El artista que os traemos hoy no necesita carta de presentación. Puede ser que a ti, lector despistado de El Quinto Beatle, no te suene demasiado el nombre de Javier Vielba. ¿Y si te decimos Arizona Baby? ¿Corizonas tal vez? También podemos recordarte a ‘El Meister’, nombre bajo el que ha firmado su primer disco en solitario del que dimos buena cuenta en esta casa.

Y es que es imposible no conocer a Javier Vielba, el vallisoletano (orgullosos lo decimos) ha llevado a cabo diferentes proyectos en los últimos años que han supuesto una auténtica revolución en el panorama musical nacional. Estamos encantados de poder publicar esta entrevista que nos sirvió para analizar, largo y tendido, su forma de entender la música.

Antes de nada, ¿por qué El Meister?

La verdad es que es un nombre que me encontré más que buscarlo, ya que surgió a raíz de apodos que te ponen los amigos. Cuando tocas, siempre se dice lo de ‘Música, Maestro’, y de ahí, con amigos se quedó lo de Maestro. Además, como fue una época que justo estaba estudiando alemán, empezó a mutar de ‘Maestro’ a ‘Meister’. Muchas veces se dice que un nombre o mote determina lo que haces, y curiosamente creo que el apodo de El Meister puede evocar bastante a la música tradicional castellana o al otro extremo a la electrónica alemana de los setenta o el kraut, sonidos totalmente opuestos que se dan la mano en “Bestiario”.

Siendo de Valladolid, no podíamos pasar por alto tu compromiso con la cultura y música alternativa de nuestra ciudad y tenemos que hacer referencia a los Open Mics. ¿Cómo surgen?

‘Micro Abierto’ se puede referir a muchas cosas. Un micrófono abierto de comedia para monólogos, o de poesía, o micrófonos abiertos de hip hop, pero luego está el micrófono abierto más genérico y tradicional, al menos en el mundo anglosajón, que es el que hacemos nosotros. Un Open Mic que en general se nutre más de cantantes-compositores (lyric song writer), gente que compone y canta con su guitarra acústica. Llevamos ocho años con este proyecto; durante los cinco primeros años utilizábamos equipo de sonido, con lo cual había cosas más electrónicas o de hip hop, pero los últimos tres años hemos prescindido del equipo y nos hemos centrado en que sea un formato más puro. Es la propia evolución del Open Mic. Empezó siendo estilo Londres, donde estuve viviendo tres años y como allí acudía mucho a Open Mics, al volver eché de menos que hubiera algo así; como veía que nadie lo iba a hacer por mí lo puse en marcha con la ayuda de amigos y entre todos ha ido cogiendo forma, se ha creado una comunidad alrededor y ya camina solo. Realmente yo voy marcando un poco el orden y la organización, pero toda la gente que participa regularmente en el Open Mic Pucela hace de ello lo que es. Sentía que tenía que hacer algo así. La música me aporta mucho, esto es una forma de devolver algo a la propia música.

En alguna ocasión has comentado que no habéis venido a reivindicar el legado de grandes rockeros, que Arizona Baby no sois una especie de Black Crowes a la española, pero sí nos gustaría saber en qué artistas del pasado le gusta mirarse a Javier Vielba.

Si te digo la verdad, ahora ya no me miro en nadie. Llevas tantos años tocando que te miras indistintamente en gente actual que en artistas del pasado. Te miras indistintamente en un chaval vecino tuyo que en una gran estrella que acaba de salir en Londres. Para mí esas barreras se han diluido mucho, nadie es más que nadie por ser de otro país o por llevar más años. Lo que me interesa es lo que está pasando ahora, ¿tú qué estás tocando? ¿Cómo suena eso? ¿Me emociona o no me emociona? ¿Me gusta o no me gusta? ¿Me sorprende o no me sorprende? ¿Me estimula o no me estimula? Eso es lo que me importa y lo que valoro. Siempre he sido así, muy variado, nunca me he casado con nadie en el ámbito musical. Decir: “No tío, yo soy de los Beatles, que les den a los Rolling” me parece una estupidez, prefiero disfrutar de ambos. Y que te guste un grupo no significa que te guste todo lo que haga un grupo. Intento no tener prejuicios, y aunque está claro que tengo mis referentes, me puede inspirar igual la sintonía del telediario como la mejor canción de Johnny Cash, o la peor.

Y hablando de peor me refiero a lo que puede dar más conexión con el que lo oye. Lo maravilloso de la música es que para mí es prácticamente magia. El problema es que muchas veces nos estamos empeñando en que se valore la música no como un arte o algo elevado sino como una mera comodidad o accesorio de ocio. Eso de mejor o peor me parece que no puedes hacerlo. La música es arte, es algo más que una mera ambientación, es mucho más que una mera banda sonora para tu vida. Si valoras la música de la manera en la que yo la valoro te vas a sentir tan pequeño que tu humildad te va a obligar a no ponerte a categorizar o a decir que esto es bueno o malo.

Sentía que tenía que hacer algo como el Open Mic. La música me aporta mucho, esto es una forma de devolver algo a la propia música.

Haciendo referencia a lo que emociona o no, lo que gusta, sorprende y estimula… ¿Qué bandas emergentes o no tan emergentes merecen alusión?

A nivel underground nacional (y no tan underground) me interesa lo que están haciendo Pony Bravo y creo que están aportando mucho al panorama. Crudo Pimento, de Murcia, me parece un grupo muy interesante, que han sacado ahora un segundo disco realmente intenso. También Los Ganglios, de Extremadura, una banda interesante a la par que divertida. Y luego en Valladolid hay un montón de grupos y solistas muy emocionantes que están floreciendo en la ciudad. Yo gracias a los Open Mics tengo la suerte de ver cómo surgen, cómo evolucionan, cómo mejoran. Por ejemplo, acaban de grabar disco The Lizard Pants, lo han presentado hace poco y aunque no pude estar en ese directo, les ha quedado francamente bien. Ha sacado álbum también Mike Terry con músicos que colaboran muy buenos, The Levitants acaban de grabar y tiene muy buena pinta. También hay que destacar proyectos de aquí en los que anda metido mi compañero Guille Aragón como Cosmic Birds, Corzo… Es muy interesante que Kiko Sumillera haya montado un sello (Valle Rojo); también Garú que hace poco ha sacado su primer mini LP acompañado por gente de Stromboli. Hay un montón de cosas interesantísimas en la ciudad, muchos estilos, mucha variedad y, sobre todo, mucha calidad.

En cuanto a Arizona Baby, parece que habéis pasado de una austeridad instrumental (que no cualitativa) a buscar melodías más complejas. Tú mismo dijiste que os habéis intentado sacudir el polvo del desierto de Arizona… ¿A qué se debe esto? ¿Es una necesidad de reciclaje, de evolución?

Lo del reciclaje aplicado a esto me parece que suena feo, ya que cuando reciclas algo es que lo anterior ya no vale, y ese no es el caso, todo lo que hemos hecho hasta ahora vale, no hay nada que reciclar. Es evolucionar, seguir creciendo, ver hasta donde llegas, seguir tu instinto y querer superarte. Por ejemplo, en “Secret Fires” hemos probado a grabar de forma distinta simplemente por buscar un nuevo camino, pero siempre teniendo presente el sonido del que veníamos y no alejarnos demasiado. Queríamos probar nuevas técnicas, también ha habido muchos cambios imperceptibles para alguien que no estuviera allí con nosotros. Hemos buscado mil pies al gato, pero sin volvernos locos y sabiendo lo que queríamos conseguir. Eso se alcanza cuando tienes un recorrido, nosotros hace cinco años sabíamos menos que ahora. Ojalá dentro de cinco años pueda decir lo mismo. Esto es un viaje musical, personal, vital y así se desarrolla, siempre hacia adelante.

Por su parte, de “Bestiario” podemos decir que es tu trabajo más personal al ser en solitario. ¿Cómo ha sido la experiencia?

Para mí ha sido muy natural porque llevo grabando en casa por mi cuenta desde que empecé a tocar con 15 años con grabadoras cutres o con inventos que hacía. No ha sido más que una forma de condensar todo mi aprendizaje. Lo estuve componiendo y maquetando en casa, las canciones pasaron por un montón de metamorfosis. Al final, cuando tenía un buen puñado de piezas tuve que tirar por lo conceptual de “Bestiario”, animales, ya que necesitaba algo que me dictase la forma de seleccionar las canciones. Se han quedado fuera temas que no entraban por concepto pero que me encantan, los toco en los conciertos y los voy a grabar en el próximo disco. Esta forma conceptual también me ha dado licencia para jugar con sonidos más dispares entre sí, que de una manera más formal no tuvieran nada que ver, pero que de alguna forma estaban ligados al concepto del disco. Ha sido todo un ensayo y error, de encontrarme a mí mismo y ser yo mismo al máximo.

Si valoras la música como yo lo hago te vas a sentir tan pequeño que tu humildad te va a obligar a no ponerte a categorizar o a decir que esto es bueno o malo.

No queremos pasar por alto tu cambio al castellano ¿Por qué viene? ¿Una necesidad comunicativa?

Por un lado que el oyente entienda mejor las letras y se pudiera identificar más y por otro lado probar otras sonoridades que te aporta el idioma. Al cantar en tu idioma nativo las palabras te hacen irte hacia unas melodías que a lo mejor en inglés no te vendrían a la cabeza. Las palabras tienen su propia musicalidad y te llevan por un sitio, es como cambiar de una guitarra acústica a una eléctrica, o más, de un piano a una guitarra. También influye en cómo sale la música y cómo suena tu voz, quería experimentar todo eso. Además era un reto: llevo intentando componer en castellano desde que empecé y nunca acababan de salir como quería, mientras que en inglés me salían a la primera. Estoy muy orgulloso de lo logrado.

¿Qué quiere decir el estribillo de “El Oso”? ¿Una metáfora del ser humano?

Podría ser, quiero que cada uno interprete lo que quiere interpretar. Otro amigo mío puede pensar que hablo de un conocido nuestro que es un desastre consigo mismo… Si te digo la verdad, muchas veces entro en un trance y en cuanto a las letras, también respecto a la música, soy muy de generación espontánea.

Tal y como yo lo veo, las canciones son como hongos, puedes crear un clima que favorezca su aparición.

¿Quieres decir que no te marcas un objetivo concreto a la hora de componer?

Yo salgo primero al campo y veo lo que hay. Si veo que hay setas, voy a por setas, a lo mejor hay un ciervo o cojo unas manzanas. Ya lo decía Neil Young, que las canciones son animales salvajes y no se pueden sembrar. Aunque en realidad no estoy del todo de acuerdo con esa frase. Tal y como yo lo veo, las canciones son como hongos, puedes crear un clima que favorezca su aparición. De alguna manera no me marco un objetivo pero sí que lo hay. Esto es un poco rollo Bruce Lee, estar siempre centrado. Tengo siempre la antena desplegada, cualquier elemento que me rodea puede desencadenar la creación de una canción nueva.

¿Qué nos puedes decir de tu versión de “Gallo Rojo, Gallo Negro”? ¿Una canción acorde a estos cambios tan convulsos en lo político?

Sí, se ha aplicado a muchos episodios de la Historia incluso anteriores a la propia canción. Por eso la grabé, porque es muy buena, es tan alegórica que se adapta muy bien a cualquier episodio histórico. Se pueden ver paralelismos con ese ansia de cambio cuando llevas mucho tiempo en una dinámica que como mínimo ya es aburrida y si encima le añades que era dura… Creo que el ansia de cambio siempre es interesante, tanto en lo personal como en lo social.

Y ya para terminar, ¿qué consejos podrías darle a una banda nueva de la ciudad que quiera comenzar a desarrollar su carrera?

Lo primero, si no se lo pasan bien es mejor que lo dejen. Partiendo de esa base y por mal que se dé la cosa, si has disfrutado, que te quiten lo bailado. No es ninguna tontería encontrar algo que te gusta y te hace feliz. A medida que te haces mayor te vas dando cuenta de que un rato de calidad, de pasarlo bien, vale mucho y hay que valorarlo. No puedes dejar que el ansia de conseguir logros con el grupo y ser más conocido, incluso de hacerlo económicamente sostenible, que es algo muy legítimo, empañen esa diversión. Es cierto que ahora la cosa está complicada y que hace unos pocos años había cierta permisividad con la música en vivo, pero ello no significa que fuera más fácil, nunca lo ha sido.