Xoel López es uno de los artistas más polifacéticos de nuestro país. De ser el mod patrio en sus comienzos con Deluxe, a su etapa más folk con Lovely Luna y su más reciente aventura latinoamericana en “Atlántico”, retorna a España con nuevo disco, “Paramales”. Este nómada gallego (valga la redundancia) con aires de Beatle presenta esta vez un trabajo en el que perdura el más reciente aire latino a la vez que retoma sonidos anteriores, explora nuevos caminos y fusiona sonidos, que es algo que Xoel parece dominar como nadie. Aprovechamos la ocasión para hablar de esta obra, de su paso por Argentina, de la cultura y de orgías de pingüinos.

“Paramales”. A nosotros el nombre del disco nos recuerda a conjuro, a algo primigenio y espiritual. Dijiste en su día que lo que pretendías era que evocara cosas distintas a cada persona, cosas propias. ¿Qué te está diciendo la gente que habla contigo sobre esta palabra?

La primera persona a la que pregunté, antes de que saliera el disco, fue a David Quinzán, un músico de Coruña amigo mío y me acuerdo que dijo: “amuletos”. Esa fue la palabra que usó. Yo estaba viendo qué podía pasar con el título, haciendo un pequeño test, y me gustó la impresión de esa primera persona a la que comenté el título y no sabía nada de lo que venía por detrás, de los entresijos. Y luego entendí que iba a ir un poco por ahí la cosa, como tú dices, conjuro. Hay muchas palabras que están relacionadas con “Paramales” y todas ellas son bonitas porque tienen que ver con la idea básica del disco. Pero al mismo tiempo esa palabra, más allá de su significado, de la semántica, creo que suena bien. Paramales. Es muy métrica y muy abierta. Y es una palabra inventada, cosa que hace que de alguna manera lleve implícita una actitud que tiene que ver con la filosofía del disco, de abrir nuevos caminos y de jugar un poco a la no definición.

Aunque en general mantiene un aire positivista como casi todos tus trabajos, el ánimo en “Paramales” nunca llega a estar muy arriba, ni tampoco muy abajo, también por tu forma de cantar. Tirando de tópicos, ¿se podría definir como un poco gallego el disco?

[Risas] Sí, la verdad es que sí. Estoy de acuerdo, sí que hace honor al tópico de que los gallegos no se sabe si suben o si bajan, pero los gallegos sí sabemos si subimos o bajamos. Creo que son subidas y bajadas controladas, nada es aleatorio y desconcertante en ese sentido. No creo que haya una indecisión. Hay una decisión clara de jugar con todos los colores de la paleta, y en ese sentido a lo mejor no responde al tópico. Es algo que de alguna manera me define mucho, el poder jugar en cualquier puesto del equipo. Se ha convertido en una marca de la casa, el poder probar diferentes cosas y también a nivel de lírica, poder estar aquí y allá y que todo forme parte también de mi mundo emocional, y yo creo que del de todo el mundo. Quiero decir, ¿quién no tiene un buen día y un mal día en el mismo mes? O una reflexión que termina siendo algo muy positivo pero que comienza siendo un desastre, que nace a lo mejor de una tormenta. Tampoco creo que se pueda hacer un disco totalmente positivo, que pueda vivir en la luz constante. Ojalá, pero creo que la vida es un poco todos esos matices, esos grises. Yo me muevo por esa realidad.

“Atlántico” fue un cambio de estilo notable en tu música. ¿Cuánto de aquel giro permanece en “Paramales” y cuánto se quedó exclusivamente en aquel álbum?

Yo creo que es como si “Paramales” fuera un 2.0 de “Atlántico”. También de alguna manera rescata cosas del pasado que “Atlántico” no rescata. “Atlántico” está más encorsetado, más contextualizado en un momento y en un lugar, que es Buenos Aires básicamente, y en general Latinoamérica. Todo eso me influye, incluso como aparece España en “Atlántico” de alguna manera a través de la sensación de lejanía, del inmigrante, de la necesidad de recuperar ciertas identidades de mi lugar de origen, y “Paramales” es un disco grabado en Madrid, y en él me despreocupo bastante más de ese tipo de cosas. Creo que “Atlántico” es un disco mucho más folclórico, y de instrumentos más clásicos, que se podía haber grabado perfectamente hace siglos, que salvo por las guitarras eléctricas podría ser perfectamente un disco del siglo XVIII. Bueno, pongamos que de los años 60. Y “Paramales” no, ya tiene algunos elementos que te transportan a la actualidad musical o de los últimos diez o veinte años y, en ese sentido, aparte de abrir puertas nuevas, recoge mucho más todo mi bagaje musical.

Tampoco creo que se pueda hacer un disco totalmente positivo, que pueda vivir en la luz constante.

Hablas de retorno al origen, y es que en este último trabajo se aprecia cierto regreso a tu sonido más Deluxe. ¿A qué se debe esa aproximación a tus inicios? ¿Ha salido naturalmente o ha sido un poco buscada?

Piensa que eso es porque es parte de mi carrera, y aparecerá y desaparecerá como el Guadiana. Entiendo más que tenga que explicar por qué no aparece que por qué aparece. Aparece porque forma parte de mi ADN musical, de la música que yo he hecho. Pero no destacaría que este disco recuerda a Deluxe especialmente, pienso que es un disco en el que aparecen cosas totalmente nuevas en mi carrera. No es una vuelta. Habrá algún disco a lo mejor dentro de unos años que pueda ser una vuelta a Deluxe. No es este. Creo que salvo ciertas pinceladas, alguna cuerda, alguna cosita puntual, es un disco bastante diferenciado de esa etapa. Es un disco más rítmico, no tan pop-rock al uso.

Parece que gran parte de la música alternativa que se hace hoy en día en nuestro país tiene mucho de reivindicativa y se siente muy afectada por temas sociales. “Paramales” no parece tener un trasfondo de protesta muy fuerte, aunque aparece metafóricamente en “Sol de Agua”. ¿Hasta qué punto crees que la música es una herramienta útil para ese tipo de reivindicaciones?

Es una buena pregunta, y difícil de contestar, porque creo que lo útil realmente es que la gente tenga pensamiento crítico. Si la música lo fomenta pues bienvenida sea. Y lo que también es verdad es que en la música, como en todas las artes, ese pensamiento crítico debe fluir. No creo que deba, no sé, pillar el argumento de un partido político para meterlo en una canción y cantarlo. Eso quedaría muy forzado. Yo creo que el contexto político se debe incorporar a la raíz de donde nace el arte. Una vez que está ahí, y es inevitable porque todos somos en mayor o menor medida permeables a lo que nos pasa, aparece en las letras. “Paramales” está muy influido por el contexto sociopolítico del país. Por ejemplo “Atlántico” no tanto porque lo compongo en un momento personal en el que estaba bastante alejado de lo que estaba pasando aquí en España. Pero ahora sí, en “Paramales” cojo cosas que están pasando y se convierten unas en sabiduría, otras en rabietas, otras en decepción. Y todo eso está ahí.

No se puede decir que seas el primer gallego que emigró a Argentina. ¿Cómo se recibió allí tu música? ¿Pesa demasiado el ancho del charco?

Realmente yo allí no hice carrera profesional, hice conciertos y cositas pero fue sobre todo una experiencia personal. Te diría que se recibió bien, que a la gente le gustó, pero no sentí que fuera algo que explotara. Todo lo contrario, fui allí con una intención muy humilde, que era la de descubrirme a mí, aprender cosas de mi entorno, tocar con otros músicos, pero nunca en un sentido de expansión laboral, no pretendía triunfar en América Latina.

“Paramales” aparte de abrir puertas nuevas, recoge mucho más todo mi bagaje musical.

Tienes un punto nómada bastante acusado. Cuando viajas, ¿es tu música la que te conduce a ciertos sitios concretos o bien ésta surge y crece en función de donde elijas ir?

Más bien lo segundo. Me pasaba mucho en los años que estuve viviendo en Argentina, de repente me escribía alguien de Colombia, y a lo mejor un año antes en España le hubiera dicho que no porque estaba a tope con Deluxe, pero en ese contexto le decía: “Venga vale, me voy para allá con la guitarra y hacemos algo“. Estaba mucho más abierto a posibilidades y a que me pasaran las cosas. Eso es algo que al final depende mucho de tu actitud. Yo me sentía liberado, con tiempo y con espacio mental para poder sumergirme en las experiencias, y en este caso los viajes, pero ese inicio no era algo que yo dominara. No es que dijera: “Bueno voy a tocar en Panamá, porque me gusta la música panameña”. No, porque de hecho me encantaría tocar en Panamá y nunca lo hice, porque no conozco a nadie en Panamá, no surgió. Todo fueron carambolas que se fueron dando. Me junto con gente que le gusta la música y es casi inevitable acabar hablando de música, te pasan discos, acabas colaborando con gente, y ahí es donde nace la semilla del gusto por músicas nuevas que voy descubriendo. También es verdad que eso estaba ya en mi imaginario porque en casa de mis padres cuando era niño sonaba música de Latinoamérica. Siempre fue así, aunque yo tuviera una corriente más anglosajona durante unos años.

El tratamiento que lleva recibiendo los últimos años la cultura en nuestro país por parte de las instituciones es, cuanto menos, polémico. ¿Qué opinión te merece esta relación ‘viciada’ entre el poder político y el mundo de la cultura?

No me gusta cómo se está entendiendo y planteando la cultura desde la política actual, pero quizás es algo que vaya a cambiar con un posible cambio político y de mentalidad que está habiendo. Sólo hay que ver que en España en la cultura todo el mundo tiene la misma queja. Más allá de temas de porcentajes y tal, que yo evidentemente estoy en contra del IVA del 21%, el tratamiento que se da a la cultura no es con el que me identifico. Creo que la cultura es algo más que el ocio. Creo que debe entretener, pero también enseñar y se deben valorar ciertas cosas que aunque no tengan un reflejo económico directo también son importantes y no se están valorando. Se entiende la cultura sólo en términos de mercado: si esto genera pasta, está bien. No se está diferenciando bien lo que sería exclusivamente ocio de la cultura.

Y tú que conoces tan bien Argentina, ¿cómo está allí la situación de la industria allí comparativamente?

La industria no lo sé, pero sí que te puedo decir que la cultura allí es brutal. O sea, el nivel de expresión cultural de Buenos Aires te diría que es casi algo inconcebible para nosotros. Es una capital mundial de la cultura, que tarde o temprano se pondrá en el lugar que se merece. Cuando digamos que el mercado anglosajón deje espacios, porque parece que es un mercado muy abusón que aunque no esté en su mejor momento creativo siempre seguirá estando ahí. Hasta que se agote o hasta que la gente se canse. Pero vaya, Buenos Aires a día de hoy creo que tiene mucho más que decir que ciudades como Londres o Nueva York.

Vamos a hablar un poco del disco… En “A Serea o Mariñeiro” te oímos cantar en gallego, por primera vez en un disco tuyo. ¿Es un experimento, un reto personal, un precedente o una mezcla de todo eso?

Uff, no sabría decirte. Puede ser un precedente, claro que sí. Casi siempre en mi carrera cada una de las puertas que he abierto no han sido cerradas, han quedado aunque sea apoyadas, pero no se cierran. Por supuesto puede volver en el futuro, porque ya está hecho ese camino. No quiero decir que vaya a tener un disco en gallego, ni cinco canciones, ni a lo mejor ninguna, pero es una puerta que queda abierta y me parece interesante de cara al resto de mi carrera. Y bueno, también es verdad que era un poco una cuenta pendiente. Yo lo sentía un poco así, pero no creo que en la música se trate de ajustar cuentas, si me salió eso fue porque estaba en Argentina, muy lejos de mi tierra y en un ataque de morriña me dio por escribir esta canción en galego. Y me parecía que tenía la calidad suficiente para estar en el disco, porque también me ha pasado haber hecho alguna canción en gallego que no me gustaba y se quedó fuera.

La cultura es más que ocio. Creo que debe entretener, pero también enseñar y se deben valorar ciertas cosas que aunque no tengan un reflejo económico directo son importantes.

Por su parte, “Todo lo que merezcas” es una de las maldiciones más bonitas que hemos escuchado. A veces parece que falta mala uva en la música actual, con el juego que da…

Sí, precisamente lo que te decía del contexto social influye, más allá de que sea casi un ejercicio de estilo a la hora de escribir al modo de las rancheras. Yo creo que tiene mucho que ver con una situación social de violencia, también por parte de los medios de comunicación. Yo siento mucha violencia en el trato a los ciudadanos y toda esa violencia genera violencia, que está implícita en esta canción. Aunque no estoy muy orgulloso de ello, eh, pero creo que esa es la realidad y viene un poco de ahí. Aparte de gente que me he encontrado en mi vida que bueno, un poco hija de puta sí que ha sido [Risas]

“Ningún hombre, ningún lugar” como que remite a una especie de camino, de moverse de un sitio a otro. ¿Se podría decir que “Paramales” es un disco de transición?

Sí, se podría entender así porque de hecho me pilla al final de mis años en América, pasando por Coruña, para finalmente vivir y grabarlo en Madrid. Yo creo que sí, es un disco en ese sentido de transición. También es verdad que todos los discos son de transición porque yo nunca pienso en el disco definitivo. Mi disco definitivo es mi carrera en sí. Lo de los discos es una cosa que nace de la industria musical y que se empieza a hacer por necesidades comerciales en los años 50, 60, y que realmente deriva en un formato establecido que en el fondo no sé hasta qué punto es algo natural. En mi caso, los discos son como exposiciones si eres pintor. Cada equis tiempo, pum, exposición. Yo hago cuadros, y si hay que juntarlos y ponerlos en una exposición porque además es la manera de vender cuadros y que la gente pague para que tú puedas seguir viviendo de la pintura, pues perfecto. Saco discos porque es la manera establecida que tiene la industria musical de permitir que una persona como yo se pueda dedicar a esto.

El contexto político se debe incorporar a la raíz de donde nace el arte.

¿Y qué me puedes decir de “una orgía de pingüinos salvajes”?

Que para entenderlo hay que viajar a la Patagonia.

Resulta sorprendente lo cohesionado del disco para lo dispar de la composición de sus canciones y los estilos que tocas en él…

Yo lo veo quizás al revés. Si las tocas a lo mejor con una guitarra española y voz se asemejan más de lo que pueda parecer. Yo creo que de hecho al final mis canciones desde la época de Deluxe incluso o Lovely Luna se parecen, lo que pasa es que las producciones hace que tengan diferentes estéticas musicales y eso ayuda a diferenciar. Pero yo, si te digo la verdad, todavía no veo mucha diferencia entre una canción como “Almas del Norte” o “Todo lo que merezcas” con algunas de etapas anteriores. Me gustaría pensar que sí, pero no lo creo.

Siempre entrará luz entre alguna de estas grietas cuando cante mi canción”. Siempre nos quedará la música…

Totalmente. Yo creo que “Paramales” es un homenaje a la música que tanto nos da, y que tanto me ha dado a mí personalmente. Mi vida sin música hubiera sido realmente un desastre. La música más allá del entretenimiento, como cultura, como transmisión de sabiduría, de valores, de un montón de cosas, que a mí me ayudaron y me hicieron quizás incluso ser mejor persona, pero sobre todo, ser alguien más feliz.