WOLF ALICE

Una de las cosas más bellas y etéreas que tiene la música es el poder compartirla. Ya sea desde las tablas de un escenario, embozada por la translúcida superficie de un vaso de cerveza, o poniéndole un nombre chulo a una lista de Spotify, la solidaridad suele ser la virtud más extendida entre quienes nos preciamos (o despreciamos) de melómanos. No porque esta transmisión de descubrimientos nos haga mejores personas, qué va; tan sólo, más felices.

Hará un par de días el gusanillo de la solidaridad me picó con fuerza, en torno a un videoclip en el que absolutamente todo me parecía perfecto. “Fluffy” era el título, como el perro de tres cabezas de Harry Potter. Que ya empezábamos bien. El nombre del grupo, Wolf Alice, no me decía tanto como el single, pero me bastó una reproducción para enamorarme de él. Qué vídeo más bien hecho, con más gracia y encanto, QUÉ CANCIÓN. Me lo puse en varios bucles, lo compartí con quien pillé, lo posteé en Facebook para afrontar con entereza cómo el mundo despreciaba mi obsequio, y luego, como siempre ocurre, me puse a escribir.

[pullquote]“My Love is Cool” no es un disco de sobresaliente. Hay un grupo realmente bueno detrás, pero el debut se encuentra asfixiado en su mayor parte por el tremebundo esfuerzo de quienes se quieren dar a conocer al mundo en toda su magnitud.[/pullquote]

Wolf Alice es un grupo londinense que lleva haciendo cosillas desde hace unos pocos años, y desde hace todavía menos siendo reconocido por ello. Ellie Rowsell y Joff Oddie pensaron en un principio en dedicarse al folk; por qué no, ella tenía una voz lo suficientemente lánguida y él parecía lo suficientemente guiri. Sin embargo, en su camino no tardaron en cruzarse el bajista Theo Ellis y el batería Joel Amey, personajillos tan afectados y atiplados como ellos, pero con otras preferencias en cuanto a su forma de expresión. Los referentes se entremezclaron, del desbarajuste montado sólo persistirían de manera medianamente nítida lo mucho que les rentaba Nirvana y Radiohead, y surgió Wolf Alice, nombre proveniente de un cuento de Angela Carter que, por supuesto, sólo habían leído ellos.

Para el videoclip de su primer single decidieron hacer literatura de su propia vida y contar al mundo cómo se habían conocido, mostrar a las claras un punto del que partir; la sinceridad no habría de ir reñida con el glamour. Y unos cuantos singles y EPs más tarde, situándonos en el 22 de junio de 2015, vio la luz su primer álbum de larga duración: “My Love is Cool”. Sí, mi amor es guay. Osea. Dos años de intensidad creativa no habían rebajado en nada su índice de adorabilidad.

El álbum comienza como muy gótico, casi postpunkarra (nunca hubiéramos pensado que el folk pudiera degenerar tanto), con “Turn To Dust”. “Keep your beady eyes on me, to make sure I don’t turn to dust”, nos exhorta la buena de Ellie Rowsell, preocupada por no ser capaz de aguantar toda la intensidad que bulle en ella. Y en efecto la voz, acompañada de esos arpegios acústicos tan delicados, acaba siendo estupenda, con esa manera de silabar “dust” al acabar que remata un comienzo quizá no por todo lo alto, pero impecable, y que no podría tener una continuación más coherente que “Bros”. Su letra es dulce y evocadora, no en vano fue una de las primeras canciones que Ellie escribió (y el segundo single que el mundo conoció de Wolf Alice), y la música está a la altura, aunque llegado un momento (el del puente, en concreto) juguemos peligrosamente con el plagio y nos remixeen el “Dreams” de los Cranberries. Al menos la rotunda coda quita un poco el mal sabor dejado, y el videoclip es de un cuqui que no se puede aguantar.

[pullquote]Los referentes de los cuatro miembros del grupo se entremezclaron, del desbarajuste montado sólo persistirían de manera medianamente nítida lo mucho que les rentaba Nirvana y Radiohead, y surgió Wolf Alice.[/pullquote]

Después de los Cranberries, por qué no sonar un poco a Arcade Fire, que se note que no dejamos de ser unos modernetes y que “Wake up” es uno de nuestros mantras. “Your Loves Whore” se beneficia pese a toda esta (bienvenida) desvergüenza de un estribillo en el que la nostalgia y la seducción van de la mano: “And when we grow older, we’ll still be friends, we’ll could still be lovers”, y aunque el tema es un poco largo está muy bien arreglado y su final es efectivo. Vamos muy bien, con un paso muy natural entre canciones, subiendo poco a poco la potencia, hasta que, Dios mío agarraos, llega “You’re a Germ”. La quintaesencia de la caña desprejuiciada y gratuita, un temazo que, con el permiso de “Fluffy”, es la mejor de las cartas de presentación posibles, apenas tres minutos en los que no dejan de acumularse las locuras. Entre otras cosas, Ellie se permite empezar con un bajón folkie de inefable letra; luego prolonga la típica cuenta atrás para el estallido hasta el número siete (y por DOS OCASIONES); y acaba riéndose a carcajadas (quién la culpa). Hasta le da tiempo a hacer una referencia bastante explícita a Radiohead. Lo que se dice una genialidad.

Es claramente imposible mantener el nivel de la canción anterior, pero “Lisbon” lo intenta muy dignamente y como anticipando algo grande (¿“You’re a Germ” de nuevo?). No llega a ser para tanto, pero la melodía es para bailar mirando hacia el suelo muy fuerte, shoegazeando que se dice, y el estribillo es muy puntero. “And I would make you ruin again…” para cortarse las venas, pero de buen rollo, y entonces pasar a la atmósfera enrarecida de “Silk”, en la que Ellie empieza a sonar más Lana del Rey que nunca, incluso escuchamos ecos demasiado definidos del “National Anthem”.

Sin mucho más que comentar accedemos a “Freazy” y paulatinamente a un estribillo juguetón y chorra que evidencia, sin embargo, la especie de valle que atraviesa el disco luego de la cumbre que supuso “You’re a Germ” (que hagan un reprise o algo de eso, jo). Ni es demasiado mala ni demasiado entretenida, pero es en la que se comenta que el amor de no sé quién es guay, con lo cual se puede decir que cumple un papel… que deviene en mera comparsa de “Giant Peach”, el siguiente pepinazo del álbum. Caña hedonista y excesiva la de una canción fundamentada en el vacile, muy en el ‘mirad todo lo grunge que somos’. Lo curioso es que funciona durante su mayor parte (durante la menor se hace larga), y que es imposible no mover la cabeza de arriba abajo a la manera del desagradable personajillo del videoclip.

En “Swallowtail” encontramos la típica balada rockera de sota, caballo y rey, en la que por predecir podemos hasta saber el momento en que irrumpe la batería. Como novedad, aquí canta el tal Joff, tal como nos imaginábamos que cantaría (esto es, con muchos falsetes), y la atmósfera logra que visualicemos las golondrinitas volando y tal… al menos hasta su última parte, donde sin ningún motivo pasamos a un ritmo rápido y machacón que no aporta nada. Canción larga que, en verdad, se hace larguísima, y llegamos a “Soapy Water”, donde Ellie vuelve a cantar como Lana del Rey para una canción, sin embargo, mucho más conseguida que “Silk”. La decadencia en el álbum venía siendo un hecho hasta que, claro, llegó “Fluffy” para salvarnos a todos, quizá demasiado retocada de cara al álbum como para levantar del todo el nivel. Comparto por aquí la canción original para mayor sensación, y el videoclip que, como ya se ha explicado previamente, terminará de conseguir que améis a este grupo.

Subtitulado como ‘pista oculta’ (ni idea de lo que significa, al margen de que en Spotify no se puede escuchar), “The Wonderwhy” pone punto y final a un disco que, francamente, ya se nos estaba haciendo un poco cuesta arriba. La pista de marras dura casi siete minutos y Ellie empieza preguntándose “What happens when we die?”, así que mal rollo. La atmósfera es turbia, Wolf Alice otra vez en modo emo, y durante la vigésimo octava vez que nos piden que “Don’t leave me here when I’m not sold”, justo descubrimos que la canción no está nada mal, que es una buena forma de acabar, sí, íntima, melancólica, y a la vez prometedora de cara a los discos que vendrán. Hasta que… vaya. Cuánto silencio. Una parte acústica con lalalás y todo. Ok. Quizá son demasiado jóvenes para que ya se les vaya la olla así, ¿no?

Lo cierto es que “My Love is Cool” no es un disco de sobresaliente. Hay un grupo realmente bueno detrás, pero el debut se encuentra asfixiado en su mayor parte por el tremebundo esfuerzo de quienes se quieren dar a conocer al mundo en toda su magnitud. En esas, nos queda un disco largo en el que toda la sensación de misterio y seducción que podría transmitir acaba siendo evaporada por el empeño de Wolf Alice en que nos comamos casi todo lo que ha salido de sus entrañas durante todos esos ensayos en el garaje de sus papás. El grupo no ha podido recargar más su primer álbum, y hay demasiados temas prescindibles como para que éste sea redondo. Una pena, pero una pena que acabará por no ser tal porque, buenas noticias, hay un nuevo grupo estupendo ahí fuera, y cuando sea famoso de verdad podréis alardear de haberlos conocido cuando aún no eran comerciales. Así que sí, dadle una oportunidad a Wolf Alice, que no os vais a arrepentir. Y, más importante aún, habladle de esa oportunidad que le dais a todo el mundo. Es vuestro deber.


Wolf Alice – My Love Is Cool


  • Ya quisieran muchas bandas tener hits como “You’re a Germ” o “Fluffy” en su primer LP.
  • La primera parte del mismo es una gozada de planificación.
  • La producción, deliciosamente sucia y desharrapada.
  • La voz (y personalidad) de Ellie Rowsell es toda una revelación.
  • La ironía de las letras.

  • Que ya se podían haber dejado alguna canción fuera para reciclarla dentro de unos años (cuando necesitaran volver a sus raíces tras pegársela, por ejemplo).
  • Que su imagen tan grunge y tan premeditadamente anacrónica repela a los neófitos.
  • La sombra del plagio lo planea todo así como muy tóxicamente. Cranberries, Lana del Rey, Arcade Fire… incluso en un momento dado me vine arriba y me pareció oír a Russian Red.
  • Ciertos experimentalismos vacuos.

PÁGINA DE ARTISTA

7.8

Disco debut al que le hace falta una buena dosis de tijera, pero buen disco al fin y al cabo. Y de un grupo que, de hecho, es bastante bueno, tirando a excepcional.