Rubén Pozo (Barcelona, 1975) es un músico que se viste por la guitarra, antes que por los pies. No saca el folleto para vender “En Marcha”, su último disco, el segundo en solitario tras la década de oro vivida junto a Pereza, sólo asegura que es un disco lleno de canciones que se sostienen sólo con una guitarra, un piano y una voz, y que tiene la capacidad de emocionar, antes que nada a quien las ha hecho. Debe ser que cada día se siente más cómodo tocando en solitario, a pelo, como quien se da un paseo descalzo por la Gran Vía. Rubén Pozo ha tocado en Las Ventas y en los pasillos del metro de Madrid, y a estas alturas, lejos de limusinas, sigue convencido de que el éxito es seguir haciendo canciones, discos y tener la certeza de que mañana también podrá mirarse al espejo. Así nos lo contó al Quinto Beatle.

Lo primero que llama la atención de “En Marcha” es que es un disco muy variado, lleno de colores, con canciones tan distintas como “Chatarrero” o “Disco Stu”. ¿Te lo habías propuesto o ha salido así?

Salen así las canciones, solas. Lo que más me importa a la hora de componer y de grabar es que la canción tenga alma por sí sola, que a guitarra y voz o a piano y voz se sostenga; después de eso sí pienso en vestir cada canción con el traje que más le favorece, que la hace más guapa. Y no me corto. Considero que a pesar de que el disco sea variado, queda todo englobado dentro de mi estilo, de mi forma de escribir y de interpretar con la guitarra y la voz, y creo que da mucha alegría cuando escuchas el disco entero.

Yo escucho los discos enteros y me planteo los discos como si fueran una experiencia para escuchar de principio a fin, a pesar de que vivo en 2015 y soy consciente de que la mayoría de la gente coge canciones… tres, cuatro, dos o una… y se hace una playlist. Eso lo hacemos todos, pero cuando un artista me interesa me escucho el disco entero, porque no todo es el single, me gusta descubrir otras cosillas.

Fotografía: Raquel Díaz Outón
¿Como a la vieja usanza?

A la vieja usanza no, porque se siguen sacando discos. Lo oigo mucho… a la vieja usanza…

Te gustan las canciones que salen del tirón… ¿Son más frecuentes entre tus composiciones ahora que cuando empezabas?

Lo que más me sale son canciones que voy desarrollando poco a poco. Hay algunas que tardan años. No es que esté años diariamente creándola, a lo mejor he tenido un impulso inicial una tarde, he hecho un poco, me la estoy peleando tres días, llego a un callejón sin salida y la abandono… al mes la retomo sin darme cuenta… A veces es un proceso en el que hay que ir dejando a las canciones que vayan resolviéndose por sí solas, dándoles un poco de tiempo. Otras salen rápido, en una tarde las tienes resueltas, supongo que porque tienes algo claro que decir y conectas el momento en el que estás con lo que tienes que tener para que salga una canción, hilar una frase con otra… Me gustaría que me salieran todas así, lo que me quitaría mucho trabajo [Risas]. Pero también es emocionante cuando una canción se atranca y cuesta y tienes que descifrar por dónde te quiere llevar. Es una cosa que me apasiona, que me da muchos quebraderos de cabeza, pero que cuando lo acabo resolviendo me siento un campeón.

Es emocionante cuando una canción se atranca y tienes que descifrar por dónde te quiere llevar. Cuando lo acabo resolviendo me siento un campeón.

¿Qué has aprendido con tu último disco?

He aprendido que a las malas, aunque me gusta tocar con la banda y hacer garitos, si me tengo que quedar solo y defender mis canciones, lo puedo hacer, que sostengo un show de una hora y media con mi guitarra. Hay quien dice que si es un formato acústico… No, me llevo la guitarra acústica y la eléctrica, me pongo de pie con la eléctrica, hago solos, canto canciones… Eso es lo que he aprendido, que las canciones que son de composición a guitarra y voz de sostienen. Al principio me asustaba. Antes pensaba en cómo lo iba a hacer sin banda. Y he descubierto que cuando me pongo yo solo me siguen saliendo conciertos y la gente va a verme. Vivo noches muy emocionantes en ese formato.

¿Sientes alivio en ese sentido? ¿Disfrutas más los conciertos a pelo que con tu primer disco?

Sí, la verdad es algo que no había hecho. Bueno, sí al principio. Recuerdo que entre Buenas Noches Rose y Pereza me iba al metro a tocar, y hacía canciones del primer disco de Pereza, las probaba en el metro, iba componiendo y tocando cosas. Fue una época en la que dejé los trabajos que estuviera haciendo, me dediqué a tocar, a montar Pereza, y cuando no tenía conciertos, ponía el sombrero y las monedas que me llevara… Desde entonces no lo había hecho y cuando volví a hacerlo me sorprendí encantado, aguantando un show entero yo solo y pidiéndome a mí mismo una más.

¿Sientes que te vas quitando capas disco tras disco, sacando cada vez más el Rubén que llevas dentro?

Jack Kerouac decía que escribiendo, si eres sincero, se va a crear una telequinesia entre autor y el lector, y cuando no sé qué dirección tomar y la ficción ya no me da más de sí, tiro de la realidad pura y dura y creo que esa sinceridad le da una áurea especial a determinadas frases… Tampoco quiero hacer un compendio de mi vida, busco emociones que en general me atenazan y trato de deshacerles el nudo. Lo he hecho desde siempre, lo que pasa es que ahora la gente se fija más en lo autobiográfico porque me conoce más.

¿Hay veces que te cortas a la hora de escribir sobre ti?

Sí, hay veces que da pudor y que piensas que es muy cantoso, que lo estás mostrando muy a las claras. Pero en la realidad cuando a alguien lo escucha y no te conoce, no lo aplica a tu vida, si le llega lo aplica a su vida. Pero es normal tener ese pudor, pensar que todo el mundo va a escuchar tu canción y que te conoce como tu madre. Esas cosas que al componer te dan pudor son las que al final conectan con la gente, aunque la sinceridad por sí misma no funciona, hay que tener mano izquierda, saber dónde y cómo ponerla.

Tocando en solitario me sorprendí encantado, aguantando un show entero yo solo y pidiéndome a mí mismo una más.

¿Cómo se presenta lo que queda de año?

Ahora tocar, que es lo que me gusta. Te tiras mucho tiempo confeccionando un disco, haciendo pruebas, maquetando canciones… Es un proceso largo, de trabajar muchas veces solo… y luego sale el disco y sienta bien tocarlo en directo. Desde que estoy en solitario en verano no trabajo demasiado. Yo hago garitos y la gente no quiere meterse en un garito en agosto a 40 grados… yo tampoco [Risas]. Lo mío es más el circuito de invierno. Tengo actuaciones en verano, pero estoy preparando más conciertos con banda para octubre, noviembre y diciembre. Sacaré otro single tras el verano, con otro vídeo y estoy viendo cómo lo grabamos…

¿La música se ha vuelto rutinaria en algún momento?

Yo me pongo a trabajar por la noche, me pongo a tocar cuando está cayendo el sol. Lo hago cuando no tengo conciertos. A veces estoy más compositor y otras dejándome llevar, tocando cualquier cosa y así  a veces sale una canción. Nunca me siento y digo “voy a hacer una canción”. Bueno, sí que lo hago, pero en esos momentos no suele salir nada. Tengo que estar pensando otras cosas y tocando a la vez, y de repente una frase me la digo en alto y me la apunto, empiezo a conectar una idea a otra, a jugar… Sí se me da bien hacer canciones de encargo. Cuando es así si me pongo y de alguna manera la orden, entre comillas, me viene bien… me digo, sé un hombre[Risas]. Generalmente las canciones me suelen sorprender… Lo que sí sé es que si estoy en casa, casi todas las noches me pillan en la habitación donde tengo las guitarras y hago las maquetas.

Para acabar. ¿Qué es el éxito?

Creo que el éxito es hacer lo que te gusta y que te dé para vivir. La sociedad está cambiando de modelo, el capitalismo va a un callejón sin salida. El éxito es levantarte por la mañana y que lo que ves en el espejo, que el brillo de tus ojos, te guste. Para vivir plenamente no hacen falta limusinas ni fuegos artificiales.