MUSE

Vaya por delante que quien escribe estas líneas no es un gran fan de Muse. Ni un fan de tamaño medio. Probablemente, y atendiendo al papel que ‘fan’ desempeña dentro de la palabra ‘fanático’, ni siquiera sea en puridad eso, un fan. Aun así, me he escuchado sin mucho empacho toda su discografía varias veces, por recreación así como perezosa, y he acabado rescatando de ella un puñado de canciones memorables que probablemente, acorde a opiniones más doctas y merecidas, no sean las mejores. “Uprising”, “Knights of Cydonia”, “Map of the Problematique”no tengo un paladar muy exquisito, no. Pero yo qué sé, son temas que a mí me entretienen y ponen eufórico. Que es de, lo que creo, siempre ha ido Muse, de ponerte eufórico. De locura de estadio. De excentricidad y diversión. De estupidez bien entendida.

De hecho, a un servidor nunca le ha parecido tan rematadamente malo “The 2nd Law”, ni tan mayúsculamente excelso “Showbiz”. Con su penúltimo trabajo, a mi parecer, se le dieron demasiadas vueltas al asunto del dubstep (que al final prácticamente sólo se limitaba a un tema, “Unsustainable”; un pepinazo, para más inri) y de la épica de todo a cien de “Survival”, obviando los logros de una banda que, simplemente, quería probar a hacer cosas nuevas a ver qué salía. Pero, ay, no cayeron en gracia. Este esfuerzo, que en los músicos (a no ser que sean AC/DC) siempre he visto encomiable, a Muse no se lo pasamos. Les crucificamos por ello. Perversión. Ridiculez. ¿Y cuál ha sido el resultado? Pues, amigos, “Drones”.

Y  es que os lo habéis buscado. Tanto mentar con nostalgia envenenada las raíces y las esencias de Muse ha provocado que el pobre Matt Bellamy se dé la vuelta y contemple cara a cara su trayectoria con ojos de enajenado, cogiendo trocitos de aquí y de allá y mezclándolos en una monumental macedonia que huele a viejo y que se encuentra a años luz de la frescura (arriesgada, poco complaciente, pero frescura) de “The 2nd Law”. Y que, por supuesto, y para consternación de la banda, no hay quien se coma.

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[pullquote]El esfuerzo de probar cosas e innovar que en los músicos siempre he visto encomiable, a Muse no se lo pasamos. Les crucificamos por ello. Perversión. Ridiculez. ¿Y cuál ha sido el resultado? Pues, amigos, “Drones”.[/pullquote]

Para empezar, está esa portada. Esa portada más fea que un espermatozoide de Steven Tyler, que parece así de cutre a propósito, que provocaría que te diera vergüenza comprar el LP si te diera por comprar algún disco de vez en cuando. Esa portada lamentable donde no hay sitio ni para la imaginación ni la inteligencia. Alguien controlando a alguien controlando a un montón de peña. DRONES. ¿ESTÁ CLARO? Hablamos de drones, de organismos indefensos controlados, alienados y lobotomizados por organismos más inteligentes y maquiavélicos. DRONES. Ahora, comparemos el diseño de esta cosa con las carátulas del “Absolution” o el “Black Holes and Revelations”. Comprendamos, en esto, hasta dónde llega el error de Matt Bellamy y los suyos. Y analicemos de paso el disco en sí, o vomitemos sobre él, lo que se tercie.

La fiesta da comienzo con “Dead Inside”, videoclip malrollero como cobertura, un primer tema que ya mismo viene queriendo ser emotivo y extremadamente conceptual. Que, por tanto, se adscribe estrictamente a la temática del disco, la cual sabemos que no da para mucho, o al menos para mucha originalidad. Hay un amago de épica en el puente que no cuaja, y en sí ejemplifica con claridad meridiana el genérico querer y no poder (o no saber) del disco. Eso sí, no es un mal tema, en líneas generales.

[pullquote]”Drones” supone un patinazo de los buenos, un bache en el camino de una banda que, por otra parte, tampoco es que sepa muy bien cuál es el suyo.[/pullquote]

Fiesta de la intensidad con un diálogo entre sargento y recluta para irnos de after al prolongado, largo, ETERNO monólogo de guitarra que abre “Psycho”, riff que en ningún caso se merece todas esas repeticiones, pues ni es tan bueno ni tan impactante como creen. En efecto, todo parece un reciclaje de cuando eran rockers de verdad, y en efecto es una canción malísima, que encima dura lo que no está escrito y resulta ofensiva. ¿Qué me decís si no de la frase “Your ass belongs to me now”? Pues lo digo yo; no puede ser más hortera y ridícula, más propia de grupos anarcopunks a los que el PP cancela los conciertos que de una banda consolidada como Muse. Tiene la dudosa virtud de que cuanto más la escuchas más infumable te parece, y de haber sido un inmejorable adelanto del disco, por lo verídico del presagio.

Suena “Mercy”, y todos pensamos al unísono en “Starlight”, pero ya quisiera (y eso que a mí la susodicha canción siempre me ha parecido un poco irritante). El piano, de todos modos, nos da un poco de cuartelillo luego de tanta suciedad y marcapaquete barriobajero, junto con otros arregletes que nos remiten a la mejor época de Muse. Canción refrito en la que Bellamy trata de recuperar el mojo y dar con un estribillo digno de que lo coreen las masas, sin conseguirlo. No es un horror como “Psycho”, pero lo único que transmite es indiferencia.

[pullquote]”Drones” es un trabajo si cabe más lamentable por no nacer de la incompetencia o el agotamiento creativo, sino al abrigo de decisiones erróneas y de un gusto atroz.[/pullquote]

Sentimos algo parecido a la sorpresa, al menos, con el principio de “Reapers”, un ejercicio de virtuosismo extremadamente gratuito que ni sirve de riff introductorio ni para vacilar a nadie con un mínimo de criterio. Aun así, lo ponen y a correr, y tras una estrofa quintaesencia del pché llegamos a un estribillo con un fraseo, éste sí, no por simplón menos efectivo. Total, que el asunto parece ir por buen camino hasta que a los chavales se les pira en un puente que hay que oír para creer, donde se cruzan tanto los Red Hot Chili Peppers como cierto punteo sobre el que piensas que ojalá lo hubieran metido en otro tema. La cosa continúa con voces distorsionadas, todo el mundo sigue sin entender nada, y se acabó. Olé.

The Handler” es un corte, por su parte, que ni molesta ni dice absolutamente nada. Intrascendencia debida tanto a la letra, que sigue insistiendo en lo bueno que es que ya no exista la mili obligatoria, como a la instrumentación: un Muse de manual a golpe de falsetes y riffazos. Tras otro dialoguillo de fondo para insistir en que se trata de un álbum conceptual (como si lo repetitivo de las letras no fuera suficiente), llegamos a una canción con muchas guitarras que prosigue con la cantinela de las raíces. Sobre “Defector”, por tanto, no hay tampoco mucho que decir, salvo el placer culpable que produce berrear parte de la letra (“Free, yeah, I’m freeeee”), y lo bienvenido de cierto devaneo orquestal que arremete de nuevo con la épica forzada, una que al menos en esta ocasión no… vaya, otro diálogo enlatado. Y vamos con “Revolt”, y con sirenas de policía de fondo (irónicamente apropiadas), pasamos a una canción divertida. Lo que, en un álbum tan calamitoso, es decir muchísimo. Sencilla, consciente de su ridiculez, y con el primer estribillo, si no memorable, al menos pegajoso, del disco. Su inclusión en “Drones” es enormemente de agradecer.

[pullquote]Tanto mentar con nostalgia envenenada las raíces y las esencias de Muse ha provocado que el pobre Matt Bellamy se dé la vuelta y contemple cara a cara su trayectoria con ojos de enajenado, cogiendo trocitos de aquí y de allá y mezclándolos en una monumental macedonia que huele a viejo y y que, por supuesto, no hay quien se coma.[/pullquote]

En un error de cálculo lamentable, pero uno de tantos a fin de cuentas, colocan dos baladas/experimentos de vasto minutado al final del álbum, y una detrás de otra. Son “Aftermath” y “The Globalist”, dos baladacas que, mira tú por dónde, no están nada mal. La primera empieza con una mezcla (muy meritoria y genuina dentro de lo que es el ámbito del plagio) de “Brothers in Arms” y el “One” de U2, para conseguir descartar escepticismos y asociaciones malintencionadas con el estribillo: delicado, etéreo, extremadamente pop, con regusto a los tiempos del “Falling Away With You”. Al potaje se le van añadiendo voces y arreglos y así, de manera tan sencilla y carente de tontunas, ¡bingo! Tenemos la épica. Y si “Aftermath” es un muy buen track, “The Globalist” no le anda a la zaga: el momento cumbre del disco, no tanto por ser el mejor (que lo mismo también) sino por sintetizar con mucho tiento toda la locura e indefinición precedente. Empezamos con unos silbiditos a lo Ennio Morricone (jugueteando de nuevo con el plagio sin sonrojo ninguno) para pasar a una percusión también muy de spaghetti-western y a la irrupción vocal, acometiendo una melodía bien medida y efectiva. En estas, casi no importa que hayas visto de reojo que el tema dura la friolera de 10 minutos y… vaya, aquí viene una nueva ostentación del guitarrista tan machote que es Bellamy. Lo acabamos aceptando como animal de compañía aunque se alargue y no parezca acabar de romper nunca, sobre todo porque acabamos con una coda a piano que no, qué va, no se parece nada a “Bohemian Rhapsody”. Una coda muy larga y muy bonita y, bueno, se acabó.

¿Un último tema llamado homónimamente “Drones”? He dicho que se acabó. ¿Qué? ¿Qué son esos jueguecitos de voces absolutamente inaguantables? La última canción fue “The Globalist”, así que quita el disco y acabemos con esta locura. Qué cosa más mala por favor.

Lo habéis adivinado, “Drones” no es precisamente de lo mejor de Muse. De hecho, es sin duda su peor obra hasta la fecha, un trabajo si cabe más lamentable por no nacer de la incompetencia o el agotamiento creativo, sino al abrigo de decisiones erróneas y de un gusto atroz. Posee destellos de talento que nos permiten conservar cierta esperanza en el futuro, pero más vale que Matt Bellamy y los suyos reflexionen y vean cuál es el rumbo que quieren tomar. Un rumbo que tenderá hacia un cabezota “Drones” o hacia un recuperado “The 2nd Law”, pero que en cualquier caso, y esto más vale que lo asumamos desde ya, no volverá a pasar por un “Black Holes and Revelations”.


Muse – Drones


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  • El díptico que componen “Aftermath” y “The Globalist”. Quince minutos que parecen muchos menos dentro de los más de cincuenta que dura el álbum en su totalidad.
  • Estamos ante tal cantidad de ridiculez concentrada que el disco casi nunca se hace aburrido.
  • FREE, YEAH I’M FREEEEEEEE…”.

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  • El álbum en sí es una vergüenza. Hay discos peores, sí, pero esos discos no vienen firmados por Muse.
  • Que no haya dubstep por ningún lado.
  • La portada…

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MUSE

4.0

“Drones” supone un patinazo de los buenos, un bache en el camino de una banda que, por otra parte, tampoco es que sepa muy bien cuál es el suyo…