AC/DC

Siempre que un integrante de un grupo carismático lo abandona en pleno apogeo, empiezan a salir hipótesis sobre el futuro de la banda. Pero, si encima fallece una pieza tan importante como el cantante, estas se multiplican.

Comenzaba la década de los 80 y Angus y Malcolm Young ya se ponen a grabar el séptimo álbum de estudio de la banda, ni un año después de la salida del gran “Highway to Hell”. Mientras, Bon Scott seguía con dos relaciones estables: La de su novia Anna Baba y la que mantenía con la heroína. El 15 de febrero fue a los estudios Battery, los cuales acababa de comprar el productor de la banda, John ‘Mutt’ Lange. Como estaba con resaca se puso a tocar la batería en vez de cantar, y grabaron las maquetas de “Let Me Put My Love Into You” y “Have A Drink On Me”.

Aquel día, tras salir del estudio, Bon quería ir a un concierto en Dingwalls, no sin antes aprovisionarse con algo de droga, y llamó a su exnovia, la cual no quería saber nada de él y le recomendó a un tal Alistair. Una vez con él, pasaron por el Music Machine, un local no muy lejos de donde se iba a realizar el concierto. Y, llegados a este punto, las cosas nunca han estado claras.

Según declaraciones de Alistair, en el local Bon ya estaba muy borracho, lo suficiente como para no mantenerse de pie. Por ello, lo metió en el coche para llevarlo a su casa, pero una vez en la puerta no respondía a las bofetadas, así que lo tapó con una manta y lo dejó allí.  Si tenemos en cuenta que Bon Scott era asmático y estaba en Londres en pleno febrero, el desastre era inminente. Ya tenía el andar puesto por la autopista al infierno.

El propio Alistair afirmó que estuvo dormido dos noches y no se despertó hasta el martes, por lo que, cuando bajó al coche, se topó con el cadáver y lo llevó al hospital King’s College, donde un médico certificó su muerte. Tras dos días de declaraciones, no se volvió a saber nada del tal Alistair, llegando a declarar incluso amigos del propio Bon Scott que nunca habían oído hablar de él. Todo parece apuntar a que era un vendedor ‘de poca monta’ de los muchos que había en la época. Tras ser incinerado, sus cenizas fueron depositadas en el cementerio de Fremantle, y su tumba es considerada patrimonio de Australia. Además, tiene una estatua conmemorativa en el mismo emplazamiento.

Lejos de seguir lamentándose, los integrantes de AC/DC tardaron poco en ponerse a buscar cantante. Tras multitud de audiciones y pensando ya en el nuevo disco, el afortunado elegido fue Brian Johnson, que por aquel entonces cantaba con la banda de Newcastle Geordie, después de que Mutt Lange le nombrara. El resto, como suele decirse, es historia del rock. Pero empecemos por el principio, por el homenaje: “Back in Black.

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[pullquote]Brian Johnson suena tan bien en este “Back in Black” que te parece un homenaje perfecto a Bon Scott. [/pullquote]

El álbum se abre con una de las canciones favoritas de los australianos para dar comienzo a sus conciertos: Hells Bells. Das al play y lo primero que suenan son unas campanas. Toca esperar hasta que empiece la música, pero cuando lo hace, de qué manera suena. Un riff conocido por todos, potente, rockero, con distorsión. A todos se nos viene la imagen de Angus a la cabeza cuando lo escuchamos, con su uniforme y su SG. Ahora sí, por fin escuchamos a Brian Johnson. El inglés canta como si llevara toda la vida con el grupo; qué voz de camionero más bien utilizada. La canción sigue la misma base durante prácticamente los cinco minutos que dura y casi siempre ponemos la mirada en Angus y Brian con la voz, pero el resto del grupo suena perfectamente y sería injusto no mencionarlos. Como curiosidad, decir que los propios AC/DC encargaron a una fundición una campana para el tema, pero como no llegó a tiempo grabaron la intro en un campanario.

Casi sin tiempo para asimilar el primer pelotazo, la guitarra nos dispara a bocajarro en el oído y comienza Shoot to Thrill“. Todo un cañonazo made in AC/DC, más rápido que el anterior donde Brian ya se ha ganado el puesto. Parón en el 3:24 para coger fuerzas y Angus nos remata con uno de sus solos. Esto no ha hecho más que empezar.

What Do You Do For Money Honey” suena muy fresca, muy a directo. Riff muy pegadizo y también rápido con tintes blues, combinando a la perfección con las voces de Brian Johnson y la guitarra rítmica de Malcolm, quien sabe muy bien lo que hace. Phil Rudd hace que suene muy agudo con sus golpes de platillo. Mención especial aquí para el final de la canción, pues llegados a este punto uno se da cuenta de que, hasta ahora, las tres que llevamos terminan de la misma manera, golpe de guitarra y de timbales. No es la única que lo hace, ni mucho menos, pues la mayoría de temas del grupo (no sólo del disco) lo hacen.

[pullquote]Por mucho que fastidie a bajistas y baterías, AC/DC es la Gibson SG de Angus, y se refleja a la perfección en este disco.[/pullquote]

Givin’ The Dog A Bone es pura electricidad, puro rock and roll, recordando incluso a Led Zeppelin. De nuevo aumenta el tempo. Coros sobresalientes y, nuevamente, muy buen sonido que, a priori, puede pasar desapercibido, por lo que puede ser necesaria otra escucha. Let Me Put My Love Into Youllega en el ecuador del disco. Un título y una letra muy de estrella de rock, justo lo que son AC/DC. Una canción más pausada, pero con un riff muy pesado, silencios que hacen a la canción tan especial una fuerte distorsión muy característica. En lo personal, los coros llegan a recordar a Kiss, pero puede que eso sea cosa del que firma.

Y llega el tema homónimo, el conocido por todos: Back in Black. No necesita más presentación que su nombre y sus tres acordes principales para saber de qué estamos hablando. Brian Johnson aquí se puede definir como espectacular. Cuando se le escuchan esos agudos uno se da cuenta del por qué fue elegido sustituto de Bon Scott. El solo entra poco a poco, para ser digerido mejor y acabar una canción de esta talla como merece.

[pullquote]Con AC/DC siempre se habla de la simplicidad en las líneas de bajo y batería, y en “Back in Black” no iba a ser menos.[/pullquote]

Nos vamos adentrando en el final del disco, y le toca el turno a otro de los clásicos, uno de los estribillos más cantados de la historia del Rock. La intro amolda el terreno a lo que nos depara, y el riff principal de You Shook Me All Night Longhabla por sí solo. Tres acordes sencillos, línea de bajo sin complicaciones y el típico 4×4 a la batería. Para rematar, el solo tampoco tiene gran complicación y virtuosismo, pero nadie dijo que hiciera falta a la hora de componer himnos en esto del rock. Terminada esta, le toca el turno a un blues rock muy cañero. Esto se acaba, pero la fiesta no decae, y Have A Drink On Mees la prueba de ello. Un bajo que suena muy cañero y misma fórmula en el resto de instrumentos. Repiten, pero funciona.

Ahora sí, la pareja final. Shake A Legno destaca frente a los grandes temas del disco, a pesar de ser un buen rock and roll. Un riff que se repite una y otra vez, línea de bajo acertada y buenas voces, pero sin pasar de ahí, pues puede llegar a rozar lo repetitivo. El solo es lo único a mencionar, pero por su rapidez más que por ser especialmente bueno. Y, por último, Rock And Roll Ain’t Noise Pollution. Empieza con un gran toque blues, con cierto tono a medio tiempo hasta que coge ritmo. Poco a poco nos introduce en el tema con una letra que es clara declaración de principios. Suena a bar, cerveza y noche de rock and roll. “Back in Black” es en su totalidad un perfecto homenaje para Bon Scott y un comienzo insuperable para Brian Johnson.

AC/DC – Back in Black
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  • Brian Johnson suena tan bien que te parece un homenaje perfecto a Bon Scott.
  • Por mucho que fastidie a bajistas y baterías, AC/DC es la Gibson SG de Angus, y se refleja a la perfección en este disco.
  • Álbum para guardar y no olvidar que se ha ganado a pulso ser uno de los más vendidos de la historia.

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  • Con AC/DC siempre se habla de la simplicidad en las líneas de bajo y batería, y aquí no iba a ser menos.
  • Repiten fórmula en la mayoría de canciones, ¿pero no es eso lo que realmente nos cautiva de los australianos?

PÁGINA DE ARTISTA

AC/DC

9.4

Clásico entre clásicos. Los australianos se sacaron esta joya tan solo un año después de otro discazo como “Highway to Hell”. Si a eso le añadimos la muerte de Bon Scott y la rápida adaptación de Brian Johnson, estamos ante un homenaje que roza la perfección y que bien merecido tiene el ser el tercer disco más vendido de la historia.