Corría 1965. Los Rolling Stones habían publicado en abril del año anterior su álbum debut en Inglaterra y en mayo al otro lado del charco, con el que rápidamente llegaron a lo más alto en su país natal permaneciendo en el número uno durante doce semanas, pero en Estados Unidos se veían subyugados a un fenómeno que acababa de estallar y que tenía a millones de americanos embelesados: la Beatlemanía. Sí, es tan odioso como atroz tener que sacar a relucir a los de Liverpool en el primer párrafo de un artículo cuyos protagonistas son Jagger, Keith y compañía, pero no lo hagamos con la idea de enzarzarnos en una discusión sobre qué agrupación es la más grande de la historia. En realidad, fue nuestro místico amigo Harrison, sometido a la radiante dupla Lennon-McCartney, el que recomendó a Dick Rowe y Decca (sí, el sello que había rechazado a The Beatles cometiendo el error más grande de la industria musical) fichar a los Rolling Stones, a los balas perdidas. Así las cosas, el segundo single de los londinenses sería “I Wanna Be Your Man”, pieza escrita por nuestros queridos Paul y John. Por otro lado, unos años más tarde, en la carátula de “Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band” aparecería una muñeca con un jersey a rayas (de los que le gustan a David Summers) que dejaba leer ‘Welcome The Rolling Stones’, mientras que los de Mick Jagger responderían introduciendo de forma muy sutil y enigmática las cuatro cabezas de los Beatles en su portada de “Their Satanic Majesties Request”.

Extirpada la duda sobre si lo que queríamos era hablar de la enemistad entre ambas bandas, el porqué de mencionar a The Beatles es tan simple como que convivir con la explosión que supuso la Beatlemanía no fue nada fácil para unos Stones que aunque alcanzaron el número uno en el Reino Unido con sus dos primeros esfuerzos, veían como América se les resistía y prefería mirar hacia el sonido y apariencia de los chicos buenos de Liverpool. The Rolling Stones, decididos a no ser un simple grupo más que viviera a la sombra de los Beatles, apostaron por rescatar una actitud desafiante y los bailes y movimientos descarados sobre las tablas, luciendo en todo momento una pose traviesa y canalla, ganándose la fama de chicos malos, de gamberros irreverentes que representaban todo lo contrario que The Beatles, vistos como niños buenos, siempre cordiales y correctos, que se exponían en los escenarios casi inmóviles y estáticos. Jagger, Richards y sobre todo, su mánager Andrew Loog Oldham, constituyeron esa imagen de chicos malos y rebeldes de Londres como respuesta a la pulcritud y pureza de los Beatles.

Pero incluso así, la actitud chulesca y traviesa de los nuevos creadores de éxitos de Inglaterra no era suficiente para establecerse como un conjunto de talla mundial. La dinamita que los catapultaría a ese estatus sería “(I Can’t Get No) Satisfaction”, el que a la postre fue el primer número uno internacional de The Rolling Stones.

Y esa dinamita se gestaría durante la tercera gira de los británicos por Estados Unidos. Una noche de mayo se hospedaban en el hotel Fort Harrison de Clearwater, en Florida. Keith se había ido a acostar pero había dejado cerca su guitarra, como de costumbre, y en la mesilla su grabadora portátil Philips, porque las musas no entienden ni de horas ni de lugares, y Richards lo sabía. Así pues, Keith, de repente, se despertó, se incorporó con su guitarra en la mano y presionó el botón de su grabadora. Al acabar de interpretar y registrar lo que le había despertado, volvió a caer redondo en la cama de aquel hotel de Florida.

A la mañana siguiente se levantó y vio que la cinta estaba casi acabada, y aunque no recordaba haber grabado nada sí sabía que la noche anterior había puesto una cinta nueva en la grabadora, por lo que apretó el play. “No escuché nada, así que pensé que no había nada grabado… Quizás había pulsado el botón sin querer mientras dormía. De todos modos, reproduje toda la cinta desde el principio… y ahí estaba, como una especie de versión fantasma. No era el mismo sonido porque lo toqué con la acústica, pero ahí estaba el riff de “Satisfaction”. Era, de alguna forma, en su disposición primigenia. Se me puede oír murmurar “I can’t get no satisfaction” o incluso cómo se me cae la púa, y después hay unos cuarenta minutos de ronquidos, pero el embrión de la canción estaba ahí y que yo había soñado con esa maldita cosa también”.

Según Bill Wyman, bajista del grupo, fue Jagger el que descifró los murmullos de Keith como “I can’t get no satisfaction”, línea que se dice que podría estar inspirada en el “Thirty Days” de Chuck Berry, que versa “If I don’t get no satisfaction from the judge”. Ahora tenían título y riff, aunque a Richards no le acababa de convencer por dos motivos: el primero porque, según Mick, veía ese riff demasiado básico, simple, y el segundo, porque se parecía horrores según él a dos canciones de Martha & The Vandellas (“Dancing In The Streets” y “Nowhere To Run”).

Pese a las evidentes dudas del guitarrista, Mick, al contrario, rápidamente se entusiasmó con el boceto de canción que tenían entre manos y se puso a trabajar en la letra. Richards declaró que normalmente funcionaban así en el proceso creativo; Keith solía crear el gancho, el riff, y Mick era el encargado de poner palabras, de dar rostro a la música. El fruto obtenido en “(I Can’t Get No) Satisfaction” es una composición que brota desde la piel de un Mick Jagger que aún no había cumplido los veintidós años y se encontraba angustiado, desolado y frustrado en general con la década de los sesenta, mostrando su enojo con esa faceta del consumismo, la publicidad y el capitalismo salvaje que vivían unos años dorados y no se preocupaban de su generación más que para verlos como potenciales consumidores. La creatividad desmadrada de Mick también sirvió para incluir algunas estrofas que hacían referencia a una manifiesta insatisfacción sexual y a la presión de ser una estrella, de girar constantemente y lidiar con la presión.

Ahora sí. Tenían todos los ingredientes, y tan sólo cinco días después de que Jagger apareciera con la letra, los Stones habían pasado del caluroso sur de Florida a Illinois, y se hallaban en los Chess Studios de Chicago. Mick, impaciente, quiso grabar allí una primera versión dentro de una maratoniana sesión que duró desde aproximadamente las doce de mediodía hasta pasadas las cinco de la madrugada del día siguiente. Asimismo, hemos de añadir que a esta inacabable sesión nuestros Stones llegaban tras haber tocado la noche anterior en el Arie Crown Theater. Como todos podemos imaginar, a pesar de tener las piezas del puzzle entre sus manos, no era ni el lugar ni el momento adecuados, lo que propició que el resultado fuera de todo menos satisfactorio. En formato acústico, este intento de “(I Can’t Get No) Satisfaction” carecía de la fuerza, garra y del nervio que una letra tan provocadora requería. No la salvaba ni el trabajo de ingeniería y producción de Ron Malo (con el que habían trabajado en su primera gira y era un reputado entre los grandes del blues y el R&B) ni lo que debió ser una genialidad de armónica a cargo de un Brian Jones que, sin embargo, había manifestado su poca simpatía hacia esta canción.

Casi sin dormir y con un tremendo cansancio acumulado los Rolling Stones abandonaban Chicago y cogían un vuelo con destino a Los Angeles donde, en los casi recién estrenados estudios RCA de Hollywood, les aguardaba otra tremebunda sesión de grabación. Pero el resultado sería diferente; “(I Can’t Get No) Satisfaction” era un pequeño monstruo que estaba listo para mutar y evolucionar, y así fue. Con el ingeniero Dave Hassinger a los mandos, Richards incorporaría un pedal Gibson Maestro Fuzzbox para tratar de dar más corpulencia y robustez a su instrumento, además de mejorar la cohesión con los instrumentos de viento que habían planteado integrar. La pandereta, después de que Mick Jagger desistiera tras poner todo su empeño pero errar constantemente, fue tocada por Jack Nitzsche, un músico contratado por los Stones.

El 12 de mayo una nueva versión completamente diferente estaba terminada. El resultado había sido excelente y tanto el mánager Andrew Loog Oldham como el ingeniero Hassinger estuvieron de acuerdo en que era una pieza con calidad de single. Richards seguía sin conformarse y se enfureció cuando se enteró de que la canción salía como sencillo sin tener en cuenta su opinión, porque para él el ‘efecto fuzz tone’ no era sino un truco de poca monta para intentar sustituir la sección de metal que debía haber realizado un riff de ese calibre. No le parecía un mal tema, quizás una cara B o una composición decente para formar parte del próximo álbum, pero no un single. No obstante, lo que parecía ser una burda artimaña se tradujo en que en siete meses, para finales de 1965, todas las existencias de pedales Gibson Maestro Fuzzbox estaban agotadas.

Por suerte para los Stones y para el resto del planeta, Andrew Loog Oldham hizo oídos sordos a las quejas de Keith y el 6 de junio de 1965, “(I Can’t Get No) Satisfaction” estaba en las calles con “The Under Assistant West Coast Promotion Man” como lado B. El monstruo era libre y nadie podía pararlo. Durante el mes de junio fue subiendo en las listas, derribando cualquier tema que se encontraba una posición por encima. Así, para el 10 de julio ya era número uno en Estados Unidos. Las semanas se fueron sucediendo y “(I Can’t Get No) Satisfaction” seguía ahí, permaneciendo en las listas durante tres meses y medio, aunque cayera de lo más alto. Fue, como ya dijimos anteriormente, el primer número uno de los Stones en América y, para cabreo de Richards, el primer número uno que utilizaba el célebre ‘fuzz tone’.

Además de como sencillo, “(I Can’t Get No) Satisfaction” se editó como parte de la versión estadounidense de “Out of Our Heads”. En Inglaterra tardaría más de dos meses en llegar de forma oficial con “The Spider and the Fly” como B-side, ya que inicialmente en Decca estaban trabajando en un EP con tomas grabadas en directo. Las radios británicas tampoco reproducirían la canción, ya que su letra contenía demasiadas insinuaciones sexuales, dejando todo el protagonismo a las famosas radios piratas de Gran Bretaña. Allí, tampoco formó parte del “Out of Our Heads”, puesto que no estaba bien visto incluir composiciones que ya se hubieran lanzado como sencillos.

“(I Can’t Get No) Satisfaction” fue, en definitiva, la canción que verdaderamente propulsó a los Rolling Stones. Para Jagger, hay un antes y un después de este tema. “Es la canción que engendró a los Stones. Nos transformó. Éramos una banda corriente y nos convirtió en un grupo descomunal, colosal. Tiene todo: empezando por un magnífico riff, siguiendo por un sonido de guitarra excepcional y novedoso en el 65, además de un título sugerente. Y la letra, que se vincula a la perfección con el momento de mediados de los sesenta y el hartazgo de la sociedad”.

Y aunque “(I Can’t Get No) Satisfaction” pusiera a los Rolling Stones en el sitio que les correspondía, ellos, fieles a sus imperecederas irreverencia y rebeldía, se mantendrían insatisfechos, continuarían hambrientos e irían creciendo disco a disco, hasta llegar a 1972 cuando, con “Exile on Main St.”, lograrían que eso a lo que llamamos rock and roll alcanzara su más absoluta perfección.