YEARS & YEARS

Mi acercamiento a la banda londinense Years & Years, y más en concreto a su primer y esperado LP, ha motivado en mí muchísimos y variados descubrimientos, la mitad relacionados con la incultura (la que no sabía que tenía, y que siempre es la peor) hacia el momento actual por el que pasa el pop, y la otra mitad descargándome de toda culpa al permitirme que no me importara demasiado. Sí, hay vida más allá del rock y variantes; y más allá de la inmundicia radioformulada y variantes (siempre me moví entre esos extremos), y ahora os voy a hablar de ella un poco porque pasaba por aquí.

Mikey Goldsworthy llegó a Inglaterra huyendo de los dingos australianos y no tardó mucho en conocer a Emre Turkmen. Goldsworthy le daba al bajo pero no le hacía ascos a añadirle algunas cuerdas más a su instrumento; Turkmen poseía una reseñable habilidad con las teclas. Oliver Alexander Thornton, inquieto hijo de la modernez isabelina, era el miembro que les faltaba, la cara reconocible, el carisma imprescindible. Goldsworthy, no sabemos cómo llegó la farra a tal punto, le escuchó cantar en la ducha, y le gustó lo que oyó. Tenemos banda. Olly, a la sazón interesado en el mundo de la cinematografía, concatenó los ensayos pastilleros con pinitos escénicos de cada vez mayor calado, y además de salir en pelis indies y series de equívoco glamour como Skins (más tarde enseñaría los colmillos en Penny Dreadful), precipitó la salida de los primeros singles. Y de los videoclips, claro. Todos de fotografía genial y trascendencia supina, aunque el punto más determinante de su carrera, despuntada en 2010, lo supondría ganar el Premio Revelación BBC Sound Of de 2015. Galardón anteriormente fallado a ilustres nombres como Sam Smith o Adele, y al que si le añadimos la gigantesca promoción que supone, empezamos a calcular la desorbitada grandeza del producto.

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[pullquote]El conjunto, pese a todo y en su mayoría, es coherente. La tontuna, la gravedad y la atmósfera son prácticamente constantes, y eso adquiere un gran valor dentro de un mercado tan subordinado al single y a los grandes éxitos como es el popero.[/pullquote]

Por ello, se podría decir que había muchas expectativas depositadas en su primer LP. Previo a su salida el mundo unido (que no tiene por qué representarnos) ya habría podido disfrutar de algunos de sus temas de adelanto, y habiéndolos escuchado ahora un servidor, en retrospectiva, es de suponer que con fruición y ansiedad. No cabe duda, en cualquier caso, de que el amor sobrevuela la franca totalidad del debut de Years & Years, de una manera insistente y, afinando, moña. Emre Turkmen, que es un sol, lo achaca pragmáticamente al influjo del pequeño Olly, definitivo escribidor de legajos que debe de haberse quedado muy a gusto con semejante, pormenorizada y cadenciosa crónica de sus desvelos amorosos. Ahora mismo, por si alguien se lo pregunta, parece que sale con el violinista de los Clean Bandit y es feliz, lo cual es de esperar que redunde negativamente en su agreste torrente de inspiraciones. Jo, no os hacéis una idea de lo bien que me lo he pasado documentándome para esto. “Communion”.

Dentro del primer corte, “Foundation”, late un minimalismo profeta de insoportable intensidad, y de él no hay mucho más que decir aparte de que, sí, tengo miedo. Mucho miedo. Antes de recuperarme del tembleque surge “Real”, otrora su tercer single, ahora el encargado de meternos en harina con una atmósfera muy conseguida, compuesta por capas y capas de decadencia urbanita y un bajo saltarín estupendo. Ni de lejos es el mejor tema, pero sí dispone de clase a raudales, apuntalada ésta con su interesante videoclip en el que aparecen Ben Whishaw y Nathan Stewart-Jarrett, al que a lo mejor algunos conoceréis por salir en Misfits interpretando al superhéroe más soso (y el que más temporadas aguantó sin que le doliera el caché), pero que aquí baila muy vacilón y con mucho swag. De hecho, todos bailan en este jocoso videoclip, pero el índice swagístico varía sensiblemente de unos a otros.

[pullquote]No cabe duda de que el amor sobrevuela la franca totalidad del debut de Years & Years, de una manera insistente y, afinando, moña.[/pullquote]

Encontramos en “Shine” un buen corte, apreciando algo parecido a la épica y al disfrute sin complejos con esos apoteósicos “uhuhus”. Aunque la letra persista en sus romanticismos de after, el eventual bajón consigue ser abortado por la bien administrada grandilocuencia de los órganos y por cierta ilusión de que las cosas se van a poner bien (la esperanzadora coda la permite). Lo prometido debe ser deuda, porque la siguiente parada es “Take Shelter”, con su esmerada producción (voces que llegan de unos lados u otros para confluir en el resultón estribillo) y su divertido juego de bajos (ésos son los bajos, ¿no?). Me permitiré emplear el término temazo para definir lo que nos ocupa, e incluso añadiré que el mismo tiene algo que me gusta llamar, no sé si rigurosamente, ‘groovy’: lo escuchas y, sencillamente, te mueves, no puedes hacer otra cosa; la canción que me encantaría danzar plácidamente en las discotecas si alguna vez fuera a alguna sobrio. El videoclip es también en sí mismo una pasada, hipnótico, extremo, y con la bellísima Emily Browning manteniendo esa carita adorable que se le quedó al ver el montaje final de Sucker Punch.

Mantenemos más o menos el nivel con “Worship”, al menos en cuanto a lo que musicalidad estética y agradable se refiere. En cuanto a la lírica, pues bueno, aquí vuelve a la carga la autocompasión más insípida del pobre pequeño Olly, que qué rabia le tiene que dar no ser tan guapo como Matthias Schoenaerts, y cómo tiene que estar de la cabeza para asegurarnos con toda la seriedad del mundo que “I’m holy, I want you to know it”. En fin, “Eyes Shut”: con ustedes, el esperadísimo feat entre Years & Years y Sam Smith, quien afronta con todas sus afectadísimas ganas el tema más genuinamente popero y clásico del disco (y por ende, el favorito de quien esto suscribe). Ahora en serio, obviamente no es Sam Smith el que canta, sino el pequeño Olly, y por mucho que en cualquier momento pueda perfectamente arrancarse con un catártico “Oh won’t you… Stay with me”, ésta es muy buena canción, dando la exacta medida de una pubertad superada, pero no demasiado.

[pullquote]“Communion” no es un mal álbum. Es larguísimo, Olly Alexander es un brasas, pero tiene arreglos y melodías muy interesantes y si hubieran controlado un poco mejor la duración estaríamos hablando de un trabajo notable.[/pullquote]

Ties” supone una agradable sorpresa en contra de la metálica tonalidad que venía imperando: la caja de ritmos, que en otro artículo me gustaría llamar batería, suena pesadísima y molona, y, al igual que en “Eyes Shut”, suena un piano limpito y armonioso, para un corte casi redondo que, incomprensiblemente, no cuenta con videoclip del que reírse. Probablemente sea “King”, por su parte, la canción clave de “Communion”, tremendamente pegadiza, discotequera, desechable. Los teclados de Emre Turkmen inyectan a fuego en nuestras cabezas el imprescindible riffecillo (se llama riff, ¿no?, definitivamente no estoy en mi elemento), y la letra, aunque sigue siendo de un lánguido difícil de no denunciar (“They say it’s easy to leave you behind, I don’t wanna try”), tiene sus momentos. En cuanto al videoclip, pues es una marcianada. Todo en orden.

La sigue en el LP “Desire”, y tal y como nos temíamos, el estribillo se compone de un dolorido “disaieeeeer”. Aquí el asunto se rige por las mismas pautas que el temazo del álbum (“Take Shelter”, por si no lo recordáis, yo ahora no puedo quitármelo de la cabeza), y es una cancioncilla para bailar sin pensárselo mucho, so pena de reparar en las moñadas que se marca el pequeño Olly. En esta ocasión, nuestro amiguito prefiere sentir exclusivamente deseo por alguien, porque intuye que como sienta amor la habremos liado y tendremos que sacar un disco conceptual. Al menos, en el videoclip hace cosas guays con una máquina de escribir, que siempre es un plus.

[pullquote]Según se suceden las pistas un hipotético oyente empieza a percibir que todo suena a lo mismo, y la cerril inmutabilidad temática hace flaco favor a, sí, melodías bien ejecutadas y teledirigidas a las pistas de baile, pero, ¿hay algo más?[/pullquote]

Gold” no está mal, pero luego de haberse sabido llevar el ritmo del disco con tanta corrección, y poco después de concluir el festival de la comercialidad que era “King” (tanto para lo bueno como para lo malo), un hipotético oyente empieza a percibir que todo suena a lo mismo, y la cerril inmutabilidad temática hace flaco favor a, sí, melodías bien ejecutadas y teledirigidas a las pistas de baile, pero, ¿hay algo más?

Con “Without” vamos descubriendo que no, aunque eso tampoco implica que los londinenses ya no puedan volver a sorprendernos. Porque aquí lo hacen, ya sea por la letra amorosa, acaso exacerbada hasta límites paródicos, o por la inevitable retrotracción en el estribillo a U2 (que no, la verdad es que no me esperaba encontrármelos por estos pagos). Total, que el disco debería acabarse ya aquí, porque es obvio que todo el pescado está vendido, pero aun así ahí insistimos con “Border”. Una canción que por mucho que escuches olvidarás sin remisión, de tan correcta e insustancial que se revela. La interesante línea de bajo acaba perdida entre los “ooohs” protocolarios y las mismas frases de carpetilla vomitadas por un Olly que no, que en efecto ya no sabe cuándo parar. En la última canción, “Memo”, Sam Smith vuelve a las andadas pero ya no estamos de humor (ni aunque suene la palabra “Stay” y uno pueda frotarse las manos, predispuesto a la mofa). La instrumentación escogida para la empresa es rarísima y desentona que no veas con el resto del disco; el típico tema que nació fuera del álbum y que ojalá se hubiera quedado ahí.

“Communion” no es un mal álbum. Es larguísimo, Olly Alexander es un brasas, y no me gusta casi ninguna canción; pero no es un mal álbum. Tiene arreglos y melodías muy interesantes, el pequeño Olly a fuerza de llorar ha aprendido a afinar los gemidos, y si hubieran controlado un poco mejor la duración estaríamos hablando de un trabajo notable, del mismo que han hablado la mayoría de los medios. Habrá que seguirles la pista a Years & Years en el futuro, y cuando hablo de ‘habrá que seguirles’ me refiero exclusivamente a vosotros. En cuanto a un servidor, Iron Maiden nunca le ha transmitido especialmente nada, pero de repente tiene unas ganas inmensas de comprobar la señal.


Years & Years – Communion


like

  • Los estribillos están cuidadosamente diseñados.
  • Algunas salidas de tono orquestales que acaban quedando muy chulas.
  • Lo coherente que, pese a todo y en su mayoría, resulta el conjunto. La tontuna, la gravedad y la atmósfera son prácticamente constantes a lo largo de “Communion”, y eso adquiere un gran valor dentro de un mercado tan subordinado al single y a los grandes éxitos como es el popero.

dislike

  • La hipersensibilidad de Olly Alexander puede resultar total o parcialmente indigesta.
  • Le sobran bastantes canciones y, vuelvo a repetirlo, sí, le sobra AMOR.
  • Que lo mismo esta crítica no tenga validez alguna.

PÁGINA DE ARTISTA

YEARS & YEARS

6.7

Álbum debut de aprobado alto y potencial más alto todavía. Muy pocas canciones mediocres y sí muchas entretenidas y bailables, que justifican mil y una escuchas desprejuiciadas y vírgenes. A los quinceañeros les va a encantar, pero no sólo a ellos.