Hay muchísimas cosas negativas en las tecnologías que usamos hoy en día. La privacidad parece un bien reservado para unos pocos privilegiados que obvian las tendencias sociales y osan recluirse tras un libro en el salón de casa. Pero, como todo objeto de consumo, tiene cosas maravillosas y en el campo que hoy nos ocupa es una bendición.

Bob Dylan ha llegado a la fama por muchas cosas. Desde la inyección de la poesía en el rock and roll hasta la pose de mito inaccesible que se ha labrado con mucho mimo y trabajo. Pero hay algo que ha permitido a Bobby ser reconocido más allá de cualquier frontera humana: sus constantes cambios de letras y setlists. Gracias a su página web (que lleva el registro de lo que toca cada noche), podemos constatarlo. Desde su primera aparición en el Gerde’s Club de New York hasta el fin de esta gira que acaba de realizar por Europa. Está todo recogido ahí, al alcance de dos clicks de ratón.

En la gira de este año 2015, Dylan lo ha vuelto a hacer. Después de un año y medio cantando las mismas canciones cada noche (con un par de retoques ocasionales), ha querido volver a engañarnos. Canciones que desaparecieron hace eones de sus shows fueron rescatadas por un maestro arquitecto de las obras de teatro (cuestión que trataremos con más detenimiento en apenas unos párrafos).

“Desolation Row”, “Ballad of a Thin Man”, la curiosa “Tweedle Dee and Tweedle Dum”, “Shelter From the Storm”, “All Along the Watchtower”… ¿Y por qué? ¿Cuál es la razón de que Dylan lleve subiéndose a un escenario 54 años sin repetir las cosas de una noche a otra, ya sea con una melodía vocal o un setlist nuevo?

Antes de intentar responder a estas cuestiones, les invito a utilizar la maravillosa posibilidad que nos brinda YouTube y escuchen las canciones que Dylan reforma cada noche.

No hay verdad absoluta y quizá no exista persona en el mundo capaz de corroborar lo que escribo aquí, así que, en vez de plantearlo como una teoría surrealista sobre un Diablo que vive en el armario de Dylan, lo enfocaremos como una reflexión obtenida a raíz de seguir su gira por España en este año 2015.

Desde el día que Dylan entendió que tenía que ser ‘Songwriter’ tiene todo planeado.

Si examinamos con cuidado su carrera, las entrevistas que hay desperdigadas por la red y algunas letras de sus canciones, hay pistas que nos pueden llevar a esta posibilidad. Bob Dylan es más cercano a Shakespeare que a su idolatrado Guthrie en el enfoque grande. En lo que él llama ‘The Bigger Picture’.

En una obra del bardo de Stratford, se crean realidades paralelas a la nuestra con una naturalidad como si de beber agua se tratara. ¿Y no es eso familiar?

Dylan ha creado realidades distintas desde que puso el pie derecho en Nueva York, allá por 1960. Sus entrevistas son complicados rompecabezas cimentadas alrededor de la idea de que él no es sino un resultado de toda la cultura anterior a su tiempo. Frases enigmáticas como: “Some people are just born in the wrong city to the wrong parents, so I had to leave my hometown”, o lo que es lo mismo: “Algunas personas simplemente nacen en la ciudad incorrecta y tienen unos padres equivocados, así que tuve que dejar mi casa”.

El misticismo con el que explica la composición de sus canciones, envolviéndolas en un velo de malditismo y creatividad ilimitada, es otro de esos misterios que están por resolver. Dylan lo trata en los primeros segundos de esta entrevista en la que se muestra más accesible que de costumbre.

https://www.youtube.com/watch?v=J6p9cBA7B9o

Un show de Dylan hoy en día es un concierto de música clásica. El problema es que el público que se presenta en el teatro o pabellón no lo entiende como tal. Uno no se imagina una sinfonía de Mahler en Viena con una multitud que no cesa de buscar el selfie perfecto para contarle a su amigo dónde pasó la noche. En cambio, en un show de Dylan sí se vive esto. Dylan ya no es el chico revolucionario que cambió el mundo. Es un ente creativo, de los más grandes que han pisado esta tierra, que a la edad de 74 años desnuda su alma cada noche. Una especie de maestro zen que nos lleva por los campos de cultivo de la música americana.

A principios de este año, nos sorprendió a todos con un discurso de 30 minutos en un acto organizado por MusiCares, una fundación dedicada a la promoción de la música y a la ayuda de artistas necesitados.

30 minutos para una persona que nunca se ha prodigado mucho en público da que pensar. Y más aún después de leerlo y entender que es un discurso/epílogo. El final de un círculo dibujado muchos años atrás que encuentra su final tras cambiar la dirección de la música popular en 3 ocasiones.

Aquí os dejamos la transcripción del discurso y, citando a Jack Sparrow, hago la pregunta final:

¿Lo tiene todo planeado o lo improvisa sobre la marcha?