Querido futuro,

En esta carta quiero preguntarte: en tu época, ¿sigue siendo útil introducir los temas? ¿Siguen siendo necesarias las despedidas? Porque la acumulación desordenada de tiempo que eres me hace pensar que tiendes a excluir lo superfluo. El presente ya da indicios de que, poco a poco, nos vamos desprendiendo de atrezos que algunos consideran prescindibles. Cada vez más gente tiene la necesidad de ‘ir al grano’, quizás porque hemos asumido que ‘no tenemos tiempo’. En esa quimera, los preámbulos son una pérdida de tiempo, como si este fuera escaso, pensarás tú. Por eso te pregunto, a ti, porvenir, ¿será la ‘eficiencia’ la excusa para (casi) todo? Perdona mi petulancia, pero me gustaría que esta carta, allá donde el tiempo se pierde para un miope cronológico como yo, sirva de recordatorio de lo importantes que son los comienzos y los finales. Al menos, modestamente, en una buena canción.

Una vez más, la música es comunicación. En consecuencia, las intros y los outros tienen un papel fundamental. Una canción equivale a un mensaje. Y todo mensaje debe cumplir unas normas y, hasta ahora, debía tener, entre otras cosas, una introducción que contextualizaba y mostraba el camino y un final que concluía y cerraba el mensaje.

Puede que te parezca una necedad, pero cada canción tiene que empezar y debe terminar. No obstante, se diría que algunos temas tienen vocación de eternas, con piezas de más de 30 minutos, cosa que a mi viejo amigo Fredy Arense le pondría los pelos de punta en su programas de radio. “Thick As A Brick” de Jethro Tull, “The Devil Glitch” de Chris Butler o “Six Degrees of Inner Turbulence” de Dream Theater serían buenos casos que superan ese minutaje.

Los primeros segundos, el ictus inicial, son con los que decides seguir escuchando o pulsar ‘siguiente’. Sucede también que las posibilidades creativas son infinitas, pero como quiero explicarme para obtener tu respuesta, te sintetizo algunos de los tipos de introducciones más habituales en el pop-rock:

a) Con el riff principal o con la base rítmica: es la forma más típica y pienso en cualquier tema de AC/DC. Se basa en la idea esencial de que una canción de pop-rock es ‘riff-dependiente’ y gira a su alrededor. De hecho, se construye sobre él y se corona con un  estribillo repetido 3 o 4 veces.

b) Con el estribillo, en todo lo alto, como muchas de los Beatles de la primera época (“We Can Work It Out”), pero todas las del pop, que es el estilo que menos tiempo tiene que perder con sus canciones de 3’. Cosa que me hace pensar que el pop y su alianza con el mercado anden detrás de esta tendencia de la que te hablo. Otro ejemplo más: “My Little Japanese Case” de Spoon, que luego se desarrolla en una parte instrumental:

c) De menos a más: un fade in, como muchas de las del prog rock, que suelen ser canciones largas. Un gran ejemplo es “Dogs” de Pink Floyd, o “Innuendo” de Queen. Se diría que esas intros dejan paso a otra canción o que, mejor dicho, construyen piezas más amplias de retales sónicos, como los preciosos 40’’ inaugurales de “Woman in Chains” de Tears for Fears. Otras veces recuren a efectos especiales. Y, un clásico del rock, guitarras distorsionadas, como los 6 primeros segundos de “The Concept” de Teenage Fanclub.

d) De micrófono on: esos temas del punk o del power pop que ni empiezan ni terminan sino que parece que el oyente escucha una fracción de menos de 3’ de una banda que ya venía tocando. Pienso en casi cualquiera de los Ramones, en “Deep” de Pearl Jam o en “Suicide and Redemption” de Metallica. La energía es parte del relato de esas canciones, la idea de que nunca paran de existir en algún universo paralelo.

f) Y por último, en todos aquellos arranques originales, inclasificables, como el delicatessen ‘sónico’ de Foo Fighters en “What Did I do?/God as My Witness”.

Por su parte, los finales son a las canciones como las despedidas a las relaciones. Pueden sintetizarse como los comienzos, pero la diferencia es que uno puede siempre irse dando un portazo, pero solemos preferir marcharnos con elegancia. Por eso muchas de las canciones de los Ramones acaban intencionadamente de forma abrupta, supongo. Como una descarga que empieza igual que termina.

Entre los comienzos y los finales vive el relato de cada canción. Y aun el relato de un disco entero: cuando escuchábamos LPs completos siempre por el orden de su autor el final de una canción era el comienzo de la siguiente. Finales y comienzos complementarios quebrados hoy por el caos del ‘aleatorio canciones’ y por el desorden de las playlists.

Hay veces que la comunicación se vuelve tan eficaz como insensible. Una sociedad sin preludios es lo más parecido a un grupo de autómatas, quizás como lo imaginamos en tu época, futuro. Contextualizar, avisar o presentar son funciones propias de las introducciones, pero también forman parte indivisible del mensaje de la canción y son el primer significado que recibe el oyente. Y el final, de forma muy similar, permite saber que algo se va acabando. Un grand finale es un colofón necesario. Como en el cine o en la literatura, un remate fallido arruina una buena obra. Ese era el caso, para muchos, de Saramago o Javier Marías.

Quizás la obra maestra en cuanto a comienzos y finales, a mensaje integral y a canción redonda, podría ser “Politik” del primer trabajo de Coldplay: un tema con clímax y anticlímax y un final que se prolonga como una ola de espuma blanca en la arena de una playa desierta. Intensidad en estado puro.

Look at the earth from outer space
Everyone must find a place
Give me time and give me space

En conclusión, querido futuro, si tu respuesta es negativa temo que las consecuencias sociales sean la tosquedad y la dureza. De ahí a una política que seguirá queriendo ser eficaz pero que tal vez acabe siendo autoritaria, sin preámbulos democráticos y sin evaluaciones ex post. No es que hoy sea así, sino que al menos muchos seguimos aspirando a que los comienzos (o formulaciones) y los finales (o evaluaciones) de las políticas públicas sean abiertas, basadas en el open government y transparentes. Una sociedad que desatiende estas normas, cuyas canciones carecen de comienzos y de finales, es una sociedad que consiente ser gobernado de forma autoritaria. Quizás te parezca exagerado, quizás sea una preocupación infundada. Por eso, futuro, contéstame.

Pero todo esto quizás tú ya lo sepas, futuro.