones ha declarado que ha escrito dos discos horrorosos: “Leisure” y “The Great Escape”), pero se encontraban sin absolutamente nada. ¿Qué hacer cuando te han barrido del mapa de forma tan abrumadora?

Las tensiones volvieron a surgir, y mientras Alex James se separó del grupo para dedicarse a explotar la carita que Dios le había dado, Albarn quiso tomar el control absoluto de la dirección de Blur tanto musical como comercialmente y Rowntree (como buen baterista y al igual que Ringo) es el tipo majete que no se mete con nadie y que cae bien a todos. Este cóctel acabó explotando y Coxon se sintió resentido y dolido, a la vez que empezó a sentir atracción por lo que varios guitarristas underground estadounidenses estaban haciendo, por sonidos lo-fi prominentes y por el trabajo de bandas como Pavement o Sonic Youth. Albarn rectificó, y derrotados él y su ego, acarició el sonido que Coxon les estaba proponiendo, lo que acabó dinamitando el Britpop y sus máximos abanderados, pues en 1997, cuando publicaron su álbum homónimo, poco quedaba de los Blur de los primeros trabajos y de relatar las costumbres de la sociedad británica. Albarn había madurado y se empezó a atrever a escribir en primera persona, lo que tras la ruptura de este con Justine Frischmann (vocalista de Elastica) se tradujo en otra obra mayúscula en la carrera de Blur como es “13”, cargada de canciones colosales (escuchen “Tender” y lloren) tanto líricamente como en su sonido, que siguió ahondando en lo que nos habían mostrado en su disco homónimo.

Blur se habían vuelto a reinventar, supieron ver a tiempo que debían cambiar de dirección y explorar en sonidos y temáticas que habían odiado profundamente hasta ese momento. Oasis, sin embargo, disfrutaron de un año glorioso en 1996 encumbrado por conciertos masivos como Knebworth que no hicieron sino engrosar el ego de los hermanos Gallagher, para que en 1997, con el hype por las nubes, llegara un disco bastante más discreto como fue “Be Here Now”, que si bien volvió a romper el mercado, con el tiempo se ha visto que es una obra menor y con el piloto automático de ventas puesto. En favor de Noel, diremos que algo como “(What’s the Story) Morning Glory?” era difícil de superar, y que si lo hubiera hecho, probablemente Albarn y Coxon se hubieran cortado las venas instantáneamente.

Oasis seguirían sacando álbumes, pero ninguno se acercaba a sus dos primeros esfuerzos. Su llegada había sido meteórica, de la nada en dos años trajeron dos discos que hicieron estallar todo y se convirtieron en referentes mundiales, gracias, en gran parte, al genio de Noel Gallagher. Lo de Blur fue algo más de superación, de levantarse después de cada tropiezo desde su primer larga duración, de reinventarse, de cambiar… de evolución. Y si la mofa de ‘Batalla del Britpop’ nos sirve para adentrarnos más en la carrera de dos de las mejores bandas que ha parido la madre Inglaterra en los noventa, bienvenida sea.

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