FLORENCE + THE MACHINE

Florence Welch se ha convertido durante el paso de los años en uno de los iconos femeninos más versátiles, a la par que inquietantes, del contexto musical de este nuevo siglo. La pelirroja londinense destaca por su original mezcla de rock orquestral y el desamor lírico; y más allá de lo que digan las malas lenguas sobre su bipolaridad, refleja con orgullo la profundidad de sus sentimientos más oscuros en su repertorio. El misticismo que guarda su mirada acaba camuflado en una sonrisa despistada que conmueve a sus mayores fans. Ni que hablar de su vestuario, seguro que en un par de décadas llegará un acuerdo con Stevie Nicks para compartir honores hippies y estrafalarios.

Esta vez la artista tratará de encandilar a su público de una manera diferente con su nuevo álbum de estudio: “How Big, How Blue, How Beautiful“. Desde “Ceremonials” transcurrieron dos años de gira con dicho trabajo, aunque severamente marcado por las pésimas circunstancias emocionales que estaba viviendo la cantautora por aquel entonces. Este tercer disco, producido por Paul Epworth y Markus Dravs, lo considera como el proyecto “más personal hasta el momento” por razones obvias. Gracias a una ingeniosa labor de promoción, desveló el carácter menos barroco y por ende, más naturalista del nuevo repertorio del grupo, en el que tras sucesivos teasers del elepé, dejaba entrever las nuevas melodías.

Y qué melodías. Parece que le ha costado abandonar el barroquismo orquestral de sus dos álbumes anteriores, pero en repetidas ocasiones atiende a la estética folk-pop de los setenta, con cierta fusión electrónica de ultratumba. La mezzosoprano procura tratar con cuidado el desamor, pero como es característico en ella, su rudeza y salvajismo vocal rompe con los cánones de belleza musical, creando así una caótica sucesión de acontecimientos infortuitos.

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[pullquote]Parece que le ha costado abandonar el barroquismo orquestral de sus dos álbumes anteriores, pero en repetidas ocasiones atiende a la estética folk-pop de los setenta, con cierta fusión electrónica de ultratumba.[/pullquote]

La primera parte del disco no atiende a cambios de estilo acusados, pero sí progresivos: forman parte de esta las canciones con mayor fuerza instrumental. “Ship to Wreck” suena portentosa para dar comienzo al largo. Si atendemos a él, las guitarras cobran vida en melancólicos acordes pero sin perder el ánimo de una batería adictiva e indignada. Las esperanzas se hacen añicos bajo un cántico estridente, muy típico en ella; gran comienzo para “How Big, How Blue, How Beautiful”. No obstante, la canción con la que atacó con fiereza el sustento ornamentral de su música no es otra que “What Kind Of Man“, su primer single. Aun así guarda similitudes con otros éxitos anteriores como “You’ve Got the Love”: Sonidos rasgados de guitarra con coros de fondo, todos ellos en compañía de un nuevo elemento, las trompetas, que terminan de convertir esta canción en un himno. El ritmo aplaude al posible mensaje de dependencia y sumisión hacia la persona que tanto amaba: “But I can’t beat you, cause I’m still with you, Oh mercy, I implore!“. Welch no pierde el hilo y conserva las técnicas anteriores para ambientar “How Big, How Blue, How Beautiful“, canción que pone nombre al disco. Largos solos instrumentales envuelven solemnes tramos de la obra musical, los cuales suponen un plus para un tema que peca de ser repetitivo.

[pullquote]La esencia barroca y compleja de Florence Welch todavía no se ha apagado gracias a un elepé que le hace justicia con canciones más que sorprendentes.[/pullquote]

Eso sí, con “Queen of Peace” la perspectiva del oyente cambia al completo. Los intentos de ser una chica nueva tras sus hecatombes emocionales son en vano al chocar con el poder de convicción y la fanfarria de trompetas una vez más. Puede que se trate de la canción con más gancho de todo el repertorio, pero de lo que estamos seguros es que no habrá final tan apoteósico como en “Queen of Peace”. “Now you have me on the run, the damage is already done. Come on this is what you want cause you’re driving me away…“. Más novedoso y funerario, “Various Storms & Saints” recuerda el pesimismo típico del grunge más salvaje personificado en tranquilas melodías y acordes de guitarras. Florence saca brillo a su técnica vocal tan brillante y parecida a la de la mismísima Patti Smith. Bajo la misma estructura del primer single de “How Big, How Blue, How Beautiful”, “Delilah” consta de un comienzo solemne para dar a luz un concepto de llenapistas que sólo los más exquisitos del género indie podrían comprender. La base hace juego con el vibrato de la cantante, que conduce hasta un éxtasis de contrabajos perfectamente sincronizados.

El elepé comienza a perder ese poderío instrumental característico de Welch a partir de la segunda mitad. No obstante será a partir de esta sucesión de canciones donde se potenciará el factor místico y funerario de una Florence renovada. “Long & Lost” habla de no volver a caer en la tentación, de encontrar un hueco en el mundo; en resumidas cuentas, busca la buena vida. Los ecos cavernosos de las guitarras y el ruido de fondo manifiestan esta necesidad.

[pullquote]Florence Welch procura tratar con cuidado el desamor, pero como es característico en ella, su rudeza y salvajismo vocal rompe con los cánones de belleza musical, creando así una caótica sucesión de acontecimientos infortuitos.[/pullquote]

Caught” suena, en apariencia, más optimista. Guarda ciertas similitudes con el pop más liberal y alternativo de la época hippie, como los coros de la pelirroja que seguirán sonando hasta el final de la canción, las panderetas y la asincopada percusión (con un gong final poco curioso) que acuna otra historia de no-superación. Muy similar a “Dog Days Are Over”, uno de sus primeros éxitos, “Third Eye” recurre al alarido, al hipérbaton compositivo y al mensaje de esperanza y optimismo.

Pero sin duda, el tema que marca esta transición naturalista y abstracta es “St. Jude“, una canción de misa ultradelicada por lo que puede parecer en la primera escucha. No obstante, en ella alberga la cuestión planteada sobre pasar página o seguir viviendo en la desdicha: “Maybe I’ve always been more confotable in chaos“. Sin duda suena fuerte como una de las mejores canciones del disco e incluso de su trayectoria como compositora. El tercer disco de Florence + The Machine concluye de manera apoteósica bajo las órdenes del estribillo de “Mother y el desorden casi planeado de unos fondos de guitarra rabiosos y electrizantes. Sin duda, el mejor final para un festival de música alternativa.


Florence + The Machine – How Big, How Blue, How Beautiful


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  • Disco directo, sin intermediarios. Es Florence Welch al desnudo, en el punto álgido de su trayectoria existencial.
  • Fluctúa entre el intimismo casi minimalista de sus nuevos sonidos y el barroquismo de sus trabajos anteriores, por lo que no se muestra repetitivo instrumentalmente hablando.
  • La magistral labor de Epworth y Dravs como productores de este nuevo conglomerado de canciones.

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  • Temas como “Long & Lost” o “Caught” pasan desapercibidos en un trabajo que en su conjunto marca la solemnidad propia de Welch.

PÁGINA DE ARTISTA

FLORENCE + THE MACHINE

8.2

“How Big, How Blue, How Beautiful” no resulta indiferente tras dos proyectos casi impecables. Esta vez la vida le brinda una oportunidad para cambiar de aires y por ello apuesta en varios momentos por la simplificación musical y el intimismo. Aun así, la esencia barroca y compleja de Florence Welch todavía no se ha apagado gracias a un elepé que le hace justicia con canciones más que sorprendentes.