TITUS ANDRONICUS

Para introducirse en Titus Andronicus por primera vez a través de su debut no está de más echar un vistazo a la portada del mismo, fotografiada por el líder indiscutible de la banda, Patrick Stickles. A primera vista: una cantidad absurda de guitarras y pedales, sombras, anarquía, ruido y una calma propia de lo estático del extraño bodegón son conceptos que vienen a la cabeza y que resultan útiles para hacernos una primera impresión considerablemente acertada de lo que significa Titus.

Para definir medianamente el sonido de Titus Andronicus habría que acudir a varios géneros distintos, pues la suya no es una música que se afilie a un estilo particular sino más bien una mezcla heterodoxa. A saber, una base de punk que se asemeja en cierto modo a la de los Desaparecidos de Conor Oberst, aunque con un mensaje menos explícitamente político y más filosófico. También toma elementos del heartland rock predicado por el jefe Springsteen y prorrogado por, entre otros, The Gaslight Anthem, impregnando su sonido de ese característico aroma a costa de New Jersey. Todo ello se ve aderezado con una grandilocuencia que se plasma tanto en las propias letras como en la manera de sonar de cada instrumento, que se intenta imponer al resto en una refriega de la que siempre sale ganadora la desgarrada voz de Stickles.

A pesar de que Patrick Stickles se asemeje a un Rust Cohle exaltado y de que tanto el existencialismo como el nihilismo a los que canta le puedan pillar a más de uno con las clases de filosofía algo olvidadas, la música de “The Airing of Grievances” es disfrutable en sí misma. De hecho, su gran acierto consiste en esa mezcla bizarra y perfecta de unas letras sobre las que reflexionar largo y tendido junto con el rock de pubs y borracheras irlandesas a lo Dropkick Murphys o The Pogues al que remite su sonido.

[pullquote]Para definir medianamente el sonido de Titus Andronicus habría que acudir a varios géneros distintos, pues la suya no es una música que se afilie a un estilo particular sino más bien una mezcla heterodoxa.[/pullquote]

La canción que abre este debut, titulada “Fear and Loathing in Mahwah, NJ”, consta de cuatro partes bien diferenciadas. En primer lugar, un discurso leído en voz baja, a continuación un grito, “Fuck you!”, que da pie a la siguiente estrofa, ya acompañada instrumentalmente. Sin apenas darnos cuenta se abre camino un fragmento sin voz casi propio de una marcha militar, marcado por una batería protagonista. Y para cerrar la presentación, otro texto narrado a través de una voz distorsionada, esta vez perteneciente a “La lamentable tragedia de Titus Andronicus”, la más sangrienta obra de William Shakespeare y de la que procede el nombre del grupo. Las cosas se animan en “My Time Outside The Womb“. A pesar de ello, como la filosofía punk manda, permanece un fuerte contraste entre la vitalidad sonora reinante y la resignación de la que habla la letra. Y es que ésta versa sobre cómo Stickles fue iniciado de niño en el cristianismo por sus padres mediante el miedo, como todos sus vecinos y compañeros. Durante su adolescencia renegó del mismo, adoptando una pose de rebelde, tan sólo para acabar dándose cuenta de que iba a ser un adulto exactamente igual de desgraciado y mediocre que el resto del rebaño del que creía haberse desmarcado.

Una armónica abre “Joset of Nazareth’s Blues“, que se muestra como una sátira sobre la vida de Jesús y sobre como, si no has sido crucificado, “no sabes una mierda sobre reír o perder”. En este track es en el que Stickles se desgarra la voz de manera más exagerada, si bien la misma idea le funciona mucho mejor en la siguiente canción, con la que enlaza directamente. “Arms Against Atrophy” narra un viaje de juventud de nuestro protagonista ‘à la Kerouac’ a San Francisco en el que se rompió un brazo, se enamoró y tomó drogas. Todo ello contado de la manera más rabiosa y acelerada posible, con un grandioso riff que se prolonga durante la parte final de la pieza. Melódicamente, probablemente ésta sea la mejor pista de este primer trabajo de los neojerseyanos.

Por su epicidad, más que un tema “Upon Viewing Brueghel’s ‘Landscape With The Fall Of Icarus’” es un himno, acorde con todo el conjunto del disco y que añade músculo al núcleo del mismo. Líricamente continúa la temática que ya apareció “My Time Outside The Womb”, a medio camino entre la desesperación y la resignación por volverse adulto y no encontrar el sentido de la vida.

[pullquote]Su gran acierto consiste en esa mezcla bizarra y perfecta de unas letras sobre las que reflexionar largo y tendido, junto con el rock de pubs y borracheras irlandesas a lo Dropkick Murphys o The Pogues al que remite su sonido.[/pullquote]

Su pista más reconocida del primer disco, “Titus Andronicus”, sintetiza a la perfección las virtudes (y defectos si los hubiere) de los de New Jersey. Harto de que no se reconozca el profundo significado de sus letras, Stickles anuncia que ya hará su gran obra maestra otro día, profecía algo aterradora teniendo en cuenta el nivel de la posterior “The Most Lamentable Tragedy”.

La rabia furiosa parece aminorar en los primeros acordes de “No Future” (primera de toda una saga que continúa creciendo en paralelo a su discografía), pero enseguida retornan las guitarras abrasivas. Canción acerca de morirse, pero también un homenaje al lema punk por excelencia. Una vuelta de tuerca más sutil al mensaje de los Sex Pistols, con todo lo sutil que pueda ser gritarle a un micro desde las entrañas. Habiendo algo de autobiográfico en casi todas las pistas de este trabajo, en esta es especialmente evidente, con nuestro protagonista cantando que “se muere lentamente por la enfermedad de Patrick Stickles”. Rust Cohle.

[pullquote]A pesar de que Patrick Stickles se asemeje a un Rust Cohle exaltado y de que tanto el existencialismo como el nihilismo a los que canta le puedan pillar a más de uno con las clases de filosofía algo olvidadas, la música de “The Airing of Grievances” es disfrutable en sí misma.[/pullquote]

A “No Future” le sucede su continuación natural, “No Future Part Two: The Days After No Future”. Otra composición larga que en este caso parece buscar en vano el lado positivo de las cosas entre tanta miseria humana, mostrando un punto de falso optimismo. Esta finaliza con un párrafo de “El Extranjero”, de Albert Camus, en otra referencia cultural de altos vuelos. En ella, el protagonista acepta su inevitable muerte y se muestra feliz de haber vivido, en respuesta al religioso que le anima a convertirse en el último momento.

Habrá a quien le rechinen este tipo de citas en un grupo con alma punk como este, pero en lugar de un alarde de pedantería gratuita, hay que entenderlas como una parte fundamental de su música, sin la cual el discurso filosófico que entronca el trabajo no se mantendría o, como mínimo, no lo haría con la misma solidez.

En agradecimiento por haber tomado prestada su prosa, la última canción de este “The Airing of Grievances” se titula “Albert Camus”. Como tantas otras, el comienzo es tímido y casi delicado, para con un crescendo prolongado terminar en una catarsis final, aunque este tema concreto no alcance las cotas de ruido a las que nos habían acostumbrado anteriormente. Mención honorífica a sus versos finales, que constan de más valor lírico que 100 horas de lo que suena en las radios comerciales cada día. Larga vida a +@:

Lamb of God,
we think nothing of ourselves at all.
So death, be not proud
because we don’t give a fuck about nothing.
And we only want what we are not allowed

Titus Andronicus – The Airing of Grievances

  • Toman elementos desde el garage hasta el folk, amalgamándolos en una sonoridad propia, reconocible y absolutamente única.
  • Patrick Stickles no canta desde la garganta, sino desde el corazón o, más probablemente, los intestinos.
  • Las letras de Titus Andronicus no son imprescindibles para deleitar el disco, pero suponen un aliciente fundamental. Y si pasáis de ellas Patrick se pone triste.

  • De todos sus trabajos, probablemente éste sea el menos accesible para adentrarse en la obra de semejante banda. Además de la compleja filosofía inherente a las letras, el brutal lo-fi y la voz de Stickles son más descarnados que nunca y pueden echar para atrás en un primer momento.

PÁGINA DE ARTISTA

7.8

“The Airing of Grievances” supone la aparición en escena de uno de los mejores grupos de la escena de la Costa Este de Estados Unidos de los últimos años. Corazón y guitarrazos desbocados al servicio de un mensaje existencialista, amén de un retorno a las raíces del punk rock sucio y puro en su máxima expresión.